El Apocalipsis NACIONALISTA y sus jinetes.
Alguien alguna vez dijo que al llegar el fin del mundo, entre muchos signos y señales de tal presagio, destacará la presencia terrorífica de cuatro jinetes montados en horribles corceles. Se trata del Hambre, la Peste, la Guerra y la Muerte. Ellos anunciarán el Apocalipsis. La evolución humana ha permitido elevarse al hombre de su condición puramente animal hasta alcanzar las mayores cotas de ciencia, pensamiento y arte. Ese progreso evolutivo siempre ha estado combatido por las fuerzas reaccionarias del oscurantismo, la superstición, el racismo… Por ello, no hay duda que el fin del mundo no puede significar otra cosa que volver a las cavernas, destruyendo, con ello, todo el caudal de conocimientos que ha logrado la civilización.
Es verdad que el siglo XX nos ha traído la sombra alargada del fin del mundo. Porque a golpe de trompetazo han aparecido cuatro tenebrosos jinetes que anuncian el Apocalipsis, el fin del progreso, la vuelta a la barbarie. Son las fuerzas del Nacionalismo.
Primero aparece la LENGUA, entendida como elemento de exclusión y de marginación entre los seres humanos, y no de comunicación, la lengua como falta de alimento intelectual, como Hambre cultural.
A continuación viene cabalgando la RAZA, ese orgullo de ser biológicamente diferente (lo que quiere decir superior) al resto de los humanos, la creencia en ser un pueblo elegido, esa terrible Peste que puede azotar a nuestros cuerpos.
Luego se presenta la TIERRA (en algunos casos un pequeño "terruño", como decimos en Galicia), con su siniestro impuesto de exigencia de sangre para los que no son autóctonos, para los que no han crecido como plantas en un determinado lugar, esa declaración de Guerra a los foráneos.
Y, finalmente, surge la RELIGIÓN, como dogma oscurantista y supersticioso, verdad revelada a los chamanes de la tribu. La religión como auténtica Muerte de la inteligencia.
Estos cuatro jinetes del APOCALIPSIS, la LENGUA, la RAZA, la TIERRA y la RELIGIÓN, son los cuatro pilares sobre los que se eleva el TEMPLO del NACIONALISMO. No hay ningún nacionalismo que no haya basado su fórmula en una combinación de estos cuatro ingredientes, en diferentes proporciones según los casos históricos.
No existen excepciones. Lo mismo da que hagamos referencia al nacionalismo alemán, al español, al vasco, al serbio y a todos los nacionalismos que se han dado en la historia del Mundo. Sólo se diferencian en que unos han causado muchas más muertes que otros.
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