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TRIUNFO

GLOBALIZACIÓN

GLOBALIZACIÓN El actual proceso de globalización reconoce sus orígenes en los inicios del mundo moderno, cuando Europa comenzó sus procesos de conquista y colonización.

Sin embargo, hay que distinguir diferencias importantes. En los procesos que se dieron a partir de los siglos XV y XVI las distinciones entre el centro y la periferia eran mayores. La civilización europea y cristiana pretendió, en ese entonces, imponer a los pueblos y naciones no europeas sus valores y sistemas de vida y, por primera vez, apareció un esbozo de la economía-mundo capitalista.

Pero aquella era una economía-mundo incompleta. Si bien los europeos controlaban el comercio internacional desde el siglo XVI, la mayor parte de la producción aún se les escapaba. Recién en el siglo XVIII, en el contexto del poder inglés, se comenzó a establecer una verdadera relación entre el centro (los países desarrollados de la época) y la periferia (constituida por el mundo atrasado). Se trató sólo del inicio, el gran cambio llegó con el siglo XIX, con el gran desarrollo industrial, y la gran evolución de los transportes y las comunicaciones.

Hoy, la llamada revolución científico-tecnológica, que resume los efectos de la revolución científica iniciada en el siglo XVII, con el desarrollo de la biogenética, los descubrimientos en el campo energético, los procesos de automación producidos por la robótica, y la aplicación de la tecnología electrónica a las comunicaciones, posibilita la expansión del capitalismo de mercado como único futuro posible.

El capitalismo de fines del siglo XX presenta, como una de sus características más destacadas, la velocidad en el movimiento de los capitales. Las inversiones ingresan y se retiran de los mercados con la rapidez permitida por la comunicación electrónica, y los ejecutivos que toman esas decisiones disponen de un menú de datos precisos, respecto a las ventajas o peligros que ofrecen (para los inversionistas) los mercados nacionales o regionales. De este modo, las instituciones y sociedades privadas ejercen, como nunca antes, un gran poder en la conducción de los asuntos mundiales, debilitando la capacidad de decisión que los estados nacionales tienen en los asuntos que competen a sus problemas sociales y económicos. A este original y nuevo proceso se lo conoce con el nombre de transnacionalización de los asuntos mundiales.

Las empresas transnacionales procuran evadir los controles políticos de sus respectivos países de origen y, buscan configurar los espacios nacionales en función de sus propios intereses, adecuándolos a sus metas de beneficio y eficacia, no considerando, por lo tanto, el carácter ni las necesidades de las sociedades en las cuales repercute su acción.

El proceso de globalización de la economía requiere cada vez más de la liberalización del comercio, es decir, de la flexibilización, o más sencillamente derogación, de las normas que lo dificultan. Para ello, los organismos internacionales, como es el caso del Banco Mundial, presionan a los gobiernos para que modifiquen sus leyes.

Al quedar debilitado el poder de los estados nacionales por la acción de las empresas transnacionales y la globalización de la economía, aquellos dejan de ejercer su función reguladora de la dinámica social para convertirse en el centro de operaciones desde el cual las corporaciones llevan adelante sus estrategias. Estos procesos producen cambios en la distribución de la población en el espacio, en la estructura urbana, y en la distribución de la riqueza, acentuando, en la población, diferencias antes atenuadas por la acción protectora del Estado.

Las condiciones de vida en los barrios dependen cada vez menos de las políticas de Estado, y cada vez más de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Estas deben hacerse cargo hasta de la seguridad de los vecinos, como lo es la contratación de cuerpos de seguridad. En el ámbito educativo, junto con la educación de gestión pública, en los últimos años se ha desarrollado, en proporciones significativas, la educación de gestión privada.

En Buenos Aires se han ejecutado, recientemente, grandes proyectos de renovación urbana, pero éstos han sido asumido por empresas privadas que han tenido muy en cuenta que su rentabilidad estuviese asegurada. Simultáneamente, el agravamiento de la crisis económica ha llevado a los grupos más desprotegidos a adoptar soluciones ilegales como la ocupación de viviendas deshabitadas. Estas transformaciones están intimamente ligadas a la disminución, no sólo en la Argentina, sino en el mundo, de los niveles de empleo. Los recortes laborales a los que cada vez más acuden las empresas, y los propios Estados en sus políticas de ajusté, llevan a aumentar los niveles de desempleo.

Sin embargo, no es sólo el fantasma de la desocupación el que amenaza a los trabajadores, sino, también, la precarización del trabajo. El trabajo por tiempo prolongado, sostenido en contratos que garantizaban la seguridad laboral, está en vías de extinción. Ha sido reemplazado por otras formas de empleo, contratos de trabajo por períodos breves, trabajos provisionales y trabajos de jornada parcial. En estos nuevos empleos, es común la ausencia de pautas claras de horario y días de descanso.

En el campo cultural, la globalización ha producido una sociedad regulada ya no por la política y la disciplina, sino por la comunicación y el consumo. Esto ha desembocado en un nuevo individualismo caracterizado por el impulso de la autonomía individual.

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