Desmantelamiento del Estado del BIENESTAR.
Con el triunfo de los postulados neoliberales, comenzó a mediados de los 70 en todo el mundo la crisis del Estado benefactor tal como había sido concebido por Keynes, es decir, interviniendo activamente en la economía, no sólo como ente controlador, sino como generador y distribuidor de riqueza. Esta situación hacía que los presupuestos estatales fueran muy elevados, lo cual fue muy criticado por los economistas, cuando a partir de 1973, diminuyeron las ganancias de las grandes empresas, debido a que el ritmo de crecimiento del mercado no podía ser infinito y sufría altibajos. Creyeron encontrar en la reducción de los gastos del Estado la solución a la crisis. A partir de entonces, los Estados, sobre todo desde los años 80, comenzaron a aplicar planes de ajuste, y recortes presupuestarios en áreas como salud y seguridad social, generando como principal consecuencia el aumento de la desocupación, ya que a los despidos producidos por el propio Estado, se sumaban los de las empresas privadas que soportaban la baja de sus ventas por la disminución del poder adquisitivo de los trabajadores.
Otra consecuencia de esta política fue la privatización de todas las áreas que hasta ese momento pertenecían al Estado, como así también la suspensión o el cierre de servicios que, si bien cumplían una importante función social o de desarrollo, dejaban de funcionar por ser deficitarios económicamente, como por ejemplo los transportes o servicios educativos y sanitarios.
Con el desmantelamiento del Estado de bienestar y su papel regulador de las relaciones entre trabajadores y empresarios, los sindicatos perdieron su poder negociador ante las medidas neoliberales. El empobrecimiento de los trabajadores, el cierre de empresas y la creciente desocupación, obligaron a los que estaban en actividad a aceptar las nuevas condiciones de “flexibilización” laboral. Éstas consistían en la reducción de los salarios o el empeoramiento de las condiciones de trabajo de los obreros para disminuir el costo del trabajo y así poder mantener o mejorar el nivel de ganancias de los empresarios.
Excusados en que los gastos del Estado generaban inflación, se aplicaron tremendos ajustes que terminaron con la combatividad de los trabajadores, que aceptaban cualquier reducción ante la posibilidad de perder su empleo.
Por otra parte, la alta tecnificación de la industria trajo, entre otras consecuencias, la mayor especialización de obreros y empleados con trabajo relativamente estable, pero generó además de una gran desocupación, un tipo de trabajador en condiciones de suma inestabilidad laboral, con trabajos sencillos y temporales.
El desempleo aumentó el número de trabajadores marginales o informales, con trabajos artesanales de -producción o de reparación, pequeños comercios y servicios alternativos, como por ejemplo de transportes o seguridad.
En definitiva, se diferenciaron dos grandes tipos de trabajadores: unos muy especializados trabajando en empresas que ofrecían cierta estabilidad al personal con mayor capacitación, y los trabajadores “flexibilizados” con una gran inestabilidad laboral o directamente desocupados. Evidentemente esta diferenciación hacía difícil una demanda unificada de los trabajadores, porque mientras únos pedían empleos estables, otros hacían lo imposible por no perder los suyos.
NUEVAS FORMAS DE ARTICULACIÓN DE LAS DEMANDAS SOCIALES.
La crisis de los partidos políticos tradicionales y el debilitamiento de los sindicatos, produjo nuevas formas y canales de participación para la demanda frente a situaciones injustas. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), comenzaron a surgir y a reemplazar en algunas áreas a los partidos: la defensa de los derechos humanos, de la mujer, del consumidor, de la ecología, de los homosexuales, etc. Grupos de damnificados por diferentes hechos (accidentes, cierres de bancos, desalojos, etc.) hicieron oír sus reclamos sin comprometerse con partidos ni con organismos de gobierno, sindicatos o instituciones religiosas.
Un papel destacado tuvieron las organizaciones ecologistas, que con su constante denuncia y accionar contra las empresas que dañaban el medio ambiente y los gobiernos que lo permitían, lograron concientizar a gran parte de la población mundial, del peligro que significaba no cuidar el planeta.
También, sobresalieron los grupos defensores de las minorías discriminadas por razones étnicas, religiosas, sexuales, etc. Organizaciones defensoras de los derechos de los indígenas, de la igualdad de la mujer o contra la discriminación a los portadores del Sida, a los homosexuales o a los discapacitados, cumplieron un destacado papel de lucha que transformó en muchos aspectos el comportamiento de la sociedad.
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