Blogia
TRIUNFO

Falacia de la COMPOSICIÓN.

Falacia de la COMPOSICIÓN. Se produce cuando atribuimos a un conjunto cosas que solamente son cier­tas en las par­tes. Venimos a decir: como todos los componentes son buenos (o malos), el conjunto ha de ser bueno (o malo).



Por fuerza se trata de una orquesta magnífica porque todos los profesores son extraordinarios.


Los directores saben muy bien que no es así. Una cosa es in­ducir que todos los profesores son extraordinarios y otra, transformar esa conclusión en algo distinto: el todo, el conjunto, es extraor­dinario. Es­tamos ante una variedad de la Falacia de Conclusión desmesurada. No se pueden tras­ladar las vir­tudes de los in­dividuos al con­jun­to (¡qué más quisiera el Real Madrid!). Lo que se predica de las partes no siem­pre puede predicarse del todo. Una buena colec­ción de frases no hace un buen libro. Cosas que son ciertas separadas no tienen por qué serlo cuando aparecen unidas. La sal común, pese a que sus com­ponentes, cloro y sodio, son tóxicos, es in­dispensable para la vida. Los her­manos Álvarez Quintero eran brillantes cuan­do escribían juntos y mediocres si lo ha­cían por separado. A los hermanos Machado les ocurría lo contrario.



La Iglesia es la Iglesia de los pobres, luego la Iglesia es pobre.

Ignoro por qué la salsa no es buena. Todos sus ingredientes son deliciosos.

El equipo del River Plate tiene madre, porque todos sus jugadores la tienen.



El caso opuesto se da en la Falacia de la División, según la cual las partes disfrutan las propiedades del todo.



Debe ser muy buen jugador, porque está en un equipo magnífico.

Es un gobierno dubitativo. Se ve que sus ministros son in­decisos.



Bien pudiera ser que no se pongan de acuerdo entre ellos.



Juana es un encanto, luego su nariz es un encanto.



Opinaremos cuando la veamos.






(c) Ricardo García Damborenea.

0 comentarios