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TRIUNFO

Falacia del EMBUDO, o del caso especial.

Falacia del EMBUDO, o del caso especial. Consiste en rechazar la aplicación de una regla apelando a excepciones infundadas.



— ¿Por qué ha pasado ese señor saltándose la cola?

— Es primo del conserje.



Se utiliza con frecuencia como una pura ley del em­budo, para cimen­tar la excepción o alegar privilegios cuando se trata de aplicar una regla que nadie dis­cute. La falacia consiste en apelar a una ex­cepción no jus­tificada. Es un recurso habitual de los políticos a la hora de juzgar a sus adversarios o de rechazar el recurso al tu quo­que (no me critiques por lo que tú mismo haces).



— Tú también lo haces.

— Sí, pero mi caso es distinto.



La mejor forma de atacar esta falacia, y la primera que nos viene a la cabeza, consiste en reprochar al oponente por utilizar una doble vara de medir, una doble moral, o, en general, ser contradic­torio. A nadie le agrada una acusación en estos términos. Si, pese a esto, nuestro inter­locutor no se siente movido a justificar la excepción que reclama, exigiremos las razones por las que debe recibir un trato diferente del que reciben los demás, o por las que no deba ser aplicada la regla general en su caso. Por supuesto que no le fal­tarán razones. Lo que importa es si las que aporte justifican su posición. Ante adver­sarios especialmente recalcitrantes, podemos com­parar su exigencia con un ejemplo absurdo:



Voy a pedir que no me cobren este año el IRPF, porque mi caso no es como el de todos. Necesito ese dinero para otras cosas.



Otras falacias que acompañan a las generalizaciones son: Generalización precipitada, Conclusión desmesurada, Falacia casuística, Falacia del Secundum quid.



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CUADRO SINÓPTICO DE LAS DISTINTAS FALACIAS QUE ACOMPAÑAN A LAS GENERALIZACIONES:



Si generalizamos desde casos insuficientes o excepcionales, cometemos una falacia de Generalización precipitada.



Si nuestra generalización va más lejos de lo que autorizan los datos, incur­rimos en una falacia de Conclusión desmesurada.



Si negamos que las reglas generales tengan excepciones o si aplicamos una regla general a una excepción, cometemos una falacia de Secundum quid.



Si rechazamos una regla general porque existen excepciones, caemos en una falacia Casuistica.



Si rechazamos la aplicación de una regla apelando a excep­ciones infun­dadas, incur­rimos en una Falacia del embudo.

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(c) Ricardo García Damborenea.

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