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TRIUNFO

Mito y realidad del ESTADO.

Mito y realidad del ESTADO. CAPITULO I.

IDEAS GENERALES SOBRE EL MITO Y EL ESTADO.

1. Concepto y definiciones.

La palabra "mito", procede de la voz griega "mythos" que significa "Fábula". Mito es el relato de algo maravilloso que se supone acontecido en un pasado muy remoto y casi siempre impreciso.

Los mitos pueden referirse a grandes acontecimientos heroicos que explican el origen, y sirven de fundamento, de una comunidad (Jasón, Teseo) o del género humano en general (Adán y Eva); pero bien puede referirse a fenómenos naturales, en cuyo caso se tiene el "mito alegórico" (los signos del zodíaco), los mitos solares o representar la personificación de seres sobrenaturales (dioses, ninfas, nereidas, sirenas, ángeles, arcángeles, demonios, etc.) cuyas acciones fantásticas revelan los sentimientos e ideas de los pueblos que las imaginaron.

A continuación citamos las siguientes definiciones que reflejan los conceptos expresados. Ragozin escribe: "Fenómeno de la Naturaleza que se representa, no como resultado de una ley natural, sino como acto de personajes divinos, o al menos, sobrehumanos, de poderes buenos o malos". Y la de Otfried Muller: "Acto inconsciente y necesario, por lo que el espíritu del hombre, incapaz de abstracción, consideraba todas las cosas bajo una forma concreta y viva".

Los mitos se encuentran en los pueblos arcaicos y en el antiguo paganismo de los griegos, los romanos, los egipcios, los hindúes, los hebreos, etc., y representan el balbuceo inicial de los pueblos, para expresar el inicio de su historia y sus concepciones animistas de las cosas de la Naturaleza y de la sociedad.

2. El mito y la religión.

En su sentido original "el mito" es sinónimo de fábula; pero la fábula quedará relegada, como una simple especie literaria, para expresar acciones inverosímiles de los animales o las cosas. No contiene, como el mito, el trasfondo de una creencia, o de una idea de superioridad de un personaje de elevados "atributos" o propiedades.

Se ha considerado el mito como sinónimo de religión; pero ambos términos señalan dos objetos diferentes: comenzando por su origen, la religión se deriva del sentimiento y el mito de la imaginación, de la fantasía, cuando se invoca a Dios en una oración, habla el sentimiento; pero cuando imaginamos que la serpiente incita a Eva, para que convenza a Adán, de que coman de la manzana prohibida; entonces habla la fantasía. En otro aspecto, la religión tiende a crear un código moral y considera al dios como depositario substancial de la moralidad; en cambio, la idea mítica revela una acción grandiosa, fabulosa, sin que le interese su fondo.

3. El mito y la filosofía.

La filosofía, que emergió del mito y la religión, desde la perspectiva del racionalismo absoluto, ha visto en el mito, el fracaso total del pensamiento. En este aspecto, Aristóteles (384-322 A.C.) dice "No vale la pena hablar de los que se sirven del mito"; y Hegel (1770-1831) por su parte escribe: "El uso del mito acusa, en general, una impotencia que no sabe manejar, todavía el pensamiento". Para la razón clásica el mito es una "quimera"; es decir, una ilusión o fantasía simbólica, que no puede ser sometida a las leyes o postulados del razonamiento lógico; por tanto, para la filosofía racionalista, el mito es la expresión elemental de los pueblos bárbaros.

Sin embargo, no se considera así, tan manida y tajantemente concluída esta cuestión, pues en la historia del pensamiento filosófico se ven los avatares de esta idea:

Los presocráticos descartaron el mito, porque se oponía al logos, a la razón: pero elevaron la razón sobre la base de previos mitos, terminando por enlazar los dos conceptos, por lo menos en el lenguaje.

Los sofistas diferenciaron el mito y el logos (la razón). Sin embargo, admitieron con mucha frecuencia, que el mito envolvía, muchas veces, la "verdad filosófica". Esta concepción de los sofistas fue adoptada por Platón (428-348 A.C.) quien consideró el mito, como un modo de expresar ciertas verdades que escapaban al razonamiento. De allí aparece que toda la filosofía de Platón esté planeada a base de mitos alegóricos: el mito de la caverna para exponer la teoría de las ideas; el mito del alma; el mito del devenir, etc. A esto aludía Aristóteles cuando rechazaba a los mitólogos.

Muchos escritores neoplatónicos estudiaron la naturaleza y la clasificación de los mitos, como la justificación filosófica del carácter divino de los mismos. Salustio (87-36 A.C.) en su libro "Sobre los dioses y el mundo", explicaba que los mitos pueden presentar a los dioses y sus opiniones, expresadas por los mismos dioses, en el mundo; e hizo la siguiente clasificación: mitos teológicos, físicos, psíquicos, materiales y mixtos.

Tomando en cuenta su gran valor pedagógico y explicativo, los mitos tuvieron, en la antigüedad y en la Edad Media gran aceptación. Pero a partir del Renacimiento se replantea un problema que ya se había analizado desde la antigüedad: el de si los mitos poseen un contenido verdadero o falso. Cabe afirmar que algunos escritores lo aceptan, mientras que otros lo rechazan de manera absoluta, alegando que la verdadera historia no tiene nada que ver con los mitos y las leyendas. Para estos pensadores el contenido del mito es falso y por lo tanto, el historiador debe limpiar de tales fantasías la historia que escriba. En este sentido se pronunciaron Voltaire (1694-1778) y todos los libre pensadores enciclopedistas del Siglo XVIII. Sin embargo, algunos pensadores han llegado a la conclusión de que, los mitos tienen una "verdad histórica" y no se deben descuidar o ignorar cuando se trate de penetrar en el remoto pasado prehistórico de los pueblos; por lo que aunque los mitos tienen mucho de fantasía no se puede negar que constituyen un esfuerzo de interpretación de fenómenos sociales.

Juan Bautista Vico, en su "Ciencia Nueva", identifica el pensar mítico con el pensar político y es partidario de que los mitos contienen una verdad histórica. Vico fundamenta, racionalmente, esta aseveración al considerar que tal fenómeno es un "modo de pensar" que tiene sus características propias, y que expresa formas básicas de vida humana.

En el mismo sentido que Vico, se pronuncia el pensador alemán Federico Schelling, diferenciándose de aquel, en que a éste le atribuye contenidos místicos. El alemán opina que la mitología es una forma de pensamiento que indica uno de los modos de como se revela el absoluto en el proceso histórico; así dice: "El mito es revelación divina".

4. El mito y otras ciencias humanas.

Los mitos han sido interpretados de diversas maneras por historiadores, sociólogos, etnólogos, antropólogos, psicólogos y filósofos. Según su respectivo criterio, indica que tales representanciones fantásticas, son "expresiones de conflictos incoscientes", o una "simbolización de fenómenos naturales" o bien una "proyección imaginaria de las estructuras sociales", etc.

a) Para la Etnología, el mito desempeña una función social: el mito primitivo es el relato de una historia fundamental y concreta del grupo o comunidad; de donde este agregado social, saca la justificación de sus ritos o cultos a dioses, héroes, y antepasados; con ellos verifican y consolidan su existencia en el tiempo; el origen cierto de su estirpe, sus leyes y sus tradiciones.

b) Para la teoría psicoanalítica, el mito pertenece al "mundo inconsciente", de lo irracional; delimitando así, las fronteras entre la razón y la fantasía, o la locura y la puericia; y, en consecuencia, una "lógica del inconsciente". En otro aspecto, el psicoanálisis ve en los mitos figuraciones de "complejos", deseos insatisfechos, traumas, frustraciones, generalmente de carácter sexual y de voluntad de poderío. Ejemplo: el totem es la imagen del "padre" o "protector". El Nagual protector de la tribu entre los indígenas americanos y deidades menores pertenecientes a grupos familiares.

c) Algunos historiadores -Moreau de Jonnes, entre ellos- se inclinan a ver, en el mito, hechos reales y positivos: leyendas sobre los dioses y los héroes; son relatos que se refieren a hombres que, efectivamente, existieron; dotados de facultades superiores para realizar hazañas inverosímiles y beneficiosas para los pueblos primitivos que los consagraron como divinidades; gozando también de esta identificación algunos animales.

d) La Antropología explica que, antes de la mitología, se encuentra, en la vida humana, el "mana" o animismo, reiteradamente encontrado, en los pueblos arcaicos como los de la Polinesia, Micronesia, Melanesia, etc. El "mana" es una fuerza, un influjo de orden inmaterial y hasta sobrenatural, que se revela por medio de la fuerza física, o por otra forma de poder o superioridad que el hombre posee; no estando fijo a un objeto determinado, y puede ser llevado sobre toda clase de cosas: es forma de vida del hombre primitivo.

El hombre mitológico, sintió que el mundo vive: supuso que, detrás de cada cosa material, había un espíritu semejante al suyo que la animaba; por lo que se explica que todo "mito" lleva en sí el reflejo del hombre mismo. A este respecto dice el sociólogo francés Reinach (1858-1932): "Podemos afirmar que el niño y el salvaje son animistas, es decir, que proyectan al exterior la voluntad que actúa en ellos; que las cosas que pueblan el mundo, en particular, los seres y las cosas que les rodean; gozan de vida y sentimientos semejantes a los suyos". Es la explicación del antropomorfismo. "Tan natural es al hombre el animismo, y tan difícil de desarraigar, que ha dejado huellas en el lenguaje de todos los pueblos y hasta en el de los individuos más civilizados en apariencia", añade el mismo autor.

e) En otro sentido, algunos sociólogos como el autor de "La Teoría de la Violencia" Georges Sorel, comparan el mito con "la ideología", "la utopía y la quimera". Aluden a los elementos psíquicos que incitan a las masas para la acción. Dicen, por ejemplo: "el mito de la huelga general", "el mito de la raza", "el mito de la sangre", "el mito de la nación", etc. En esta línea, el término "mito" sirve para designar "las elaboraciones de la conciencia colectiva" que no se basan en una realidad objetiva.

5. El mito y el marxismo.

En una más amplia visión del mito y de la mitología, el Marxismo ve, en tales conceptos, creaciones populares que intentan generalizar y explicar los distintos fenómenos de la Naturaleza y de la Sociedad: en el mito y en la mitología, se encuentran muchos elementos de la concepción del mundo y de la vida, que se había formado el hombre primitivo, en las etapas iniciales de su existencia social. El mito va hermanado con la religión porque, en él, se dan muchos aspectos de lo sobrenatural; se crean y expresan, asimismo, concepciones morales y estéticas, lo cual, necesariamente, produce derivaciones encaminadas a la regulación de la conducta humana, y hacia la apreciación y expresión de la belleza.

El mito y la mitología son un producto de la fantasía: el hombre se explica, imaginariamente, los hechos de la Naturaleza y de la Sociedad, cuyas fuerzas y superioridad escapan a su dominio; pero cuando estos hechos pueden explicarse lógicamente, porque han sido sometidos al conocimiento concreto de la investigación científica, entonces el mito y la mitología desaparecen.

6. El mito y el Estado.

El estado es definido de distintas maneras, pero, en esencia, tienen el mismo objeto: "una organización total de la Sociedad", "la organización jurídica de la Sociedad"; "la autoridad soberana que ejerce el gobierno de las cosas y de las personas dentro de un territorio nacional"; "el poder organizado de una nación"; "una de las formas históricas posibles y concebibles, por la que una comunidad política institucionaliza su unidad, y asume la responsabilidad de su destino nacional".

A esta figura social, jurídica e histórica, se le han atribuido varios elementos, cualidades o propiedades que invaden los linderos de lo mítico. Esos elementos, cualidades o propiedades son: eternidad, divinidad, consubstancialidad (a la naturaleza del hombre), inmanencia (en la esencia de todas las cosas, en el macrocosmos y en el microcosmos); inherencia total (en la esencia de la sociedad humana) anterior a las partes (individuo, familia, sociedad), realización objetiva de la idea, etc. La metafísica racionalista e idealista se ha enseñoreado justificando de la manera más acusiosa y refinada tales atributos. Y así el Estado ha pasado a ser considerado como una entidad mágica, mística y suprema que todo el mundo intuye como un demiurgo: un dios o un demonio, fantástico...

La investigación sociológica, económica, histórica y política de los pueblos, ha venido a demostrar que el Estado es un producto histórico de la sociedad que ha llegado a cierto grado de desarrollo y que, de elemento armonizador de las diferencias con que apareció, se ha convertido en instrumento de dominación por las clases poderosas con el doble objeto de mantener su superioridad y sus privilegios, con lo cual queda destrozada su pretendida esencia mítica.

CAPITULO II.

LA ETERNIDAD DEL ESTADO.

1. La base económica del despotismo oriental.

La primera figura del Estado aparece en la historia bajo la forma conocida con el nombre genérico de despotismo asiático o despotismo oriental. Los historiadores nos presentan esta forma de Estado desde Egipto, al noroeste de Africa, hasta el Japón pasando por todo el Asia. Este despotismo se caracteriza porque el monarca, llamado sátrapa, déspota, tirano, califa, rajá, maharajá, mandarín, etc. reclamaba impuestos cada tres o cuatro meses en el año como una especia de "renta de la tierra". Al cabo de este lapso los pelotones militares se presentaban en las comunidades rurales agrarias y despojaban a las familias de campesinos de todo lo que habían almacenado en aquel corto período. Se llevaban granos, heno, frutos, animales y solo les dejaban los instrumentos de trabajo y escasos medios de subsistencia. La tierra era de propiedad de las comunidades agrarias, pero el dueño de la soberanía territorial era el sátrapa.

Este sistema comenzó aproximadamente unos siete mil años A.C. y se perfiló definitivamente con el establecimiento de las dinastías gobernantes cuyo registro está bien establecido en las de los faraones, las de los acadios entre los cuales se cuenta la de Sargón, las de los babilonios entre los cuales se halla Hammurabi, las de los hindúes contra los cuales se rebeló Sidharta Gautama "El Budha", las de China que Confucio organizó con una burocracia obediente y las del imperio del Sol naciente que aún subsiste con el emperador Akihito.

Este régimen de gobierno despótico que ha durado casi nueve milenios ha tenido por base económica lo que los economistas han denominado "modo de producción asiático", que es una forma precapitalista que ha sido de difícil descomposición. Este sistema fue descubierto y escrito en sus memorias por el médico francés Francois Bernier, que fue el terapeuta de cabecera del Gran Mongol, que gobernó en Turquía Europea y Asiática, parte de Persia y el Turkestán de 1650 a 1700. Estas memorias fueron conocidas por Carlos Marx en 1852 y el 2 de junio escribía a Engels revelándole su asombro por la penetrante observación del galeno sobre el sistema de producción en que se desarrollaba la vida económica en aquellas regiones orientales. "He aquí" dice, "el secreto" de la milenaria "paz asiática" la "llave del cielo oriental", o sea el milagro de la inamovible mansedumbre del pueblo asiático.

En efecto: el modo de producción asiático se basa en el sistema de comunidades agrarias que "poseen colectivamente a perpetuidad la tierra y en donde tienen sus viviendas, sus pastizales, sus animales, sus bosques. Los campesinos son dueños del suelo que trabajan, en donde viven con sus familias y sus pertenencias, pero que no pueden vender ni enajenar de ningún modo. Propiamente el dueño es el monarca, el Gran Mongol, pero éste tampoco enajena esa tierra. De esa forma el campesino, o mejor dicho, la comunidad se halla tranquila y, segura y satisfecha; el sátrapa les da protección contra las invasiones de los nómadas y contra las penetraciones extranjeras. Por estas razones las comunidades no se rebelan contra las recaudaciones periódicas de impuestos.

Este sistema es similar al de los Incas, Chibchas, Maya-Quichés y Aztecas a la época del descubrimiento de América.

Algunas concepciones del Estado sobre esta base económica se estudian en los capítulos I y II de esta obra.

2. Culturas mágicas, mitológicas y religiosas.

La doctrina de la eternidad del Estado descansa, sobre todo, en las tradiciones y leyendas mágicas, mitológicas y religiosas de la humanidad. Todas las teogonías de todos los pueblos primitivos, han sustentado la idea de la existencia de un ser supremo, alrededor del cual se prosternan, sometidos todos los demás dioses inferiores; idea que se proyecta, de la misma manera en la tierra en donde se ven las manadas de animales salvajes, como los lobos, sometidos a un jefe que es el más fuerte; en las abejas y las hormigas sometidas a una reina; y en las hordas de hombres primitivos sometidos al más poderoso de entre ellos.

Estas concepciones tuvieron su organización y sistematización cuando ya la sociedad humana, había llegado a un grado de desarrollo económico y social, que permitió el aparecimiento de una casta sacerdotal que organizó el culto; estableció ritos e impuso normas de convivencia, que designaban lugares o tareas específicas para unos que mandaban; otros que obligaban por la fuerza, al cumplimiento de las tareas y otros que, simplemente, obedecían por la sumisión y la impotencia.

Este comportamiento y estas creencias, son semejantes en todos los pueblos primitivos; cuyas culturas evolucionaron del tal manera, que luego impusieron, como patrones de civilización, a otros pueblos atrasados. Estas culturas mágicas, mitológicas y religiosas son, entre otras: la cultura védica en el Indostán, la órfica entre los griegos, la druídica entre los galos y celtas de Francia y España; los oráculos o misterios caldeos, la judáica de los hebreos, los gnósticos y neoplatónicos que se confundieron con los cristianos.

De estas ideas arrancó y se elevó la especulación filosófica, para establecer, por la vía de la sistematización racional, la justificación y existencia del Estado como concepto de poder, de orden y de jerarquía inherante a la naturaleza del hombre, que precisa de la sujeción y de la obediencia, conforme a una disposición eterna, para la realización de su vida en la tierra. Estas últimas concepciones se encuentran ya en las tesis de Aristóteles, San Dionisio el Areopagita, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Hegel, Duguic, Gierke y entre nosotros, el Salvadoreño Mauricio Guzmán. Hagamos una exposición breve de algunas de esas ideas y autores, por no ser necesario tratarlos todos ni en todo su contenido:

3. La cultura Védica.

En la península del Indostán se desarrolló una de las culturas más viejas que conoce la historia de la humanidad. Se sabe que el primitivo pueblo indú, era el "wedda" que, desde muy temprano, se cruzó con otros elementos raciales como las tribus pigmeas de los drávidas y de los mundas de raza negra. Para el año 4500 A.C., los pueblos indúes estaban ya organizados en Estado-Ciudad bajo el dominio de poderosos rajás o marajas. La tradición oral védica arranca, aproximadamente, de unos 7000 años A.C.; pero la escritura de sus libros sagrados, los Veda, comenzó a hacerse hasta el Siglo XI A.C., y terminó hasta el Siglo VIII A.C., siendo recopiladas cuatro colecciones denominadas: Rig-Veda, Rama-Veda, Atarva-Veda y Brahma-Veda.

Aproximadamente desde el año 2000 A.C., los arios -pueblo indoeuropeo procedente de lo que ahora se conoce como Ucrania (Región suroccidental de Rusia)-, en subsecuentes olas, invadieron la India por el norte y se apoderaron de todo el valle del Indo y del Ganges; estableciendo allí su dominación que quedó consolidada por el año 1600 A.C.

Estos arios que se llamaban a si mismos nobles o aristócratas, distinguidos, eran pastores y militares de raza blanca y allí se hicieron agricultores; impusieron a los pueblos conquistados una división social en castas; estableciendo la denominada cultura brahamánica, cuya base es la doctrina del "brahamanismo" o culto a Brahama. La división social es la establecida o descrita en el llamado Código de Manú.

El resumen del Brahamanismo se puede apreciar en la doctrina del Brahaman Atmán, que condensamos así:

Los términos "Brahaman" y "Atmán" revelan dos conceptos fundamentales, opuestos y recíprocos a la vez. "Brahaman" significa el principio supremo y único del mundo, incluso superior al propio "ser". Su significado etimológico se encamina hacia la idea de crecimiento espontáneo, por sí mismo y desde sí mismo: Es la fuente inagotable de lo real. "Atmán" significa la realidad interior o el yo íntimo del individuo humano; fuente inagotable de la vida de éste. En su sentido etimológico expresa la idea de "hábito", "respiración".

En el transcurso del tiempo y según el sentido de las interpretaciones, estos dos conceptos, fueron superponiéndose de tal modo, que ahora no se habla de ellos por separado sino que unidos "Brahamán-Atmán", formando un solo concepto integrado en sí mismo, o sea que el "Brahamán" es "Atmán" y viceversa; se trata de un absoluto que se encuentra tanto en el fondo del universo o cosmos, como dos caras de una misma realidad Suprema, o Causa Suma de todo. De esta realidad surgen las demás realidades.

De este concepto surge la idea de "Aquello o ésto", o lo que es lo mismo "Así como es arriba es abajo"; de donde ha emanado el concepto de la racionalidad de la organización social en "castas" permanentes, y un "poder", eterno e inmanente, que gobierna todas las cosas y se refleja en todas ellas: el sistema solar, la constitución de una planta, de una flor, de un hombre, etc.

4. La mitología y el orfismo en Grecia.

El mito es una fábula o leyenda que, por tradición oral, se ha transmitido de generación en generación, en todos los pueblos primitivos; y cada pueblo tiene sus mitos propios. La mitología griega es rica y bella en sus leyendas de esta clase; como un reflejo fantástico de sus dirigentes, hay dioses primitivos -(el caos, la eternidad, el destino, etc.)- auxiliares, héroes, semidioses, dioses subalternos; y héroes míticos. Toda esta jerarquía revela la organización social de los griegos cuando ya estaban en la etapa superior gentilicia, en la barbarie superior, en las proximidades de la civilización. Dentro de este contexto, la sociedad griega mejoró sus técnicas productivas, siendo la aparición de las clases sociales y la esclavitud, una de las principales consecuencias de éste desarrollo.

La clase aristocrática gentil que devino en clase poseedora; sustentó y fomentó el culto de los dioses, así como la creencia de que el alma era una substancia corporal que se perpetuaba después de la muerte. El orfismo se opone a ésta creencia. Esta doctrina aparece en el Siglo VIII y se desarrolla hasta el Siglo VI A.C., sobre la base de los himnos órficos, del poeta y músico mitológico Orfeo, quien hechizaba con sus poemas y su música. El poeta, según las leyendas populares, apareció en Tracia en el Siglo XVI A.C., siendo hijo de Eagro, rey de Tracia y de la ninfa Calíope (por tanto Orfeo era un semidios), cuyos ascendientes eran Apolo (Helios, el sol) y Clío (Musa de la historia).

El orfismo se fundamenta en el culto de Dionisos, dios de la alegría y del ímpetu creador de la primavera. Este dios era hijo de Zeus y había sido muerto por los Titanes; pero su corazón, rescatado por Atenea, fué entregado a Zeus, quien se lo comió. De las cenizas de Dionisos fueron creados los hombres quienes tuvieron la maldad de los Titanes y la bondad de Dionisos; Zeus volvió a crear a Dionisos, y al restaurarse el culto a Dionisos, el orfismo expresó la idea de que el cuerpo pertenecía a los amos, a los señores, que ya eran esclavistas, y que el alma iba a gozar de la felicidad a ultratumba, oponiéndose a la primitiva creencia.

Estas ideas tuvieron mucha influencia en Pitágoras, Platón y Empédocles, en el neoplatonismo, el gnosticismo y en el cristianismo.

5. El pensamiento político entre los antiguos griegos.

Ya hemos visto la influencia que los himnos órficos ejercieron en el sentimiento religioso y político de los griegos, desde el Siglo VIII A.C..

Ya desde entonces estaban establecidos los Estados-Ciudad, cuyo ejemplo es clásico en la literatura política universal. Sin embargo, no estaba, todavía, redactada la teoría política abstracta que más tarde elaborarían la mayéutica de Sócrates, condensada en los libros de Platón y las geniales sistematizaciones de Aristóteles. Antes de la elaboración de estas teorías se verificaron, en la praxis política del Siglo V A.C., las grandes luchas sociales que determinaron la imposición definitiva del Estado-Ciudad causando la desintegración de la comunidad gentilicia.

El pensamiento fundamental que hay en la idea griega del Estado-Ciudad, es la "armonía" de una vida compartida por todos los miembros de la comunidad que el Estado abarca. Solón de Atenas decía que sus leyes -elaboradas por él- produjeron la armonía, el equilibrio entre ricos y pobres; por ellas, cada una de las partes recibe lo justo.

Las ideas de armonía y proporción aparecieron en el pensamiento griego, desde los inicios de la filosofía. Anaximandro trato de describir a la naturaleza como un sistema de propiedades contrapuestas, (por ejemplo frío-calor) separadas por una substancia neutra subyacente. La armonía o proporción es uno de los principios últimos de todos los intentos de formular una teoría del mundo físico. Heráclito decía: "El sol no rebasará sus medidas; que si las rebasare, las Erinias, servidoras de la Justicia, sabrían encontrarlo". Pitágoras enseñaba que la armonía y la proporción eran principios básicos en la música, la medicina, la física y la política.

Estos conceptos de armonía o proporción, de medida, pasaron a las concepciones estéticas y éticas, de modo que, tanto la moral como la política, se vieron inundadas de teorías sobre la proporcionalidad en la belleza, la justicia en los actos de gobierno y la moderación en las costumbres. Eurípides, el gran poeta trágico escribió: "La ley de la naturaleza del hombre es la igualdad".

6. El Druidismo.

Los druidas formaban el sacerdocio de los celtas-galos (Francia, España y Bretaña). Los celtas eran una raza de origen indo-europeo y emigraron desde la Ucrania (Rusia) o del Cáucaso, aproximadamente unos 2000 años A.C. La palabra druida deriva de una voz sanscrita "drus" que quiere decir encina, o "dru-vid" que significa vidente. La secta sacerdotal se dividía en tres clases: la de los novatos, aspirantes a la dignidad sacerdotal; la de los bardos, cantores de alabanzas de los dioses; y la de los darvidin, ministros del culto que, además, ejercían las funciones judiciales y la medicina e instruían a la juventud. Esta secta implantó una verdadera teocracia entre los galos, bretones e iberos. Fueron legisladores y jueces que tenían una autoridad incontestable.

Hacían la paz y la guerra; deponían a los magistrados y a los reyes; imponían penas y se constituían en censores respecto de los particulares. Estaban exentos del servicio militar; tenían el monopolio de los sacrificios, tanto públicos como privados y excomulgaban a los que descartaban sus sentencias, excluyéndolos de las ceremonias religiosas. En cuanto a sus doctrinas, tenían una teología secreta y adoraban a un dios ignoto; cuyas alabanzas cantaban en los bosques sagrados, acompañandose con los sones de sus arpas de oro, de noche, a la claridad de las antorchas, creían en la vida futura y en la transmutación de las almas. Tal creencia se hizo popular y tan arraigada estaba entre los galos, que no vacilaban en dar cantidades de préstamo pagaderas en la otra vida.

La enseñanza pública de los druidas se cifraba en la explicación de la genealogía, atributos y funciones de los dioses, así como en la de diversos medios de explicar su ira y conocer su voluntad. El sistema moral comprendía tres principios fundamentales, a saber: adorar a los dioses, no hacer mal y ser valiente. Observaban el orden celestial y lo aplicaban al orden terrenal.

7. El pensamiento racional de Aristóteles (384-322 A.C.).

Rompe con las doctrinas mítico-religiosas tradicionales con respecto al Estado, y trata de justificar la existencia de éste, de acuerdo con el orden de la naturaleza. "El hombre, -dice-, es un ser social por naturaleza (zoon politikón) y el Estado tiene por base la atracción de los hombres hacia la vida en común". Esta atracción organiza, primero, la familia, después los poblados y por último el estado. "El estado, -dice-, es la forma más perfecta de la vida en común; una forma en la que se crean las condiciones para una vida perfecta, que se basta a sí misma". El Estado es una asociación de hombres libres; los esclavos y los artesanos no forman parte de él. "El estado es una forma necesaria y eterna de la vida en común, de la cual los hombres nunca, bajo ningún pretexto, podrán prescindir".

8. San Dionisio de Atenas.

LLamado el Areopagita (Siglo I D.C.), fué una autoridad eclesiástica de los primeros tiempos del cristianismo y ocupó el primer obispado de Atenas. Fué respetado por su vasto conocimiento, lo mismo que por sus buenas costumbres de vida, lo cual hizo que la gente le guardase veneración y respeto.

Se le atribuyen a él, cuatro tratados y diez cartas de contenido místico-religioso basados en las ideas del cristianismo, conocidos en la literatura filosófica con el nombre de los "Areopagíticos". Estos tratados ejercieron una poderosa influencia en toda la literatura teológica de la Edad Media hasta el Renacimiento (Siglo XV D.C.).

Hay que hacer constar, sin embargo, que posteriores investigaciones científicas han puesto en claro que estos tratados y cartas no fueron escritos ni por San Dionisio ni por Pedro de Iberia, Obispo de Georgia (el primitivo nombre era Iberia), que vivió con mucha posterioridad a San Dionisio. La base crítica de esta refutación se sostiene en dos puntos básicos: uno, que está cargado de ideas neoplatónicas que no habían tenido beligerancia en el Siglo I; otra es que, durante los primeros siglos del cristianismo, nunca fueron citados los tratados y las cartas por los autores eclesiásticos; y otra tesis en contra es que describe ya, en toda su arquitectura, la pujante organización eclesiástica que se impuso, sin reservas, durante más de mil quinientos años. Los tratados son los siguientes: De los nombres Divinos; Jerarquía Celeste; Jerarquía Eclesiástica y Teología Mística.

Los Areopagíticos medioevales presentan el cristianismo de un modo sistemático; El centro del ser es la divinidad incognoscible; de él se desprenden, en todos los sentidos, emanaciones luminosas que decrecen gradualmente, a través del mundo de los ángeles y de la zona de la Iglesia, hasta las personas y cosas corrientes. En síntesis, la jerarquía eclesiástica es un reflejo de la jerarquía celeste. Estos documentos fueron una fuente obligada en todas las corrientes de la filosofía medival.

9. San Agustín de Hipona.

Fué el Obispo de la ciudad de Hipona y uno de los más grandes representantes de la Patrística; uno de los grandes padres de la Iglesia. Entre sus tesis se destaca la idea del ordo u orden, sosteniendo que es uno de los atributos que hace que todo lo creado por Dios sea bueno. Dios ha creado las cosas según su forma, medida y orden; considerando a éste último como una perfección.

El orden, desde el punto de vista metafísico, significa la subordinación de lo inferior a lo superior, de lo creado al Creador. Si lo inferior se rebelara contra lo superior no habría orden, sino "desorden", caos. Santo Tomás de Aquino, siguiendo a San Agustín, dice que: "El orden es una determinada relación recíproca de las partes".

En su tiempo, todas estas ideas sirvieron para darle fundamento a la idea de jerarquía, de gobierno, y en consecuencia, del Estado; y sobre todo del Estado Eclesiástico, concebido como eterno tal como lo es el orden de la naturaleza.

En la época moderna, Hegel concibe el Estado: "como una imagen y realización de la idea moral, de la razón" y lo considera como eterno. Adelante se desarrollará el planteamiento de Hegel.

10. Un escritor salvadoreño.

En su obra "La Política en la Ciudad del Hombre", Mauricio Guzmán, expone y defiende dos tesis que pertenecen al campo de la filosofía jurídica y la filosofía política, a saber: la teoría de la perpetuidad del Estado y la teoría sobre una ley metafísica de "la obediencia", que rige los actos humanos dentro del Estado, es decir, entre gobernantes y gobernados.

En cuanto a la primera doctrina, dice el autor, en el primer párrafo del Capítulo I (El problema de la Justificación del Estado): "En la inagotable perennidad del tiempo y del espacio, hubo un día en que el hombre se asomó a la existencia y, cuando el recuerdo de ésta pudo ser transmintido a la posteridad en forma precisa, ordenada y verídica, nació la historia y con ella el estado. "Con razón se ha dicho que no hay historia sin Estado".

En el segundo y tercer párrafo, continúa: "Desde entonces el hombre ha sido sujeto del amor y del odio; ha adorado a Dios o se ha vuelto hacia él, irreverente o en abierta rebelión;..... todo lo ha soñado o vivido bajo la permanente organización del Estado."

Inmediatamente pasa el autor a demostrar las diversas teorías que han tratado de justificar la existencia del Estado, en su relación con el destino humano, y en su singular naturaleza de fenómeno social de dominación: a) como obra de Dios; b) como producto de la naturaleza; c) como organización mantenida por los más fuertes; d) como institución conceptual; e) como instrumento de dominación en manos de la clase dominante, etc.

Desde la teoría trascendente (divina) hasta la teoría concreta del materialismo histórico, pasando por Aristóteles, Rousseau, Spengler, Jellinek, Nietzche, hasta el anarquismo; Guzmán describe el momento crítico actual que confronta el Estado ante las doctrinas que proclaman su disolución por consunción, como el marxismo o su extinción violenta de la mañana a la noche, como el anarquismo.

Denuncia Guzmán, el hecho de que, en los últimos siglos de la era cristiana, la justificación de la organización estatal ha sido objeto de una "metafísica política" adversa...; y, hoy día, es el tema decisivo de la civilización, pues se está llegando a hacer conciencia en el sentido de abolir el Estado; lo cual precipitaría a la humanidad en una desgracia sin parangón en la historia". "La crísis comenzó desde Rousseau, es decir, desde los albores del capitalismo, o mejor dicho, del liberalismo, hasta el socialismo científico preconizado por Marx, Engels, Lenin y Stalin, que, al acabar las clases sociales; sustituirá el gobierno de los hombres por la administración de las cosas". En este punto se duele el autor citado que eminentes juristas como León Duguit, famoso profesor francés antimarxista, "quien ayudado de la metafísica jurídica", concluye que el fenómeno de la subditancia (del sometimiento al Estado), no tiene justificación racional; "que es imposible demostrar que determinado fenómeno o número de hombres, tenga derecho a imponer su voluntad a los demás asociados".

Esta crísis se revela, en última instancia, en la doctrina anarquista que, en su modalidad católica, sostiene "que el bien público -bien común, en éste caso- podrá ser alcanzado sin el Estado, sin autoridad que encause los esfuerzos particulares, sin gobernantes, por medio de comunidades libres solamente; en las cuales el interés personal del individuo será la única ley".

Ante esta catástrofe real, objetiva, opina Guzmán, que la existencia de la autoridad política se debe..."a un imperativo del mismo fenómeno social, a una ley social que impulsa al hombre a la asociación, con igual fuerza que la ley de la gravitación universal imprime a las cosas del espacio; igual que las células a formar tejidos y organismos o que los átomos a integrar toda la materia en todas sus manifestaciones".

Esta es, la ley Universal del Movimiento que, en el campo social, se le llama "Sinergía Social", en cuya virtud, el hombre erige sus instituciones (familia, horda, tribu y en fin el Estado), por lo cual, sostiene Guzmán, "para generalizar", que el fenómeno político o el principio de autoridad, son una consecuencia lógica de la "Sinergía Social".

Del razonamiento anterior -que hemos procurado resumir en la forma más completa- el autor desprende dos conclusiones: 1) La existencia de una "Ley de la Obediencia", exclusiva del hombre como ser social; y 2) La eternidad del Estado. Dejaremos para otras reflexiones la primera conclusión y nos detendremos, por ahora, sobre la segunda que expresa así el autor:

"Concluyo, pues, que la existencia del Estado no está subordinada al mecanismo de ningún proceso dialéctico o ley del pensamiento, y que menos aún, podrá ser destruido con argucias filosóficas, o por la taumaturgia caprichosa de un partido único y omnímodo; pues la constancia de sus elementos estructurales y el invariable comportamiento de éstos, lleva a la conclusión de que, su esencia está vinculada al ordenamietno primario, rígido e inmutable del cosmos".

Veamos como Guzmán, se contradice en sus dos aseveraciones: En la primera premisa afirma: que el hombre se asomó a la existencia (es decir, apareció como ser viviente); y luego "cuando el recuerdo de su existencia pudo ser transmitido a la posteridad en forma precisa, ordenada y verdadera, nacio la historia y con ella, el Estado". Según el tenor de estas expresiones, el hombre fué, en primer término, -y así lo es, lógicamente- un ser animal, un ser biológico que obraba instintivamente como cualquiera otra especie del mundo zoológico; y hasta más tarde, humanizado por el trabajo, deja los recuerdos de su paso sobre la faz de la tierra, haciendo así historia; el Estado y en general la cultura como fruto específico suyo.

Cabe entenderse que, en los primeros años de su existencia, no hubo ni casas, ni ciudades, ni instrumentos de trabajo, ni mucho menos historia; ni Estado, ni derecho, y que estos dos fenómenos sociales últimamente dichos, son el producto de una larga evolución y transformación cultural del Homo Sapiens. En consecuencia, el Estado como ente histórico y cultural, ha tenido su principio, y, naturalmente, tendrá su fin cuando ya no sea necesario como medio de dominación.

El autor de que se trata, admite la perennidad inagotable del espacio, del tiempo y la ley universal del movimiento. Y como consecuentemente debe admitir -tiene que admitirlo-, el cambio eterno. La perennidad consiste en que una cosa o fenómeno no tenga principio ni fin: esa perennidad es la eternidad en el tiempo y la infinitud en el espacio. Lo que es evidente para el razonamiento, es que no puede hallarle principio ni fin al ser; ni al movimiento que engendra los cambios en el ser, ni estos cambios que son inherentes a él.

Estas son las únicas cosas o fenómenos eternos. Los demás accidentes del cosmos (las nebulosas, los sistemas solares, los planetas, la tierra, el hombre y su cultura, y en consecuencia el Estado, etc.) son series de hechos que tuvieron un primer momento, en una primera unidad, una primera forma y que forzosa y necesariamente, tendrán una última etapa, un término, un fin.

Guzmán, confunde la cohesión física o química de la materia, de los átomos, del mundo inorgánico, con el Estado, al afirmar que su esencia pertenece al ordenamiento primario, rígido e inmutable del cosmos. Porque realmente, antes de que hubiera Estado, antes de que fuera inventado como una forma superior de organización de un conglomerado social, existieron otras organizaciones naturales inferiores que ya hemos mencionado: formas inferiores que no eran ni podrán ser la esencia del Estado. Este es un aparato de dominación sobre una población y territorio determinados, con gobernantes, con cuerpos de policía, con cárceles, con cobradores de impuestos, etc., distinto, también, de otros organismos como las sociedades anónimas, las cooperativas, etc., regidas bajo el mismo principio de la asociación.

El movimiento constituye el modo de ser de la materia; es la manera de manifestarse, de existir; su atributo, el cual incluye, en sí, todos los procesos de las cosas, fenómenos que se dan en la naturaleza y en la sociedad.

En el mundo todo está en movimiento. Aparentemente algunas cosas tienen una naturaleza o consistencia fija; pero esa estabilidad aparente no es más que una forma de movimiento que se llama reposo, siendo este relativo. Todo movimiento es infinito, inagotable y complejo. Existen múltiples formas de movimientos como seres hay en el tiempo y en el espacio; que son los otros aspectos absolutos en que se expresa el ser. Todo movimiento es un proceso de acción recíproca, de interacción, de contrarios, de elementos que luchan entre sí, lo que determina el cambio; el desarrollo y la degeneración, la asimilación y la desasimilación, la asociación y la disociación, etc. Esto es, todo el movmiento es dialéctico, contradictorio.

El cambio en general, es la transformación de objetos materiales; fenómenos sociales en el curso de su desarrollo o decadencia, abarcando todo paso de un Estado a otro. Es la forma más amplia de revelarse el movimiento. Lo permanente no es un ordenamiento primario, rígido e inmutable como ley cósmica sin lo movible, lo cambiante, como ley general del universo.

Por eso, cuando Guzmán admite, por una parte, el movimiento y luego niega la dialéctica que es inherente a aquel; y cuando acepta el movimiento que implica el cambio y acepta, a la vez, una esencia inmutable y rígida, se contradice fundamentalmente, negando en su totalidad, la base filosófica y doctrinaria de su teoría de la eternidad del Estado.

De lo expuesto inferimos las siguientes conclusiones:

Los únicos absolutos son la energía, la materia, el espacio, el tiempo, el movimiento y el cambio dialéctico como forma del ser.

El hombre y su cultura son seres históricos y contingentes.

El Estado es un producto de una larga evolución cultural, nacido al choque de los intereses opuestos de la Sociedad, y utilizado como instrumento de dominación de una clase sobre las otras clases sociales.

Al desaparecer las clases sociales, desaparecerá el Estado que será sustituido por otras formas de organización, adecuadas a las nuevas condiciones engendradas por el cambio, en el devenir histórico, del hombre y de la sociedad humana.

La historia no desaparece con la extinción del Estado, pues éste no es el único hecho notable en el acontecer humano; antes del Estado está la prehistoria, o historia no escrita que registra novedosos acontecimientos, como la invención del arco y la flecha, la rueca de hilar, el hacha de piedra, la organización gentilicia, etc., por loque se supone que, al extinguirse el Estado, el hombre seguirá proyectándose en las obras creadoras de su trabajo.

CAPITULO III.

LA DIVINIZACIÓN DEL ESTADO.

1. Origen divino del poder del Estado.

El Estado ha sido considerado, en todas las épocas, por algunos teóricos, como de origen divino. Esa consideración teórica es de mucho relieve en los imperios antiguos del Oriente Anterior o Cercano Oriente, que abarca los Estados de Babilonia, Asiria, Persia y egipto, este último en el Noroeste de Africa.

En los regímenes autocráticos o despóticos del Asia Menor (Caldea, Siria, Persia, Sumeria), Asia Mayor (China, Indochina) y Meridional (India), el Estado se había establecido sobre la base de la división social en clases, y de la esclavización de los hombres sometidos por la fuerza; pero este hecho era ocultado a los súbditos.

La forma de este Estado es una "Despotia", o sea una Monarquía autocrática y teocrática, en la que todo el poder del Estado se concentraba en las manos del "Déspota" o monarca, que se apoyaba en el aparato burocrático; que controlaba el trabajo de los esclavos y en el ejército que sometía, con crueldad a los trabajadores. Este déspota con su familia, la casta sacerdotal, la extensa burocracia y el numeroso ejército, constituían la clase dominante y gobernante; y para justificar su dominio proclamaban el "origen divino de este poder del Estado". Los ideólogos de este régimen estatal predican la desigualdad humana; el sometimiento de los trabajadores (esclavos), la sumisión y la obediencia de todos al monarca, e incitan al poder supremo del déspota, a mantenerse intocable, por medio del castigo y del terror. En cambio, en la conciencia de los sometidos, o mejor dicho, de los esclavos, su disconformidad se manifiesta como rebelión o protesta contra el abuso de poder.

2. Egipto antiguo.

En el Egipto Antiguo, que se configuró como Estado Esclavista, en el cuarto milenio antes de Jesucristo; el "Faraón" era un ser endiosado. La clase gobernante divulga la idea de que el faraón es un dios terrenal, continuador de la divinidad de los dioses del cielo, y a quien tributan un culto fanático, llamándolo "Hijo del Sol", "Hijo del Cielo", etc. El faraón es eterno, no muere sino que reposa y luego se convierte en el "Dios Osiris" (que es el Sol).

Todos los acontecimientos políticos y sociales son considerados por la ideología de la casta faraónica dominante, como expresión de la voluntad de los dioses celestiales y terrenales (los faraones). En el libro "La Sabiduría" de Pta-Hotep, ideólogo de la clase superior gobernante, que apareció a principios del tercer milenio A.C., sostiene que la desigualdad social es natural; que el hombre trabajador es malo porque ocupa una posición inferior en la sociedad, y el hombre que ocupa cargos administrativos en el Estado, es valioso y noble; predica a los inferiores la resignación, la obediencia y el sometimiento; frente al superior, el inferior debe estar quieto y subyugarse; el inferior debe saber que su bienestar depende de la buena voluntad de los nobles y del poder de los ricos.

3. Mesopotamia y Asia Menor.

A principios del cuarto milenio A.C., en Mesopotamia y en toda Asia menor, empezaron a florecer pequeños estados, cuyo centro principal eran ciudades, de las cuales, unas han pasado a la historia: Ak-Kad, Ur, Babilonia, entre otras. Esta última tuvo su florecimiento en el Siglo XVIII A.C. y fué el centro unificador y cultural de muchas otras pequeñas ciudades o estados. El unificador fué el rey Hammurabi, el del famoso Código.

La ideología política, en este reino, está impregnada de ideas religiosas: el destino de los pueblos y de los hombres está determinado por la voluntad de los dioses. Todas las tesis de la clase gobernante respecto del poder de los reyes, tienen su base religiosa en el Código de Hammurabi, que dice: "Los dioses designaron a Hammurabi para gobernar a los cabezas negras -la plebe-". Se dice que Hammurabi es la encarnación del dios del cielo, del dios de la tierra, del dios protector de Babilonia y del dios del sol, de la luz; y todos los demás dioses le prestan protección y ayuda.

4. Evolución del Estado en la Grecia antigua.

Los primeros habitantes del Peloponeso y de toda Grecia continental fueron los Pelasgos, que quiere decir "grullas" o "aves migratorias". Ellos llegaron del norte en el siglo XXV A.C. a la época del arribo de las aves migratorias. Eran de origen ario.

En el siglo XX A. C., llegaron los aqueos, también del norte y de origen ario, fusionándose pacíficamente con los Pelasgos, comenzando desde entonces a echar los cimientos de una maravillosa cultura que culminó en el siglo VI A.C. En este punto tenemos que recordar que también la cultura griega fue influenciada por las civilizaciones desarrolladas en Mesopotamia, Fenicia, Siria, Egipto a través de las Islas de Creta, Chipre y de otras tierras insulares del Mar Egeo.

Estos pueblos del cercano oriente crearon el Estado unos siete o seis mil años A.C., alrededor de una diosa de la fecundación y de un dios fecundante inseparables; así, por ejemplo, en Sumeria, que después fue Caldea, la diosa era Istar (mujer con cabeza de serpiente) y Tamus o Tamusti; en Egipto eran Isis (la Luna) y Osiris (el Sol). Era un Estado teocrático manejado por los sacerdotes. Pero los propietarios independientes se rebelaron pronto contra el dominio sacerdotal y establecieron su propio gobierno bajo el mando de un Rey que también obedecía el culto al dios. La diferencia entre uno y otro Estado era fundamental: el primero se basaba en un dominio de la tierra; el segundo en la libre empresa que desarrolló las artesanías, la industria, el comercio, etc., que obligó a la creación de una legislación apropiada que culminó con el Código de Sargón (siglo XVIII A.C.), el Código de Hammurabi (2067 A.C.)

Estos aspectos de la cultura política, como otros modelos en las artes, las industrias, la agricultura y el comercio, fueron trasladados al continente europeo.

En Creta la diosa de la fecundación era Astarté (la Luna) y el dios fecundante era el Minotauro (hombre con cabeza de toro) siendo tomado de los dioses fenicios Astarté y Baal-Moloch (dios con forma de toro). En el Atica, Kodro, un conquistador egipcio funda la ciudad de Atenas bajo la tutela de Atenea (1717 A.C.) que era la diosa de la fecundación del pájaro y la serpiente, y Zeus el dios fecundante; más tarde Atenea se transformó en la diosa de la guerra, la paz y la sabiduría.

Los pelasgos y los aqueos fusionados ejercieron un dominio continental en el Peloponeso, Beocia, Tracia, Tebas, Arcadia, Atica, Isla de Eubea. Esta cultura aquea culminó con las grandes proezas de los argonautas dirigidas por Jasón, la muerte de la Medusa Gorgona realizada por Perseo y la muerte del Minotauro realizada por Teseo (sucesos que se ubican alrededor del siglo XV A.C.).

Los acontecimientos de la guerra de Troya tuvieron lugar en el siglo XIII A.C. destacando la personalidad de los hijos de Atreo, Rey de Corinto, que fueron Agamenón, Rey de Reyes (Argos, Micenas, Corinto) y Menelao, Rey de Esparta. El Congreso Anfictiónico verificó la gran unidad del pueblo aqueo en contra de los troyanos. Los reinos aqueos estaban basados, unos en el dominio territorial, otros en la riqueza mobiliaria, en los Estados-Ciudad, donde dominaba una clase emprendedora, que debido a su espíritu de empresa, desarrolló una ideología individualista que es el sello distintivo de la civilización occidental; y otros, basados en una nobleza gentilicia, de economía agrícola.

Recordemos que la guerra de Troya tuvo por objeto la conquista del Estrecho de los Dardanelos (Helesponto) y del Mar Negro (Ponto Euxino), entonces en poder de los troyanos; la recuperación de Helena de Menelao fue sólo un pretexto.

Los dorios, también de origen ario, procedentes del norte, invadieron Grecia en el 1220 A.C. a fines del siglo XIII, destruyendo toda la civilización construida por aqueos y pelasgos. Establecieron un régimen militar esclavista dividido en castas, semejante al de sus congéneres arios en la India. Sometieron a los aqueos y pelasgos, muchos de los cuales emigraron al Atica, Eubea e islas del nor este del Mar Egeo, fronterizas al Asia Menor, región que después se llamó Jonia, en donde se establecieron libremente, defendiéndose de la persecución de los dorios.

Homero y Hesíodo son de estirpe pelasga y aquea; vivieron en el siglo IX y VIII A.C., respectivamente.

El legislador Licurgo fundó el Estado de Esparta o Lacedemonia en el año 750 A.C. que duró hasta el año 450 A.C. El Estado espartano de Licurgo era de tipo comunista-esclavista.

El Estado espartano estaba organizado así: todo el territorio estaba dividido en parcelas o latifundios gobernados por tres "gens" (familias o tribus dorias), estableciendo una nobleza gentilicia (por la sangre o nacimiento) que ejercían el poder político exclusivamente; estas familias no trabajaban y se dedicaban a ejercicios militares y de la guerra. Eran la casta superior espartana. La segunda casta la formaban los "metecos" que eran aqueos y pelasgos ricos quienes ejercían la agricultura, el comercio y la industria. La tercera casta la componían los "periecos" formada por los aqueos y pelasgos que ejercían las artesanías y oficios manuales. Y la cuarta casta eran los "ilotas" o esclavos compuestos de aqueos y pelasgos muy pobres que ejercían los menesteres manuales mas bajos. Todos estaban obligados a pagar tributos a los nobles dorios. Sin embargo, todos los sometidos eran libres de ejercer sus cultos y conservar sus tradiciones.

La diosa de la fecundación era Deméter y el dios fecundante era Zeus o Dionisos.

De igual modo fueron gobernados todos los territorios sometidos por los dorios. El sistema fue conservado en el Código de Gortina, redactado por el escritor dorio-cretense Talitas de Gortina (700 A.C.).

En el año 700 A.C., Sidón, jefe dorio que gobernaba Corinto se defendía del asedio de las organizaciones aqueas y pelasgas que buscaban su libertad. Los aqueos y pelasgos habían desarrollado la riqueza en el espíritu empresarial y laboral y reivindicaban sus derechos políticos y sociales.

En 670 y 657 A.C. los jefes aqueos de Tesalia y Corinto, Ortagoras y Sixeles, derrocaron la tiranía de los dorios y la dominación de los aqueos y pelasgos ricos.

En 605 A.C. en Mileto, Trascíbulo implantó la tiranía en contra de los sectores gobernantes e hizo obras que beneficiaron a la plebe.

En 600 A.C. Solón elabora para Atenas una Constitución protectora de la clase media y los trabajadores.

En 561 A.C. Pisístrato, pariente de Solón, impone la tiranía para establecer la democracia a favor de los sectores pobres, construye templos y recopilas las obras de Homero y Hesíodo.

5. India antigua.

A mediados del quinto milenio A.C., ya los habitantes de la India Antigua, vivían en ciudades rodeadas de grandes muros para su protección; eran agricultores y artesanos que fabricaban herramientas diversas y objetos de cobre y de bronce. A principios del segundo milenio, fueron conquistados por tribus arias procedentes del norte; quienes impusieron un régimen de castas. Los primeros Estados esclavistas se formaron en la India a comienzos del primer milenio A.C..

La ideología política de la antigua India, está concentrada en los libros religiosos llamados los Vedas (los que ven-los videntes), el de la epopeya, el Mahalbarata (que son los más antiguos) y el Código de Manú (Siglo III A.C.), se exponen las concepciones políticas de entonces. Estos textos predican la total desigualdad del género humano y presenta, como una creación de la divinidad, la división de la sociedad en castas hereditarias. Esas castas son: los brahamanes, casta superior, nacida de los labios del Señor del Mundo, Brahamos; los chatrias, militares, han nacido de sus manos; los vassias, agricultores, comerciantes y artesanos, han nacido de su pecho y caderas; los soudras, trabajadores esclavos, nacidos de sus piernas; y los parias, personas marginadas y sin derechos, han nacido de sus pies. Los círculos de cada casta, son infranqueables. El Brahamán es considerado en el Código de Manú como un ser divino, sagrado y omnipotente.

El Código de Manú alaba al rey como primer elemento importante del Estado, destacando su poder ilimitado. Manú es el primer hombre en la mitología Indú. Es la personificación del amo del mundo, y está formado por el brillo de todos los dioses. El rey debe defender el régimen de castas, salvaguardar la ley sagrada y cumplirla en sus relaciones con el pueblo. Pero también, el rey está supeditado al consejo de los brahamanes; acatar esos consejos y ser ejecutor de la voluntad de éstos; debe protegerlos en sus intereses; no debe provocar su descontento y su ira, pues los brahamanes pueden aniquilarlo con su ejercito.

6. China continental.

Algo análogo a lo visto anteriormente, sucedió en los grandes valles del Hoangó y el Yant-tse-quian, en la China Continental. La historia no ha logrado penetrar, todavía, en el conocimiento del establecimiento y organización de las tribus mongolas o de raza amarilla; a quienes, sus vecinos de las culturas situadas al occidente, les llamaban "los extraños" o "los extranjeros". En el campo de la suposición; comenzarían a establecerse a principios del quinto o antes. En el año 1950 A.C., o sea a fines del segundo milenio A.C., el soberano del río Wei, destronó a un soberano de una monarquía vecina, creando con ello, la base de un dominio imperial; al fallecer, dejó como herencia, sus tradiciones culturales; las cuales habían convergido, con toda la cultura de los principados del Hoangó.

Entre esas tradiciones culturales, de orden intelectual, estaba el conocimiento del sistema estelar y de su orden eterno. El gobierno de los hombres, es decir, el Estado, debía ofrecer una imagen terrena de ese orden. Y como en el "cielo", carece de expresión sensible, debe valerse de su elegido, es decir, de un ser sagrado, que habrá de gobernar, interpretando la "voluntad del cielo"; como expresión directa. El emperador se llamaba "Hijo del Cielo y la organización del Estado, se basaba en la jerarquía familiar y en el culto de sus antepasados, bajo estricto control; lo cual le daba una cohesión y permanencia indiscutible. El régimen político en China era la monarquía militar burocrática.

El principal ideólogo del régimen divino del Hijo del Cielo; fué Confucio, que vivió entre los años 551-479 A.C. y su influencia ha llegado hasta nuestra época. entre los muchos de sus preceptos, que hablan de la necesidad de la desigualdad social, de la pobreza, de la riqueza, de las costumbres, de los ritos, de los hábitos, etc.; destaca la esencia divina del rey, del Hijo del Cielo, el cual recibe las órdenes de lo alto, y es como el viento que sopla sobre las espigas de los trigales, y los súbditos deben ser como éstas que se inclinan cuando el viento sopla.

7. América precolombina.

Ideologías semejantes se sustentaron durante los regímenes políticos de los estados griegos, del Imperio Romano y los pueblos avanzados de América (Aztecas, Nahoas o Toltecas, Mayas, Quichés, Chibchas e Incas, que ya tenían estado constituido a la llegada de los españoles), que consideraban a sus soberanos y a los miembros de su nobleza, como hijos o representantes de los dioses, y al Estado como una proyección de la divinidad en la tierra; tal como lo afirma J. Jastrov en su "Historia de la humanidad, su cultura e instituciones".

8. Cristianismo y feudalismo.

Al ser reconocido por los emperadores romanos, el cristianismo como doctrina oficial, en el año 313 (principios del Siglo IV D.C.), ésta doctrina se convirtió en un instrumento ideológico de la intolerancia, fanatismo y oscurantismo. Bajo su estandarte se terminó una cerrada forma de creencias y se persiguió cruel y tenazmente a los portavoces de la cultura de aquellos tiempos. Tan decisiva fué la influencia de la Iglesia Cristiana, que en la comprensión y estudio de la doctrina de Cristo, intervinieron los mismos emperadores romanos; sobre todo, en el Imperio Romano de Oriente (Bizancio).

La Iglesia fué implacable contra toda clase de interpretaciones heréticas; y a lo largo del Siglo IV D.C. dejó totalmente establecido su sistema religioso y político. Fueron sus principales pibotes Jan Szlatous, Obispo de Constantinopla (345-401 D.C.) y Aurelio Agustín, conocido por San Agustín, Obispo de Hipona (354-430 D.C.).

Szlatous, fundamenta el proceso de feudalización de la sociedad y la organización de la población del Imperio en castas y grupos profesionales; con derechos y privilegios estrictamente especificados, para la casta superior (senadores y clero); justificaba la esclavitud y el sojuzgamiento de los campesinos libres que habían surgido por aquella época; predicaba la subordinación al poder del Estado, y amenazaba con castigos, además de los terrenales, con los del poder de Dios, al que desobedeciera al soberano. Sin embargo, decía que el poder de la Iglesia era superior al poder real del Emperador.

La doctrina de San Agustín, con respecto al Estado y al Derecho, hace resaltar la posición dominante de la Iglesia en el mundo, y preconiza un imperio teocrático militante de la Iglesia. San Agustín concibe el Estado como "una multitud unida por vínculos sociales". Para él, el Estado terrenal es inauténtico, porque sólo se reduce a satisfacer necesidades corporales por medio de la fuerza. Solo el Estado de Dios, la Iglesia (la Ciudad de Dios), es auténtica; ella posee la verdad, y sólo ella nos puede conducir a la unidad y a la paz eterna. Pero esto se realizará sólo con el segundo advenimiento de Cristo a la tierra, cuando organice un tribunal justiciero, que efectuará la separación definitiva de los escogidos y de los reprobados, de los devotos y los pecadores y ambos Estados, la Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre concluirán su definitivo desarrollo. Sobre ésta doctrina fantástica fundamentaron los regímenes feudales de la Edad Media su dominación, la subordinación de los pueblos, así como el papa justificó su preponderancia sobre tales regímenes.

9. Santo Tomás de Aquino.

Santo Tomás de Aquino, otro de los pilares de la Iglesia Católica, que floreció en el Siglo XIII de nuestra era (1224-1274), adaptó los fundamentos del realismo aristotélico a los pilares de la fé, expresando, con la Escolástica, que la filosofía era una sirvienta de la Teología. La idea principal en Santo Tomás de Aquino, es la subordinación de la nación en la fé de Cristo y, por tanto, en la Iglesia.

Santo Tomás dice que la esclavitud existe como un castigo para los hombres por sus pecados, y por sus necesidades económicas. Se basa en Aristóteles, en los jurisconsultos romanos y en San Agustín, para sostener esas tesis. Dice que los campesinos y que los artesanos urbanos, que son asalariados y se dedican a menesteres inferiores, no son dignos de manejar las cosas del estado. Estos forman la clase inferior; la clase media la componen los guerreros, jueces, científicos, sacerdotes y nobles y la clase superior es la gobernante.

Según Santo Tomás, El estado no puede darle la felicidad a los hombres, como sostenía Aristóteles; sino que, por el contrario, apoyándose en San Agustín, esa felicidad solo puede hallarla, con la ayuda de la Iglesia, en la vida de ultratumba; es decir, después de la muerte; y con ello fundamenta la inmovilidad del régimen feudal -al que considera perfecto y de origen divino-; cuya fortaleza se funda en el "principio de poder", que es el único principio que hace posible el Estado. Esta unión del poder con el Estado, sólo es compatible con la unión que existe entre Dios y el mundo, y entre el alma y el cuerpo. Pero para Santo Tomás, el origen divino del poder, sólo se refiere a su "esencia" y no a su adquisición y utilización, pues éstas pueden ser obtenidas y ejecutadas, incluso contra la voluntad de Dios.

10. Jacobo Benigno Bossuet.

Para finalizar estas notas sumarias sobre la divinización del Estado, haremos referencia a un texto famoso que sirvió de fundamento ideológico a la monarquía absoluta en Francia, en el Siglo XVII y XVIII. Nos referimos al libro escrito por Jacobo Benigno Bossuet, Obispo de Condon (1624-1704); en forma de lecciones para el Delfín (el heredero del trono de Francia, hijo de Luis XIV y de María Teresa de España), del cual fué preceptor de 1670 a 1679. Ya este soberano, Luis XIV, había dicho: "El que dió reyes a los hombres, quiso que se los respetase como a sus lugartenientes"; es decir, que este monarca se consideraba rey absoluto por derecho divino.

Bossuet escribió "La Política sacada de las Sagradas Escrituras", y también "Discurso sobre la Historia Universal" para instruir en política al heredero de la corona de Francia, inspirados ambos en la concepción divina de que la providencia es la que gobierna el destino de los hombres. No hay azar ni fortuna en la marcha de las cosas; es la Providencia la que dirige, de manera firme, las cosas de los hombres y de los Estados, y no de manera vaga e incierta, sino de manera particularmente segura: un verdadero "dirigismo divino". Tal es la concepción global de la teoría teocrática de Bossuet.

"La Política sacada de las Sagradas Escrituras" consta de diez libros, de los cuales solo los seis primeros sirvieron para la educación de Delfín; los restantes fueron escritos de 1680 a 1704.

Bossuet, en su Política, dice basarse en las "Sagradas Escrituras", es decir en La Biblia, que la Iglesia y todos los cristianos admiten, que han sido inspiradas o dictadas por Dios todas las enseñanzas que contiene; pero al estudiar el texto se puede advertir que también influyeron en el autor, pensadores como Aristóteles, Platón, los estóicos y Tomás Hobbes, el autor de "De Cive" (del ciudadano) y de "El Leviathan" (Demiurgo-Demonio).

Para Bossuet, el monarca absoluto es de derecho divino. En el libro primero de la obra dice: "Libro Primero: De los principios de la sociedad entre los hombres. Artículo Primero: El hombre está hecho para vivir en sociedad. Primera proposición: Los hombres no tienen, sino, un mismo fin y un mismo objeto que es Dios: "Escucha, Israel; el Señor, nuestro Dios, es el único Dios. Tú amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Cita el Deuteronomio, el quinto libro de Moisés, del Antiguo Testamento). Pero los lazos de la divinidad son rotos por las pasiones de los hombres: es el caso del pecado original cometido por Adán y Eva y el de Caín que mata a su hermano Abel; y entonces el hombre se convierte en "el lobo del hombre".

En el libro segundo de la Política dice: "Libro Segundo: De la autoridad: "Que la monarquía real y hereditaria es la más propia para el gobierno". "Sobre todo cuando va de varón a varón y de primogénito a primogénito". "La monarquía es la forma de gobierno más común, la más antigua y también la más natural". "El pueblo de Israel se redujo a ella, siendo el gobierno universalmente aceptado".

En los libros tercero, cuarto y quinto, desarrolló los caracteres de la Monarquía, es decir, los atributos de la autoridad y del poder. Los caracteres de la monarquía son:

La monarquía es sagrada. Los príncipes obran como ministros de Dios y como sus lugartenientes en la tierra. "El título de Cristo se da a los reyes; los vemos llamados los Cristos o los ungidos del Señor".

La monarquía es absoluta. "El príncipe no debe dar cuenta a nadie de lo que ordena. Sin esta autoridad absoluta no puede ni hacer el bien, ni reprimir el mal; su poder debe ser tal, que nadie pueda escapar a él". No hay fuerza coactiva contra el príncipe.

La monarquía es paternal. Los reyes ocupan el lugar de Dios, Padre del género humano.

La monarquía debe ser invencible, bastión del reposo público que nada puede forzar. "Si hay en algún Estado, alguna autoridad capaz de detener el curso del poder público y de entorpecerlo en su ejercicio, nadie está en seguridad".

La monarquía está sometida a la razón. "El gobierno es una obra de razón y de inteligencia". Es decir, que el soberano debe ser razonable y para ello, tiene que conocer la ley, los negocios del Estado, sopesar las ocasiones y los tiempos, saber escuchar los consejos sensatos; conocer a los hombres, conocerse a sí mismo, y, después de todo, acostumbrarse a resolver por sí mismo las cuestiones planteadas, etc.. Estas últimas enseñanzas han sido tomadas del "Eclesiastés", uno de los libros de Salomón, del Antiguo Testamento: "Escucha, pués, a vuestros amigos y consejeros, pero no os abandoneis a ellos"...etc.

11. La Iglesia Católica.

La teoría de la divinización del Estado ha llegado a su punto culminante, en el momento en que los representantes de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, encontraron los fundamentos teóricos para la dominación mundial del Reino de Cristo. Estas pretensiones tuvieron lugar desde mediados del Siglo X al Siglo XII de nuestra era; época en que ya, el poderío de la Iglesia era tan grande que los Papas se sintieron con el suficiente aliento para imponer la dominación cristiana, no sólo en el aspecto espiritual, sino también en el temporal, con la sujeción de los demás gobiernos de la tierra a los dictados de la Iglesia.

Con ésta idea, comenzó el papado a dirigir sus esfuerzos a suprimir la dependencia del clero al poder secular, a procurar la sumisión de la población a éste; y a buscar la influencia ilimitada de la iglesia tanto en asuntos eclesiásticos como seglares.

Esta pretensión la justificaba el clero, en la creencia mítica de que el Estado Eclesiástico, o sea, la Iglesia Católica, había sido fundada por Jesucristo, cuando éste le dijo a Pedro: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra fundaré mi Iglesia y no prevalecerán contra ella las puertas del infierno". Es decir, que con este acto, Jesucristo instituye, de hecho, el Estado Católico, Apostólico y Romano; poniendo como su primer magistrado, Obispo y Papa, a Pedro el Apóstol. También sirven a las ideas de la dominación universal de la Iglesia Católica, las ideas de San Dionisio el Areopagita (el orden de la naturaleza reflejado en la sociedad) y de San Agustín acerca de la prevalencia del reino de la luz sobre el reino de las tinieblas.

No vaciló el papado en inventar la teoría de las dos espadas. Esta consiste en divulgar la idea de que Jesucristo, al instituir al apóstol Pedro como Obispo de Roma, le había entregado dos espadas: la del poder eclesiástico y la del poder secular; y que el Papa, al consagrar a un soberano del poder temporal, le entregaba simbólicamente la espada del poder secular, por lo cual, siempre prevalecía sobre los estados temporales, el poder supremo de la Iglesia.

Otra idea sustentada y difundida por los papas respecto de su poder divino, es la relativa a las llaves que Jesucristo le entregó al apóstol Pedro, en su concepto de portero del cielo. Siendo los papas sucesores de Pedro, es natural que tengan los mismos poderes y facultades que aquel y por tanto, ellos también poseen las llaves para abrir las puertas del cielo a aquellos que por su bendición, son favorecidos con tal privilegio. En consecuencia, con semejantes poderes, están por encima de todo soberano con poder temporal.

Los papas habían ido centralizando la organización de la iglesia. Las actas del papa Gregorio VII proclaman que solo el Obispo de Roma es ecuménico (universal-católico); que solo él puede sustituir y nombrar a todos los obispos, promulgar estatutos e instituir jerarquías; que sólo el, en el mundo, puede ser denominado Papa y el único que tiene facultades para derrocar a los emperadores; sólo el papa puede dar permiso para que un Concilio sea Ecuménico; solo él puede decidir que un libro sea reconocido como canónico; nadie puede abolir sus resoluciones, excepto él mismo, por contrario imperio; nadie puede juzgarlo; pero él tiene la facultad de liberar a los súbditos de cualquier juramento que hubiesen prestado a sus soberanos.

En su lucha contra los emperadores y monarcas que se sublevaban o por lo menos se oponían a las pretensiones del mando universal temporal de la Iglesia, se plantearon muchas posiciones, o mejor dicho, diversas teorías comparativas entre los dos poderes, en las que hacían resaltar el valor superior del poder eclesiástico sobre el civil. Así están las siguientes teorías: La Iglesia es comparada con el sol y el Estado con la luna; que recibe la luz de aquel; el poder eclesiástico es semejante al oro o al día, mientras que el poder civil es como el plomo y como la noche en comparación con el primero.

Con estas doctrinas sobre el poder, el papa se atribuye la facultad de nombrar o deponer soberanos: es cierto que los reyes son nombrados por Dios, pero no obstante, quien los consagra, por mandato del mismo Dios, es el Papa, quien los bendice y los unge como tales, en actos simbólicos que la ley cristiana acepta ciegamente.

CAPITULO IV.

EL ESTADO CONFORME EL DERECHO NATURAL.

1. La teoría del Derecho Natural.

La teoría del Derecho Natural se perfiló claramente en la historia del derecho cuando en la Edad Media se fundó la escuela clásica de esta disciplina bajo los auspicios de los Santos Padres de la Patrística (San Agustín, San Ambrosio, etc.) con las novedades introducidas por la Escolástica. Pioneros en esta Escuela fueron Santo Tomás de Aquino y Duns Scoto; más tarde Altucius, con un sentido racionalista y posteriormente Tomás Moro y Tomás de Campanella con un sentido socialista utópico hasta llegar a los racionalistas como Juan Jacobo Burlamaqui, Hugo Grocio, Baruch Spinoza, Christian Tomasius y Pufendorf. Sin embargo, la teoría del derecho natural tiene lejanos antecedentes históricos en la filosofía y en la literatura, pudiéndose establecer dos corrientes ideológicas totalmente opuestas: una que se fundamenta en la fuerza biológica del hombre, es decir, en la fuerza bruta y la otra se basa en el principio universal de justicia no sujeto a la voluntad de los hombres, y anterior y posterior a todos los códigos y legislaciones de los Estados.

La más notable referencia que se tiene de la primera tesis se encuentra en el famoso diálogo "Gorgias" de Platón, en el que intervienen Sócrates, Gorgias, el célebre sofista, Polo un interlocutor indeciso y Calicles el cínico o inescrupuloso político ajeno a toda consideración pacifista. El diálogo versa sobre la retórica, o sea sobre el discurso que traslada al auditorio la argumentación para persuadir, conmover, agitar o enseñar.

Calicles sostiene la tesis de que el Derecho es la fuerza, el poder del que dispone de la capacidad de imponerse por medio de la violencia. Sócrates le demuestra que el Derecho es la ley positiva, la ley dada y mantenida por el poder del Estado.

En el sentido expresado por Calicles, la teoría del derecho natural fue sostenida más tarde por Nicolás Maquievelo, Tomas Hobbes y Rodolfo Von Ierhing y luego por los defensores del Estado racista como Gobinneau, Chamberlain, Bogor, etc.

La segunda corriente tiene su más notable antecedente en la célebre tragedia de Sófocles "Los Siete contra Tebas", cuando los siete hijos de Edipo se disputaban el mando de Tebas; uno de los hermanos asume el poder; otro de ellos que combate por derrocarlo perece en la batalla y el gobernante promulga un decreto por el cual prohibe se le dé sepultura al cadáver so pena de muerte al que se la dé. Pero Antígona, la hermana de todos ellos se opone al decreto del tirano exclamando: "Yo daré sepultura al cadáver, porque obedezco la ley natural increada, la ley dada por los dioses, que es superior y anterior a toda ley humana".

Esta segunda tesis fue la que recogió la Escuela Clásica del Derecho Natural y la que se ha venido defendiendo en todos los círculos jurídicos hasta nuestros días.

Seguiremos paso a paso, en la medida de lo posible, la trayectoria de ambas posiciones.

2. El Renacimiento.

El Renacimiento es el gran movimiento intelectual, artístico, filosófico y científico que, desde fines del Siglo XV hasta el primer cuarto del Siglo XVI, sacude a la Europa feudal con los vientos huracanados de la revolución intelectual, que insuflan nueva vida a las disciplinas del arte, la ciencia y la filosofía en todas sus dimensiones. Se trata de un movimiento que quiere retornar, por la vía directa, y no a través de las transmisiones distorsionadas del cristianismo, a las fuentes puras de la antiguedad clásica, con una visión del futuro de alegría y optimismo, a una vida que se realiza en la tierra y no, como lo hacía la teología cristiana, con una idea de ultratumba, para una existencia celestial que se verificaría después de la muerte.

El renacimiento derrumbó no solo las columnas del arte, la ciencia y la filosofía medievales; sino que también, abatió, de modo implacable, la arquitectura majestuosa del poder espiritual de la Iglesia, representado por el Papa y la del poder temporal, representado por el Emperador. Por una parte, el Papa no logró nunca un dominio absoluto y ecuménico tal como lo pretendió con ardoroso empeño, la Iglesia en muchos siglos; y, por el otro, el Emperador fué definitivamente descartado cuando se constituyeron las grandes monarquias europeas como Francia, España e Inglaterra, que le disputaron la soberanía; al mismo tiempo que le impusieron límites a las pretensiones de la jerarquía papal y eclesiástica.

Por otra parte, los nuevos descubrimientos geográficos como el de América; la nueva ruta hacia la India por el "Cabo de la Nueva Esperanza" al sur de Africa ya la ruta terrestre hacia el lejano Oriente descubierta por Marco Polo; la invención de la imprenta en 1496, etc.; todo eso hizo variar de rumbo completamente a la mentalidad de los pueblos de aquel tiempo.

Cierto es, sin embargo, que los nuevos Estados unificados de las grandes monarquías de Francia, España e Inglaterra; continuaron con sus sistemas de dominio absoluto, sobre la base de las tradiciones milenarias, en cuanto a la gestión política se refiere, es decir, justificándolas como si fuesen la expresión de la voluntad divina. Pero, a partir del Renacimiento, aparecen nuevas ideas que explican, de manera diferente, la naturaleza, la substancia, la esencia y la razón de ser del Poder Estatal. Estas ideas corren paralelas a las tradicionales formas del pensamiento político, cuya influencia se prolongó, con Bossuet y Fenelón, hasta las postrimerías de la monarquía absoluta en Francia, y con los teólogos católicos en la monarquía española representada, inicialmente, con los reyes católicos Fernando e Isabel, Carlos I, Felipe II, etc., que según sus creencias, reinaban por derecho divino. En ese trayecto, desde fines del siglo XV hasta fines del XVII, se proyectan las grandes figuras de Nicolás Maquiavelo, Juan Bodín, Tomás Moro, Baruch Espinoza y Hugo Grocio, cuyo pensamiento político e ideas respecto al Estado, examinaremos en breves páginas.

Nicolas Maquiavelo (1469-1527), Juan Bodín (1520-1596), Tomás Moro (1478-1535), Tomás de Campanella (1568-1639) y los Holandeses Hugo Grocio (1583-1645) y Baruch Espinoza (1632-1677); fueron los representantes ideológicos de las burguesías nacientes, vanguardia del capitalismo que se iniciaba en la Europa Occidental, y cuya nueva cultura exigía nuevas visiones en las disciplinas científicas, filosóficas, morales y políticas; en contraposición a las ideas, dominantes aún, de la Edad Media y del Feudalismo, basadas en la religión y en la teología. Estos ideólogos, en las cuestiones de la política y del Estado, ya no se explican el fenómeno social por metafísico derecho divino, de una imposición de la voluntad de Dios en las cosas de los hombres.

3. Maquiavelo.

Nicolas Maquiavelo (1469-1527), es abrasado por todo el fuego ardiente del Renacimiento, en su más brillante esplendor; vive toda su vida en la Florencia de los Médicis, (prestamistas que gobernaron desde 1434 hasta 1493); del Monje Gerónimo Savonarola (que gobernó desde 1494 hasta 1497) y los Borgia (1497-1507). Maquiavelo fué el primero en basarse en la observación de los hechos; en la utilización de los datos de la historia y en el conocimiento de la psicología humana; en la ciencia política liberada de los dogmas de la religión y de la teología. Trata de descubrir las leyes que rigen el desarrollo de los fenómenos sociales.

Maquiavelo, ve los hechos conforme su naturaleza. No estudia al hombre ni sus insituciones conforme idealidades metafísicas; sino conforme su propia reacción natural espontánea. Sobre política escribió dos obras que son muy famosas: "Discursos sobre las décadas de Tito Livio" (que habla de la República) y "El Príncipe" (que da las reglas sobre la conducta de un hombre de Estado). Esta última fué de gran provecho para todos los gobernantes del mundo entero, que han basado su política en el empobrecimiento de las clases desheredadas, la traición, la mentira, la hipocresía; sujetandose fielmente a los dictados del contexto brillante del escritor florentino, que tuvo como principal modelo al astuto, feroz, cruel e implacable déspota de la república de Florencia: César Borgia, hijo favorito del Papa Alejandro IV (Alejandro Borgia).

Examinaremos esta última obra que es donde se expresa con más nitidez el pensamiento de Maquiavelo sobre el Estado y el hombre de Estado.

Se propone maquiavelo en "El Príncipe", investigar "cuál es la esencia de los principados; de cuantas formas de principados hay, cómo se adquieren, cómo se mantienen y por que se pierden" (carta de Maquiavelo a Vettori). Divide los principados en cuatro clases: Hereditarios (como la monarquía francesa o española); Nuevos (cómo los que surgían en la Italia de su tiempo; dezpedazada constantemente por las invasiones extranjeras de alemanes, franceses, austríacos, españoles y por las querellas internas en que se despedazaban las ciudades entre sí, en guerras intestinas capitaneadas por "condottieri" -aventureros- mercenarios, que se vendían al mejor postor, cómo las ciudades repúblicas de su tiempo, dirigidas por déspotas o familias aristocráticas); Mixtos (como el reino de Nápoles en su anexión a España); y Eclesiásticos (que tienen sus propias modalidades).

A Maquiavelo no le interesa la justificación previa de una acción por la vía de la abstracción jurídica o filosófica; a él, lo que le preocupa, es la comprobación de la generalidad de un hecho real; el dominio desnudo de la fuerza en las acciones humanas; el triunfo de la fuerza como esencia de la historia humana. Este hecho hay que observarlo en las formas de gobierno (despotismo, aristocracia, república). Para este autor, la aplicación de la fuerza en los actos de gobierno, es simplemente un hecho natural, vanal y simple.

Todo principado (nobleza territorial-Estado) significa una "creación de fuerza". En tener fuerza en todo estriba el Poder del Estado; tanto para adquirirlo como para conservarlo. La razón primera y última de la política del príncipe es el empleo de la fuerza; pues "la fuerza es justa cuando es necesaria", y el mejor empleo de la fuerza es la guerra. "La guerra -escribe Maquiavelo-, las instituciones y reglas que le conciernen, son el único objeto al que un príncipe debe entregar sus pensamientos y su aplicación y de la cual le conviene hacer su oficio; esta es la verdadera profesión de cualquiera que gobierne, y con ella, no sólo los que han nacido príncipes pueden mantenerse, sino también, los que nacieron simples particulares pueden frecuentemente, llegar a ser príncipes. Por haber descuidado las armas y haber preferido en vez de ellas las dulzuras de la molicie, se les ha visto perder sus Estados a algunos soberanos. Despreciar el arte de la guerra es dar el primer paso hacia su ruina; poseerlo perfectamente, "es el medio de elevarse al poder". Así, pues, para todo Estado (hereditario, nuevo o mixto) en cualquiera de sus formas de despotia, monarquía, oligarquía aristocrática o república; las bases fundamentales son "buenas leyes o buenas armas"; no puede haber buenas leyes allí donde no hay buenas armas; y al contrario: "allí donde hay buenas leyes, sí hay buenas armas". Las buenas armas, para Maquiavelo, son los ejércitos nacionales; los mercenarios no. Para Maquiavelo el Estado es la fuerza; la fuerza del que domina; a los súbditos solo les toca obedecer. Pero estos súbditos aman la libertad, como se ha visto a traves de la historia de la humanidad, a muchos pueblos luchar y morir por ella y como el mismo vió a sus coetáneos luchar y morir en defensa de las libertades públicas que ofrecían las repúblicas aristocráticas de su tiempo (Venecia, Milán, Florencia, Pisa, Parma, etc.), que luego fueron destruidas por familias despóticas (los Médicis, Orsini, Borgia, etc.). Los principados (Estados) deben basarse fundamentalmente, para conservarse, en la fuerza: "Cualquiera que habiendo conquistado un Estado acostumbrado a vivir libre no lo destruya, debe esperar ser destruido por él..... Tómese la precaución que se tome, hágase lo que se haga; si no se disuelve el Estado, si no se dispersa a sus habitantes, se les verá, en la primera ocasión, recordar, invocar su libertad, sus instituciones perdidas y esforzarse por recuperarlas".

4. La monarquía francesa.

La monarquía francesa, uno de los grandes principados (Estado) hereditarios según Maquiavelo, y una de las grandes naciones unificadas bajo el feudalismo; era, en tiempos de Juan Bodín (1520-1596), nación dividida, escindida por las querellas entre católicos y protestantes, es decir, por las guerras de la religión.

El enfrentamiento entre las ideologías católica y protestante, había sido iniciado en 1517 en Alemania por el frayle Martín Lutero (1483-1542); la reforma protestante había prosperado de manera incontenible por toda Europa, especialmente en Francia, los países germánicos e Inglaterra. Estando Francia bajo el reinado de Carlos IX, católico igual que su madre Catalina de Médicis y sus hijas, prepararon la matanza de protestantes iniciada al día siguiente de la boda de Enrique de Navarra con Margarita, la hermana de Carlos IX; la noche en que se inició esa matanza se llamó "noche de San Bartolomé".

A raíz de estos acontecimientos, un erudito historiador llamado Francisco Herman, desde Ginebra, la ciudad suiza dominada por el fanatismo calvinista; en un panfleto llamado "Franco-Galia", le hace duras críticas a la monarquía francesa y propone un gobierno, un Estado mixto, compuesto de tres elementos; la realeza como poder, la aristocracia como intermediaria y el tercer estado, el pueblo como partícipe del gobierno del rey. El primero y el tercero de estos elementos -dice el panfleto- son enemigos naturales y la aristocracia sería la armonizadora. Propone, en síntesis, que el monarca puede ser revocado cuando no cumpla con los propósitos de los súbditos; en contra de la tendencia de los juristas burgueses (ya que, por ese tiempo, la burguesía hiba tomando injerencia notoria en las cuestiones políticas), que luchaban por inponer el derecho romano imperial que daba al rey un poder absoluto. A este reto respondió un grupo neutro denominado "Los Políticos", que admitía la realidad de la división de la nación francesa en ideologías religiosas contrarias. Este grupo se propone la tolerancia en materia religiosa; mantener la paz de la nación, enalteciendo la figura del rey como arbitro y protector de todos los cultos, y no como jefe de ninguno de ellos.

El filósofo de esta idea jus-política fué Juan Bodín, el jurista autor de "Los seis libros de la República", publicada de 1576 a 1578, tres años después de la terrible matanza de nobles protestantes en la "noche de San Bartolomé". Juan Bodín fué un filósofo, jurista, historiador, político y economista, que además, escribió un interesante estudio denominado "Método para facilitar el conocimiento de la Historia" y estudios de jurisprudencia y economía.

El primer libro de la "República" se titula: "Cuál es el fin principal en una República bien ordenada", el cual comienza con la siguiente definición: "República es un recto gobierno de varias familias y de la que les es común, con potestad soberana". La esencia de esta definición es que, el autor entiende por "república", a la manera de los romanos, "la cosa pública", la comunidad política en general y no "como una forma de gobierno" que se opone a la monarquía, al imperio, a la aristocracia, a la oligarquía y que es la "forma" específica de la "democracia"; que el gobierno de esa cosa pública, de esa comunidad política, es atributo de "varias familias de la nobleza", entre las cuales está repartida la potestad soberana que ejercen en común.

Bodín, a diferencia de Maquiavelo (que se situa en el hecho concreto sin importarle justificación o legitimidad alguna), busca ante todo, un fundamento jurídico, la base legal del asunto. Sin esa base todo lo que se diga caerá por su propio peso. Para Bodín la comunidad política es un gobierno "recto", de derecho; algo que no sólo es conforme a ciertos valores morales de razón, de justicia, de orden, sino también, que encuentra su fin principal en la realización material de esos valores. La familia es el punto de partida; es, a la vez, la célula madre y la imagen y modelo de toda la comunidad política bien ordenada.

La potestad está considerada, sin discusión posible, como inherente a la noción misma de comunidad política, dice Bodín: "...la República, sin potestad soberana, que une a todos los miembros y partes de aquella y todas las familias y colegios en un cuerpo, no es ya república". Bodín, igual que los romanos, predica la soberanía como un sentimiento o concepto de fuerza y majestad.

La soberanía es, segun Bodín, una fuerza de cohesión, de unión de la comunidad política, sin la cual ésta se dislocaría. Ella cristaliza ese trueque de mando y de obediencia, que la naturaleza de las cosas impone, a todo grupo social que quiere vivir: "es la potestad absoluta y perpetua de toda República" (Estado). Perpetua, quiere decir que "está intimamente ligada a la conciencia directriz de la sociedad, bajo cualquier forma que se presente (monarquía, aristocracia, o democracia)..." (P. Mesnard).

Autoridad absoluta, quiere decir, que el soberano tiene la facultad de ordenar o suprimir la ley basado, únicamente, en su pura y franca voluntad. La primera facultad del príncipe soberano, es la de dar la ley, para todos, en general, y cada uno en particular, sin necesidad del consentimiento del más grande, del igual o menor que él... Ni la costumbre se escapa a esta soberanía; pues, "La costumbre no puede anular la ley, pero la ley sí puede derogar la costumbre" (Bodín).

Todos los signos de la soberanía están comprendidos en el príncipe (monarca, aristócratas, pueblo), decretar la guerra y tratar la paz; instituir oficios, profesiones y funciones; juzgar, en última instancia; otorgar Gracias a los condenados, en oposición a las sentncias y contra el rigor de las leyes; acuñar la moneda y recaudar tributos e impuestos; ...Todos esos signos se derivan de la facultad preciosa de la soberanía, de ese monopolio de dar y de anular la ley.

La soberanía según Bodín, puede residir en la muchedumbre (democracia) o en una minoría (aristocracia) o en un solo hombre (monarquía). La teoría de Bodín, es la de la unificación de Francia; de la unidad soberana, contra la feudalidad; cascada de dominios eminentes y de lazos jerárquicos personales; lo cual significaba la fragmentación, hasta lo infinito, de la autoridad pública, la confusión de los poderes públicos y de los poderes privados. Es decir, que la soberanía, distribuida en tantos pequeños estados feudales, perdía su eficiencia. En cambio, la dispersión feudal caía pulverizada bajo el peso de esta soberanía absoluta, armada con el monopolio de dar y de anular la ley. La burguesía de entonces, pues, estaba de parte de la monarquía absoluta, que propiciaba la unidad de Francia, en contra de los señores feudales protestantes, que proponían el gobierno mixto antes mencionado.

La teoría de Bodín tiene un doble objetivo: terminar con un Estado feudal, que consiste en un poder real disfrutado, conjuntamente, con una serie de nobles familias aristocráticas; y el otro, el de limitar las pretensiones de dominio temporal del Papa, o del poder episcopal, destacando que, el soberano absoluto, no tiene otro poder por encima de él, ni otro igual a su lado. El soberano lo tiene todo por sí mismo.

En lo demás de su obra "Los seis libros de la república", Juan Bodín, se propone descubrir las leyes que determinan los hechos sociales. En este sentido, sostiene la teoría de la influencia que ejerce el clima sobre el carácter de los pueblos, y sobre las ocupaciones de éstos afirmando, de esta manera, la influencia decisiva que los accidentes geográficos tienen sobre la vida y la historia de los hombres.

5. Tomás Moro y Tomás de Campanella.

Tomás Moro, en su libro "Utopía" o "Libro Aureo", refleja el estado económico de la Inglaterra de principios del Siglo XVI, constituyéndose tal obra, en un valioso testimonio histórico, sobre la cruel explotación de las masas trabajadoras en el período inglés de la acumulación primitiva de capital, que marcó el inicio de la dominación de la burguesía.

Campanella escribe "La Ciudad del Sol", que es la descripción de un Estado utópico, a semejanza de la isla de la Utopía de Tomás Moro; inspirado por el anhelo de hallar una solución a la penosa situación de las masas trabajadoras de Italia. En ella traduce la aspiración de dicha clase, de liberarse de la opresión y de la explotación de que eran objeto, por las clases señoriales.

6. Hugo Grocio.

Grocio, representante, en Holanda, de la naciente clase capitalista en el Siglo XVI, escribió su célebre tratado "Del Derecho de la Guerra y la Paz", que trata sobre los problemas del derecho internacional, del derecho en general, y del Estado en particular. Para este autor, el derecho no descansa en la voluntad de Dios, sino "en la naturaleza de los hombres".

7. Baruch Spinoza.

Spinoza, es otro holandés afiliado a la corriente progresista de su tiempo, al lado de la clase capitalista que iniciaba su proyección hacia el dominio económico, social y político.

Baruch (Bernardo o Benedicto) Spinoza, pertenece a los pensadores holandeses del Siglo XVIII partidario de la filosofía jusnaturalista independiente de las enseñanzas de la religión y de la teología. Su obra capital es la "Etica demostrada por el método geométrico"; pero sus ideas sobre la sociedad y el Estado las desarrolla en sus obras "Tratado teológico Político" y "Tratado Político".

Con respecto al Derecho y al Estado es rigurosamente determinista: en la naturaleza nada hay casual; todo está sujeto a la ley de las causas y de los efectos, pues todo se realiza de modo necesario. El Derecho y el Estado tienen su fundamento en la "ley Natural" que es la expresión de la "necesidad natural". Sostiene que el derecho natural de cada individuo llega hasta donde alcanza su poder, así, los peces grandes devoran a los pequeños y éstos se desplazan libremente en las aguas mientras no son devorados; o el derecho natural de los hombres alcanza hasta donde llegan sus fuerzas o capacidades de dominio.

Todos los anteriores expositores de esa época, Siglos XVI y XVII, fueron defensores de una teoría "jus-naturalista" o sea, de uan teoría del "Derecho Natural", desprendida del estudio de la naturaleza humana, aunque unos, como Maquiavelo, Bodín, Grocio y Spinoza fueron partidarios del absolutismo, aunque no fuera el rey el jefe del gobierno del Estado; y otros, como Moro y Campanella eran partidarios de un régimen socialista, que ellos imaginaban como ensoñaciones utópicas.

8. Thomas Hobbes.

Un defensor del absolutismo del rey, de la monarquía, en Inglaterra, fué John Oliver Thomas Hobbes (1588-1679), o sea en los Siglos XVI y XVII, con base en las ideas del "Jus-naturalismo" (la teoría del derecho natural), y no en las concepciones de la teología y de la religión. En 1634 escribió un libro titulado "Defensa de los Derechos del Rey, necesarios para conservar la Paz en el Estado". Exiliado en París, escribió en 1641 el libro "El Ciudadano" y también las obras "Del Cuerpo" (1644) y "Del Hombre" (1648). En 1651 escribió el "Leviathan", su obra capital en materia de filosofía política. Hobbes fué atacado, tanto por los monarquicos como por los republicanos (que habían tomado el poder dirigidos por Oliverio Cronwell en 1648), debido a sus ideas filosóficas materialistas, mecanicistas y ateas. Los primeros decían que era imposible justificar la monarquía que se basaba en el "derecho divino" y no en el "derecho natural" y los segundos por que se oponían a sus designios políticos y religiosos.

En Inglaterra en el Siglo XII hubo una revolución por la cual los nobles feudales le impusieron al rey Juán Sin Tierra, mediante una carta magna se establecieron los derechos de los nobles, las limitaciones del poder real y el Parlamento como órgano de gobierno. Con el establecimiento de la república, de 1648 hasta 1660 por Oliverio Cronwell y sus partidarios, el Parlamento ha jugado un papel decisivo en la historia del estado inglés hasta nuestros días.

Las ideas filosóficas de Hobbes representan una visión general de las ideas científicas y filosóficas del Renacimiento y de la Reforma protestante, a la luz del racionalismo; por eso piensa que lo infinito no puede ser objeto del conocimiento, sino sólo objeto de la fe, y de la creencia religiosa y Dios sólo es un esquema de la Teología. La filosofía de Hobbes es esencialmente sensualista y mecanicista; lo fundamental en el mundo es la materia, el cuerpo; la materia está formada por los átomos, que son los elementos más infimos de ella; los cuerpos existen independientemente de nuestra conciencia; la materia es eterna, y no ha sido creada, no crece ni desaparece; la materia puede ser conocida por medio de nuestros sentidos y por medio de la razón; las sensaciones constituyen un conocimiento inferior; la razón aporta los conceptos.

Desde su punto de vista, el método matemático, geométrico, es un método científico universal que debe ser aplicado, tanto en el terreno de las ciencias naturales, como en el de las sociales, en la vida social, en el espacio moral y político. Este enfoque de la teoría del conocimiento por el método científico natural, implicaba una verdadera revolución que se enfrentaba al predominio de la escolástica. Sin embargo, el método mecanicista, apenas era el primer intento de rebelión contra un pasado sumido en el mundo de la religión y de la teología.

¿Que busca el hombre como fin supremo?, preguntaba Hobbes; y contesta: El placer verdadero, es decir, lo útil. Y ¿Qué es lo útil al hombre?; y contesta: Una moral utilitaria amplia que abrace la ética más pura; es preciso ser buen ciudadano, buena persona, sociable y servicial, no por el cumplimiento de un deber, sino por la utilidad que el hecho útil presenta. La moral utilitaria supone un estado social organizado. El hombre en "estado de naturaleza" es un lobo para el hombre (homo homini lupus). El "estado natural" consiste en una guerra permanente de todos contra todos (bellum omnium contra ommes), y para escapar a esta destrucción recíproca, los hombres se sometieron a un príncipe que organizó las relaciones sociales en vista a lograr un interés común satisfactorio. Tal príncipe merece que le resignen todos los intereses individuales, el de las instituciones religiosas, el de las creencias de toda clase y hasta los dogmas; y doctrinas de la ciencia. En suma: el despotismo absoluto es la consecuencia definitiva de la doctrina utilitarista de Hobbes. Es evidente que Hobbes influyó en Juan Jacobo Rousseau para la estructuración de su doctrina del "Contrato Social" que tanto influyó para la dirección del proceso revolucionario de la Europa del Siglo XVIII.

El libro de Hobbes sobre el Estado se llama "Leviathan" y fué publicado en 1651. El "Leviathan" es la síntesis de la doctrina de Hobbes, que algunos han llamado "tesoro de doctrina moral y política" y otros, consideran que es la más grande obra de filosofía política escrita en inglés. El nombre completo de la obra es: "Leviathan: o la materia, la forma y la potencia de un Estado eclesiástico y civil".

Leviathan es un monstruo bíblico, una especie de gran hipopótamo del cual habla el Libro de Job, indicando que "no hay potencia en la tierra que pueda serle comparada". En otra imagen, esa bestia marina es comparada, o mejor dicho representada por los santos padres de la Iglesia católica; en el sentido moral, como el demonio o enemigo de las almas. Según la mitología del pueblo mandeo (pueblo de la antigua India que vivía en las márgenes del río Indo) es un monstruo que, al final de los tiempos, durante la dominación del planeta Marte y la aparición del Islamismo, devorará la tierra, los planetas, el zodíaco y todas las almas pecadoras.

Para Hobbes, el Leviathan es un hombre artificial gigantesco. Este ser mítico aparece pintado en la primera edición de la obra, imaginado por el autor emergiendo de una colina, a medio cuerpo, con la mirada dilatándose hacia un paisaje de bosques, colinas y valles que preceden a una ciudad importante; su mirada es fija, penetrante, con una sonrisa leve, casi imperceptible y sarcástica, con gran parecido a Oliverio Cronwell, el dictador republicano que ocupa la jefatura del Parlamento Inglés, desde la revolución de 1648 y cuyo poder terminó con él en 1658 y con su hijo en 1660. Su cuerpo está hecho de individuos aglomerados que se juntan a millares; en la mano derecha sostiene, levantada sobre el campo y la ciudad, una espada; en la izquierda, un báculo episcopal. Más bajo, encuadrando con el título de la obra aparecen dos series de emblemas; unos de orden temporal-militar y otros de orden espiritual-eclesiástico, o sea: un fuerte, una catedral, una corona y una mitra, un cañon y los rayos de la excomunión, una batalla con caballos encabritados, un concilio cuyos personajes llevan grandes vestimentas.

El ser descrito es un "hombre artifical creado por el arte habilidoso del hombre: el Leviathan es una invención humana conocida con el nombre de "cosa pública" o "Estado" (Commonwealth o Civitas y polis). Este ser mítico, imaginado por Hobbes con forma humana, ha sido creado para defensa y protección del hombre natural: en él, su alma es la soberanía; la recompensa y el castigo son sus nervios; la opulencia y la riqueza de todos los particulares son su fuerza; la salud del pueblo es su función, la equidad y las leyes son la razón de su ser y de su voluntad; la concordia es su salud; la sedición es su enfermedad; la guerra civil es su muerte.

En el análisis del hombre artificial que es el "Leviathan", Hobbes sigue los siguientes pasos:

La causa material y la causa eficiente, o sean: la substancia y el escultor. Uno y otro son la misma cosa: el hombre, como ser individual natural. En el comienzo de todo está el movimiento; y el hombre, como ser natural, es un mecanismo con sensaciones que se manifiestan en forma de apetitos, deseos, aversiones, amor u odio que generan esfuerzos hacia la consecución de algo "La voluntad es el acto de decidir el último apetito o la última aversión en el debate interior previo para hacer o no hacer alguna cosa". "Lo que se llama "felicidad" existe cuando nuestros deseos se realizan con un éxito constante".

El poder es la condición "sine qua non" de esta felicidad. Riquezas, ciencia, honor, no son sino formas del poder. Hay en el hombre un deseo perpetuo, incesante, de poder, que no cesa sino con la muerte. El hombre es un ser dotado de razón y en esto se distingue de los demás seres del reino animal; es curioso, y de allí su afan por la ciencia; es religioso, de donde su afán de averiguar sobre lo infinito e invisible, es decir, por la causa de las cosas que es Dios; sufre de ansiedad y de ambición, y de allí su afan de indagar sobre el porvenir y de temerle a lo invisible. Esa es la naturaleza del ser humano.

Todo hombre frente a otro hombre es un competidor. Y esa es, precisamente, la condición natural de vivir en sociedad. y todos los hombres están ávidos de poder, bajo todas sus formas, en todos sus aspectos y manifestaciones. El estado natural del hombre es la competencia, la desconfianza recíproca, la avidez de gloria o de reputación, lo cual da como resultado la guerra permanente de todos contra todos. La guerra no es sólo el hecho actual de batirse, sino la "voluntad buscada de batirse"; y mientras exista esa voluntad de batirse, hay guerra y no paz: el hombre es el lobo del hombre; homo homini lupus.

En el estudio del hombre individual -desde el punto de vista biológico natural- Hobbes señala dos tendencias naturales de la raza humana, que son:

Una avidez natural por la cual uno pretende gozar, él sólo, de los bienes comunes;

Una razón natural por la cual cada uno procura evitar la muerte violenta como el mayor mal de la naturaleza.

Para escapar o salir de ese "estado de naturaleza" que es el de "guerra de todos contra todos", el hombre ha tenido necesidad de crear el "derecho natural" orientado por la razón. Se llega al derecho por el impulso natural de las pasiones y de la razón. Algunas de las pasiones inclinan al hombre hacia la paz, como por ejemplo, el temor a la muerte; a la vez que la razón le sugiere artículos de paz, con los cuales puede convenir con los demás hombres con quienes se relaciona. A esos artículos Hobbes los llama "leyes naturales", a los cuales la razón llega de hecho, obtenidas como conclusiones, axiomas o teoremas en la geometría. Esos artículos son leyes, preceptos o normas generales, por las cuales, se prohibe, a los hombres, hacer lo que acarrea la destrucción de la vida u omitir lo que no contribuye a conservarla.

La primera ley fundamental es: "buscar y conseguir la paz, en cuanto se tiene la esperanza de obtenerla; y cuando no se puede obtenerla buscar y emplear todos los auxilios y ventajas de la guerra" (Leviathan I.14).

La segunda ley es: "El hombre, espontáneamente, cuando todos lo hagan y en cuanto lo juzguen necesario para su paz y su defensa, debe de renunciar a su derecho sobre todo y contentarse con tener tanta libertad respecto a los otros cuanto él mismo reconoce a los demás con respecto a sí" (Leviathan).

Bajo la influencia de estas dos leyes generales del derecho natural, el hombre sale de su "estado de naturaleza", es decir, de la guerra contínua o perpetua de todos contra todos y celebra con los otros hombres "pactos, contratos o convenios" por los cuales renuncia a una parte de sus derechos primitivos.

Esos pactos, convenios o contratos no se cumplirán dada la naturaleza apetitiva, mezquina y egoísta del hombre individual. Se necesita para ella de un poder irresistible, visible y tangible, armado del castigo, que constriña, obligue y someta a los belicosos hombres, pues "los pactos sin la espada no son más que meras palabras" (Leviathán). Este ser irresistible, visible y tangible es el Estado -el Leviathan, el hombre artificial cuya descripción se ha hecho- o sea la "Cosa Pública", el Commonwealth, la Civita, la polis; esta Estado goza de un poder cohercitivo que constriñe, que obliga, de donde nacen las nociones de lo justo y de lo injusto, del bien y del mal; en general, las nociones morales; ser que sirve de medio para garantizar la vida pacífica de la comunidad (Leviathan I.15).

El Estado es una persona de cuyos actos cada uno de los individuos debe considerarse autor. El que representa al Estado es el "soberano", el cual tiene poder ilimitado sobre todos; los demás sólo son súbditos. El poder del soberano es absoluto.

Una ley natural obliga al soberano a garantizar la vida y la seguridad de la comunidad, del pueblo; pero el soberano sólo está obligado a rendir cuentas ante Dios, que es el autor de esa ley. También es obligación del derecho natural del soberano, el preservar la soberanía, no traspasarla a otro ni permitir que sea disminuída.

Los súbditos están obligados a la más completa obediencia al soberano en todo lo que no esté en oposición a las leyes divinas.

Lo que preserva al Estado-Leviathan, es la autoridad. El beneficio conquistado con el pacto social que creó al Estado, el hombre que era un lobo para el hombre se ha convertido en un "Dios" para el hombre. Es decir, el ente mítico "Leviathan" -monstruo o dios se ha considerado, fantásticamente, un monstruo devorador o un dios hacedor, protector, magnánimo, previsor, liberal y humano. La autoridad es la afirmación intransigente y el ejercicio integral de la soberanía. Los derechos de la soberanía son para el soberano los medios para la realización de sus funciones; y quien renuncia a los medios renuncia, así mismo, de los fines. La autoridad es la condena implacable de todas las doctrinas que falsamente conducen a las sediciones y a la guerra civil.

Lo que disuelve al Estado, es la ausencia de autoridad absoluta e indivisible. Una forma de minarla es aceptar gobiernos mixtos; la pretensión de someter al soberano a las leyes; la de atribuir a los súbditos un derecho de propiedad absoluta.

Lo que disuelve al Estado es la discusión del poder del soberano, por lo cual el Estado debe perseguir todas las falsas doctrinas que lo adversen y lo critiquen, siendo esta persecución tenaz e implacable.

La principal idea que debe perseguir sin descanso el Estado es la que sostiene que "Los hombres deben juzgar lo que está permitido y de lo que no está permitido, no por la ley, sino por su propia conciencia; es decir, por su juicio personal". Porque si los hombres se erigen en jueces, forzosamente retornará al estado de naturaleza; tan odioso por su anarquía incontrolada.

Lo que disuelve también, por otra vía peligrosa, al Estado, es la concepción falsa de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, de la religión y de la sociedad civil. El Estado debe tener el dominio de la religión y de la sociedad civil. El Estado debe ser también órgano de la Iglesia. Ninguna falsa autoridad espiritual tiene fundamento alguno para erigirse en rival del soberano poder del Estado.

Ningún Papa, dean, patriarca, imán, sanhedrín, etc., tampoco ninguna conciencia humana individual podrá oponerse con jerarquía igual o superior al Estado-Leviathan. Ninguna discusión puede abrirse en el corazón del cristiano -o del creyente- y el súbdito; tiene que imponerse la ley civil sobre el sentimiento religioso. En el Estado-Leviathan, nadie tiene ya que servir a dos señores. Esta es la exposición más coherente y sistemática del absolutismo político.

La forma del Estado-Leviathan no importa, puede ser una monarquía, una aristocracia oligárquica, una tiranía, una democracia. La forma monárquica o republicana, indiferente, pues en una u otra, el poder debe ser absoluto para el soberano. El autor del ente mítico del Leviathan prefería el Estado monárquico.

CAPITULO V.

LA IDEALIZACIÓN DEL ESTADO.

1. El Estado como objetivación del ideal jurídico.

Desde otra perspectiva el Estado ha sido considerado como la condición ideal del derecho, como una objetivación del ideal jurídico; a esta corriente pertenecen, entre otros, los representantes del idealismo alemán desde sus orígnes, en el campo jurídico con Samuel Pufendorf, Thomasius y Wolf; los representantes de la escuela histórica del derecho como Gustavo Hugo, Thivault y Savigni y los más genuinos representantes de la filosofía como Emmanuel Kant, Juan Amadeo Fichte y Jorge Guillemo Federico Hegel.

Tomemos en cuenta que los tres últimos fueron pensadores que asistieron al preludio y al acto de representación de la gran revolución burguesa contra el feudalismo en Francia (1789-1798), es decir, que tuvieron conocimiento de la Ilustración, de los Enciclopedistas y de las consecuencias inmediatas de ese drama histórico. Así mismo es natural, todos los mencionados autores tuvieron conocimiento y relación con las ideas e intereses de sus naciones, que se dirimían entre una nobleza feudal y altanera, y una burguesía ascendente pero tímida y prudente; que no quiso tocar los intereses de la nobleza por la vía revolucionaria, como en Francia, porque precisamente, esos intereses estaban vinculados con los de la misma burguesía que tenía en los feudales los mejores consumidores de sus productos. En ese contexto, las ideas sobre el Estado se conducen a darle una configuración ideal.

2. Samuel Pufendorf (1632-1694).

Pufendorf es un ecléctico que reune, en sus obras jurídicas, el pensamiento de Hugo Grocio, Baruch Spinoza, Thomás Hobbes y Renato Descartes. Su propósito es adaptar las ideas de estos tratadistas al régimen feudal imperante en Alemania y justificar así, el absolutismo de la nobleza. En cuestiones sociales -que el llama morales-, aplica el método racionalista de Descartes, sobre una base matemática; pretende, de esta manera, elaborar una serie escalonada de axiomas o postulados que aplica al orden social, al Estado y al derecho.

Divide el mundo en dos grupos, el de las cosas naturales, que son perceptibles por los órganos de los sentidos; y el de las cosas morales que no son preceptibles por los sentidos sino por la razón, de las cuales se ocupan las ciencias sociales o morales. Entre las cosas morales se encuentran la familia, la ciudadanía, el Estado, el derecho, etc. Todas estas cosas morales provienen de Dios y del hombre.

El estado y el derecho no son considerados como fenómenos históricos. Explica, como todo jus-naturalista, que el hombre vivió en estado de naturaleza y que el Estado nació como una necesidad metodológica, es decir, como una necesidad de someter al hombre a una diciplina indispesable para su seguridad. Dice que la ley fundamental de la razón es la existencia de una vida pacífica entre los hombres; y que esa ley es la base del derecho natural. En este sentido, está totalmente opuesto a Hobbes. Pero admite de éste, el absolutismo del príncipe, en las relaciones con los súbditos, para justificar la dominación de la nobleza feudal en Alemania.

Se opone a las doctrinas medioevales relativas a la formación del Estado, conocidas como doctrinas patriarcales, doctrina patrimonial y doctrina teológica, y busca un fundamento filosófico más racional para justificar el aparecimiento del Estado y el absolutismo de los príncipes alemanes; encontrando esta solución en su tesis de que el fundamento del poder político, del poder del Estado, estriba en estos tres elementos: la superioridad, la independencia y la ilimitación.

Y explica: en el estado de naturaleza, no hay leyes divinas sino sólo el derecho natural, que es la aspiración a la libertad, la autoconservación y la independencia; las cuales tienen un carácter eterno e inmutable. Estima que estos tres signos están vinculados entre sí y que el titular del poder político, del poder del Estado, el príncipe, no responde de sus actos porque está por encima de las leyes. En cuanto a la forma del Estado se pronuncia por la monarquía porque una sola persona dispone, con más precisión que muchas sobre las cosas de interés general. Admite que el poder del príncipe o monarca, debe ser absoluto y que sólo el poder del Emperador debe estar sujeto a limitaciones impuestas por los electores.

Esta opinión la basa en el texto de la llamada "bula de oro" del año 1356, según la cual, el emperador debe ser elegido por los electores (y estos eran, en Alemania, los príncipes o monarcas de los trescientos y más pequeños Estados Feudales que se mantuvieron hasta mediados del Siglo XIX).

3. Cristian Thomasius (1655-1728).

Thomasius afirma que la tarea más importante de su tiempo, es la de liberar la filosofía y el Estado, de la influencia religiosa; basándose en el carácter universal de la razón que se impone sobre la creencia en lo divino. Sin embargo, sostiene que el Estado debe tolerar todas las religiones aunque no debe pronunciarse por ninguna; pero sí, debe combatir las herejías porque son las que acarrean la violencia.

Refuta la teoría del origen divino del poder del soberano. Refuta a San Pablo que, en este sentido, sostiene dos tesis contradictorias; por una parte dice que "todo poder viene de Dios" y por otra dice que "El Estado es una institución humana". En realidad dice Thomasius, si el poder del Estado viniese de Dios, habría que justificar, en esa forma, el poder conquistado por los regicidas, los usurpadores y aún del pueblo insurreccionado que derriba del poder al soberano hereditario.

Divide la sociedad humana en tontos e inteligentes. Los primeros deben ser gobernados porque son los que alteran la paz; los segundos son los llamados a gobernar, a dar normas de conducta para todos; a fin de lograr la paz. Las normas de conducta pueden ser morales y conllevan el consejo; y las jurídicas que llevan el elemento de coacción, o sea el castigo. El consejo es aplicado por un preceptor; el castigo por un soberano, división tiene su fundamento, en la situación histórica de la Alemania del tiempo de Thomasius; pues existía un verdadero Estado policía que se adentraba hasta en la vida privada de los súbditos; y por eso intenta separar de la tutela del Estado la vida espiritual de los gobernados.

4. Christian Wolf (1679-1754).

Wolf es autor de dos obras fundamentales: "Pensamientos racionales acerca de los actos y de la abstención de los actos humanos" y "Derecho natural investigado por el método científico". Su pensamiento se apega más que el de Pufendorf y el de Thomasius para justificar el régimen feudal dominante en Alemania, lo mismo que el absolutismo del Estado prusiano.

Dice este autor que el Estado tiene un origen contractual, en cuyo convenio los súbditos se han sometido voluntariamente a sus soberanos. El Estado debe tener ingerencia en todas las esferas de la vida social y privada, y de tenerlas totalmente bajo su tutela y vigilancia. Se pronuncia por un verdadero Estado Policía que vigila, controla y dirige todas las actividades de los súbditos. Con esa idea Wolf expone que la actividad del Estado debe abarcar, desde el nacimiento y educación moral y científica de los hijos, hasta que contraigan matrimonio en edad temprana; desde los precios en los mercados, hasta la limitación de los intereses de los prestamistas; desde la fundación de escuelas y academias hasta la dirección de los más grandes asuntos públicos; desde preservar la religión y contruir iglesias, hasta combatir el ateísmo; etc..

En esta concepción del Estado Policía no hay lugar para la iniciativa y la libertad individual. El concepto de derecho en Wolf, es la libertad de acción para cumplir las obligaciones. En materia de derecho civil justifica el cumplir las obligaciones. En materia de derecho penal justifica el empleo de torturas cuando no existen otros medios para el descubrimiento del culpable. Las ideas de Wolf fueron materializadas en el Código territorial Prusiano.

5. La ilustración alemana.

Pufendorf, Thomasius y Wolf, fueron los ideólogos de la nobleza feudal dominante en Alemania, partidarios del régimen de servidumbre y de la esclavitud feudal.

Oponentes suyos, aunque moderados, son los miembros de la ilustración alemana, entre los que se destacan Teófilo Efraín Lessing (1729-1781), que es considerado el progenitor; Federico Schiller (1759-1803) y Juan Wolfgan Goethe (1749-1832) que representando a la tímida burguesía alemana, predicaban el progreso, la libertad creadora en el arte, la filosofía y la investigación científica; criticaban el despotismo absoluto de la nobleza y lo anacrónico e injusto del régimen feudal; pero al mismo tiempo, aunque alaban al pueblo holandés por su gloriosa gesta revolucionaria de independencia, en el Siglo XVI y la del pueblo francés en el Siglo XVIII, sostenían que era mejor entenderse con la nobleza, para buscarle una solución al problema de la injusticia y de la libertad, y así transformar el "Estado Policía" de la nobleza feudal en un Estado ideal de libertad y progreso.

6. La Escuela Teocrática de Derecho.

Fundada por Francisco Josep de Maistre (1754-1821) en Francia y seguida por el visconde Luis de Bonald (1753-1840), atribuye un origen divino al poder del Estado e idealiza, de tal manera, las costumbres, las insitituciones establecidas y en fin, todas las tradiciones, al punto de declarar que toda modificación de ellas, todo cambio, significa un atentado al orden mundial establecido por la providencia.

De Maistre, dice: "No hay constituciones escritas; sólo hay una constitución divina duradera, eterna; el hombre no tiene poder creador alguno, no es capaz de ser libre de formular leyes". Admite que la mejor forma de gobierno es la monarquía y que debe ser absolutista; sin otra voluntad superior a ella, con excepción de la voluntad del Papa como representante de la Iglesia Católica. El Papa es infalible y aunque, de hecho realmente se equivoque; no puede existir ningún poder superior a él que le reclame o le exija cuentas por su equivocación; en definitiva, no hay apelación contra la decisión del papado.

De Bonald explica, particularmente, la subordinación del Estado a la Iglesia; afirma la impotencia creadora del hombre, pues éste no ha inventado ni la sociedad, ni la familia, ni el lenguaje, etc.; todos estos fenómenos tienen su origen en Dios; la mejor actitud del hombre frente a la vida es la pasividad, la resignación, la conformidad y la obediencia; es decir, la actitud más negativa. Este autor dice que todo está organizado "monarquicamente", la divinidad gobierna el mundo, el jefe único dirige la familia, el alma única gobierna al hombre; el Estado es la idealización de la Monarquía absoluta.

En resumen, los Corifeos de la Escuela Histórica del Derecho, al referirse al Estado sostienen, también, que éste es un producto de la voluntad popular "de la conciencia general del pueblo", "del espíritu nacional", que se va formando históricamente y que aparece como una necesidad impuesta por la "convicción de la comunidad nacional".

7. La Escuela Histórica del Derecho.

La Escuela Histórica del Derecho, es otra corriente que se opone a la consideración objetiva del derecho y del Estado, y los idealiza desde el punto de vista de las costumbres y de las tradiciones; en las que ve la expresión o reflejo del "espíritu del pueblo"; fué sostenida a fines del Siglo XVIII y principios del XIX en Alemania, por los eminentes jurisconsultos Gustavo Hugo (1764-1844) que es su fundador; Federico Carlos de Savigny (1779-1861) y Jorge Federico Puchta (1798-1846).

Gustavo Hugo, en su obra "Manual de Derecho Natural como filosofía del Derecho" hace aparecer al derecho como algo misterioso que viene de lo alto como norma positiva; plantea el problema de cómo se origina el derecho, creando en torno a él una superstición jurídica; "En el derecho -dice-, todo se resuelve mediante una regulación desde arriba". Para este autor, la ley positiva (la ley formulada por el poder público), no es la única fuente de derecho. En todas partes, el derecho se forma muy por encima de la voluntad del legislador, como lo comprueba la formación del derecho consuetudinario, la costumbre, el derecho pretoriano en Roma, etc.. Sostiene que el derecho evoluciona, conjuntamente, con el lenguaje, e igual que éste, el derecho se va formando de por sí, independientemente de toda influencia, sin la influencia de otros elementos y sin la necesidad de las órdenes de nadie. Se forma igual que las normas de los juegos que se producen espontáneamente entre los niños, los jóvenes o los adultos. En resumen, la doctrina de Hugo se reduce a sostener que todo lo existente es legal; y en consecuencia, los hábitos que se van formando en los pueblos, las costumbres que van radicándose, las tradiciones que se han afirmado, las instituciones que se mantienen, son legales, porque así se han afirmado históricamente. De modo que la esclavitud, la servidumbre, el estado absolutista, etc., son legales, porque así lo quieren los pueblos y porque existen.

El jurisconsulto alemán Thibaut, publicó en 1814 un folleto con el título: "Sobre la Necesidad de un Derecho Civil General para toda Alemania", en el que proponía la necesidad de crear, para Alemania (desunida entonces, en más de trescientos estados feudales), un Código Civil común para todos los Estados que componían la comunidad germánica.

Este Código, con orientación burguesa, vendría a desplazar los compromisos locales y a establecer una relación común que sustituyera las trabas feudales vigentes aún. Sólo Austria y Prusia tenían Código Civil; pero el de Austria era una componenda entre la burguesía y los príncipes; y el de Prusia era un verdadero modelo de despotismo ilustrado.

Aunque Thibaut no era partidario de la unificación de Alemania, no obstante, era partidario de la unificación del derecho civil y consideraba que el Estado legislador podía, con su potestad, crear esa legislación, entendiendo como fuente directa del derecho, la ley formulada por el legislador.

Federico Carlos de Savigni está en contra de esta tesis que es considerada como producto de la influencia de las ideas revolucionarias, venidas de los franceses desde el Siglo XVIII, se opone abiertamente a Thibaut, a la omnipotencia del legislador y a las consecuencias de la publicación de nuevos códigos pasando por alto la historia del pasado. Savigny sostiene que el derecho, como el lenguaje, tiene un carácter peculiar, definido, que les impone la conducta particular de un pueblo dado. En el derecho, como en el idioma, como en las costumbres, halla su expresión clara, "la convicción general" del pueblo; el derecho no es la declaración arbitraria del legislador que hace la ley, sino un producto orgánico "del espíritu del pueblo", de la "conciencia popular". Estas expresiones revelan una idealización del derecho y la enunciación de su nacimiento hermético.

Puchta, seguidor de Savigny, en sus obras "Derecho Consuetudinario" -publicada en 1828- y "Curso de Instituciones" -publicada en 1841-, expuso su tendencia nacionalista cerrada; su idea de que el derecho es el resultado de la actividad del pueblo, producto del "espíritu popular". Escribe: "La originalidad del pueblo se manifiesta en su derecho, lo mismo que en su lenguaje y en sus hábitos". El derecho es la expresión de la "conciencia general del pueblo", de la "voluntad general de todos los participantes de la comunidad jurídica".

La norma jurídica tiene vigencia en virtud del reconocimiento que le hace la "convicción general de la comunidad". Con estas afirmaciones Puchta le otorga un reconocimiento absoluto al derecho consuetudinario y un rechazo al derecho creado por el legislador (que era el reclamo formulado tímidamente por la burguesía de su tiempo). Extrema su pensamiento en ésta proposición: "El derecho tiene su propia historia", con lo cual, el derecho se desarrolla independientemente de toda influencia, en los hábitos, costumbres y tradiciones del pueblo. De esta manera idealiza la actividad popular y hace del derecho una superstición, una mística que considera una realidad orgánica al "espíritu nacional", a la "conciencia de la comunidad nacional".

8. Kant.

Kant, en su libro "Fundamentación Metafísica de las Costumbres", construye su sistema ético, o moral, de práctica social, sobre la base de un principio general universal "apriori" (preestablecido, fuera de la experiencia y eterno). Este principio es denominado "Imperativo Categórico" y consiste en ser una norma o sentencia en forma de mandato que puede ser hipotético o categórico.

Es hipotético el mandato cuando está condicionado por el fin apetecido y es categórico cuando es incondicionado. El mandato fundamental incondicional (categórico) que obliga a todos los hombres; se formula de dos modos: 1ª fórmula del imperativo categórico: "Procede de tal modo que el máximo de tu voluntad pueda estar, siempre, a la par de los principios universales de la legislación"; y 2ª fórmula del imperativo categórico: "Procede de tal modo que la humanidad, tanto en tu persona, como en la de cualquier otro, pueda servirte, no solo de medio, sino al mismo tiempo de fin".

La moralidad consiste en la ejecución de una acción por respeto a la ley. La legalidad consiste en la conformidad de la acción con la ley. Sobre el concepto de "legalidad" se funda el derecho.

Kant entiende por "legislación jurídica" aquella legislación o conjunto de normas o leyes que admite, como motivo de la acción, un impulso diverso de la idea de deber. Los deberes impuestos por la legislación son todos deberes externos. La legislación moral (moralidad) o ética sólo tiene motivaciones internas, pues el mandato obra en el ámbito de la propia conciencia.

La legislación jurídica obra por imposición no puramente moral, sino como fuerza externa necesaria. De aquí nace el derecho, que considera la relación externa de una persona con otra, en cuanto sus acciones pueden tener consecuencias; las unas con respecto a las otras. esta es la aplicación de una ley universal, "libertad", cuya fórmula es: "Obra externamente de manera que el libre uso de tu albedrío pueda estar conforme con la libertad de los demás, según una ley universal".

Pero esta ley no se cumple, simplemente por la "buena voluntad" de los individuos particulares. Ella necesita de la imposición externa que interviene para impedir, o para anular el efecto de las posibles violaciones.

Kant divide el derecho en dos categorías: el derecho innato que consiste únicamente en "el derecho de libertad"; los demás son derechos que constituyen "el derecho adquirido".

El derecho innato lo conoce la naturaleza, independientemente de cualquier acto jurídico; el derecho adquirido se obtiene por la ejecución de actos jurídicos, o sea, conforme al derecho: la propiedad, la contratación, etc.

El derecho adquirido (que es el derecho respaldado por el Estado, o sea, en otros términos, derecho positivo, según el lenguaje jurídico adoptado con posterioridad a Kant), lo divide este filósofo en Derecho Privado que es el que define la legitimidad y los límites de la posesión de las cosas externas; y Derecho Público, que ordena la comunidad que es el Estado.

Según este filósofo, la organización del Estado es el resultado de un convenio o pacto social, por medio del cual, todos y cada uno de los individuos de la población, renuncian a su derecho innato de libertad natural (que es ilimitado y absoluto), a fin de gozar de ella -de la libertad-, en forma limitada y relativa, como miembro o miembros de la comunidad estatal. En este aspecto, Kant sigue a Rousseau; pero el contrato, convenio o pacto, lo llama "originario", como un concepto abstracto, como idea genérica "a priori", que sirve para explicar la vida social que no es accesible a la historia. Es decir, ese contrato no es histórico sino un principio apriorístico.

Kant define al Estado "como la unión de un número, mayor o menor, de personas bajo la acción del derecho (adquirido)". Con esto da a entender que el Estado es una entidad u organización netamente jurídica; -dice- "El Estado tiene como fin el triunfo de la idea del derecho; y su creación, es decir, la creación del Estado es una necesidad planteada por el imperativo categórico, o sea, que se fundamenta en el derecho y el Estado, en esa ley o mandato originario apriori".

Igual que Montesquieu, considera que el Estado debe dividirse en tres poderes, a saber: el Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo y el Poder Jucicial. Igual que Rousseau, sostiene que la soberanía pertenece solamente al pueblo, y que el Poder Legislativo sólo puede ser ejercido por la voluntad colectiva de éste (del pueblo).

El Poder Legislativo no debe cometer injusticia contra ninguno de los ciudadanos; lo cual se garantiza con la decisión unánime de acordar una cosa que sea buena para todos y para cada uno de los ciudadanos. Sin embargo, el Estado no busca, como fin, la felicidad de éstos. Kant es contrario a la rebelión, a la sedición, a la guerra civil, a la revolución; y en sus escritos recriminó las revoluciones inglesa y francesa por haber procesado y ejecutado a sus soberanos legítimos.

9. Juan Amadeo Fichte.

Fichte, es uno de los grandes filósofos del idealismo alemán, que contribuyó, con mucho, al deslinde de los conceptos del derecho y de la moral. Sus ideas filosóficas, políticas y jurídicas sufrieron una completa evolución, a lo largo de su vida, así: i) Durante el primer período, es partidario y discipulo de Kant y en materia de política y de derecho acepta las tesis de éste, pero, contradictoriamente es partidario de la revolución; ii) En un segundo período se vuelve reaccionario y es partidario de un radicalismo burgués, es decir, de dictadura absoluta; iii) En un tercer período, se acoge a la concepción de un idealismo objetivo y en política y derecho elabora su teoría del Estado Nacional.

En la formulación de su propio sistema (2º período), Fichte asevera que la única fuente del conocimiento y de la actividad (del movimiento) es el propio sujeto, el yo. Esto es, en consecuencia, idealismo subjetivo. El mundo, tanto subjetivo (el sujeto) como objetivo (la naturaleza), es el resultado de la actividad del yo. Es, además, un idealismo voluntarista, y sobre esta base construye su teoría de la ética del Estado, del derecho y de la educación. La moralidad consiste en las manifestaciones del yo, en sus constantes luchas contra los obstáculos que le opone el medio social en el que vive. La moralidad sólo es concebible en la relación con otros seres racionales. Y de estas interrelaciones, nacen las leyes de la conducta social.

En esos principios absolutos y abstractos se fundamenta la teoría del derecho natural; a los cuales da una sustentación idealista subjetiva; hace derivar el derecho como resultado de la acción de seres libres entre sí. Las relaciones jurídicas que contraen estos seres libres; lo hacen en virtud del acuerdo de restringir, mutuamente, esa libertad general y absoluta de todos. Se puede hablar de derecho sólo cuando los propósitos de los hombres se traducen en acciones. Lo que no pertenece al ámbito de la conciencia no entra en el campo de lo jurídico, sino al de lo moral, esta diferenciación es el gran aporte de Fichte al derecho.

Para que el derecho exista, es necesaria la coerción. La coerción o coacción es una presión externa que obliga, a la voluntad individual, a obrar de conformidad con sus mandatos. De estas proposiciones surge, en el sistema de Fichte, la idea del Estado, al que presenta como una organización llamada a asegurar los intereses privados de los propietarios; así como para salvaguardar las fronteras de la libertad de todos los hombres. Es decir que el Estado es la síntesis de la conciliación de la voluntad individual con la voluntad general, del interés privado común. En consecuencia, la formación del Estado sólo puede hacerse mediante un contrato. En resumen, la finalidad del Estado estriba en fijar los límites de la libertad de cada individuo y en instituir el poder coercitivo.

El Estado es una totalidad organizada, y que se organiza a sí misma; es una unidad viviente, en la cual los individuos son propietarios porque son ciudadanos; al revés de Kant, que postula que sólo los propietarios podrían o debían serlo. Este Estado tiende a garantizar a los propietarios; y la seguridad de cada individuo y de todo el conjunto. Para lograr estas finalidades se requiere una fuerza superior a la de cada individuo por separado; fuerza que, a la vez, es indispensable, para ejercer la coerción para el cumplimiento de los mandatos. Sin embargo, este poder coercitivo debe estar sometido a las leyes civiles y penales.

Condición necesaria del Estado es educar, conforme planes específicos, a la niñez y a la juventud; los niños deben ser separados de sus padres y deben ser cuidadosamente educados en comunidades separadas. Los sexos deben de ser educados juntos. En estas comunidades es donde los niños deben ser transformados en verdaderos hombres, pues en ellos quedará grabada indeleblemente la imagen de un orden comunitario. En todas estas tesis algunos han creido encontrar los inicios de la teoría del Estado socialista o del fascista.

Pero el Estado de Fichte no es sólo un Estado a secas, conforme a una idea general. Es además, un Estado "nacional". En los "Discursos a la Nación Alemana" dice: "... que la cultura en cuestión, la nueva educación, unicamente el alemán considerado en sí y por sí es apto para recibirla, con exclusión de todas las demás naciones europeas; y ello, en virtud de un misterioso carácter fundamental del pueblo alemán...". Aquí sostienen otros, que Hitler encontró las bases ideológicas de su teoría del Estado racista alemán.

10. Jorge Guillermo Federico Hegel (1770-1831).

Hegel, es otro de los más elevados representantes de la filosofía alemana, su idealismo filosófico es objetivo, es decir, reconoce que la naturaleza, incluyendo al hombre y a la sociedad entera, es la materialización u objetivación del espíritu, de la idea, a diferencia de Kant, que era ambiguo, o de Fichte, que era subjetivo, es decir, que el sujeto es el fundamento de todo.

En lo relativo al derecho, hemos visto que Kant y Fichte, eran jus-naturalistas, o sea, que aceptaron la teoría del contrato social de Rousseau, para la justificación de la creación u organización del Estado. Hegel, hasta 1793, fué partidario también de esta teoría, al mismo tiempo que de la revolución, cuyos efectos habían sido trágicos en Francia; pero a aprtir del año 1794, dió un viraje totalmente opuesto; con excepción de algunos resultados de la revolución, tomando como modelo del ideal del Estado, la monarquía-burocrática-política del Estado prusiano, y rechazando en absoluto la teoría jus-naturalista del derecho natural.

En su teoría filosófica, Hegel rechaza el agnosticismo de Kant y el idealismo subjetivo de Fichte; y desarrolla, sobre bases idealistas, el método dialéctico, en todos sus aspectos, como base de investigación y de teoría del conocimiento, elaborando, en consecuencia, el más consecuente sistema del idealismo objetivo de la filosofía alemana.

La filosofía de Hegel se divide en tres partes:

- La ciencia de la lógica;

- La filosofía de la naturaleza;

- La filosofía del espíritu.

No vamos a entrar en el análisis de cada una de estas tres ramas de este sistema; sólo abordaremos, en general, la última de ellas; que está dividida también en tres partes, a saber: La ciencia del espíritu subjetivo, la ciencia del espíritu objetivo y la ciencia del espíritu absoluto.

El espíritu subjetivo se manifiesta en los individuos; el objetivo se manifiesta en la sociedad, en el Estado, en los pueblos, y en general, en su historia; el espíritu absoluto se manifiesta en el arte, en la religión y en la filosofía. De modo que, para la exposición de la teoría del Estado y del derecho, de Hegel, tenemos que entrar al conocimiento de la segunda fase de la Filosofía del Espíritu, cuya ampliación y desarrollo total, lo hizo el filósofo en su denominada: "Filosofía del Derecho y Filosofía de la Historia".

Hegel, en su filosofía identifica el pensamiento con la existencia, la idea con la naturaleza, el sujeto con el objeto, la conciencia con el ser. Para él, la razón, el raciocinio, es no sólo análogo a la existencia, sino que se identifican. De esta manera, el hombre adquiere conciencia de sí mismo en la historia y el más alto grado de ésta conciencia es la filosofía.

La idea absoluta se materializa en la monarquía prusiana por disposicines que Federico III de Prusia había prometido a sus súbditos. Pero antes de proseguir, cabe hacer aquí estas reflexiones: ¿Qué es la materialización de la filosofía, o dicho en otros términos, la realización de la idea, o el Espíritu en actos?, ¿Qué es el Estado?. Veamos. El arte y la religión revelan, respectivamente, en sí y para sí, lo que es el espíritu, son manifestaciones objetivas del mismo. Pero el espíritu, efectivamente concreto, es la comunidad de las familias, de los individuos, de las profesiones; en suma, del Estado. Este es la unidad última de ese sistema de construcciones. El Estado es la síntesis lógica-ontológica de esa actividad estética (arte) y religiosa (moral) del espíritu. Pero además, están los hombres que viven en sociedad. En la época de Hegel, en el primer tercio del Siglo XIX, los conceptos de familia y de propiedad privada, constituían las ideas básicas, bajo la fórmula de la "célula social" la primera y de "fundamento de la sociedad" la segunda. Hegel estudia entonces en el Código de Napoleón al individuo como padre, esposo, hijo, hija, esposa, madre, etc.; y al propietario, como contratista, vendedor, comprador, reo, etc.; deduciendo de allí las leyes del orden familiar y social.

Sobre la base de la tesis filosófica de que: "Todo lo racional es real y todo lo real es racional", es decir, sobre la admisión de la identidad de lo real con lo racional, Hegel ha refutado el principio absoluto del derecho natural de normas vigentes inalterables, y ha opuesto a dicho principio, el derecho positivo, que es cambiante, conforme la realidad de la historia. En este sentido Hegel define el derecho como "la existencia efectiva del libre albedrío", que se realiza en la evolución a través de una serie cambiante de procesos ascendentes, en la historia del hombre.

En cuanto al derecho : la primera fase es la posesión, la propiedad que en sus relaciones mutuas origina el contrato y la transgresión a la ley (Derecho Civil y Derecho Penal), que Hegel llama Derecho Abstracto; la segunda fase es la moral, que requiere la valoración objetiva, por parte del sujeto, sobre el bien y el mal; lo cual constituye la moralidad; y la tercera fase es el desarrollo de la moralidad en las relaciones familiares, en las relaciones con los demás individuos de la sociedad y finalmente en la organización del Estado. No interesa, para este ensayo, extendernos en el análisis de las dos primeras fases; por lo que pasaremos al estudio de la tercera, que es el proceso de desarrollo de la "moralidad".

La fase superior de la evolución del espíritu subjetivo es la moralidad; la unidad de lo espiritual (arte, religión), y lo orgánico (hombre, cosas), de lo singular (individuos, familias, corporaciones, etc.), y lo general (Sociedad, Estado). Aquí, los individuos no son elementos aislados, sino elementos orgánicamente vinculados al todo íntegro (Estado), que dirige la vida de los individuos. El individuo se reconoce como parte de este "todo íntegro" (Estado), cuyas disposiciones acata y se considera obligado a cumplir sus exigencias. En su desarrollo, la moralidad experimenta tres momentos o etapas, que son: la familia, como unidad natural; la sociedad civil, como unidad de muchas familias en sus interrelaciones sociales contradictorias; y el Estado, como unidad conciliadora de las familias y de sus contradicciones.

Son fundamentales en la sociedad civil, las corporaciones para la organización del trabajo, de donde se originan las castas o estamentos en que se divide la sociedad; y la policía para conservar el orden social y prevenir las rebeliones, sediciones o guerras civiles generadas por el "populacho" que está formado por la clase proletaria.

La teoría de las corporaciones como origen de las castas sirve de fundamento al régimen de castas prusiano vigente en el época de Hegel; y sirvió de modelo al régimen facista corporativo impuesto en Italia por Mussolini, imitado después con mezcla de ideología racista, por Hitler en la Alemania del Tercer Reich.

El Estado no es resultado de la reunión de los elementos de cuya exposición se ha tratado; por el contrario, es el fundamento de la familia y de la sociedad civil; es antecedente de estos dos elementos, y en lo que respecta a los individuos como partes integrantes, también son precedidos por el Estado. Hegel reproduce, en este sentido, la noción de Aristóteles sobre el Estado que era expresada de la siguiente forma: "El estado es un íntegro que precede a sus partes".

De este modo Hegel, rechaza la teoría jus-naturalista del contrato social, sobre el origen del Estado y de que sea una institución organizada para procurar la felicidad de los individuos, ni para proteger la libertad de la persona ni defender la propiedad. El Estado no sirve sino que impera; no es un medio sino que un fin en sí mismo, superior a cualquiera otro fin. La existencia de la autoridad de Estado, no depende de un capricho; sino que tiene un carácter incondicional y divino. La idea del Estado se desarrolla en tres fases: primero el Derecho interno; luego el Derecho externo o internacional; y finalmente, es la idea universal, como fuerza absoluta (total) que se opone a los demás estados aislados y que se manifiesta como "Espíritu de la Historia Universal".

CAPITULO VI.

EL ESTADO CAPITALISTA CONFORME LOS POSTULADOS DE LA RAZÓN.

I. Antededentes históricos.

1. Monarquía, aristocracia y democracia.

Antes de abordar el tema de este capítulo haremos una breve recapitulación respecto de los tipos y formas de Estado examinados en los capítulos anteriores.

En dichos capítulos aparecen históricamente dados dos tipos de Estado, los cuales se evidencian o identifican de conformidad con las formas de producción económica, que son, también, dos: la producción esclavista (que algunos denominan antigua) y la producción feudal. De estas dos formas de producción surge el "Estado esclavista y el "Estado feudal" porque tienen como base material, como estructura, la forma de producción destinada a la explotación del esclavo (hombre sometido al trabajo, sin ninguna clase de derechos: no es persona) y a la servidumbre feudal (el individuo sometido al trabajo y atado de por vida al feudo, a la tierra). De estos dos tipos de Estado, surgieron varias forma de Estado, o sea, modos o figuras que caracterizan la esencia de los gobiernos o poderes que han sometido a los hombres a la explotación y a la obediencia. Esas formas estatales son las siguientes: la monarquía, la oligarquía o aristocracia, y la república o democracia.

La monarquía es el gobierno de un solo hombre; en él se conjugan todos los poderes, todas las potestades, la legislación la administración y la justicia. El monarca es el soberano absoluto que en el mundo Asiático se llama déspota, sátrapa o tirano; que en Grecia y Roma se le llama tirano o dictador y que en el medioevo se le nombra el rey absoluto o el emperador.

Oligarquía o aristrocracia se le llama a un grupo de personas o de familias que disponen de las potestades del mando en un Estado determinado. Esta forma se vió de manera evidente en la Grecia y la Roma clásicas lo mismo que en las repúblicas constituidas en las ciudades Estados de principios del siglo XII hasta fines del siglo XVI que imperaron en Italia. También se da el gobierno de la aristocracia o nobleza en los Estados feudales de la edad Media en Francia, en España, en Inglaterra, en Alemania, etc. , conjuntamente con el rey o con el emperador. En este gobierno feudal, la nobleza y el clero, ocupan una posición especial con respecto al monarca pues aunque no son sus iguales, el monarca ha menester de su consejo, lo cual justifica la creación de estamentos que eran convocados a iniciativa del monarca o a petición de la nobleza y del clero a asambleas o parlamentos nacionales. El resto del pueblo, sometido a la servidumbre feudal, no tenía ninguna representación, era el Estado llano, sin derechos políticos.

La democracia es el gobierno del pueblo. En la Grecia antigua el pueblo estaba formado por familias ricas o acomodadas que expresaban su voluntad en el Agora o asamblea general pública, para los asuntos de interés general, como para la elección de gobernantes o para decretar el ostracismo o exilio de algún ciudadano. Los esclavos, y artesanos no tenían ninguna representación en esa asamblea, pues carecían totalmente de derechos políticos y no eran ciudadanos.

2. La monarquía constitucional.

Al iniciar el estudio del Estado moderno tenemos que referirnos, forzosamente, a sus antecedentes lejanos en la historia de Inglaterra cuando en el siglo XII, el rey Juan sin Tierra, de la dinastía de los Plantagenet fue obligado por los nobles ingleses a subscribir la Carta Magna en la que se le exigía el respeto a los derechos, de los nobles, los cuales deberían de ser oídos en el Parlamento. Más tarde, en 1648, cuando se estableció la República, este Parlamento adquirió una supremacía que hizo vacilar la fuerza tradicional de las dinastías monárquicas. Esto hizo posible, en 1688, el entendimiento de la nobleza real y feudal con los burgueses que habían instaurado la república bajo la dictadura de Cromwell, componenda que hizo posible la monarquía constitucional, o sea una monarquía limitada en sus alcances de mando, puesto que los actos de gobierno se habían encomendado, conforme la Constitución, a otros elementos u Organos del Estado como el Parlamento que votaba las leyes y sancionaba los actos administrativos y la Justicia administrada por funcionarios especializados. Había nacido, pues el Estado moderno, orientado, según los teóricos o filósofos de tales tendencias, por la luz de la razón. Pero también, para tener mayor claridad sobre este problema, es menester recordar que también los reyes de Francia, desde los primeros tiempos de sus reinados feudales ejercidos conjuntamente con los nobles feudales instituyeron los "parlamentos" o asambleas que se celebraban con los representantes de esta nobleza; estas asambleas eran convocados por el rey para tratar los negocios más importantes del Estado. Más tarde, ya en tiempos de Luis XIII y Luis XIV a estos parlamentos o asambleas de nobles se les daba el nombre de Estados Generales. Antes de la revolución de 1789 la burguesía no tuvo representación alguna en dichos cónclaves.

En España a esas asambleas o parlamento se les llamó Cortes, teniendo sus antecedentes más lejanos en el siglo XII en Cataluña, Aragón y Castilla. Los burgueses fueron admitidos, como representantes de las ciudades a partir del siglo XVI.

En Alemania, Dinamarca y países escandinavos, recibieron el nombre de Dietas, así como en Suiza y Holanda. En estos países tenían representación los estamentos de la nobleza real, clerical y feudal. La burguesía tuvo su representación en Alemania hasta en el siglo XIX.

La burguesía comenzado a dar demostraciones de ser una clase con poder económico desde el siglo XII en las ciudades Estados del norte de Italia en que se dieron las primeras manifestaciones del llamado "proto-capitalismo". Fue ascendiendo en ese sentido y se produjo su expresión superestructural con la irrupción de las expresiones intelectuales, artísticas, literarias y científicas del Renacimiento en los siglos XV y XVI y su poder político en algunas ciudades Estado como en Florencia en donde gobernaron familias burguesas poderosas como los Médicis, Orsini, Borgis. Pero estas situaciones políticas no implicaban todavía ninguna influencia universal.

A principios del siglo XVII los holandeses hicieron su guerra de independencia contra España, logrando su liberación e instauraron su primera revolución con la burguesía al frente de dichos movimentos progresistas de liberación. Posteriormente en el mismo siglo XVII (1648) se llevó a cabo la revolución republicana inglesa, que tuvo influencia aún mayor que la de los holandeses; pero a pesar de ello no llegaban a cubrir el marco de una influencia universal.

Por otra parte, estas revoluciones terminaron con arreglo entre las partes involucradas en el conflicto, con una componenda entre la nobleza y la burguesía para gobernar con un reparto del poder político mediante una Constitución o Carta Magna que limitaba los poderes del rey o monarca y establecía los poderes del Paralamento.

3. Orígenes del Estado capitalista.

La burguesía, como clase económicamente poderosa, planteaba, pues, sus propias reivindicaciones; tenía acosado al Estado feudal, monárquico y absolutista, mediante los préstamos y el Estado le mostraba trabas para su consecuente desarrollo económico, social y político. En consecuencia ella, la burguesía reinvindicaba, para sí el poder político. En Inglaterra y Holanda, la nobleza cedía y admitía compartir con ella el poder. Pero en Francia y otros países no sucedió. Esa es la razón de que la lucha en este país fuese más enconada, con más violencia y con más floración de elementos teóricos y doctrinarios, que han servido de guía para los demá países del mundo en la orientación del Estado moderno, llamado también Estado Parlamentario (por el dominio que ofrece la Asamblea Legislativa), Estado Burgués (por el dominio que ejerce la clase burguesa), Estado Capitalista (por el dominio que ejerce el capital), Estado Constitucional (por estar basado en una Constitución) y Estado de Derecho (por pretender basarse en el imperio de ley o el derecho de la ejecución de sus actos de gobierno y en normar la vida de los ciudadanos).

4. Teóricos del Estado moderno antes de la Revolución Francesa. La ilustración.

La ideología de la burguesía en el siglo XVIII antes de la revolución de 1789 iba dirigida contra las normas feudales absolutistas del llamado "viejo régimen" imperante. El movimiento revolucionario burgués, en Francia, se denomina la Ilustración o la Enciclopedia, siendo llamados sus promotores, los ilustrados o los enciclopedistas, los cuales, en general proclamaban una lucha a muerte contra la superstición y el oscurantismo medioevales, contra los privilegios de la nobleza feudal y la conquista del poder político. Tal movimiento comienza con una crítica aguda e implacable contra la Iglesia Católica, a las monarquías feudales y a todas sus instituciones. Su postulado o dogma principal era el dominio de la Razón como facultad superior para la dirección de todos los designios humanos, y como Idea madre que sustituía todas las creencias que falsamente habían justificado, en el pasado, todas las desgracias de la humanidad.

Veamos lo que dicen en concreto los principales teóricos del Estado Moderno de antes y después de la gran revolución democrática burguesa de 1789. Antes de la revolución los siguientes: Voltaire, Montesquieu, Rosseau, Holbach, Helvecio, Diderot.

5. Voltaire.

Francisco María Arouet, más conocido por el pseudónimo de Voltaire (1694-1788) pertenece a la vieja generación de enciclopedistas. Su ideología era moderada:

Proponía hacer la paz con la monarquía constitucional e incluso admitía la existencia de la monarquía absolutista siempre que esta se dispusiera a hacer un gobierno "ilustrado", o sea que quedara eliminada la arbitrariedad real, la omnipotencia de la iglesia católica feudal y que se eliminaran las trabas que impedían el desarrollo del capitalismo y el progreso de la burguesía. Voltaire representaba a la fracción burguesa que no pretendía el poder político sino que solo exigía las condiciones mejores para su desarrollo económico.

Voltaire cree que con la eliminación de la Iglesia Católica, feudal, fanática, supersticiosa y oscurantista y con la unión "de los reyes con los filósofos se podría llevar adelante el progreso de Francia y de la humanidad".

Sin embargo, opinaba contradictoriamente, que la religión era necesaria para mantener sumisas a las masas. Y decía: "Si dios no existiera, habría necesidad de inventarlo".

Voltaire era partidario de las ideas del Derecho Natural. "Las leyes naturales, decía, son leyes de la razón, que la naturaleza proporciona a la humanidad". "Ser libre, tener en torno suyo a iguales, tal es la vida auténtica, natural, del hombre", escribía.

En cuanto a sus ideas sobre el Estado, Voltaire era partidario de un Estado absolutista ilustrado, de forma monárquica. Considera que un "rey ilustrado", dotado de buena voluntad, podrá llevar a cabo reformas sociales que abarcarían la libertad de pensamiento, de prensa, de conciencia, de trabajo, de comercio, de unión familiar; una igualdad jurídica entre los hombres, la supresión de los privilegios feudales, la abolición de las instituciones feudales, el desarrollo de la propiedad privada, etc. En fin el programa económico-social propuesto por la fracción burguesa moderada que representaba. No obstante, Voltaire, en sus "Cartas Filosóficas" o "Cartas sobre los Ingleses" expresaba su simpatía por el régimen parlamentario y proponía para Francia un régimen de monarquía constitucional que reemplazaría el "absolutismo ilustrado"; y que esa "monarquía constitucional" debería instalarse como una "reforma" política necesaria y sin revolución. Sin embargo, opinaba que la forma primaria del Estado había sido la República; pero que a causa de la violencia y las conquistas, o de fuerza de algún jefe militar se había impuesto la monarquía.

6. Montesquieu.

Otro ideólogo enciclopedista moderado es el filósofo Carlos Luis de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755) .

En "Cartas Persas" (1721) critica mordazmente las prácticas y los hábitos de la Francia absolutista de su tiempo. Escribió también "Consideraciones sobre las causas de la grandeza y de la decadencia de los romanos" (1734) y "El Espíritu de las leyes", siendo esta última la más importante de sus obras (1748) y a la que nos referimos en estas anotaciones.

El Espíritu de las leyes, según este autor, se halla condicionado por la situación geográfica, la situación económica, la religión, la densidad de la población, por las instituciones políticas: estas son las que condicionan la existencia del derecho de los pueblos de cualquier parte.

Reconoce Montesquieu tres clases de Estado: la democracia, en la que el poder está en manos de un número restringido de personas y en el que, cuanto menos sea el número de personas carente de derechos políticos tanto más sólido y estable es el gobierno, siendo, en este sentido, que la mejor aristocracia es la que más se aproxima a la democracia; y la monarquía en que el poder está concentrado en una sola persona, la que, según este autor, es guiada por las leyes y apoyada por la nobleza. Estas son las tres formas correctas de Estado. La forma incorrecta es el despotismo (satrapía, tiranía, dictadura), en ningún momento el autor hace distinción alguna de esta en relación con las monarquías absolutistas que se han reseñado en los regímenes esclavista y feudal.

Estas formas son mantenidas por principios o fuerzas que le dan vitalidad a su existencia. Esos principios son: para la democracia es la virtud, el amor al bien común; para la aristocracia es la mesura, la medida adecuada en los actos de gobierno; y para la monarquía es el honor, que es la "tendencia a la honra, pero conservando su independencia". El titular del principio del honor es la nobleza, de modo que la monarquía feudal es inimaginable sin la presencia de la nobleza.

Montesquieu la daba una preponderancia exagerada tanto a las condiciones geográficas (el suelo y el clima) como a la fuerza de las instituciones políticas para influir sobre "el espiritu" de las leyes. En su forma de concebir el Estado moderno sostenía que las instituciones fundamentales de éste se debían repartir sus fuerzas, de manera que se rompiera la concentración tradicional en uno solo o en unos pocos, de modo que el poder resultase dividido aunque no se alterara la indivisibilidad del gobierno y del Estado. En este sentido, distingue dentro del Estado, tres poderes: el legislativo, ejecutivo y el judicial, los cuales deben estar en manos de diferentes Organos del Estado.

Esta es la llamada "separación de poderes" que implica un régimen de "frenos y contrapesos" que limitan los alcances o facultades de cada uno de los poderes y grantiza a la vez, el ejercicio de las libertades y el cumplimiento de la legalidad que es el dominio de las leyes dentro del Estado. La legalidad es la garantía de la libertad.

Montesquieu sigue en algunos aspectos y especialmente en este de la separación de los poderes del Estado, a John Locke, el tratadista inglés; y su ideal político se ajusta a las realizaciones concretas de la monarquía constitucional inglesa de su tiempo, cuyas instituciones trata de reproducir en sus proposiciones.

7. Rousseau.

Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) es ilustrado realmente, enciclopedista: sus conocimientos son tan amplios que irrumpió en el campo de la educación (creando la Pedagogía Individual y el Estudio directo de la Naturaleza), de la psicología (creando la psicología individual); en el de la sociología, el derecho, etc. , y hasta en el de la música en que aportó todo un método de solfeo y de teoría musical basado en los números arábigos. En el campo de la sociología, el derecho y la política escribió un famoso tratado que se llama "El Contrato Social", en donde expone ideas de esa índole. Rousseau es el representante radical de la pequeña burguesía de su tiempo y proponía un programa político más atrevido y fuerte que el de los dos autores antes estudiados.

La primera tesis de Rousseau es que la cultura (la ciencia y el arte) además de traer utilidades a los hombres, los corrompe. Todos los vicios proceden de la ciencia y del arte; se pronuncia contra el conocimiento, considerándolo como nocivo e inútil; para él la literatura, el arte, la ciencia, la cultura en general no procuran la felicidad del género humano, sino que, por el contrario, afianzan la opresión de unos contra otros y todas las desgracias de la sociedad. De este modo concluye que la fuente de todo mal es la riqueza: ésta y el lujo, dice, le dan auge a la ciencia y al arte, lo cual engendra la ociosidad y los vicios, como signos distintivos de la civilización. Esta incrementa la desigualdad y la miseria.

Con respecto a ese menosprecio de la cultura y de la civilización Rousseau idealiza las costumbres primitivas patriarcales y propone un "retorno a la naturaleza", un retorno a la vida primitiva, llena de sencillez y de cordialidad.

Esta es la idea básica de su programa educativo que se encuentra reseñado en su libro "Emilio" o "La Nueva Educación" (el cual fue muy atacado por el clero de su tiempo).

La segunda tesis de Rousseau consiste en explicar el origen de la desigualdad de los hombres, tesis en la que repite los argumentos anteriores; pero además, explica el origen y necesidad de la existencia del Estado. Sostiene que en la época primitiva, o Edad de Oro, o "Estado de Naturaleza", los hombres vivían con sencillez y en libertad y se consideraban iguales entre sí. No había más desigualdad que la física, motivada por la edad, el sexo, la salud, etc. ; pero nunca por las diferencias económicas o de sangre.

No obstante los vicios que engendra la civilización, Rousseau sostiene que el hombre es susceptible de perfeccionamiento. Este, en su historia ha demostrado que es capaz de elaborar cosas útiles tales como herramientas de trabajo, metales para construir esas herramientas, trabajar y hacer producir la tierra. Esa dinámica hizo posible la riqueza y ésta, a su vez, la propiedad privada de la tierra que motivó la cizaña y las luchas sociales, de donde se hizo necesaria la existencia del Estado como elemento mediador para dirimir las disputas entre los hombres. Sostiene que el primer hombre que se apropió de la tierra fundó la propiedad privada y la sociedad civil y en consecuencia el Estado.

Según Rousseau el Estado nace para salvaguardar la propiedad privada. De esta situación surgen las guerras, las conquistas territoriales, la esclavización de los débiles, los asesinatos, etc.. Para poner alto a estas calamidades, los fuertes inventan el poder del Estado es decir, que el Estado es una consecuencia de los inventos y de la confabulación de los ricos. Con el Estado se acrecienta la desigualdad entre los hombres.

Esta última desigualdad engendra el despotismo, que es el punto extremo de la desigualdad; por una parte la plenitud del poder en un solo individuo; por otra parte, la igualdad de todos porque no tienen ningún derecho.

Para destruir el despotismo, Rousseau propone la creación de una forma de Estado basado en un "contrato social" que establezca un régimen democrático. Este consistiría en que los hombres, sometiéndose voluntariamente al poder del Estado, continuarían a la vez siendo libres; de las condiciones de este contrato, el pueblo tiene derecho a participar en la legislación que es la más alta forma de libertad política; esta participación en la legislación es la expresión de la voluntad comunista, a su vez, es la expresión de la voluntad de la mayoría. También la condición del contrato social involucra el derecho de "insurrección".

Este autor creía que con la implantación de un régimen republicano democrático se operaría una milagrosa transformación de la sociedad, en la cual los hombres se regenerarían y volverían a su estado de naturaleza, desaparecería toda opresión y despotismo, la explotación del hombre por el hombre, y estarían aseguradas las condiciones necesarias para la libertad, la igualdad y las prosperidades sociales.

8. Paul Holbach (1723-1789).

Holbach fué un ilustrado enciclopedista francés que escribió varias obras de mucha importancia referentes al Estado y al derecho: Sistema de la Naturaleza, Moralidad Universal, Política Natural y Sistema Social.

En filosofía fue un representante del materialismo metafísico mecanicista, oponiéndose al idealismo y a la religión, con una oposición más avanzada que la de Rousseau que admitía una religión ciudadana dentro del Estado democrático. Sin embargo, este autor no ve en sentido materialista los problemas sociales, el Estado y el derecho, a los cuales aplicó concepciones idealistas y moderadas, sin ser partidario de la revolución.

Es antifeudal y progresista, pero explicaba el desarrollo social no en las causas materiales de la producción sino en las "opiniones sociales". Dice que "el hombre es un producto del ambiente y que éste (el ambiente) es un producto de la opinión" (lo cual no deja de ser un círculo vicioso). "La opinión gobierna al mundo", dice. La humanidad es infeliz a causa de sus extravíos.

Holbach niega la existencia de un "estado de naturaleza", sosteniendo que tal tesis ha sido inventada. En cuanto a la teoría del Estado, estima que su base es el "contrato social", siendo éste el conjunto de condiciones explícitas e implícitas que vinculan a los hombres entre sí dentro de la sociedad.

Este autor define el gobierno como fuerza establecida por la voluntad general para dirigir los actos de todos los miembros de la sociedad y obligarles a servir a los fines de ésta. Estos fines son: La seguridad, la felicidad y la conservación del todo y de sus partes. En este cuadro de categorías desempeñan un papel importante: la equidad como principio básico para establecer la filantropía, la compasión, la beneficencia y otras virtudes; la propiedad burguesa y la libertad.

9. Claudio Helvecio (1715-1771).

Helvecio igual que Holbach es materialista metafísico, abanderado de la burguesía progresista y opositor al antiguo régimen feudal y absolutista.

Para Helvecio el hombre es una máquina en movimiento por la sensibilidad física. . . sobre esta idea construye sus teorías respecto de la política: la sensibilidad física es la causa de nuestros pensamientos, sentimientos y pasiones y la fuente de esta sensibilidad es el interés y la necesidad.

El origen de la sociedad, según este autor, está en que el hombre vivía aislado como individuo igual que Robinson Crusoe, pero necesitando la cooperación de los demás se alió a ellos por necesidad, convivencia y por el interés. . . Dice que la desigualdad en la distribución de los bienes y el lujo como efectos de ella, dan por resultado una sociedad de explotadores y que esta situación no podrá ser resuelta por medio de las ingenuas maneras propuestas por Holbach. Sin embargo, admite la existencia de la desigualdad, la propiedad privada y sus consecuencias como la explotación y la miseria.

Helvecio señala que el origen del Estado se encuentra en la desigualdad de la distribución de los bienes; y que el despotismo se origina en la tendencia de cada hombre a ser déspota. Este autor odia el despotismo, al feudalismo, al clero y a la nobleza. Pero no es partidario de la revolución, porque considera que el gobierno puede lograr la eliminación de las diferencias sociales mediante constantes y sutiles cambios sociales y la adopción de buenas leyes que rijan el orden social.

Niega la inmutabilidad y eternidad de las leyes del derecho natural basada en la equidad absoluta. Defiende la propiedad privada, la persona humana, la libertad de pensamiento, la seguridad y la necesidad de castigar a los que transgraden estos principios. Dice: "Los hombres se unieron para proteger su propiedad"... "Las diversas leyes fueron siempre diversos modos de asegurar a los ciudadanos ese derecho".

10. Dionisio Diderot (1715-1784).

Diderot es el más notable e inteligente de los enciclopedistas franceses, el verdadero organizador y director de la enciclopedia de las ciencias, de las artes y de los oficios, la cual sirvió para demoler la ideología del régimen feudal y clerical que sostenía el absolutismo y la aristocracia.

Su filosofía era el materialismo mecanista o metafísico, siendo más consecuente en sus concepciones que Holbach, Helvecio y de la Mettrie.

Dice que el mecanismo del Estado debe estar al servicio de la sociedad, pues los hombres se unieron en sociedad para adquirir mayor felicidad. Es adversario de la monarquía y del despotismo, pero no es partidario de la revolución. Contra la monarquía ofrece el punto de vista de que la verdadera fuente del poder político es el "acuerdo del pueblo" representado por asambleas de ciudadanos.

Diderot, como casi todos los enciclopedistas franceses, era un representante ideológico de la burguesía industrial y comercial, la cual estaba interesada en los cambios sociales sin revolución; es decir, en lograr que el régimen feudal fuera transformado en su legislación y en el cambio de los hábitos sociales, mediante reformas paulatinas que auspiciaran el desenvolvimiento y desarrollo de la nueva clase que ya se imponía económicamente frente a la nobleza feudal.

11. Teóricos del Estado moderno después de la Revolución Francesa. El liberalismo.

Ninguno de los enciclopedistas de que hemos hecho relación asistió al acto histórico de la gran revolución burguesa de 1789, la cual se desenvolvió con la toma de la Bastilla, la instauración de la Primera República (1792-1794), la Convención (1794), el Directorio (1795), el Consulado (1796-1804) y la instauración del primer Imperio (1804-1814) en los que sucesivamente tuvieron destacada actuación Dantón, Robespierre y Marat en el período republicano y Napoleón Bonaparte durante el Consulado y el Imperio, que terminó con la abdicación de Napoleón I en 1814, siendo éste desterrado a la isla de Santa Elena.

Después de la caída del Imperio francés la coalición de toda la Europa feudal antirrevolucionaria se reunió en el Concreso de Viena (1814-1815) en donde estableció un nuevo orden europeo, lográndose un entendimiento entre la familia real, la nobleza y el clero con la burguesía triunfante en lo económico y en lo político. La coalición de los Estados monarco-católicos se llamó la Santa Alianza (Rusia, Austria-Hungría, Francia, Prusia, etc.) De este modo se llevó a cabo la restauración de la dinastía real en el trono de Francia, ya sometido a una Constitución, pero se le devolvieron todos sus privilegios a la nobleza y al clero. Fue el período de dominación política de la burguesía comerical e industrial con la estorbosa presencia de la nobleza y del clero, gobernando la familia Borbón hasta 1830.

Esta situación duró hasta la revolución de julio de 1830, en que la dinastía de los Borbones fue destronada por la de los de la casa de Orleans, teniendo entonces su influencia decisiva la burguesía financiera que limitó en mucho los privilegios de la nobleza y del clero e impuso su poder político y económico a los comerciantes, industriales, agricultores, durando este estado de cosas hasta la revolución de febrero de 1848 en que se estableció la segunda República (1848-1851) luego se instaló por un golpe de Estado el Tercero Imperio (1851-1871) .

A la vez que esto acontecía, como consecuencia necesaria del desarrollo industrial (la famosa revolución industrial que primero se operó en Inglaterra y luego en Francia, lo mismo que el auge del comercio) se engendra y crece en el seno de la sociedad burguesa triunfante, la clase proletaria que poco a poco va tomando conciencia de sí y que pronto va a plantear sus específicas reinvindicaciones "Para sí". Esto preocupaba gravemente a la burguesía en particular y a todas las clases reaccionarias en general.

Bajo estas condiciones, la burguesía tuvo sus ideologos, entre los cuales se destacaron, en lo referente a la teoría del Estado y el Derecho, los defensores del liberalismo Benjamín Constant en Francia; Jeremías Bentham y John Stuart Mill, en Inglaterra; Augusto Comte en Francia, como defensor del positivismo y de la solidaridad social; y en Alemania Guillermo Humbolt (defensor del liberalismo) y Lorenzo Stein como defensor de la monarquía constitucional como estado "de derecho".

12. Benjamin Constant (1767-1830).

Benjamín Constant fue un descollante escritor que sostuvo a cabalidad los ideales de la burguesía victoriosa.

Comenzó a escribir en tiempos del Directorio, reflejando el temor del gobierno de las masas y el temor del retorno al feudalismo y a los privilegios del absolutismo y de la nobleza e influencia del clero. Ocupó un asiento en el tribunado durante el Consulado; pero opuesto a Napoleón (que era el Cónsul) salió del país, exiliado. Durante la restauración fue miembro de la Cámara Baja y jefe del Partido Liberal.

En su obra "Discurso sobre las constituciones y sus garantías" (1814) hace la defensa de la monarquía constitucional como fórmula política transaccional entre la burguesía y la nobleza.

Conforme las ideas de la clase que defiende, rechaza o limita la soberanía popular la cual queda reducida a las libertades individuales y sin ninguna intervención en la política estatal, se limita a los derechos inalienables de los individuos.

Estos derechos inalienables e innatos del individuo -o del hombre- son: la libertad individual que es la inmunidad contra las detenciones arbitrarias, de pronunciar la opinión propia, de elegir el oficio o profesión que se quiere, de trabajar donde quiera y en lo que quiera, de disponer de su propiedad incluso el abusar de ella, de trasladarse de un lugar a otro sin dar cuenta a nadie de sus actos ni de los motivos de éstos, de reunirse donde quiera y con quienes desee y de ejercer el culto religioso que le parezca. La propiedad no es un derecho innato sino un derecho adquirido; pero, en realidad es el determinante de los demás derechos.

Sostiene que si la democracia tiene la intención de inmiscuirse en la esfera de lo patrimonial, es decir, de la propiedad, hay que pronunciarse contra la democracia. En este sentido se opone al principio de Rousseau relativo a la soberanía ilimitada del pueblo, pues considera que interfiere sobre el poder de la riqueza, pues en nuestros días, dice, las personas privadas son más fuertes que el poder del Estado. El regimen de la burguesía que él pregoniza es el de la riqueza que domina el poder: el régimen de la burguesía. Por eso se opone a la idea democrática del poder del pueblo; y este poder no importa en manos dequien se encuentre.

Para limitar la soberanía del pueblo y del poder estatal, sostiene la idea de "la no intervención del Estado en el terreno de lo económico" y que debe haber una ilimitada libertad en la concurrencia y en la competencia de los empresarios: es la política de "dejar hacer" y de "dejar pasar" del liberalismo económico o político que deja al Estado nada más que de observador o de vigilante de las actividades de los empresarios burgueses: el Estado policía. Y para limitar la intervención popular tiene en vista la estructura del parlamento o asamblea burgués, al cual considera no como un Organo de la representación del pueblo sino como la forma de la organización de la oponión de los industriales, comerciantes, agricultores, banqueros, etc.; es decir, de la burguesía, o como él expresa: . ."como representantes de ciertos intereses sociales".

13. Jeremías Bentham.

Después de la restauración de 1660, en Inglaterra, se entabló entre la burguesía y la nobleza la lucha por la preeminencia de una de ellas sobre la otra en cuanto a derechos políticos, ya que en lo económico la burguesía había demostrado su superioridad.

Esta contienda se dirimió en favor de la burguesía en el año de 1688 cuando Guillermo III de Orange transó con los capitalistas y terratenientes. Desde entonces cobra mayor auge el mercantilismo en Inglaterra que había nacido desde principios del siglo XVI con su secuela de conquistas coloniales en abierta competencia con los colonialistas españoles, franceses, portugueses, daneses y otros países europeos... Más tarde, a mediados del XVIII (1750) se opera en Inglaterra la "revolución industrial" y entonces la burguesía inglesa se vuelve más exigente en cuanto a su cuota de participación en el poder, pretendiendo mayores concesiones en los derechos políticos. Es esta etapa de su desarrollo, tiene como representantes ideológicos a Jeremías Benthan y a John Stuart Mill como portavoces del liberalismo (económico y político) y del utilitarismo en Inglaterra.

Jeremías Bentham (1748-1830) comenzó a escribir desde muy joven con buen éxito expresando la ideología de la clase dominante de su tiempo.

En cuanto a la teoría de la moral, el derecho y el Estado toma como principio rector la utilidad. El hombre busca satisfacciones y evita lo nocivo; busca la felicidad y huye del sufrimiento; busca lo útil para sí. Es un axioma que todo ser racional trata de obtener para sí la mayor y mejor cantidad de placeres. Este es el único principio, por el se guían y deben dirigirse todos los hombres. Todos los impulsos de la actividad humana se reducen a uno solo fundamental: la satisfacción de sus intereses personales. De esta manera se obtiene la subordinación de todas las relaciones existentes, a la utilidad.

Defiende "la no intervención del Estado" en la vida económica de las personas. La actividad gubernamental debe estar limitada en la mayor medida posible. La libertad de los hombres debe ser tal de que ellos mismos sean responsables de sus propios daños. La libertad de contratar debe ser ilimitada. La única preocupación del legislador debe ser la de procurar "la mayor seguridad" de los ciudadanos y de la propiedad.

Se opone a la teoría del derecho natural, a la del contrato social y a la de los derechos naturales de los individuos, reputándolos como simples ficciones. Solamente existe el derecho positivo (la ley dada por el Estado, por la burguesía) de donde se derivan todos los derechos. Afirma que los llamados derechos naturales y la "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano" de la revolución francesa, son fuente de la anarquía social.

14. John Stuart Mill (1806-1873).

Mill fue tambien defensor de las ideas del liberalismo inglés en la época de la revolución industrial y aún de la iniciación de la era imperialista del capitalismo inglés. Sus obras representativas son: "De la Libertad" y "Gobierno Representativo" y "Del Utilitarismo", además de tratados sobre economía, lógica y filosofía.

Defiende la teoría de "la utilidad" de Bentham, pero le hace dos agregados sustanciales: propone valorar no sólo "la cantidad" de los goces y deseos, sino también "la calidad" de los mismos. De esta calidad hay que darle preferencia a los deseos o goces "superiores" y un rechazo a los "inferiores" tomando en cuenta que en ello está en juego la dignidad humana. Esto, en cierto modo implica apartarse del principio utilitarista en la forma burda expresada por Bentham.

De conformidad al espíritu del iberalismo burgués propone dar a los individuos "completa libertad de acción", "completa libertad de realizar sus opiniones en la vida efectiva, sobre la base de su propio temor". Esta libertad se desenvuelve en la libertad de pensamiento, de prensa, de elegir oficio o profesión, de comercio, de producir, de vender, de comprar, de fijar los precios de las mecancías: es decir, la libre concurrencia en el mercado.

Se opone a la intromisión del gobierno en la actividad industrial y en general, en la actividad económica, que se privatiza de los individuos. Dice que la libertad, las instituciones empresariales y hasta la libertad individual desaparecerían si fueran objeto de la dirección oficial.

Se opone a la actividad política de las masas y para contrarrestarla propone dos medidas de control que son a la vez dos principios rectores: el orden y el progreso de la forma de gobierno. El orden es la obediencia y además la protección de todos los bienes existentes. El progreso es el movimiento del avance, el incremento del bienestar social y del desarrollo de las facultades intelectuales y morales de la población.

Propone el sistema representativo (el parlamento, la asamblea elegidapor sufragio universal) como medio para suavisar o eliminar las contradiciones de clase. De esta manera se lograrámantener un "equilibrio" entre los intereses contradictorios de las clases sociales. Sin embargo, dice que cuanto menor desarrollado es un pueblo tanto más incapacitado para ejercer el gobierno representativo, con lo cual excluye la participación de las masas obreras y campesinas.

15. Guillermo Humbolt (1765-1835).

Humbolt fue un defensor, en Alemania, de los principios del liberalismo económico y político con las mismas consideraciones doctrinarias expuestas por Benjamín Constant, Bentham y Stuart Mill. Solo que en el país teutón, en donde la monarquía prusiana ejercía presión, la situación fue menos propicia para la burguesía, la cual se desenvolvío con más lentitud que en Francia e Inglaterra.

16. Augusto Comte (1798-1857).

Compte es un ideólogo francés creador de la filosofía del positivismo, corriente idealista que trató de armonizar el materialismo con el idealismo. Escribió dos obras fundamentales que son: "El curso de la Filosofía Positiva" (6 tomos 1830-1842) y "Sistema de Política Positiva" (1851-1854, en 4 tomos) .

Comte es un ideólogo seguidor de las ideas de Kant en Filosofía, un agnóstico que predica que solo puede ser conocido el fenómeno, ignora la necesidad objetiva de la existencia de la naturaleza y confunde en cada problema aislado la tendencia materialista e idealista.

Comte fundó la Sociología y dice que ésta es la ciencia que se dedica al estudio de todos los fenómenos sociales en general y cuyas leyes son aplicables a todos los tiempos y a todos los pueblos. Divide la Sociología en dos partes: la estática, que estudia las condiciones de la existencia de los fenómenos sociales; y la dinámica, que estudia el movimento sucesivo de los fenómenos sociales que expone la teoría del orden y del progreso de la sociedad.

La sociología tiene como misión fundamental de comprobar con sus leyes la inmutabilidad del orden y el carácter natural de las relaciones del orden capitalista. La ley general era la de los tres estadios: la era teológica que dio origen al orden teológico, el orden racional y la era cientifica o positiva que produjo el orden industrial, que es el definitivo y absoluto de la humanidad.

El orden y el progreso son dos categorías esenciales en la concepción sociológica de Compte. En el concepto de orden desarrolla la idea de la conservación del régimen social existente: las clases sociales, la producción, la competencia, la concurrencia y las relaciones capitalistas, cuyas leyes son eternas. El progreso es el desarrollo de la sociedad burguesa, pacífico, sin revoluciones que la perturben. A este respecto afirma que el desarrollo social obedece al desarrollo del espíritu de la humanidad, con lo cual demuestra su filiación idealista pura.

Sostiene Compte que con el triunfo del positivismo, la sociedad europea se verá liberada, al mismo tiempo de "la república anárquica" (de la soberanía popular) y de la "aristocracia reaccionaria"; y se establecerá la "sociocracia", o sea el "orden armónico" en la convivencia social. En este sentido propone considerar que debe formarse una "unidad armónica" donde cada individuo es como una de las partes y la sociedad un todo orgánico en el que todas las partes constituyentes deben realizar su función definida, con ésto consagra Compte el individualismo burgués; pero reconoce la existencia de las clases aunque no considera inevitable la lucha entre proletarios y capitalistas, por el contrario, propone la "paz social" en forma de "solidaridad social".

La solidaridad y la armonía, dice, constituyen la "ley fundamental" del universo. Toda sociedad se caracteriza por la existencia de un objetivo común y representa un "todo armónico".

17. Lorenzo Stein (1815-1890).

Stein, profesor alemán, fue defensor de la idea de un Estado que está por encima de la sociedad y lo considera como un ente destinado a armonizar y servir de árbitro en todas las luchas sociales, en todos los conflictos y contradicciones sociales.

En su concepción de la sociedad le atribuye un "valor universal" a la sociedad civil en la que impera la propiedad privada. Presenta las relaciones capitalistas como eternas, inmutables e inherentes a todos los tiempos y a todos los sistemas de vida de los pueblos. Reconoce la existencia de las clases sociales y la lucha de clases, reputando superiores a los propietarios e inferiores, a los obreros o proletarios. Por esta razón los propietarios, como superiores, tienen el poder político en sus manos y mandan a los obreros.

Presenta al Estado como factor que organiza la sociedad civil; y éste no cumple su misión si sirve sólo a una de las clases. El Estado, dice, es una organización que está por encima de las clases y está llamado a armonizar los intereses de éstas y fundamentar la "paz social".

Está contra la monarquía absoluta. Elogia la monarquía constitucional porque está limitada y sometida al Derecho: es la encarnación de la verdadera esencia de la soberanía "sobre clasista"; la que está por encima de todos los intereses particulares; previene contra la opresión de una clase por otra; concibe que realizar los intereses comunes conducen la vida entera del pueblo hacia una "unidad armónica".

II. Doctrina actual del Estado Moderno.

Desde el punto de vista de la Teoría General del Estado, éste, como formación política consta, esencialmente, de tres elementos, a saber: la población, el territorio y la potestad, o sea, el poder político.

1. Población.

La población es un conjunto de hombres, numéricamente estable, políticamente organizados o sea social y jurídicamente diferenciados de otros grupos estatales. De esta manera, el Estado es una comunidad humana, una colectividad social que se sobrepone a otras colectividades de interés privado o de interés público local dentro del ámbito de su dominio jerárquico.

La población constituye la nación, y ésta se define como el conjunto de hombres y de poblaciones (pueblos) que forman un Estado y que son la sustancia humana del Estado. En este sentido jurídico exacto, la palabra nación designa la masa organizada de los nacionales constituidos en la unidad indivisible del Estado. En este sentido jurídico, la nación no es solamente un elemento del Estado, sino que es, por excelencia, el elemento constitutivo del mismo Estado puesto que se identifica con él.

2. Territorio.

El segundo elemento del Estado es el territorio, el cual es la base material del asentamiento de la población y para la convivencia comunitaria. En el territorio la nación realiza su coexistencia, su unidad permanente.

Este territorio debe ser independiente, es decir, un suelo en el cual elgrupo que lo posee como dueño y lo habita debe imponer su propia potestad y a la vez, rechazar toda otra potestad ajena al grupo nacional. Dentro del territorio la potestad del Estado se extiende y se aplica tanto a los nacionales como a los extranjeros.

La relación jurídica que existe entre el Estado y el territorio no es de propiedad, sino de imperio, de soberanía territorial, es decir, una potestad de dominación estatal. El territorio del Estado es un elemento constitutivo de éste y no constituye su patrimonio: es, en consecuencia, parte de su ser y no de su hacer.

El territorio comprende el suelo, el subsuelo, el espacio aéreo, el mar territorial y el zócalo continental correspondiente.

3. Potestad soberana.

El tercer elemento constitutivo del Estado es la potestad soberana.

Es la potestad pública que ejerce autoritariamente sobre todos los individuos que forman parte de la colectividad nacional, su voluntad soberana. Esta potestad soberana debe su existencia a una determinada organización de la comunidad nacional. Esta organización da por resultado las siguientes determinaciones: en primer término la realización de la unidad nacional cuyo fin esencial es la creación de una voluntad nacional única capaz de realizar las gestiones y acciones necesarias para salvaguardar los intereses generales; en segundo lugar,la organización de un poder coercitivo que permita a esa voluntad nacional unificadda imponerse con fuerza irresistible a los individuos que se le opongan, o dicho de manera más integral, a los individuos que forman la nación incluyendo nacionales y extranjeros. Esta potestad, voluntad soberana de dirección y dominio se ejerce en dos sentidos: por una parte, se relaciona con la comunidad aglutinándola en un solo bloque nacional; por otra parte, determina la formulación de preceptos imperativos y obligatorios, y a la vez obliga a los individuos al cumplimiento de estos preceptos.

En contraposición con esta doctrina, algunos autores afirman que el verdadero elemento constitutivo del Estado, en lo que atañe a su "potestad pública", emana de los Organos que la poseen y la ejercen de hecho y que de ninguna manera nace de ella misma ni de la organización de la comunidad. Sin estos Organos, dicen estos juristas, la potestad estatal no tendría realidad efectiva. Seidler es uno de los principales sostenedores de esta posición. Sin embargo, hace estas observaciones que lo contrarían: por una parte sostiene que el pueblo y el territorio son elementos de determinación del Estado en cuanto a su "identidad material"; y por otra, los organos sólo determinan su "forma gubernamental", de tal modo que los Organos pueden variar y hasta cambiar completamente sin que la identidad del Estado se vea por esta circunstancia modificada en lo mínimo.

Por ello se ha objetado que la existencia del Estado es independiente de la existencia de tales Organos, los cuales pueden ser distintos en un momento determinado. Sin duda alguna la "potestad estatal" no es más que una consecuencia de la organización dada a la comunidad nacional; y, en consecuencia, los Organos del Estado son reciprendarios de esa potestad. Pero mientras que la existencia de los Organos es pasajera y eventual, la potestad estatal es permanente, no cambia, es fija como la voluntad nacional que la sustenta. Por esta razón, la mayoría de los autores sostiene que la "potestad estatal" es un elemento constitutivo del Estado, considerando que los Organos sólo son formas de organización indispensables o necesarias para darle movilidad a dicha potestad.

4. Concepto de Estado moderno.

Partiendo de lo expuesto y tomando en cuenta los hechos que constituyen los "Estados", el concepto de Estado puede definirse de la siguiente manera: "Estado es una comunidad de hombres fijados sobre un territorio propio y que posee una organización de la que resulta para el grupo, considerado en sus relaciones con sus miembros, una potestad superior de acción, de mando y de coacción". El tratadista mexicano Adolfo Posada lo define así: "El Estado es una organización social constituída en un territorio propio, con fuerza para mantenerse en él e imponer dentro de él un poder supremo de ordenación e imperio, poder ejercido por aquél elemento social que en cada momento asume la mayor fuerza política". El tratadista francés Henry Capitant dice: "El Estado es un grupo de individuos establecidos sobre un territorio determinado y sujeto a la autoridad de un mismo gobierno". Finalmente, el tratadista argentino Rafael Bielsa en su obra "Derecho Constitucional" se expresa así: "El

Estado puede concebirse, en general, en dos sentidos, en razón de sus elementos constitutivos, a saber:

En sentido material; como el pueblo que constituye una unidad jurídica dentro de un territorio determinado, unidad organizada bajo el imperio de la ley, con el objeto de realizar fines públicos de orden jurídico y social;

En sentido formal, considerado como organización jurídica de la sociedad, es decir, como el conjunto de instituciones jurídicas dentro de un ordenamiento político y administrativo, con un sistema jerárquico de normas y de Organos".

Lo expuesto nos proporciona los elementos indispensables para elaborar un concepto "material" del Estado, el cual resulta completamente de acuerdo con la realidad. Pero el jurista no se conforma con el reflejo de los hechos y necesita hacer una abstracción general de las "relaciones de derecho" o "consecuencias jurídicas" que se derivan de esa realidad, de esos hechos. Desde este punto de vista jurídico, las definiciones apuntadas resultan limitadas; y esta limitación resulta de la circumstancia de que solamente indican los elementos que constituyen el Estado y no determinan lo que es el Estado "en sí", su "esencia", su "ser", lo que contribuye a que "el Estado sea lo que es".

Desde el punto de vista jurídico, la esencia propia del Estado se configura por dos elementos espirituales o ideales que lo hacen permanecer siempre tal cual es: a) la unidad de la comunidad; y b) la potestad estatal.

La "unidad estatal" se constata en el hecho de que, a pesar de la multiplicidad o pluralidad de sus miembros, lo mismo que de los cambios que experimentan estos en el devenir del tiempo, esa unidad se encuentra retrotraída a la voluntad original de su formación y a la voluntad constante de su permanencia. De esta "unidad estatal" o "unidad nacional" surge la imangen de la "personalidad del Estado", el Estado como "persona jurídica".

La "potestad estatal" perfila definitivamente y de modo pleno el concepto de Estado. Porque dentro del Estado existen, además de él, otras unidades corporativas, otras formaciones corporativas de derecho público o sociedades de derecho privado que constituyen también personas jurídicas o morales, tales como los municipios o municipalidades, las fundaciones y las sociedades anónimas, entre otras, las cuales tienen, a su vez, su organización, su unidad y su derecho que les da la capacidad para ser sujetos de obligaciones y facultades.

Entonces, lo que distingue al Estado de todas estas otras personas, es la capacidad de que está dotado para imponerse sobre todos los individuos que componen la población estatal. Esta capacidad de imponerse es la potestad estatal que sólo él puede ternerla. A esta potestad se llama en la terminología jurídica "soberanía".

De lo expuesto en las definiciones que citamos: "En sentido formal el Estado se considera como una organización jurídica de la sociedad, es decir, como el conjunto de instituciones jurídicas dentro de un ordenamiento político y administrativo, con un sistema jerárquico de normas y de Organos; y en sentido material el Estado es un conjunto de individuos asentados en un territorio unificado por la voluntad de realizar un destino común".

Jan Dabin, filósofo y jurista belga, dice: El Estado es una agrupación política por excelencia. "El Estado es el ente de derecho en el cual se resume abstractamente la colectividad nacional". "El Estado es la personificación de la nación". "El Estado es la persona política organizada de la nación".

La doctrina alemana concibe la personalidad jurídica del Estado como un ser jurídico enteramente distinto no solamente de los individuos "uti singuli" que componen la nación, sino aún del cuerpo entero nacional de los ciudadanos.

El Estado, de cuya naturaleza material hemos hablado al referirnos a los tres elementos que lo constituyen: y de cuya esencia hemos expuesto los fundamentos que la configuran al destacar su personalidad jurídica y su potestad o soberanía, tiene su "causa final" o teleológica cuando se encamina a realizar determinados propósitos, esos propósitos o finalidades son, para unos "el bien común", en general, y para otros, la justicia (dar a cada quien lo que le pertenece en derecho) , la seguridad, el orden, la paz, en definitiva, el bienestar y la felicidad.

Para realizar estos fines el Estado moderno se organiza en tres poderes, según la doctrina moderna que proviene del Estado francés originado en la revolución francesa de 1789. Esos tres poderes son el Poder Legislativo cuya función es la de elaborar las leyes o normas generales que regirán los destinos de la nación y del Estado; el Poder Ejecutivo que se encargara de darle cumpliento a las leyes por medio de la gestión administrativa contando con facultades para desarrollar dichas leyes por medio de la función reglamentaria; y el Poder Judicial que tiene la facultad o función jurisdiccional o sea la facultad de administrar justicia de conformidad a las leyes.

Todo lo expresado se refiere a un concepto del Estado Moderno, el cual dentro del sistema capitalista se halla materializado en la forma dicha, tanto en los regímenes monárquicos constitucionales como en los regímenes republicanos. Sobre otras formas de Estado en la época contemporánea hablaremos en las páginas siguientes.

CAPITULO VII.

EL ESTADO RACISTA.

I. Teóricos del Estado Racista.

1. Antecedentes.

Algunos autores sostiene que la ideología racista se remonta hasta los más lejanos tiempos de la antiguedad, poniendo, por lo menos, como punto de arranque la conquista y colonización de los pueblos de la India realizada por los arios, que en lenguaje sáncrito significa "noble". Los arios, de origen caucásico, procedían del norte y basados en sus tradiciones lo mismo que en la belleza y fortaleza de su raza implantaron en la tierra conquistada un régimen de castas que perduraría desde unos 1,200 a unos A.C., más o menos, hasta principios del siglo XX de nuestra era.

Tambien apoyan su opinión en la conducta del pueblo judío a través de su azarosa historia en la que se aprecia la idea de que considerándosel "pueblo escogido del Dios único" para erigirse en "dueños y señores del mundo", siempre han rehusado mezclarse con otros pueblos o razas, manteniendo, además de la pureza de su sangre, sus tradiciones religiosas y civiles, a pesar de todas sus vicisitudes.

Pero la idea del Estado Racista y nacionalista adquiere en el mundo moderno y contemporáneo una clara orientación no sólo de supremacía racial sino también de una decisiva orientación política encaminada a la dominación imperialista de los llamados pueblos inferiores.

La teoria del Estado racista se fundamenta en la concepción de las diferencias biológicas y psíquicas de las diversas especias de la raza

humana, lo cual da la base para la construcción de una comunidad "nacional" o sea, de un Estado Nacional, exclusivo y propio de la raza; formado o constituido sólo por elementos de la raza dominante. En este sentido se dan históricamente clases de "tendencias ideológicas del Estado racista" claramente definidas en sus proyecciones históricas. Estas dos concepciones ideológicas del racismo estatal las denominamos nosotros de la siguiente forma: a) El Estado racista puro; y b) El Estado racista mesiánico. Ambos sustentan el principio de la supremacía racial y el propósito de la dominación de los demás pueblos de la tierra. El segundo, además sustenta la idea de esta predestinado por naturaleza y por Dios para cumplir el designio de la dominación mundial.

Ejemplo del Estado racista puro los tenemos en el régimen de casta de la India y en el régimen surafricano del "Apartheid"; y del Estado racista mesiánico en el Estado hebreo antiguo, en el Estado sionista moderno y en el Estado del Tercer Reich Hitleriano. Hablaremos, en síntesis del Estado del Apartheid y del Estado Nazi.

2. Spencer.

Otros de los fundamentos de la teoría racista están considerados en las doctrinas de la biología cuyas consquistas en el siglo pasado dieron gran impulso al conocimiento científico del hombre en cuanto ser natural. Entre esas doctrinas es bastante divulgada la de la herencia que tiende a demostrar la imposibilidad de la evolución de la especie humana y la ineluctable ley de la desigualdad de los hombres, y, por ende, de la desigualdad social. Pero así mismo, utilizan la doctrina de Darwin sobre la lucha por la existencia para demostrar que en esta lucha predomina el más fuerte biológicamente, como el capaz para resistir y para imponer ante los otros, de modo que también, en esta forma quedan justificadas las guerras de conquista y de agresión en contra de los pueblos que están destinados a vivir ineluctablemente sometidos a los conquistadores. A esta aplicación de las doctrinas de Darwin se le da el nombre de "Darwinismo social".

Es también utilizada la teoría organicista del sociólogo filósofo inglés Herber Spencer, quien concebía a la humanidad "como un organismo viviente". En este sentido se hace hincapié en concebir el Estado como una especie de organismo gigante, al cual se le aplican todas las leyes propias de un organismo viviente; y todo para justificar una política exterior de agresión, conquista y colonización. Las doctrinas de Spencer han sido aceptadas y desarrolladas por el biólogo sueco Keller en una obra titulada "El Estado como vida".

3. Malthus y su influencia.

Otra corriente utilizada por los racistas es la doctrina de Malthus quien expuso hace unos ciento cincuenta años que existe una ley biológica, natural, que consiste en que la población tiende a crecer o desarrollarse más rapidamente, en progresión geométrica, que la elaboración de alimentos, cuyo desarrollo es más lento, en progresión aritmética, de modo que las crisis sociales, la falta de alimentos para las masas trabajadoras, no obedece a una ley social sino a una ley natural y biológica, a la cual no puede controlar ningún régimen político social. Malthus agregaba que debía de limitarse las uniones matrimoniales para limitar los nacimentos y que las epidemias y las guerras eran beneficiosas para la humanidad. Sobre las teorías de este autor, los racistas sostienen la necesidad de guerra de exterminio de la población inferior, de los pueblos atrasados. Así lo expone el escritor norteamericano William Vogot, en su libro "El Camino de la Esclavitud" en donde sostiene que existe lo que el llama "ley de la fertilidad consumida de la tierra", la cual exige que los excedentes de la población humana, vuelvan al seno de la tierra para devolverle a ella su perdida vitalidad o fertilidad. Para este fin recomienda el exterminio de las poblaciones de la Unión Soviética, la de China y la del Japón, y como consecuencia, la ocupación de los territorios por los imperialistas norteamericanos (Vogot proclama sin ambages el desencadenamiento de una guerra mundial en la que se empleen los medios de exterminio masivo y es indudable que este exterminio va encaminado a diezmar o a destruir completamente a los pueblos de las razas inferiores).

4. Gobinneau.

El aristócrata francés conde José Arturo de Gobinneau (1816-1882), es uno de los primeros expositores de las teorías sobre el Estado nacionalista y racista, en el transcurso del siglo XIX. Ya hemos visto las teorías filosóficas de Fichte y de Hegel sobre el Estado nacionalista, que fueron expuestas por ellos a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, las cuales, juntamente con la teoría sobre "el espíritu del pueblo" que preconiza la Escuela Histórica del Derecho sentaron las bases ideológicas del Estado nacionalista y racista de la monarquía feudal prusiana. El conde de Gobinneau es autor de varios libros y ensayos, destacándose en su producción la obra titulada "Experiencia sobre la desigualdad de las razas", en cuatro tomos, en la que trata de explicar que la marcha de toda la historia humana obedece a las peculiaridades de las razas y de los pueblos. Factor importante en esta distinción es el concepto de "pureza" de las razas y de "mezcla" de las razas, comprendiendo en su conjunto a estos dos conceptos bajo el nombre de "química de razas".

Para Gobinneau existió en los tiempos primitivos una raza humana única que él denomina "Adánica", desconocida hasta hoy por todos los estudiosos de la Antropología. Según nuestro entender el nombre lo ha tomado de Adán, el primer hombre existente en la tierra, según el Génesis (primer libro de la Biblia, escrito por Moisés) por lo que pensamos que este autor elaboró sobre esta base su famosa tesis. Esa supuesta raza humana única, sin divisiones como las que posteriormente surgieron era totalmente "pura". Según este autor, más tarde aparecieron las razas amarilla y negra con las que se formó un conjunto de tres razas humanas principales, cuya mezcla ha dado origen a las anteriores divisiones de la humanidad.

Gobinneau sostiene que la pureza de la raza influye de manera decisiva en las cualidades físicas y psíquicas de las razas y de los pueblos; cuanto más pura es la sangre de una raza ésta es más perfecta; cuando es pura, los miembros de una raza tienen un mismo modo de pensar y de actuar, sus costumbres y tradiciones son constantes, sus instituciones son inmutables.

Atribuye este autor a la "mezcla de razas" los cambios en la historia, las revoluciones, el desarrollo social. Dice que la democracia es un producto degenerado de esa mezcla y deplora su acrecentamiento indeclinable en la Europa de su tiempo. "La falta de homogeneidad de la sangre, escribe, crea discrepancias en las concepciones; a consecuencia de la mezcla de razas, se produce la degeneración, la confución, elestancamiento morboso". "Se manifiesta, afirma, el espíritu de frivolidad, el mezquino carácter voluble".

Clasifica basado en su juicio personal, a unos pueblos como "puros" y otros como "impuros" o "mezclados". Señala a la raza blanca como la más pura, la cual se distingue entre todos, por su belleza, inteligencia, valor, sentido del honor y conciencia de los grandes valores ideales de la vida. Sostiene que el sitio más importante de la tierra es el lugar ocupado por los hombres blancos. Dice que los Esclavos constituyen los grupos humanos más seniles, más exhaustos, más degenerados; mientras que los "germanos", a pesar de que no son "arios puros", son en la actualidad los mejores representantes de la raza blanca superior.

5. Gumplowicz.

El jurisconsulto y sociólogo polaco, natural de Cracovia, Ludwik Gumplowicz (1838-1909) , sustentaba ideas racistas en cuanto a la concepción del Estado, del derecho y de la historia. Su teoría trata de

presentar los más importantes fenómenos de la vida social, (como el aparecimiento de las clases sociales, de la propiedad privada, del Estado, del derecho, etc.) como una consecuencia de la lucha entre tribus de diferentes razas, como resultado de la conquista de los pueblos más fuertes sobre los más débiles, o sea de la dominación de los racialmente superiores sobre los racialmente inferiores.

Siguiendo al alemán Rodolfo Von Ihering, sostiene que el Estado es una organización basada en la fuerza y que su papel, su más importante función, está encaminada a aplastar las pretensiones de las clases dominadas y a la dominación de las razas inferiores. En su libro "La lucha de las razas" sostiene que el motor de la historia son las relaciones entre las razas, que dichas relaciones son las que dirigen y aceleran todo el progreso de la historia humana y forman el movimiento eterno de la evolución de la humanidad; que todas las contradicciones sociales son el resultado de las luchas entre tribus y razas antagónicas; que la lucha por la dominación social, es el factor más importante de la evolución social; que la violencia, la conquista, es el factor primario en el desarrollo de la historia; que el crecimiento de la población obliga a los pueblos a luchar por el ensanchamiento de las fronteras de sus respectivos estados; que el sometimiento de unos contribuye al establecimiento de los superiores y a la formación de determinadas clases sociales y del Estado. En su obra "Teoría del

Estado" dice que los vencedores forman la clase gobernante y que los vencidos la clase sojuzgada; que también el Estado surge como consecuencia de la violencia y de la conquista; y que la esencia del Estado consiste en ser "una organización de dominación surgida de modo natural y predestinada para la salvaguardia de un determinado orden legal".

Esta teoría del surgimiento del Estado y de las clases como resultado de la violencia y de la conquista, fue apoyada por el sociólogo, filósofo y jurista austriaco Carlos Kausiky, después de haber renegado del marxismo.

6. Nietszche.

Federico Guillermo Nietszche (1845-1900), es otro de los autores partidarios de las teorías racistas que tanta divulgación han tenido en las últimas décadas del siglo pasado y en todo lo que va del presente. Nietszche es autor de muchas obras en donde da curso a sus ideas, siendo todas notables y de las cuales citaremos las siguientes: "Humano, demasiado humano", "Más allá del bien y del mal", "Así hablaba Zaratustra", "El origen de la moral", etc.

Nietszche cree en una raza de superhombres y en una de esclavos; considera que existe una aristrocracia de hombres selectos y que esa casta son los alemanes; que la casta de hombes superiores está destinada a mandar y tiene voluntad de poder. Ataca a la democracia y desdeña al pueblo a quien llama despectivamente populacho, horda, raza de esclavos.

La moral cristiana la denomina "moral de esclavos"... Dice que la ley superior de la vida es la desigualdad de los hombres; y con base en dicho concepto formula su teoría del "superhombre" ensalzando desde el punto de vista del "darwinismo social" al "animal de piel blanca" que sin duda alguna es una referencia directa al supuesto ario alemán de "raza pura". También considera a los japoneses como hombres de raza superior. Al igual que todos los racistas alaba la guerra considerándola como un medio de depuración de la humanidad.

7. Chamberlain.

Houston Stewart Chamberlain, aristócrata inglés (1855-1927), ha sido también otro importante partidario de la doctrina racista y ferviente propagador de sus principios. Fue tanta la admiración que tuvo por el pueblo alemán que optó por esta nacionalidad y sus obras las escribió en idioma alemán. Entre otras puede citarse "Los Fundamentos del Siglo XIX" en la que habla de la superioridad racial de los "teutones" del "genio organizador y regenerador del pueblo teutón" y de la fuerza dominante del nacionalista alemán. Chamberlain se refiere a una pretendida "raza nórdica" y distingue al grupo que él denomina "nórdico teutón", rechazando el término "ario" por considerarlo aconvencional. La raza nórdica-teutónica ha regenerado, salvado y rejuvenecido a la civilización occidental y está llamada a crear un nuevo mundo con un nuevo orden social. Predica un desprecio aristocrático contra las razas inferiores que forman los pueblos atrasados. Entre los pueblos o razas que más ataca como inferiores es al pueblo judío y en general a todos los grupos humanos de origen semita.

II. El Estado del APARTHEID.

1. Orígenes de la Unión Sudafricana y del Apartheid.

La palabra "Apartheid" es un término inglés generalizado en el lenguaje político, cuyo significado es apartar, separar... En la práctica constituye un régimen de excepción practicado en Rodhessia (ahora Zimbawe, libre de ese régimen) y en la UNION SUDAFRICANA formada por las provincias (anteriormente repúblicas) de El Cabo, Orange,Transvaal y Natal, en donde el poder político está concentrado y detentado desde hace decenas de años por minorías blancas que discriminan de una manera radical a los extranjeros y segregan sin consideración alguna a las grandes mayorías de las poblaciones de color de diferentes troncos étnicos (negros, chinos, indúes, árabes, etc. ).

La Unión Sudafricana es una República que forma parte de la comunidad británica y su proceso de formación constituye una de las etapas más dramáticas de la dominación inglesa en el continente negro. En el siglo XVII, en el año 1650 comenzaron a establecerce en las costas sureñas de lo que ahora es el territorio de El Cabo cientos de campesinos holandeses llamados "Bóers", quienes quedaron definitivamente instalados en diversos sectores en el año 1652. Fundaron allí prósperas colonias que en poco tiempo adquirieron fama por su laboriosidad y por el notable desarrollo de las explotaciones agrícolas y ganaderas, al punto que atrajeron la atención, la envidia y la avaricia de los británicos que en ese entonces iniciaron la formación de su vasto imperio colonial. En 1697 comenzaron los ingleses a hostilizar a los bóers pero estos se defendieron con tenacidad y efectividad, logrando consolidarse en las tierras adquiridas y fundaron repúblicas independientes que Inglaterra se vió obligada a reconocer.

Sin embargo, atraídos por la riqueza de los territorios, muchos extranjeros (entre ellos muchos ingleses), en el siglo XVIII se fueron estableciendo en la parte sur del continente y alquilaban sus servicios a las diversas explotaciones; pero no obstante su asentamiento en el lugar, siempre fueron considerados por los bóers como extranjeros y nunca obtuvieron ellos ni sus descendientes los derechos de ciudadanía ni derechos civiles ni políticos. Este es el origen del régimen político del "Apartheid".

Los ingleses organizados comenzaron de nuevo a presionar a los bóers obligándolos a internarse en el suelo africano. Así fue como éstos fundaron las repúblicas del Transvaal, Orange y Natal.

En 1815 el Congreso de Viena concedió a Inglaterra su potestad sobre el territorio de El Cabo.

En 1849 Gran Bretaña se anexó a Natal y parte de Zutulandia y luego invadió y se posesionó de los territorios de Orange y Transvaal. Los bóers, celosos de su independencia sostuvieron nuevamente una tenaz resitencia obligando otra vez a Inglaterra a que les reconociera su status republicano. En 1877 una misión británica capitaneada por un coronel se apoderó de Pretoria, capital de la república de Transvaal y declaró que Transvaal y Orange quedaban anexados al dominio de la Gran Bretaña; pero nuevamente, los bóers en una lucha de más o menos cuatro años hasta 1881 volvieron a quedar independientes. En 1899 vuelve Inglaterra a querer establecer su poderío en el Transvaal y Orange iniciándose así el período que es conocido por "Guerra anglo-bóers", el cual terminó con la dominación de éstos, estableciéndose en 1906 su anexión a la colonia de El Cabo y posteriormente, en 1910, la creación de la República denominada Unión Sudafricana, con una Constitución análoga a la de Canadá y formada por los territorios de El Cabo, Orange, Natal y Transvaal. Finalmente por el Estatuto de Westminter, sancionado en 1931, la Unión adquirió su pleno status de dominio de la comunidad Británica; pero ya desde 1920 había recibido de la Sociedad de las Naciones como protectorado los territorios de Africa Occidental que hasta el total desarrollo de la primera guerra mundial habían sido dominio colonial del Imperio Alemán.

Pues bien, en esos territorios de 1,300,000 kilómetros cuadrados, habitados por una población de más o menos 24,000,000 de personas en donde hay una minoría blanca de aproximadamente tres millones de personas, el poder político es ejercido unicamente por la minoría blanca en su mayoría ingleses y holandeses. Estos practican la política del "Apartheid", del racismo y del colonialismo.

2. Características del Apartheid.

El "Apartheid" consiste en un régimen en el cual la población de color

carece de derechos de toda clase: civiles y políticos. Solo los blancos

tienen todas las ventajas y privilegios resultantes de la administración autónoma otorgada a estas colonias del dominio inglés.

He aquí las características esenciales del "Apartheid":

Es racista, o sea que discrimina las razas, creen en la superioridad racial de la raza blanca sobre las demás estructuras étnicas y en consecuencia, desprecia, persigue y explota a las razas inferiores (de color) a quienes no concede ninguna clase de derechos.

Consecuentemente con esta política discriminativa de las razas, en el régimen del "Apartheid" las razas de color no tienen derechos civiles en lo relativo a la propiedad y a lo contractual; lo mismo que no tienen ninguna clase de derechos políticos.

Precisamente, en lo que se refiere a derechos políticos, los individuos de color no tienen derecho a elegir a representantes en el Gobierno, pero si están obligados a elegir a representantes blancos.

El racismo y el "Apartheid" ha sido y es practicado aún en otras partes del mundo, aún en nuestra América y en nuestros días. En tiempos de Mussolini y de Hitler tuvieron una de sus formas más fieras de expresión.

Los ideólogos del racismo y del Apartheid, en diferentes países de la tierra, presentan al proceso histórico de la humanidad, como resultado de la lucha de razas, de la lucha entre pueblos, considerando la guerra entre naciones como el factor más importante en el desarrollo social, económico y político de la humanidad. Estos teóricos del racismo y el Apartheid proclaman la desigualdad psíquica de los hombres, poniendo a la raza blanca como la única capaz de lograr un desarrollo superior debido a una conformación biológica diferente de los demás individuos "de color". Esta es la base ideológica con que alegan la desigualdad social de los pueblos y el sometimiento colonial de las naciones.

En la conferencia mundial contra el racismo, el apartheid y el colonialismo, celebrada del 20 al 26 de agosto de 1978 en Ginebra, Suiza, por las Naciones Unidas se llegó a la siguiente conclusión: El racismo y el régimen del apartheid son teorías cientificamente falsas, moralmente inhumanas, sociológicamente injustas e históricamente caducas...

III. El Estado NAZI.

1. Doctrina básica del Estado nazi.

La doctrina del Estado racista puro del Tercer Reich alemán se encuentra profundamente detallada en la obra "Mein Kamp" (Mi Lucha) del político austro-alemán Adolfo Hitler, quien fue, precisamente jefe del Partido Nacional Socialista Alemán y jefe del Tercer Reich desde 1933 a 1945.

"Un decreto bien hecho del destino me hizo nacer en Braumau, sobre el Rhin. Esa pequeña ciudad se encuentra en la frontera de esos dos Estados alemanes cuya reunión nos parecía, a nosotros, obra de la joven generación, que era la obra que deberíamos realizar por todos los medios posibles. La Austria alemana debería volver a la gran madre patria alemana... LOS HOMBRES DE UNA MISMA SANGRE DEBEN PERTENECER A LA MISMO REICH. Por eso la pequeña ciudad fronteriza de Braumau, se me mostraba como el simbolo de UNA GRAN MISION"...

Así comienza la obra de Hitler, que escribió en la prisión de Landsberg del Lech, en Baviera, cuando cumplía una condena de cinco años por el fracasado golpe de Estado en Munich el 9 de noviembre de 1923.

Hitler cree que la misión de toda su vida estaba ya escrita o determinada en el lugar mismo donde nació: Y ESTA MISION era la de hacer triunfar contra todas las leyes falsas y artificiales UNA LEY NATURAL Y SAGRADA: La ley de la COMUNIDAD DE SANGRE.

Hitler se dice "elegido del Cielo para proclamar la voluntad racista del Creador".

Hitler arremete contra todos los altos valores conquistados por la civilización: "La nación -dice- es una invención de las clases capitalistas; la patria, instrumento de la burguesía para la explotación de la clase obrera; la autoridad destinada a producir un material humano de esclavos, y también de guardianes; la religión, medio de debilitar al pueblo para mejor explotarlo a continuación; la moral, principio de estúpida paciencia para uso de borregos"...

"En política -piensa Hitler- triunfa sólo el que es brutal e intolerante; la masa tiene horror a los débiles y a los tibios; la masa se somete a las fuertes, al hombre entero, fanático, que infunde miedo y terror".

"El terror en el trabajo, en la fábrica, en los lugares de reunión y con ocasión de los mítines tendrá pleno éxito mientras un terror igual no le obstruya el camino (...) Si a la socialdemocracia se opone una doctrina mejor fundada, ésta vencerá, aunque la lucha sea dura, a condicion, sin embargo, de que actue con la misma brutalidad".

Hitler cree que la socialdemocracia, que el marxismo, es una invención interesanda de los judíos y que la jefatura de tal movimento está en manos judías con propósitos inicuos... Por eso, además de predicar la constitución de un Estado racista alemán, proclama la destrucción del judícomo la destrucción del movimiento del proletariado mundial. Todo el mal viene del marxismo, pensaba Hitler, doctrina de un judío, forjada para establecer el dominio de los judíos sobre todos los pueblos: con este designio, el marxismo rechaza el principio aristocrático, único, conforme a la naturaleza de la dominación de la raza más fuerte y de los fuertes; con ese designio nefasto oponía el mayor número, el peso inerte de la masa, al derecho eterno de la superioridad de los fuertes; con ese designio fatal negaba la personalidad humana, y, sobre todo, reafirmaba la importancia de la superioridad de los fuertes por la sangre, por la raza, por la supremacía étnica; con ese designio ocultaba al hombre la condición primera de su existencia y de su civilización. Marxismo y judaísmo: he aquí la doble amenaza que se cierne para acabar con la existencia del pueblo alemán.

Otro problema fundamental que acomete la teoría del Estado racista alemán de Hitler, es el del "Parlamentarismo", o sea, uno de los fundamentos del Estado moderno. Hitler siente repulsión ante el funcionamiento del Reichstat en Viena: es un espectáculo lamentable y risible, gente en masa que se interpela hablando alemán unos y una lengua eslava o dialecto otros, es decir, mezcla de razas, o sea, nacionalidades distintas, por otra parte, se habla de "Democracia" parlamentaria, lo cual, en sí, es radicalmente pernicioso: tiene primacía la decisión de la mayoría sobre el concepto de la responsabilidad del líder, va contra el espíritu aristocrático de la naturaleza; la democracia prepara el terreno el triunfo del marxismo; es un absurdo pensar que el genio pudiese ser el fruto del sufragio universal. Todo lo extraordinario que se ha realizado desde que el mundo es mundo, es producto de acciones individuales.

2. Concepciones y políticas principales.

El Estado Nacional Socialista del Tercer Reich alemán es una concepción del mundo que puede reducirse a dos conceptos fundamentales: nacionalista racista y cuestión social obrera sin lucha de clases.

En cuando a política interior, el Estado Nacional Socialista, se proponía:

La regeneración racial. Esto implica a la distinción tajante entre alemanes y no alemanes. El hombre de sangre alemana es el único que puede ostentar la ciudadanía alemana, el único que puede ejercer las funciones públicas del Estado; y los no alemanes son aquellos que tiene sangre distinta del teutón o germano, entre ellos judíos, los eslavos, etc. Ellos no son ciudadanos en Alemania y pueden ser sometidos a la expulsión eventual;

Protección de la madre y del niño alemán;

Obligatoriedad a la educación física y deportiva;

Educación orientada con sentido práctico y con la idea de inculcar el concepto de un Estado racista, nacionalista y dominador o conquistador;

Lucha contra el parlamentarismo, contra el judaísmo, el materialismo, contra la mentira política voluntaria en la prensa; sustitución de la prensa judía por una prensa genuinamente alemana;

Sustitución del derecho romano universal y materialista por un derecho común alemán;

Proclamación de la necesidad de una vigorosa centralización del Reich;

Libertad de todo culto religoso en el Estado, bajo las condiciones de suprimirlos en el caso de que ponga en peligro la existencia del Estado y de que no convenga su existencia por contravenir los sentimientos de decencia y de moralidad de la raza germánica.

En materia de derecho internacional, el Estado Nacional Socialista se pronuncia en este sentido:

Reunión en una sola patria de todos los alemanes regados por todo el mundo, en diferentes Estados, es decir, ostentando diversas nacionalidades (Austria, Polonia, Hungría, etc.). Así se forjaría la Gran Alemania, sobre la base del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos;

Igualdad de derechos para la nación alemana en relación con las demás naciones;

Supresión del Tratado de Versalles;

Restitución de las colonias alemanas a la nación alemana para darle cabida a los excedentes de población por la vía de la colonización (Lorena en Francia, los Sudetes en Checoslovaquia y Africa Sudoccidental).

En el plano social, afirma el Estado Nacional Socialista ser socialista y en lo económico, ser anticapitalista y se propone los siguientes objetivos:

Creación y protección de una pujante clase media sana, en oposición al marxismo que plantea la abolición de las clases como una ley del determinismo histórico;

Aniquilamiento o destrucción de las grandes fábricas y empresas y medidas de protección para las empresas pequeñas y los artesanos;

Reforma agraria que comprende la apropiación gratuita del suelo en interés general y la prohibición de toda especulación inmobiliaria;

Supresión de todas las rentas adquiridas sin trabajo, la abolición de la esclavitud de los tantos por cientos y de todos los intereses y la estatización de los trust.

De acuerdo a Feder, economista oficial del Tercer Reich, el Estado Nacional Socialista distinguí a tres clases de capital: el capital financiero prestamista; el capital acaparador judío; y el capital bienhechor y creador, puramente alemán o ario.

CAPITULO VIII.

EL ESTADO FASCISTA.

1. Elementos teóricos del Estado Facista.

La teoría del Estado Fascista está expuesta en la obra titulada "El Fascismo", cuyo autor es Benito Mussolini (1883-1945) quien también fue Jefe del Pardito Fascista de Italia y Jefe del Gobierno Italiano desde 1922 hasta el año de su muerte en 1945. La obra consultada es la que el mismo Mussolini redactara para la Enciclopedia Italiana y cuya edición española fuera prologada por José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador español General Miguel Primo de Rivera) quien fue jefe de la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. La obra está dividida en dos capítulos: en el primero trata Mussolini las "Ideas fundamentales" de la doctrina fascista y en el segundo la "Doctrina Política y Social" del Estado Fascista.

El capítulo primero comprende los siguientes temas:

El fascismo como filosofía: el fascismo es práctica y pensamiento, acción animada por una doctrina y doctrina que ha nacido de un sistema dado de fuerzas históricas, al cual se halla íntimamente ligado y del que toma su impulso interior. Las contigencias de lugar y tiempo determinan en su forma; su contenido ideológico encierra verdades axiomáticas que lo elevan al rango superior del pensamiento humano.

En el Estado no existe ningún concepto que no sea fundamentalmente un concepto de la vida, un pensamiento vital. La intuición y la filosofía son sistemas de ideas que se traducen o bien en una construcción logicista o en una fé, o sea, que virtualmente se convierten en una concepción del mundo y de la vida.

Concepción espiritualista: Para el fascismo el mundo no es este mundo material en que el hombre es un animal egoísta, dedicado al placer momentaneo y gobernado por la ley natural de las apetencias sensuales, lo que de esta manera vive separado de los otros hombres y guiado sólo por sus instintos biológicos.

El hombre del fascismo es el individuo que a la vez es nación y patria. Esto significa la compresión de una ley natural que junta al individuo aislado con su generación en el doble juego de la tradición de las viejas generaciones y con la misión histórica que a cada generación le toca que cumplir.

Concepción positiva de la vida como lucha: El fascismo quiere un hombre activo, un hombre consagrado a la acción, con todas sus energías, un hombre viril, fuerte y conciente de las dificultades que se le presenten y con ánimo dispuesto para eliminarlas y superarlas.

El fascismo concibe la vida como la lucha que toca al hombre conquistar una existencia digna, estando, en primer lugar, la tarea de construir en sí mismo, el instrumento físico (de su cuerpo) y psíquico (moral, intelectual, político) para edificar la vida: es una concepción exacta para los intereses del individuo, de la nación y de la humanidad.

Concepción ética: El fascismo aspira a una vida seria, austera, consagrada al trabajo con un espíritu de religiosidad. La vida debe estar entregada por entero a las fuerzas morales y responsables del espíritu. El fascismo repudia y menosprecia la vida cómoda.

Concepción religiosa: El fascismo condiera al hombre, desde el punto de vista místico, en su relación inmanente con una ley superior, con una voluntad suprema y objetiva que trasciende al individuo como tal y eleva a miembros conscientes de una sociedad espiritual.

El fascismo es no solo un sistema de gobierno, sino ante todo, un sistema de pensamiento.

Concepción histórica y realista: El fascismo concibe al hombre únicamente inmerso en el proceso espiritual del grupo familiar, de la sociedad y de la nación a que pertenece, los cuales verifican su proceso histórico en colaboración con las demás naciones. En este aspecto es de gran valor la tradición en las costumbres, las normas de conducta social, en el idioma, en la religión, etc.. El hombre es un ser nulo fuera del proceso histórico.

Políticamente el fascismo quiere ser doctrina realista y aspira a resolver en la práctica los problemas que se plantean históricamente, por sí mismo y que muestren o sugieran su propia solución.

Anti individualismo y libertad: El Estado fascista tiene una concepción anti individualista de las relaciones sociales. En ellas el individuo es, en cuanto coincide con el Estado, es decir, que el individuo realiza como una conciencia y una voluntad universales, en su existencia histórica.

El fascismo es partidario de la libertad en el sentido de que la practique el hombre real y no en el sentido que la predicaba de modo abstracto el liberalismo individualista... La única libertad de que puede hablarse es la libertad del Estado y la del individuo dentro del Estado. Para el fascismo todo está dentro del Estado: nada material ni espiritual están fuera del Estado.

En este sentido el fascismo es total, totalitario: El Estado fascista es la síntesis y unidad de todos los valores: él intepreta, desarrolla y patentiza toda la vida del pueblo.

Antisocialismo y Corporativismo: Para el Estado fascista no hay individuos ni grupos; es decir, el individuo solo, aislado, no cuenta; ni tampoco tienen existencia los partidos políticos, las asociaciones, los sindicatos, los gremios, las clases sociales, fuera del Estado. El Estado es fuente de los grupos en una unidad económica y moral que sirve los intereses generales de la nación.

Es contrario al socialismo porque éste paraliza el proceso histórico en la lucha de clases; se opone al sindicalismo clasista. Para resolver los problemas señalados por el socialismo y el sindicalismo clasistas, ofrece la organización del Estado Corporativo en donde los intereses contradictorios se concilian en la unidad económica y moral del Estado.

Democracia y Nación: Para el Estado facista los individuos constituyen las clases según la categoría de los intereses y se indican conforme las diferentes actividades económicas interesadas. Pero ellos constituyen el Estado, el cual no es ni el número ni la suma de los individuos que forman la mayoría de un pueblo. Por eso el fascismo es contrario a la democracia, porque ésta confunde al pueblo con la mayoría y lo equipara a ese nivel. El fascismo concibe el pueblo cualitativamente. Como idea moral, poderosa, coherente, verdadera, que se encarna en el pueblo mismo como conciencia de los pocos, o incluso de uno; como ideal que tiende a realizar en la conciencia y en la voluntad de todos. De todos los que por naturaleza e historia étnicamente constituyen una nación, siguiendo idéntica línea de evolución y de formación espiritual, como una sola conciencia y voluntad.

Concepto de Estado: El fascismo concibe al Estado como voluntad ética universal creadora de la nación y del derecho. El Estado le da al pueblo conciencia de su unidad moral, una personalidad propia, es decir, una verdadera y efectiva existencia.

El Estado ético: La Nación como Estado es una realidad ética que vive y existe en cuanto se desarrolla. El Estado como voluntad ética tiene dos aspectos:

Es autoridad que gobierna y da forma legal y valor de vida espiritual a las voluntades individuales;

Es potencia que valoriza su voluntad al exterior, haciéndola reconocer y respetar, demostrando con los hechos la universalidad de todas las determinaciones necesarias de su desarrollo.

Contenido del Estado: El Estado fascista constituye la más elevada y poderosa personalidad; es una fuerza en la que resumen todas las fuerzas de la vida moral e intelectual del hombre. Es forma y norma interior: una disciplina de toda persona. El Estado penetra en la voluntad y en la inteligencia... Es el alma del alma.

La autoridad: El Estado fascista se desenvuelve en los aspectos siguientes:

Es legislador y fundador de instituciones;

Es educador promotor de la vida espiritual; y

Quiere rehacer el contenido moral del hombre: el carácter, la fé.

Y para realizar esos fines quiere autoridad y disciplina que penetren en los espíritus y dominen rivalidades. Por eso, el símbolo y emblema del fascismo es el "fascio littorio" que representa la unidad, la fuerza y la justicia.

2. Postulados imperialistas del estado FASCISTA.

En el Capítulo II, Mussolini comienza haciendo una síntesis sobre los

orígenes y desarrollo de la doctrina fascista; y luego, en otros parágrafos comenta temas que, en parte, son nuevos y en parte, son

repeticiones o aplicaciones de los ya vistos en el capítulo que hemos

resumido en apretada síntesis. De este capítulo sólo mencionaremos los nombres de los temas, por no ser necesario su desarrollo para los fines de este trabajo. El contenido es el siguiente:

El fascismo es partidario de la guerra y contario al pacifismo. Concibe la vida como lucha y como deber.

La política demográfica del fascismo en relación al prójimo es la de la dominación de éste cuando haya necesidad de la supervivencia del fascista.

El fascismo es contrario al materialismo histórico y a la lucha de clases.

El fascismo es contrario a las ideologías democráticas. La democracia es un absurdo filosófico, social y político.

El fascismo siempre va hacia adelante. Jamás retrocede en el curso de la historia. Su contenido y su forma es una superación de la democracia liberal, cuyo ciclo comenzado en la revolución francesa de 1789 está definitivamente clausurado por el paso de las conquistas sociales.

En relación con el Estado liberal que pone por base al individuo, el Estado fascista opone la unidad total de la nación; y por eso el Estado fascista es una unidad fuerte, poderosa y orgánicamente enlazado con el pueblo en lo político, social, cualtural y económico.

El Estado fascista considera la religión como una de las más grandes manifestaciones del espíritu, y por eso reconoce a la Iglesia católica como un baluarte de la fé y de la espiritualidad.

El Estado tiene una voluntad imperial y exige una disciplina de mando. El no es solo una expresión territorial, militar o mercantil, sino espiritual y moral. El imperio es la tendencia de las naciones a la expansión como una manifestación de vitalidad. Por el contrario, el sometimiento es un signo de decadencia.

Los pueblos que nacen y renacen son imperialistas. Los pueblos que perecen son los que renunciaron al enfrentamiento y a la lucha que la naturaleza impone a todo organismo viviente. El imperio requiere disciplina, coordinación de esfuerzos, deber y sacrificio.

CAPITULO IX.

EL ESTADO IMPERIALISTA.

1. Concepto inicial de imperialismo.

La palabra imperialismo tiene su origen en el vocablo latino "imperium", que quiere decir "dominio, mando, alteza, autoridad".

En la historia política tradicionalemente ha significado: estado gobernado por un emperador; estados sometidos a una soberanía común; y, por extensión, Estado de gran potencia, aún cuando el mandato no sea ejercido por un emperador. Estas definiciones, aunque adecuadas etimológicamente para expresar el concepto de dominación superior, no se ajustan, en su totalidad a los procesos de cambios de la historia universal, ya que justamente el vocablo tiene significado doble:

En el sentido tradicional, que es el contenido en las definiciones apuntadas, significa "política exterior" caracterizada por las conquistas coloniales, el militarismo y el sojuzgamiento de otros Estados; por la vía militar, son ejércitos permanentes al servicio del Estado imperial;

En sentido económico, el término imperialismo significa "la fase superior y final del capitalismo", cuyas características generales son: la concentración de la producción y el capital en pocas manos y la sustitución de la libre competencia o concurrencia por el dominio de los monopolios.

Examinemos a grandes rasgos estas dos acepciones.

2. El imperialismo en la acepción de la política exterior

Es sabido que en su origen los Estados eran constituidos por pequeñas ciudades que con el crecimiento de los trabajos manuales y del comercio se fueron agrandando y creciendo en importancia económica y poder político, por lo cual se vieron obligados a extender su radio de acción expandiéndose por medio de la conquista y la dominación militar de otras ciudades-estados, territorios y poblaciones, a quienes imponían sus leyes, sus costumbres y tradiciones. Esta fue la forma de cómo se constituyeron los antiguos imperios (Egipto, la India, China, Babilonia, Caldea, Asiria, Persia, Macedonia, Grecia, Roma, etc.) que pertenecieron a la forma de producción esclavista; los medievales de los merovingios y carolingios de forma feudal, en Francia, etc. Y el español, británico,portugués, frances, holandés, danés, alemán, etc. en la época moderna.

Esta secuencia histórica nos sugiere la idea de que todo el proceso económico como forma estructural y político como forma subordinada a aquella estructura culmina en su fase superior en la figura del imperio luego a la economía aldeana, enseguida a la empresa local y nacional y finalmente a la conquista de otros mercados de donde surge la "colonización" de otros territorios terminándose por el sometimiento de éstos y de sus habitantes.

En la época del capitalismo, en sus inicios, se dio la forma de producción manufacturera que dio origen a la llamada "acumulación primitiva de capital", la que sirvió de base para el afianzamiento de las grandes fortunas o capitales que dieron fundamento a la era mercantilista del capitalismo.

La necesidad de más amplios mercados que los nacionales de la Europa que recién se despertaba de su sueño medioeval, hizo que, las potencias marítimas de entonces (España, Portugal, Inglaterra, Francia, etc.) se dieran a la tarea de conquistar territorios en todo el mundo cuya parte occidental había sido descubierta por Cristobal Colón en 1492. En Africa, Asia, Oceanía, Australia, Europa y América se enseñoreaban las grandes potencias marítimas de entonces ávidas de dominios coloniales para adueñarse de sus riquezas, llegando muchas de ellas con criterios racistas hasta el exterminio de la población nativa como sucedió en los territorios del Canadá y Estados Unidos, colonizados por los ingleses.

De la manufactura pasaron los países avanzados Europeos, a la revolución industrial (1748 en Inglaterra y 1820 en Francia) lo que amplió y desarrollo la producción, hizo más activo el comercio y amplió la necesidad del crédito y volvió indispensable la función de los bancos para el otorgamiento de los créditos, es decir, de los préstamos. Esto último ocurría ya a principios del segundo cuarto del siglo XIX (1825).

Ya a principios del último cuarto del siglo mencionado (1876), el capitalismo estaba definitivamente desarrollado, de modo que los grandes monopolios o grandes asociaciones capitalistas como los trust, los cartels, consorcios y oligopolios quebraban con la competencia a las pequeñas y medianas empresas de toda clase y volvían con más exigencia los ojos hacia los dominios coloniales de las potencias rivales. Había nacido en la historia, una nueva era imperialista cuya dominación se confirmó con la guerra hispanoamericana (1898) y la guerra anglo-bóers en Africa (1877-1906). A diferencia de los anteriores imperios, ahora no se trataba de la simple colonización de tierras o de sometimiento de poblaciones indígenas por la mano militar; se trataba de una nueva forma imperial: el dominio del capital financiero.

Se ve, pues, que aún cuando muchos Estados se llaman democráticos, ya sea como monarquías constitucionales como en Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Noruega, España, Portugal o monarquías absolutas como las de, Austria, Alemania, Rusia Zarista, Japón o repúblicas constitucionales como los Estados Unidos de América, etc. Estos estados han sido y son imperialistas porque han tenido y conservan extensos territorios dominados conforme la idea tradicional y además por la penetración en otros por la exportación del capital financiero en forma de emprésitos.

3. El imperialismo en la acepción económica.

En relación con la segunda acepción hagamos un esbozo de lo que es el imperialismo en su conceptuación contemporánea, es decir, como etapa superior y última del capitalismo.

En su análisis sobre la sociedad capitalista, Carlos Marx y Federico Engels, demostraron que la libre concurrencia engendra la concentración y la centralización de la producción; y que estas dos últimas, en su fase final de desarrollo, conducen al "monopolio". La libre concurrencia consiste en la facultad que tiene todo individuo o empresario de competir en el mercado interno con los demás individuos para buscar la ganancia en su negocio. Esta libre concurrencia o competencia surgió en el seno de la sociedad feudal que había llegado a una forma de monopolio de la riqueza en manos de la nobleza: los artesanos, en las ciudades medievales, lanzaron su grito de libertad, lograron la autonomía de las ciudades y conquistaron, a base de luchas sociales, el triunfo de la burguesía como clase económicamente dominante estableciendo el régimen capitalista cuya base inicial fue esa libertad: la libre concurrencia.

La concentración es el cremiento del capital por la capitalización de la plusvalía producida por la explotación del trabajo no pagado al obrero.

La centralización es la reunión de los diversos capitales individuales en uno solo: esta reunión es el "monopolio". Los monopolios tienen diversas formas y reciben los nombres de consorcios, trust, cartel y oligopolios. Es el capitalismo desarrollado al máximo.

Marx demostró la tendencia histórica del capitalismo hacia la "acumulación", observando desde sus inicios, como hemos indicado, la "acumulación primitiva del capital", anunciando de esta manera, el advenimiento del capital financiero monopolista, concentrado en pocas empresas y éstas, a su vez, apuñadas en pocas manos de propietarios.

Marx hizo la apreciación de contradicciones que evidencian que el capitalismo, en su evolución, se niega a sí mismo: por una parte afirma la propiedad individual (la propiedad privada), pero al concentrarse en pocas manos niega aquél principio; y luego, este monopolio (como propiedad privada) lleva en sí la fatalidad de su destrucción al verificarse su expropiación por las masas que instaurarán de manera definitiva, la propiedad social.

Las ideas de Marx y Engels fueron desarrolladas por Vladimir Illich Ulianov o Nicolás Lenin, quien en su obra "El Imperialismo, fase superior y última del Capitalismo" enuncia las características de esta etapa así como sus consecuencias políticas y sociales en la sociedad contemporánea.

Dice Lenin: "El imperialismo es el capitalismo al llegar a la fase de su desarrollo, en que se instaura el régimen de los monopolios y del capital financiero, en que la exportación del capital adquiere una importancia considerable, en que comienza el reparto del mundo por los trust internacionales y se pone fin a la distribución de todo el territorio del planeta entre las principales potencias capitalistas".

El imperialismo, es, pues, la etapa monopolista del capitalismo, y a la vez, su fase superior y última, como una consecuencia lógica e histórica del proceso acumulación, concentración y centralización del capital. Pero dentro del capitalismo coexisten la libre concurrencia o competencia en el mercado y la tendencia a la acumulación (concentración y centralización monopolista) lo cual da lugar a una intensa y feroz lucha en el mercado, de las empresas entre sí y con los monopolios, lo mismo que estos contra aquellas y con otros monopolios nacionales y con los de otros países desarrollados. Cada monopolio trata de dominar y conquistar, en lo posible, el mercado nacional y el internacional. Este proceso trae por consecuencia las guerras por el reparto de territorios (Anglo-Boers, Hispanoamericana, de los Balcanes, Primera y Segunda Guerra Mundiales); la agudización de las crisis industriales y económicas (las crisis sociopolíticas, etc.).

En la fase imperialista o monopolista del capitalismo, tiene dominio hegemónico el "capital financiero" que se opone al capital agrario, industrial y comercial. El capital financiero es el destinado a préstamos o empréstitos; es el capital usurario o usurero, el capital que devenga "intereses". A estos intereses se les da el nombre jurídico de "frutos civiles" igual que la renta de los alquileres.

Los bancos sirven de intermediarios para llevar a cabo la contratación de los préstamos (capital prestado, intereses, plazos, forma de pago, garantías, etc.). Los bancos, como representantes o intermediarios de los prestamistas, a la vez que verifican los préstamos, operan como organizadores de la industria y del comercio de cada país y esta organización del conjunto de la producción es cada vez más fuerte cuando más sólida es la concentración bancaria.

La política del capital financiero persigue tres finalidades:

La creación de un territorio económico tan vasto como sea posible.

La defensa de ese territorio contra la concurrencia extranjera por medio de barreras. aduaneras;

La transfromación de ese territorio en campo de explotación por los monopolios del país.

Esta política del capital financiero ES EL IMPERIALISMO.

Las consecuencias de esta política del capital financiero son las siguientes:

La expansión del territorio económico por los consorcios, monopolios, trust, cartels u oligopolios (es decir las asociaciones monopolistas) de la nación y las regiones agrarias como mercados de materias primas;

Incremento de los mercados de venta;

Incremento de la esfera de inversiones de capitales;

El aplastamiento de la concurrencia extranjera por medio de una férrea política aduanera nacionalista y proteccionista;

La obtención de plusvalía;

Poner en movimiento al ariete del "dumping" o sea el boicot a la mercancía rival nacional o extranjera (el abaratamiento de la mercancía hasta con pérdida de costos para quebrar en la competencia al contrario). Todo el engranaje del sistema contribuye a acrecentar y a afianzar los beneficios de las empresas monopolísticas.

En este rol están involucrados como Estados imperialistas todos los países altamente desarrollados o industrializados, aunque se denominen "repúblicas democráticas" en su estado actual como los Estados Unidos de América, Francia, Italia, Alemania Occidental, Austria y Portugal; o monarquías constitucionales como Inglaterra, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Japón, etc.. Son Estados imperialistas y su política es de la explotación de los pueblos mediante el saqueo de sus materias primas, la de mantenerlos en el atraso industrial y económico y la de imposición de una política neocolonialista de sumisión al yugo de la metrópoli imperialista por medio de un sistema militarista que reprime las libertades de los individuos y de los pueblos.

CAPITULO X.

LA DOCTRINA ANARQUISTA DEL ESTADO.

I. Antecedentes históricos.

1. Notas Preliminares.

No había sido considerada en el plan de temas estudiados en "Mito y realidad del Estado", la doctrina elaborada por los filósofos del anarquismo, entre los cuales se encuentran sobresalientes figuras de la Filosofía, la Sociología, la Literatura y otras ciencias.

Decimos que nunca entró en nuestros cálculos el estudio del Estado conforme las ideas anarquistas, porque éstas no constituyen un cuerpo sólido de doctrinas científicas, siendo su pretensión inmediata la disolución o destrucción del Estado para darle vigencia a la vida individual más caprichosa y desorganizada, lo cual resulta ser una de las más imposibles utopías imaginadas por el cerebro humano.

Es tan escasa la importancia que se le concede al anarquismo en la Filosofía Política o en la Historia de las Ideas Políticas que no es tratado como un cuerpo de doctrina uniforme, sino de manera particular, en cada uno de sus partidarios, siendo pocos de ellos los que elaboraron algunas exposiciones un tanto vagas acerca de la concepción filosófica del Estado.

Nosotros trataremos de hacer una breve imagen de este problema con el fin de dejar completo el enfoque del tema del Estado.

2. Antístenes.

A nuestro juicio el más lejano y puro antecedente histórico del anarquismo se encuentra en la filosofía individualista de Antístenes de Atenas (444-365 A.C.) que fue discipulo de Gorgias, el sofista enemigo de Sócrates. Después de la muerte de Gorgias se quedó predicando en el Gimnasio "Cynosargos" (templo del perro blanco) de donde procede el nombre que se le dio a esta escuela: la escuela de los cínicos (de los perros). Pero también tal nombre coincidía con el género de vida que predicaba Antístenes y sus seguidores, pues en sus expresiones hablaban de una vida sencilla como la del perro, y en general, libre y desfachada como la de cualquier animal. Antístenes escribió un libro llamado "Sobre la Naturaleza de los Animales" en donde se señalaba muchos modelos de vida o ejemplos para delinear la conducta humana, la cual debía regirse por sí sola, en atención solo de sus instintos naturales.

En otros escritos suyos aludía personajes históricos que vivieron con sencillez, como Ayax y Ulises; y entre los personajes míticos de la era heroica cita a Hércules, el personaje fabuloso que soportando fatigas desmedidas logra realizar proezas admirables convirtiéndose para los secuaces de la escuela cínica en un verdadero símbolo por la sencillez de sus constumbres y la fortaleza de sus empeños. Así el sabio cínico debe vencer los placeres y los dolores y por encima de ellos afianzar la fuerza de su ánimo.

En otro aspecto de su doctrina, Antístenes afirma que no hay más realidad que la corpórea, en oposición a la teoría de las ideas de Platón. Para los cínicos lo que el hombre debe buscar es la felicidad y ésta se encuentra en la práctica de la virtud. La virtud es completa por sí misma: no existe nada fuera de ella. Según ellos, lo que los hombres llaman "bienes", son "males", porque en la realidad las cosas los apartan o los distraen con sus placeres y encanto de la virtud. El hombre debe procurar libertarse de las necesidades que lo esclavizan, es decir, de la sencillez y de la fortaleza de ánimo individual.

El hombre debe libertarse de toda vinculación social y bastarse así mismo en la vida. Respecto de la religión la escuela de Antístenes sostenía que "según la ley hay muchos dioses; pero según la naturaleza sólo hay uno". En esto seguía a Sócrates.

El ideal de la escuela cínica es el desdén y la renuncia de toda costumbre, hábito, contrato, convención y uso humanos y el retorno total a la naturaleza, a la limpia, pura y sencilla vida natural. El ideal social de los cínicos era una vida comunitaria, sin familia, en donde existiera la comunidad de las mujeres y los hijos no distinguiesen padres sino que fueran todos reconocidos como pertenecientes al grupo.

El ideal económico era la pobreza y el político era el cosmopolitismo,

o sea, la comunidad universal o fraternidad humana.

La práctica de la escuela cínica se extendió por las ciudades-estados griegos, manifiestamente por medio de pandillas de mendigos que pululaban con sus signos distintivos, la capa, la alforja y el bordón.

El movimiento fue consumiéndose a través de los años y no dejó huellas en el pensamiento filosófico más que las que había formulado Antístenes, pues los discipulos de éste desatendieron la indicación de Sócrates de amar a la pobreza para ser libre en la investigación científica.

Los más notables seguidores de esta escuela son Diógenes de Sínope y Crates de Atenas.

3. Diógenes.

El más fiel seguidor de Antístenes fue Diógenes de Sínope (413-323A.C.) que llevó su conducta personal a los extremos de lo absurdo por su radical individualismo. Este filósofo opinaba que la felicidad sólo podría encontrarse viviendo conforme a la naturaleza, en completa libertad, sin sujeción a la ley, sino acomodado únicamente a las leyes naturales, como los animales, como el perro. De allí que su doctrina sea llamada "doctrina cínica" o cinismo que significa desvergüenza. Predicaba el desprecio de la riqueza y las convenciones sociales como la familia, la sociedad, el Estado, etc.. Era hijo de un acaudalado prestamista; su padre además era un intendente de finanzas, tareas en las cuales fue instruido el filósofo. Acusado éste de malversación de fondos, huyó de su país, Sínope, y desde entonces adoptó una vida errante por distintas partes de Grecia.

Se le atribuye una existencia sin leyes, despreocupada, sin familia, sin amigos, sin relaciones sociales, considerándolo unos como un despreciable lépero u otros como un asceta. Entre las anécdotas que se encuentran de él, anotaremos las siguientes: Se masturbaba ante la gente para demostrar que no era necesario tener mujer; vivía, o mejor dicho, dormía dentro de un tonel; andaba descalzo en todas las estaciones del año; pedía limosna a las estatuas de los dioses, para demostrar que éstos no tenían poder y que no se fijaban en las tribulaciones de sus adoradores; rompió el huacal con que bebía agua cuando vió que junto a él un mendigo lo hacía con la palma de las manos; pidió a sus discipulos que su cadáver fuera arrojado a un barranco para que los buitres lo devoraran.

4. Crates de Tebas.

Otro seguidor antiguo de la escuela cínica fue Crates de Tebas era hijo de un acaudalado hombre de negocios; y él por sí mismo había acumulado una buena fortuna. Habiendo adoptado la doctrina de la escuela cínica renunció a sus comodidades y adoptó la vida mendigante de los cínicos, en la cual fue acompañado por su mujer Hiparquia hasta el fin de su vida.

III. El Anarquismo en la Literatura.

En los dominios de la literatura las ideas anárquicas han tenido su repercusión e impotancia. Célebres escritores se han extrovertido através de sus personajes, dejando entrever el trasfondo de su conciencia individualista, o por lo menos, los perfiles de sus ideas sobre el gobierno y la justicia entre los hombres.

1. Miguel de Cervantes.

La primera de estas celebridades de la literatura universal que ha exteriorizado en sus obras el anarquismo, es Miguel de Cervantes Saavedra y las obras en que expone esta clase de ideas son "La vida del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha", "Trabajos de Persiles y Segismundo" y "Pedro Urdemales".

El problema de la justicia, de las leyes y del gobierno en las obras de Cervantes Saavedra, ha preocupado a la Real Academia Española de la Lengua, al eminente sabio español Marcelino Menéndez y Pelayo, al abogado Niceto Alcalá Zamora, uno de los presidentes de la Segunda República Española y a otras eminencias del pensamiento jurídico y literario de España y de América.

Don Quijote era un personaje que hacía la justicia por sus propia mano y por su propio arbitrio. Corregía o intentaba corregir todo entuerto ya fuera contra un particular o contra cualquier autoridad siempre que lo creyese oportuno y necesario.

Para la Real Academia y para Menéndez y Pelayo don Quijote es un "anacrónico defensor individualista de la justicia", siendo el término individualista sinónimo de "defensor privado". Don Quijote hizo sus correrías en tiempos en que ya había legislación con jueces y magistrados y príncipes que la aplicaban. Alcalá Zamora encuentra cuatro puntos esenciales en la "flaqueza judicial" de Don Quijote.

Esos cuatro puntos esenciales son:

Falsa apreciación de las cosas debido a su extravío mental (falta de lógica jurídica);

Sustitución de la justicia pública por la justicia privada;

El desconocimiento de la prueba objetiva para decidir la pertenencia del derecho, imperando la voluntad subjetiva del caballero de la Mancha; y

La coacción ilusoria, es decir, la falsa creencia que tenía el manchego de que su voluntad se imponía porque su fuerza era temida y obedecida por todos.

Estos elementos son rasgos de un verdadero anarquismo que se ejemplifica en los casos de la liberación de los galeotes, la defensa del joven Andresillo que era azotado por su patrón Haldudo; la aprobación que hace como neto de justicia cuando el capitán de los bandidos distribuye el botón entre los ladrones, etc..

2. Escuela Picaresca y otros literatos anarquistas.

Toda la Escuela Picaresca trata de personajes "sin Dios y sin ley" que buscan el provecho propio a costa de acciones desvergonzadas en contra de toda persona y sin respeto ni conocimiento de autoridad alguna. "Pedro Urdemales", de Cervantes; "Guzmán de Alfarache", de Mateo Alemán; "El Buscón" de Francisco de Quevedo, etc. todos son personajes anárquicos.

Julio Verne (1828-1905) que realmente era anarquista, expresó sus ideas, fundamentalmente, en su obra "Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino" y en "La Isla Misteriosa" en donde pinta al Capitán Nemo como un verdadero anarquista que huyo de la sociedad y se gobierna según sus propias intenciones y propósitos.

Daniel De Foe (1660-1731) el escritor Inglés, en su novela "Robinson Crusoe" expone también un ideal anarquista al relatar que aquél individuo pudo vivir sólo, lejos de la sociedad corrompida, durante treinta y cinco años, en una isla lejana.

Otros literatos afiliados al anarquismo son: Eugenio Sue, autor de "El Judío Errante"; León Tolstoi, creador del anarquismo basado en las ideas del cristianismo; Eliseo Reclús, sabio geógrafo Frances; Juan María Guyeau, filósofo francés partidario del individualismo voluntarista del pensamiento Nietzchiano, etc..

IV. El Anarquismo Político.

1. Etimología y fundamentos filosóficos.

Ante todo veamos el significado de la palabra "anarquismo". Este vocablo, de estricta procedencia griega, significa "sin gobierno, sin autoridad, sin poder" (a: sin; arkeo: poder). Lo contrario del anarquismo es el "sinarquismo" que quiere decir "con poder", del griego (sin: con; arkeos: poder).

Los fundamentos filosóficos del anarquismo político descansan en dos ideologías opuestas: Una, el individualismo racionalista francés preconizado por los teóricos de la Ilustración o Enciclopedistas; y otra, el idealismo alemán, derivado de aquél, y cuyo máximo desarrollo tuvo su expresión en la doctrina de la dialéctica Hegeliana.

Veamos estas dos ideologías.

2. El racionalismo individualista francés.

El racionalismo francés se basa en un concepto moral "a priori": el Hombre, a diferencia de todos los otros seres de la naturaleza, está dotado de RAZON; y de ésto se desprende que, sea cual fuere su origen o cualesquiera que fuesen sus capacidades y su situación social, está facultado por la naturaleza a gozar de ciertos derechos inalienables e imprescriptibles, anteriores y posteriores a toda organización política.

Esta es la concepción racionalista del derecho natural y universal, sobre la cual descansa la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.

Pero el individuo, sujeto de estos derechos, es de una naturaleza contradictoria: es, al mismo tiempo, sociable y egoísta. Como ser sociable busca la relación con sus semejantes y tiene por ideal el altruismo, el sacrificio por la comunidad; como egoísta, busca el provecho propio, el desdén de los derechos ajenos. Aquí se origina la lucha social de todos contra todos dando como lógica consecuencia el sacrificio de las libertades individuales. Se crea enstonces el Estado con base en el Contrato Social, en cuya justificación y explicación Juan Jacobo Rousseau admite que los hombres se reunieron para convenir "una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado y por la cual cada uno, al unirse a todos, NO OBEDEZCA, sin embargo, "MAS QUE A SI MISMO Y PERMANEZCA TAN LIBRE COMO ANTES" (Las mayúsculas son nuestras). El racionalismo individualista llevaba en sus propias entrañas la noción viva del anarquismo.

3. El idealismo absoluto alemán.

La influencia del idealismo absoluto alemán, globalizado en la corriente sistematizada de Jorge Guillermo Federico Hegel, en la construcción del anarquismo se percibe claramente en el alemán Max Stirner, en el francés Pedro José Prudhon y en el ruso Miguel Bakunín.

Según la concepción hegeliana, la realidad objetiva, la naturaleza, no es más que una creación del Espíritu. Esto quiere decir, que la naturaleza y el hombre, el objeto y el sujeto, que aparecen separados, u opuestos, o independientes el uno del otro, se reencuentran en unidad esencial que es la idea absoluta o el Espíritu. De este Espíritu todo emana, todo surge y todo vuelve a él después de ese tiempo de prueba que es la historia del mundo. Ese Espíritu infinito es la suma de todos los espíritus finitos y es superior a éstos. Pero ese Espíritu sólo se realiza gracias a la toma de conciencia progresiva de los espíritus finitos, o sea el Espíritu humano que ha logrado tener conciencia plena de sí mismo. Hay pues, en el sistema hegeliano, un equilibrio entre dos tesis fundamentales acerca de la constitución o naturaleza del Ser: la inmanencia, que significa que el ser es uno en sí mismo; y la trascendencia que implica que este ser se multiplica por sí mismo.

El ala izquierda hegeliana, se afilió al inmanentismo o monismo del cual se derivaron tres líneas ideológicas extremas y divergentes: La corriente sostenida por Luis Fehuerbach en "La Esencia del Cristianismo", que sostiene que el Espíritu se humaniza, se hace hombre, a lo cual Bruno Bauer añade en su "Crítica Pura", que ese Hombre hace Espíritu humano; La corriente establecida por Max Stirner en su obra "El Unico y su Propiedad" en la que sostiene la tesis del Yo único que es en donde se eslabonan los argumentos fundamentales del anarquismo; y la línea establecida por Marx y Engels que superaron el monismo idealista con la estructuración de la filosofía del materialismo histórico y del materialismo dialéctico, cuya tesis general estudiaremos en el siguiente capítulo de esta obra.

El alemán Max Stirner, seudónimo de Juan Gaspar Schmidt (1806-1856) representa el individualismo anárquico libertario en contra del universalismo de Hegel que pretendía absorver completamente al individuo. Esta es la tesis fundamental de Stirner: "la única realidad y el único valor es el individuo o sea, el egoísmo absoluto". El individuo es "único e irrepetible", es la medida de todo. Subordinarlo a la religión (a Dios), a la sociedad (al Estado), al hombre mismo (la cultura), etc.. Someterlo a cualquier ideal que lo aliene, es sencillamente contraponerlo a algo que lo sometería a la esclavitud.

3. Anarquismo y liberalismo.

El anarquismo político surge como una reacción adversa al liberalismo proclamado y establecido por la Revolución Francesa de 1789. El liberalismo, como doctrina política, sostiene que el individuo es un fí en sí mismo y que todas las demás formas sociales y políticas sólo han sido creadas para contribuir al total y pleno desarrollo de aquél; y dencansa tal ideología, en los "principios eternos de la libertad, la igualdad y la fraternidad".

Pero los fundadores del anarquismo ven que esa libertad proclamada con tanta altisonancia, es un espejismo: por una parte, el libre juego de la competencia aplasta a los que no están suficientemente preparados para defenderse y a quienes no se les concede oportunidades para obtener esa preparación; y por otra, si bien la conservación de la propiedad privada garantiza la independencia de quienes la poseen, en sentido contrario reducen a la dependencia y hasta la esclavitud a los que nada tienen. En consecuencia, lo que impera en la sociedad liberal es la esclavitud económica y no la proclamada libertad individual. En cuanto a los otros principios se pone de relieve en el flujo de la vida social, que impera la más injusta desigualdad entre los hombres y una enconada lucha de clases en vez de relaciones fraternales entre ellos.

Como se expone, el liberalismo padece de nacimiento de una contradicción insalvable, que dio origen a tres posiciones ideológicas completamente diferentes, aunque adversas al sistema liberal: el anarquismo cuyo punto de vista acabamos de exponer; el de la reacción contrarrevolucionaria representada por Joseph de Maistre y otros; y la orientación revolucionaria marxista. Estas dos últimas son tratadas, con alguna extensión, en otros capítulos.

La doctrina anarquista reprocha a la Revolución Francesa no haber llegado hasta las últimas consecuencias de su programa: en vez de construir una sociedad justa, humanitaria e igualitaria, fortalece, por el contrario, la absurdidad del Estado. En sentido inverso, los anarquistas sostienen que la vida social jerarquizada se ha de oponer a los principios reconocidos por el liberalismo, los cuales, aplicados en el dominio político, deben gobernar igualmente a la sociedad entera: la Sociedad debe ser modelada a semejanza del Estado, sin el estorbo de este aparato.

V. El Concepto Anarquista del Estado.

1. Max Stirner.

Stirner divide en dos partes su obra capital "El Unico y su Propiedad": La primera parte bajo el título de "El Hombre"; y la segunda con el de "YO". En esta obra al referirse al Estado, expone: El Estado y el Derecho sobre el cual descansa, se opone al Yo. El Estado es considerado como una institución sacrosanta, de esencia superior, estática, inmóvil e invariable: su reino está asegurado sólo en la medida en que se le considere como permanente y eterno. Por eso, el Estado es un obstáculo, una traba, para el dinamismo del Yo, que por el contrario, está en perpetuo movimiento y cambio y eternamente vivo y creador. Dice textualmente: "El Estado tiene un solo objetivo: limitar, dominar, sujetar al individuo, subordinarlo a algo general, sólo puede subsistir en la medida en que el individuo no es todo; no es más que la manifestación evidente de la "limitación" de "mí mismo", de mi restricción, de mi esclavitud.

Jamás un Estado se propone obtener la libre actividad del individuo; su fín permanente es la actividad que se refiere a su porpio designio". Y resumimos estas ideas sobre el mismo tema: Nosotros no nos dejamos engañar por el Estado; vemos en él un fantasma; el Estado es "Mi creación"; no le pidamos ningún derecho; contemos nosotros sólo con nuestra propia potencia. Con frase patética dice: "No exijo derecho alguno; por eso no estoy obligado a reconocer ninguno. Lo que soy capaz de conquistar, lo conquisto; y lo que no conquisto, escapa de mi derecho; no me vanaglorio de mi derecho inalienable, ni me consuelo con él". En resumen, Stirner niega el Estado, niega la Sociedad porque imponen deberes y obligaciones y se pronuncia por su destrucción o transformación en "asociación libre" en donde se desarrolle el numen creador del Yo".

2. Proudhon.

Pedro José Proudhon (1809-1864), no es el más brillante de los teóricos anarquistas; pero sí uno de los que más llegaron al sentimiento popular, sobre todo con aquella su famosa expresión de que "la propiedad privada es un robo".

En efecto, al referirse en su libro sobre ese tema, expone que el derecho de ocupación es injusto y bárbaro puesto que excluye, en beneficio del primer ocupante, el derecho del que llega de último. La propiedad ni siquiera puede valorarse como "utilidad pública", puesto que siempre va acompañada de un cortejo de miserias que dañan a la sociedad en general y a los individuos en particular: huelga, sobreproducción, quiebras y ruinas... Pero también ataca la propiedad colectiva o comunista y se pronuncia por el derecho de "posesión", o sea una especie de "propiedad relativa" que excluye toda explotación mediante un riguroso control de la Sociedad.

Para Proudhon, el faro luminoso que guía a la Sociedad y al individuo, es la JUSTICIA, la cual es "inmanente", sin referencia alguna con cualquier autoridad superior que pretenda imaginarse; no está supeditada al individuo ni a la Sociedad, sino que reviste un halo trascendente; es concebida como emanación de la divinidad, es religiosa.

La condena del Estado es un resultado de la aplicación rigurosa de la Justicia. El individuo, o los individuos, libres y respetuosos de sus libertades, contratan libremente conforme sus principios e intenciones.

El Estado, en cambio, construido sobre normas jurídicas que le son propias y que escapan al poder de los individuos, CARECE DE TODA BASE LEGAL. Toda autoridad es opresión, todo poder superior es dominación absoluta; la autoridad es la sujeción del individuo, ya sea defendida por conservadores o socialistas, siempre dará el mismo resultado. "El gobierno del hombre por el hombre es la servidumbre". En síntesis, Proudhon exalta "la libertad absoluta del individuo".

3. Bakunin.

El ruso Miguel Bakunín (1814-1876) es otra de las grandes figuras del anarquismo europeo y mundial. Se caracteriza por predicar y practicar "la acción violenta en vez de la crítica pasiva contra la sociedad y el Estado".

Bakunín es abiertamente ateo, el más radical de todos los anarquistas. Se declara enemigo personal de Dios. Sin embargo, en su obra "Drama del humanismo ateo" afirma que la religiosidad contribuyó a sacar al hombre de la esclavitud animal; pero ahora es necesario liberarlo de la esclavitud religiosa. En esta obra sobrepasa el pensamiento o tesis sostenida por Luis Feurbach quien afirma en "La esencia del Cristianismo": "El giro de la historia se producirá en el momento en que el hombre tome conciencia de que el único Dios del hombre es el hombre mismo". "Homo hominideus". Este concepto es rebasado por Bakunín cuando amplía: "Si Dios es el hombre, es esclavo; ahora bien: el hombre puede y debe ser libre: por lo tanto, Dios no existe".

El Estado ha surgido de la religión. Si los representantes de la divinidad sobre la tierra han sido investidos de un poder absoluto y casi divino para dominar y sujetar a los hombres, derivándose de allí el poder opresivo del Estado sobre los mismos súbditos, es indudable que el Estado es una institución nefasta y abominable. No obstante, reconoce que, igual que la religión, sirvió para sacar al hombre de la animalidad; pero ahora es una institución obsoleta que hay que destruir.

Dice Bakunín: El Estado no es una institución absoluta, definitiva; "es una institución histórica, pasajera, una forma transitoria de la sociedad".

El Estado lleva en sí mismo todos los males inherentes a la alienación. Por una parte, esclaviza y envilece a los gobernados; por otra, desmoraliza y corrompe a los gobernantes. La disolución del Estado se realizará en nombre de la libertad.

Mientras las teorías anarquistas de Stirner y de Proudhon son contemplativas, teóricas, más bien reflexiones filosóficas, la de Bakunín es exlatada, altisonante, románticamente conducida a la violencia y a la destrucción: al terrorismo individualista. Para Bakunín la Revolución es "como desencadenamiento de todo lo que hoy se llama malas pasiones y destrucción de lo que en la misma lengua se denomina orden público".

4. Concepto anarquista del "contrato social".

El anarquismo rechaza toda autoridad como contraria a la libertad individual; en consecuencia, rechaza la autoridad del Estado. Y para sustituir el apremio, coacción o coerción que éste emplea para mantener el orden social, la teoría anarquista propone: La vida social debe descansar sobre relaciones jurídicas voluntarias, o sea, sobre un contrato libremente convenido entre los interesados. Las clausulas de este contrato deben ser provechosas para todos los individuos de la comunidad y por lo tanto ser cumplidas por todos con entera libertad.

No es igual que el "Contrato Social" de Rousseau. Este no es más que una ficción que ha conducido a la alienación del individuo puesto que en virtud de él, cada ciudadano ha enajenado totalmente su libertad y en general todos sus derechos. En el contrato anarquista los individuos no pierden su libertad, según lo afirma Proudhon en su obra "Idea general de la revolución en el siglo XIX".

Según la teoría anarquista del "Contrato Social", al extenderse éste se llegará a la FEDERACION (o federalismo), que es una especie de subsunción de todas las voluntades, por medio de la cual se fundirá, disolverá o se reemplazará la organización del Estado.

Para concluir sobre este punto hagamos una breve cita de "El Anarquismo", de H. Arvón, que sintetiza con bastante claridad los alcances de la idea del "Federalismo anarquista": "Una infinidad de contratos que se engrendran unos a otros y se equilibran tanto más fácilmente puesto que no son inmutables ni definitivos, sea en el plano profesional o en el general, o aún en el plano nacional y hasta en el internacional; he allí una estructura en apariencia caótica e incoherente; pero que gracias al mantenimiento del principio de la autonomía de la voluntad individual en todos los estratos, culmina en una unión libremente consentida, cuya existencia está por cierto mejor garantizada que la de unión impuesta". Y entresacamos otros párrafos del mismo autor: "El federalismo, en vez de sojuzgar la voluntad individual tal como lo hace el Estado, la multiplica al infinito. Esas federaciones sucesivas, federación corporativa, federación comunal, etc.. Se parecen a los círculos concéntricos que se forman como cuando una piedra cae en el agua. Todos tienen el mismo punto central: hasta la federación más amplia nace de la voluntad autónoma del individuo".

Dice Proudhon "Si pues el contrato que hago con algunos pudiera hacerlo con todos; si todos pudieran renovarlo entre sí; si cada grupo de ciudadanos, comuna, cantón, distrito, corporación, compañía, etc. formada por un contrato semejante y considerado como persona moral, pudiera luego, y siempre en los mismos términos, tratar con cada uno de los demás grupos y con todos, sería exactamente igual como si mi voluntad se repitiera al infinito. Estaría seguro de que una ley así forjada en todos los puntos de la República, con millones de iniciativas diferentes, no sería nunca otra cosa que MI LEY".

VI. El movimiento anarquista y el marxismo.

1. El movimiento anarquista.

Dadas las características limitadas de esta obra, nos es imposible estudiar otros aspectos del anarquismo ni siquiera considerar a otros de sus más destacados representantes en la teoría y en la acción.

Temas o aspectos con el antisocialismo, antidemocratismo, antimarxismo, anticristianismo, las concepciones morales como la ayuda mutua y el egoísmo, etc. del anarquismo exceden los límites de este ensayo. Y, por lo tanto, tratar autores como Tolstoi, Nietzche, Gandhi, Pedro Alexander Kropotkin, Malatesta, Enma Goldman, etc. sólo podían caber en un "tratado" sobre la teoría de referencia.

Para finalizar, pues, haremos una corta exposición sobre el movimiento del anarquismo y un enfoque global que el marxismo hace sobre el mismo.

El movimiento político anarquista nace en la misma época que el movimiento socialista científico preconizado por Marx y Engels: son ramas del mismo árbol genealógico, de la filosofía hegeliana. Pero ambos movimientos son opuestos: el anarquismo tiende a la exaltación del individuo, el socialismo a la exaltación de la colectividad.

La Primera Internacional de Trabajadores se fundó el 28 de septiembre de 1864 en el local de Saint Martin Hall de Londres, con el nombre de "Asociación Internacional de los Trabajadores", con fuerte influencia de la delegación de los obreros franceses que estaban muy inclinados a las ideas de Proudhon; pero este predominio de los proudonianos, en el transcurso de los años fue perdiendo su poder ante las ideas de los analistas marxistas hasta llegar a su extinción, en sucesivos congresos en los que el punto fundamental que se discute es sobre la "propiedad individual" propuesta por los anarquistas y la "propiedad colectiva" propugnada por los socialistas.

La tesis de los socialistas se impone en el Congreso de Bruselas (1868) en donde se acordó rechazar definitivamente la noción de la propiedad privada individual y sustituir el método de "la redención en la asociación libre y la cooperación bajo todas las formas" por la lucha social organizada contra los enemigos de la clase trabajadora.

En el año de 1868 ingresa Miguel Bakunín a la Internacional que era dominada por la tendencia marxista. Se entabla desde entonces una dura confrontación entre esta tendencia y la de Bakunín. Marx preconizaba el análisis científico sobre las condiciones sociales y económicas para determinar la orientación de la clase obrera hacia la lucha de clases y la toma del poder; Bakunín creía en la fuerza de la pasión. Esta lucha terminó con la expulsión de Bakunín y de su partidario James Guillaume en el Congreso de La Haya (1872) y con la transferencia de la sede de la Internacional a Nueva York, quedando dominada por la línea marxista.

2. Federaciones anarquistas.

Inmediatamente después de esta expulsión, el moviento anarquista reúne sus cuadros en la pequeña población suiza llamada Saint Imier, situada en el Monte Jura del sector de Berna, en donde se organiza una nueva Federación Anarquista. En esta reunión estuvieron representados muchos países con delegados individuales así como los delegados de tres federaciones: la de España, la de Italia y la Suiza que fue llamada Federación Jurásica.

Estas tres federaciones sobrevivieron a la Primera Internacional, por mucho tiempo.

La Federación Anarquista de España, según los expositores, se afianzó desde un principio del movimiento debido a que los españoles son partidarios del separatismo como lo han demostrado los vascos, los catalanes y otras provincias. Ya en 1872 el movimiento de Cataluña era muy fuerte y Barcelona era un centro importante de la Federación que se proclama "una libre federación de libres asociados de productores libres"; la cual contaba, entonces, con 236 sindicatos y veinte mil miembros.

La Confederación Nacional del Trabajo es la única organización obrera de España que después de la liquidación del sindicalismo revolucionario ha permanecido fiel a los ideales del anarquismo. Al comienzo de la guerra civil española (1936) contaba con cerca de un millón de miembros, tres veces más que la Unión General del Trabajo de inspiración socialista.

Ahora el movimiento anarquista español está desarticulado.

La Federación Anarquista de Italia encontró su fuerza de masas en la desesperante situación de los campesinos y obreros debido a que, a consecuencia de la ocupación extranjera austríaca y otras causas internas, el gobierno se veía obligado a decretar constantemente impuestos y a subir los precios de los artículos de primera necesidad, lo cual era descargado sobre las masas trabajadoras del campo y la ciudad. Todo esto más o menos a partir del año de 1870.

En esas condiciones el movimiento anarquista tuvo en la península itálica una gran aceptación, aunque no tan fuerte como en España. Tuvo este movimiento tres grandes líderes que son: Carlos Cafiero, Andrea Costa y Enrico Malatesta, todos seguidores de la tendencia programada por Bakunín: la agitación, la propaganda por la acción, el terrorismo individualista. Sin embargo, no hicieron nada notable, fuera de algunos eventos melodramáticos que no despertaron mayor severidad del gobierno. El movimiento anarquista italiano terminó por desaparecer.

La Federación Anarquista de Suiza, llamada Federación Jurásica, nació, como hemos dicho en 1872 y pronto se vio dividida en dos tendencias: la que sigue el pensamiento de Pedro José Proudhon, capitaneada por James Guillaume, periodista de tendencia moderada y apacible, que busca el logro de condiciones que favorezcan material y moralmente a los miembros de la Federación; y la tendencia que se apoya en las ideas de Miguel Bakunín, dirigida por Brouses, también periodista, redactor, dueño del "Diario La Vanguardia", que predicaba la acción violenta y el terror. Esta federación muy activa en sus comienzos, pero poco a poco se fueron retirando sus miembros que se afiliaron al movimiento socialista. El último Congreso de esta federación se celebró en 1880.

A partir de entonces se desintegra y el movimiento se desplaza hacia Ginebra, en donde el anarquismo tiene como líderes al famoso geógrafo francés Eliseo Reclús y al príncipe ruso Pedro Alejandro de Kropotkín, quienes difunden sus ideas en el periódico "El Rebelde".

7. Enfoque Marxista del Anarquismo.

Como hemos visto en líneas anteriores, el movimiento anarquista se enfrentó desde un principio con el marxismo: primero fue derrotado en la Primera Internacional el pensamiento de Proudhon y luego el de Bakunín, terminando con la expulsión de éste y de James Guillaume la liquidación de ese movimiento en la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Marx y Engels, y después Lenin y Stalin, vieron en el anarquismo una tendencia política social pequeño burguesa que se caracteriza por su hostilidad a toda clase de autoridad o poder, inclusive al dominio de la dictadura del proletariado. Según los marxistas, esta tendencia respalda los intereses de la pequeña burguesía, la pequeña propiedad individual privada y la pequeña economía campesina que sirven para mantener conformes a los individuos en un estado de estancamiento y de resignación. Por lo tanto, se opone a la gran producción, al desarrollo económico y a la producción colectiva en cooperativas que tienden a ensanchar las fuerzas económicas y los vínculos sociales de la clase trabajadora. Además ignora la existencia de la fuerza económica de la clase burguesa o capitalista, la cual impulsa en la realidad las contradicciones sociales que oponen los intereses de la clase trabajadora con los de la clase capitalista.

La base filosófica del anarquismo es el subjetivismo, el individualismo, el voluntarismo. Esta crítica la señala Marx en sus "Anotaciones al libro de Bakunín El Estado y la Anarquía". Las teorías de Stirner, Proudhon y Bakunín son calificadas por los marxistas como doctrinas utópicas, sin consistencia científica.

Es cierto que el anarquismo se extendió en el siglo XIX con mucho entusiasmo en Francia, España, Italia, Suiza, etc.; pero, en el enfoque marxista, como es una doctrina vaga en todos sus aspectos, no ofrece soluciones concretas a las situaciones planteadas por la realidad histórica. Sus exposiciones no pasan de frases ampulosas y generales sobre la explotación de que son objeto los obreros de la ciudad y del campo, lo mismo que la temerosa e indecisa pequeña burguesía.

La teoría anarquista, según el marxismo, no comprende cuáles son las causas de esa explotación; ni la causa de la división de la sociedad en clases antagónicas cuya lucha es la fuerza propulsora de la historia de la humanidad; ni comprende, tampoco, que es imposible acabar con el Estado burgués de la noche a la mañana; ni que no es la voluntad individual la que impera en el mundo social, sino la voluntad aunada de los trabajadores en contra de la voluntad aunada de la burguesía, parapetada en el PODER DEL ESTADO COMO DICTADURA DE LA CLASE BURGUESA, en el mundo capitalista; no comprende que sólo con el fortalecimiento del Estado como DICTADURA DEL PROLETARIADO podrá construirse una sociedad socialista que velará a la vez, tanto por los intereses de la colectividad en general como por los derechos e intereses de los individuos en particular; y que este poder de la clase trabajadora es el único que, unido, puede derribar al capitalismo y al imperialismo capitalista en todas sus formas.

Para el marxismo, la incomprensión del anarquismo sobre el fundamento económico y clasista de la lucha política ha inducido a la clase trabajadora a asumir una actitud indiferente hacia los problemas sociales o a tomar actitudes violentas que ha contribuido a que la burguesía destruya sus acciones carentes de orientación y en definitiva, a subordinarla a sus dictados. En consecuencia, el anarquismo es una doctrina contrarrevolucionaria, tanto por sus concepciones filosóficas subjetivistas como por sus métodos irracionales de lucha.

CAPITULO XI.

EL ESTADO SOCIALISTA.

I. La teoría marxista del Estado.

1. Introducción.

Para entender mejor la doctrina marxista del Estado, hemos de acudir en primer término a exponer aunque sea brevemente, las ideas generales de la concepción dialéctica y materialista del mundo, de la vida y de la historia. A este propósito formulamos esta primera pregunta: ¿Qué es "dialéctica"?.

El filósofo griego Parménides de Elea, interpretó el Ser, la Naturaleza, en estado de inmovilidad absoluta y eternamente idéntica a sí misma. Esta idea ha sido sostenida casi por todos los filósofos idealistas, con excepción de Hegel que expuso su teoría de que la Idea se desenvolvía y se desarrollaba, en eterno movimiento, en la Naturaleza. Karl Marx y Federico Engels, por el contrario de Hegel, conciben que es el ser la Naturaleza, y no la idea, lo que está en eterno movimiento, en constante devenir y cambio. Esta idea tuvo su primer expositor en Heráclito de Efeso, quien definió la vida como "Phanta Rei", es decir, en devenir eterno.

Pues bien: el estudio de las cosas en relación con las demás cosas existentes y en su proceso de desarrollo y de cambio, eso es el pensamiento dialéctico.

Luego viene una segunda pregunta: ¿Qué es materialismo?. El materialismo es la filosofía que concibe la materia como realidad independiente de la conciencia del sujeto, como substancia en movimiento de donde se derivan todas las cosas existentes, inclusive los fenómenos del pensamiento y de la conciencia humana.

Aplicando estos conceptos al estudio de la historia del hombre se denomina esta teoría "Materialismo Histórico" que se define como "La ciencia de las leyes generales que rigen el desarrollo de la sociedad en su conjunto, y sus relaciones mutuas entre todos los aspectos de la vida social en proceso de cambio".

El materialismo histórico da respuesta a las siguientes cuestiones: ¿Qué es lo que determina el carácter de un régimen social?; ¿Cómo se halla condicionado el desarrollo de la sociedad?; ¿Cómo se pasa de un régimen social a otro?.

Lo expuesto es, en síntesis, la teoría general del materialismo dialéctico o materialismo histórico, aplicado en particular a determinadas ciencias particulares como la Economía, la Política, el Derecho, etc. provee interpretaciones sobre las leyes que rigen las relaciones de producción, las que determinan el desarrollo de las relaciones del poder estatal y las que determinan el nacimiento y desarrollo del derecho y del Estado.

Como veremos, el materialismo histórico no plantea problemas fuera de la realidad por medio de una abstracción metafísica o idealista, sino que va directamente a la realidad concreta de los fenómenos y los examina en su nacimiento, desarrollo y extinción, explicándolos con objetividad científica.



2. El origen del Estado.

De acuerdo a estos principios examinemos la teoría del Estado.

Según el materialismo histórico el hombre existe sobre la tierra desde hace aproximadamente un millón de años. Durante un largo período de 993,000 años ha vivido bajo el régimen de la comunidad primitiva y apenas, solamente, unos siete mil años de historia escrita A.C., es decir dentro de un régimen de civilización.

El régimen de la comunidad primitiva se divide en tres grandes etapas: Salvajismo, Barbarie y Civilización; y estas etapas, a su vez, se subdividen en tres períodos: inferior, medio y superior de cada una de ellas.

También el régimen de la comunidad primitiva ha sido llamado "Prehistoria de la humanidad" y se reconocen otras divisiones que responden a los nombres de: Período "Paleolítico" o antigua era de la piedra pulimentada; un segundo período llamado "Neolítico" o sea nueva era de la piedra pulimentada y luego los períodos denominados Edad del Cobre, Edad del Bronce, Edad del Hierro, que en conjunto se llaman Edad de los Metales, lo cual significa el conocimiento que el hombre tuvo, sucesivamente, del uso de la piedra, y de los metales.

Es natural y lógico que durante todo ese período de 993,000 años, no existiera el Estado.

Durante el estadio inferior del Salvajismo, el hombre era de hecho, un animal que vivía en hordas y no tenía ninguna institución: la familia, propiedad, iglesias, mercados, escuelas, etc..

En el estadio medio del salvajismo comenzó a formarse en el seno de los grupos humanos más desarrollados la organización gentilicia, o sea la "gens", cuyo desarrollo máximo lo alcanza en el estadio superior de la misma etapa del salvajismo, así como su época más floreciente en el estadio inferior de la barbarie. Los pieles rojas de América, observados y estudiados por Lewis H. Morgan en su famosa obra "La Sociedad Primitiva" nos dan la idea de lo que era la organización gentilicia. Veamos:

La palabra latina gens y su equivalente griego "genos", significa "engendrar". La palabra "Kin" en inglés significa "parentesco"; pero las dos primeras expresiones citadas se emplean, especialmente, para designar al grupo consanguíneo en el seno de una tribu de indios americanos y de idénticos grupos consanguíneos entre los griegos, los romanos y otros pueblos en su estado primitivo. La organización gentil se constituye así: Una tribu se divide en varias "gens" o "gentes"; se aumenta el número de miembros de dicha tribu por "gens" o "gentes" hijas, apareciendo la "gens" madre de éstas, como "fratria". La tribu a su vez se divide en otras tribus cuando se ha hecho ya mayor el número de gentes de las diversas madres; y de este número de tribus se forma la "confederación" de tribus enlazando entre sí a las tribus emparentadas, en ciertos casos.

Esta organización representa en su sencillez un grado de desarollo ya bastante avanzado en la comunidad primitiva; pero no constituía un Estado en el sentido estricto que toma esta palabra en el terreno jurídico y político. Aunque ya habían grupos familiares de carácter comunitario como la "familia punalúa" y más tarde la "familia sindiásmica", ritos religiosos, prácticas para prevenir la guerra, o declararla, o ponerle término, etc.; no existía el fundamento básico de la génesis de Estado: el aparecimiento de la propiedad privada. En ese tiempo todo era propiedad social y no había necesidad de que existiese un aparato social especial para dirimir disputas o para imponer obligaciones por la fuerza.

La comunidad gentilicia era la organización adecuada para el grado de desarrollo económico a que había llegado la sociedad en ese entonces. En el seno de la tribu; en el interior, no existen diferencias entre derechos y deberes, ni tampoco existe división en clases distintas por razón de intereses económicos. Y en el exterior, la colectividad entera dirimía los problemas de la guerra como asunto que convenía a todos sus miembros, igual que participar en una venganza o aceptar una composición (pago o indemnización por un daño inferido).

Esas comunidades eran de recolectores de frutas y raíces, de cazadores o de pescadores y la división social del trabajo no ofrecía grandes divergencias. Posteriormente vino el pastoreo, la domesticación y crianza de ganado, que marcó la primera gran división social del trabajo en la organización de la sociedad humana. Y más tarde apareció la agricultura, el cultivo de la tierra, que marcó la segunda gran división del trabajo. Y no olvidemos que durante el tiempo que media entre esos hechos, el hombre fue simultáneamente conociendo el fuego, el uso de la piedra, y la madera, fabricando armas e instrumentos de trabajo, que sutilmente iban contribuyendo a una mayor división social del trabajo. Esto acontecía y en el estadio medio de la barbarie.

En ese mismo estadio medio de la barbarie ocurren dos importantes descubrimientos industriales: El telar, la fundición mineral y el trabajo de los metales (cobre, estaño, bronce, en armas y útiles y el oro y plata en alhajas). Hace su aparición el comercio, el cual había instituido la moneda en algunas partes reconociéndose como tales, la sal, el ganado, el cacao, etc..

Durante milenios fueron produciéndose esos avances que desarrollaron todos los ramos de la producción, o sea la ganadería, la agricultura y los oficios manuales. La fuerza de trabajo humano iba haciéndose más competente y producían más de lo indispensable para las necesidades de la comunidad gentilicia. Los ganados, la tierra, los frutos de la agricultura, los beneficios de los trabajadores manuales eran propiedad de la comunidad. Las guerras proporcionaron prisioneros y estos fueron convertidos en esclavos para que trabajaran en la agricultura, en el pastoreo, en los trabajos domésticos pesados.

Sin precisar fechas o épocas definidas ni la forma en que sucedería pero se supone que fue en las postrimerías del estadio medio de la barbarie, los rebaños dejaron de ser propiedad de la comunidad, es decir, de la tribu y de las gens, y pasaron a serlo de los jefes de familia aislados. Esto constituye, entonces, una revolución social: el hombre que desempeñaba un lugar secundario en la jerarquía familiar pasa al primer puesto y la mujer al segundo; y con la esclavitud se da el gran paso de la primera gran división en clases de la organización de la sociedad: amos y esclavos, explotadores y explotados.

Así entramos al estadio superior de la barbarie, etapa a la que llegaron con anterioridad otros pueblos distintos de los indios americanos, que nos ha servido de patrón para la explicación anterior. La autoridad del hombre en la casa termina con el derecho materno e impone el derecho paterno marcándose un progreso de la familia sindiásmica hacia la familia monogámica, estrictamente para establecer, con claridad, la descendencia paterna con fines sucesorales. De este modo la familia aislada, particular, definida por la línea paterna, se alza con fuerza externa, como potencia exterior, contra la "gens" y conta la organización gentilicia.

Al referirnos a la familia monogámica hagamos un breve recuento acerca de cómo se llegó a ese punto después de una evolución social de miles de años. La familia mongámica es un fruto tardío de la organización social.

Primero: durante los milenios del salvajismo, las comunidades primitivas no conocían los conceptos del padre ni de madre, ni hermanos o hermanas, mucho menos de cuñados, suegros, yernos y nueras. Entre los salvajes existía "un comercio sexual sin trabas", es decir, sin reglas o leyes que limitaran esas relaciones. Esas relaciones se practicaban indiscriminadamente entre hombres y mujeres de todas las edades sin distinguir parentesco de ninguna clase y sin que existiesen los "celos" por la posesión exclusiva de una mujer o de un hombre ni la idea del "incesto" por tener relaciones carnales el padre o la madre con la hija, o el hijo o los hermanos entre sí, etc.. En este estadio no puede hablarse de familia.

Segundo: La primera forma de familia es la denominada "familia consanguínea" que se constituye de la manera siguiente: Los grupos conyugales se dividen por generaciones: los abuelos con las abuelas, los padres con las madres, los hijos con las hijas, los nietos con las nietas, etc.. Es decir: cada grupo entre sí compuesto de hermanas y de primos y primas y todos ellos, en cada generación, son maridos y mujeres entre sí, o sea, que la calidad de hermano y hermana, primo y prima, tía, etc., lleva en sí el derecho conyugal, "el ejercicio del comercio carnal recíprco" (Engels, Federico, Origen de la Familia la Propiedad Privada y el Estado). En esta etapa se ha excluido a los padres y a los hijos del comercio sexual recíproco.

Tercero: El segundo momento de la organización de la familia se encuentra en la llamada "Familia Punalúa" cuyos restos fueron observados en las islas Sandwich o Hawai. Tal organización consiste en que: Todos los hijos de hermanos y de hermanas, sin excepción, son hermanos y hermanas entre sí y se respetan como hijos comunes de todos los hermanos y hermanas de sus padres y madres sin distinción. Entre todos ellos (hermanos, hermanas, primos y primas), existe el comercio sexual recíproco, sin distinción.

Es importante destacar dos notas especiales: la primera es que, según Engels (obra citada) la "gens" nace con la familia "punalúa"; y la segunda es que, según lo estableció en sus investigaciones el etnólogo y sociólogo suizo Juan Jacobo Bachofen (1815-1887), el parentesco sólo podía determinarse entonces, por la línea materna.

Cuarto: El tercer momento de la organización de la familia, lo constituye la llamada "Familia Sindiásmica", que se forma así: los hermanos y las hermanas son excluidos de la relación sexual entre sí. El parentesco se determina como sigue:

Los hijos o hijas (primos y primas) de varias hermanas (tías) son considerados como hijos de todas ellas;

Igual pasa con los hijos e hijas de los hermanos; éstos son considerados como padres de todos ellos;

Todos esos hijos son hermanos entre sí;

Los de los hermanos son sobrinos y sobrinas de las hermanas, así como los hijos de las hermanas son sobrinos y sobrinas de los hermanos;

Los primos y primas son cónyugues entre sí;

Los maridos de cada una de las hermanas es a la vez marido de todas ellas, así como la mujer de cada hermano es también mujer de todos los demás hermanos.

Este es el sistema americano de la familia iroquesa que Morgan explica con brillantez en su obra "La Sociedad Primitiva". Toda la etapa comprendida entre la familia punalúa y la familia sindiásmica es la epoca del matriarcado.

Quinto: El cuarto momento de la organización de la familia es la determinación de la descendencia individualmente tanto por la línea materna como por la línea paterna. Nace esta forma con los albores de la civilización y con los brotes primarios de la propiedad privada.

El estadio superior de la barbarie es la etapa de los "tiempos heróicos" de los pueblos cultos de la antigüedad: Grecia, Persia, India, Egipto y los indios de México, Guatemala y Perú: Es la edad del arado, del vellocino de oro, de la espada conquistada y del hacha de hierro. Desde entonces, el progreso se hace de manera rápida y continua.

Se construyen las ciudades amuralladas en las cuales se fija la residencia de la tribu y de la confederación de tribus. Se acrecienta la riqueza individual de las familias particulares, en detrimento de la propiedad coledctiva de la gens y de la tribu. Se efectúa la separación de los trabajos manuales y de la agricultura. Crece la producción y la productividad, lo que determina un mayor valor de la fuerza de trabajo del hombre y, en consecuencia, la esclavitud en estado inicial en el estadio medio de la barbarie, ahora se perfila como un elemento indispensable al sistema de la producción y se emplea un número cada vez mayor en el cultivo de los campos y en los trabajos de los talleres. Nace la producción directa para el cambio con lo que se acentúa el comercio por tierra y por mar y los metales preciosos comienzan a utilizarse como mercancía moneda de forma dominante y universal, cambiándose al peso, pero sin acuñarse todavía.

Se va operando la difernciación entre ricos y pobres a la vez que la de libres y esclavos. Poco a poco va desapareciendo el trabajo de las colectividades, el suelo común de la tribu se da para el cultivo de las familias particulares, al principio temporalmente pero después queda en sus manos de manera definitiva, en propiedad. La propiedad privada ha hecho su entrada en la historia humana.

La confederación de tribus consanguíneas llega a ser en todas partes una necesidad pues ya una tribu aislada ya no puede defenderse por sí sola ante el impetu de tribus enemigas que se dedican al saqueo dirigidas por los jefes de las familias individuales o particulares. Con las fusiones de las confederaciones de tribus nace la nación. Se impone,entonces la presencia de un jefe militar permanente a quien se le denomina rey, bassileus, dux, etc. . Según el lenguaje de los distintos pueblos. Se crea la asamblea del pueblo aún en los lugares en donde no existía.

El jefe militar, el consejo de ancianos y asamblea del pueblo son los representantes genuinos de la sociedad gentilicia en su más alto grado de desarrollo, tendiendo a convertirse en una democracia militar debido a que la guerra y su organización constituyen funciones regulares en la vida del pueblo. Esto se justifica porque los pueblos (tribus, confederaciones) aspiran a adueñarse de las riquezas de los vecinos por medio del saqueo que se convierte para aquellos pueblos bárbaros en una actividad permanente.

Estas guerras de rapiña enriquecieron y fortalecieron las ciudades, al jefe militar y a los jefes de las familias individuales. Como el jefe militar superior era permanente y había necesidad a votar por su reelección ésta al principio se hizo habitual, pero para el caso del sucesor se le buscó dentro de la familia del fallecido. Este procedimiento al principio fue simplemente aceptado y tolerado, después reclamado como un derecho hereditario por los descendientes y finalmente usurpado en disputas que dieron origen a los tremendos crímenes de que nos habla la tragedia griega en particular. De esta manera se pusieron las bases de la monarquía y de la nobleza hereditarias.

Y así se trastornó toda la organización gentilicia, pues desaparecieron la gens, la fratria, la tribu: estas dejaron de ser organismos que arreglaban sus asuntos internos y se conviertieron en otro que pretende el saqueo y la opresión de sus vecinos. Deja de ser un organismo que depende de la voluntad interna del pueblo y se convierte en un instrumento que sirve para oponerse a esa voluntad y al mismo tiempo a la sujeción o dominación de las gentes.

El Estado había hecho su aparición en la historia de la humanidad. Había concluído el larguísimo período de la prehistoria humana y dado comienzo el de su historia, abriéndose paso la civilización.

3. Razones que justifican el origen del Estado.

El fenómeno se explica así, según lo expone Federico Engels en su obra "Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado":

"En el estadio inferior de la barbarie los hombres no producían sino directamente para satisfacer sus propias necesidades; los pocos actos de cambio que se efectuaban eran aislados y sólo tenían por objeto lo superfluo allegado por casualidad".

"En el estadio medio de la barbarie, encontramos y en los pueblos pastores una propiedad en forma de ganadería, que, supone una importancia relativa de los rebaños que suministran con regularidad un excedente de las necesidades personales; al mismo tiempo encontramos una división del trabajo entre los pueblos pastores y las tribus atrasadas, sin rebaños; y de ahí dos grados de producción diferentes y simultáneos, uno junto al otro, y de ahí también las condiciones para un cambio regular".

"El estadio superior de la barbarie nos presenta una división más grande aún del trabajo, entre la agricultura y los oficios manuales; y de ahí la producción más grande de objetos directamente fabricados para el cambio de productos, y elevación del cambio entre productores individuales a la categoría de necesidad vital de la sociedad".

"La civilización consolida todas estas divisiones del trabajo ya existentes, sobre todo acentuando el antagonismo entre la ciudad y el campo (lo cual permite a la ciudad dominar económicamente al campo, como en la antigüedad, o al campo oprimir a la ciudad ocmo en la Edad Media), y añade una tercera división del trabajo, propia de ella y de capital importancia: crea una clase que no se ocupa de la producción, sino únicamente del cambio de los productos, los MERCADERES...

"Así fue cómo en la extensión del uso del dinero y la usura, la propiedad territorial y la hipoteca, y la concentración y centralización de la fortuna en manos de una clase poco numerosa hicieron rápidos progresos, simultáneamente con el empobrecimiento de las masas y el aumento numérico de los pobres".

"La nueva aristocracia de la riqueza, en todas partes en donde no se había confundido ya con al antigua nobleza de raza, acabó por arrinconar a ésta (En Atenas, en Roma y entre los germanos). Y junto con esa división de los hombres libres en clases con arreglo a los bienes de fortuna, prodújose sobre todo en Grecia, un enorme acrecentamiento del número de esclavos, CUYO TRABAJO FORZADO FORMABA LA BASE DE TODO EL EDIFICIO SOCIAL".

"La estabilidad se mantuvo hasta el estadio medio de la barbarie. Luego la movilidad de la producción, del comercio (el cambio), la división social del trabajo (pastores, agricultores, oficios manuales, comerciantes) trajo la división de la sociedad en clases (ricos y pobres, libres y esclavos, explotadores y explotados) y la separación del campo y la ciudad con el predominio de ésta."

Los organismos de la gens basados en la sangre, en la consanguinidad y para una sociedad prácticamente estática, ya no eran eficientes para una sociedad movil y dinámica; una sociedad que en virtud del conjunto de las condiciones económicas de su existencia había tenido que subdividirse en clases antagónicas; una sociedad que, no solo no podía conciliar estos antagonismos, si no que, por el contrario, se veía obligada cada vez más a agudizarlos; una sociedad que para existir necesitaba una lucha incesante de estas clases entre sí, o de otro modo, vivir bajo el dominio de un poder superior a las clases en lucha para dirimir sus conflictos públicos y sólo permitir que esa lucha de clases se puediera verificar únicamente en el terreno económico, bajo formas legales. La gens que había vivido en su esplendor y ahora moría bajo el peso de esas condiciones y circumstancias; y en su lugar se instauraba el nuevo aparato rector, EL ESTADO, de cuya naturaleza hablaremos en seguida.

4. Tránsito de la Comunidad Gentilicia al Estado.

Hemos visto el progreso de los pueblos asiáticos primitivos o antiguos del extremo oriente (China), del Asia Central (Sumeria, Persia, Caldea, Asiria, Babilonia), del Asia Meridional (Indostán o India), del cercano Oriente (Palestina, Fenicia, etc.) y del Africa Nor-Oriental (Egipto) que brindaron sus originales culturas y abrieron el paso a la aurora de la civilización con muchísima anterioridad a los griegos del mar Egeo y de la península del Peloponeso.

¿Cómo llegaron esos pueblos a esa situación? ¿Cuál fue el paso de transición entre la comunidad gentilicia y la organización estatal?.

La Sociología y la Historia han demostrado con clara evidencia dos leyes indefectibles de la evolución social:

La ley del desarrollo desigual, o sea, que unas comunidades se adelantan a otras que permanecen estancadas durante algún tiempo;

La ley de la identidad de ese desarrollo, salvo algunos caracteres que diferencian las culturas entre sí.

Con respecto a la ley del desarrollo desigual podemos poner como ejemplo, el avance de los pueblos citados y el atraso de los demás de aquellos tiempos; y en la época contemporánea, el gran avance de los pueblos europeos y de los Estados Unidos de América, mientras que muchos pueblos de Asia, Australia, Polinesia, Indonesia, Melanesia, América y Africa, permanecen aún en estado de salvajismo o en la barbarie.

Con respecto a la ley de la identidad del desarrollo, la Sociología, con el auxilio de la Paleontología, la Etnología y la Antropología, ha demostrado que en las comunidades primitivas de todas las latitudes han pasado por etapas de cambio similares en su proceso evolutivo, pudiéndose distinguir, en general dos grandes formas sucesivas:

La primera es la "comunidad natural nómada", cuyo núcleo lo constituye "la familia extensa": la horda, la gens, la tribu. En esta colectividad comienza el hombre por medio de su trabajo "a apropiarse de la Naturaleza" que es a la vez su medio de trabajo y su material de trabajo: caza, pesca y recolección de frutos.

La segunda es "La comunidad agraria aldeana primitiva", cuyo núcleo es la tribu organizada conforme la descendencia o "gens" (organización gentilicia) que colma los progresos alcanzados por el hombre en su evolución económica y social. Es la época del pastoreo y de la agricultura, la era de la domesticación de animales y la apropiación directa de la tierra, bienes que poseen y explotan en forma común. A esta fase superior habían llegado las comunidades asiáticas y africanas anteriormente citadas, así como los aztecas de México, los mayas de Yucatán y de Guatemala, los quichés y cachiqueles de Guatemala, los pipiles de El Salvador, los incas del Perú, que constituían las comunidades gentilicias más avanzadas de América a la llegada de los españoles a fines del siglo XV de nuestra era. Recordemos a este respecto el "Calpully" de los aztecas; el "huasipungo" de los ecuatorianos y el "ayllu" de los incas que eran comunidades agrarias que usufructuaban el trabajo y los frutos producidos en forma colectiva. La comunidad agraria aldeana primitiva era la sociedad comunista; la sociedad dueña de todos los medios de producción y del trabajo de todos sus miembros.

Para dar una idea más aproximada de lo que era esta comunidad primitiva en su organización gentilicia más desarrollada entresacamos unos párrafos de dos obras de historiadores latinoamericanos. Citamos de la obra "Breve Historia de América" del escritor peruano Luis Alberto Sánchez los siguientes datos:

"En los comienzos los pueblos americanos estuvieron organizados en clanes y fratrias (...) Poco a poco los clanes y fratrias fueron adquiriendo carácter distinto ahí donde la prosperidad o la fertilidad de la tierra permitió al hombre asentarse. Los conglomerados sociales adoptaron un fundamento más sólido que la creencia o la superstición: La propiedad del suelo, su cultivo, su engrandecimiento... "

Pero en el seno de esta sociedad agraria primitiva se va formando un "grupo aglutinante" o "grupo dirigente superior", a consecuencia del usufructo individual de la tierra que se perfila ya en la tercera y última fase de la barbarie. Esta es la forma histórica que recibe el nombre de MODO ASIATICO DE PRODUCCION O FORMA DE PRODUCCION ASIATICA, recibiendo estos nombres porque se dio por vez primera en el continente asiático y porque consevó su estructura intacta a través de todos los tiempos, aún a pesar de la influencia que puedieron haber ejercido en esos pueblos los conquistadores y colonizadores europeos.

Esa forma de producción asiática tiene por base la comunidad agraria aldeana primitiva, autosuficiente en su producción social, pero engendra en su seno los inicios de la propiedad privada al conceder el usufructo individual de la tierra conforme la voluntad del grupo dirigente o el jefe.

El grupo dirigente superior o grupo aglutinante se erige al principio en guardián de los bienes colectivos, pero posteriormente se autonombra propietario universal de los mismos y organiza una especie de esclavitud pública que destina a la realización de trabajos en beneficio de la colectividad, como irrigación de las tierras agrícolas, construcción de templos, etc... El "grupo dirigente" superior se ha atribuido una función en beneficio del interés general y a su amparo organiza y dirige los trabajos públicos, extrayendo de las comunidades un plusproducto, una plusvalía en forma de impuesto.

El grupo dirigente, o el jefe (faraón, rajá, rey, mandarín, gran mongol, cacique) es considerado como "padre de todas las comunidades"; y dueño universal de toda la tierra de las mismas, con la facultad de cederla por medio de cada comunidad a los individuos para que la cultiven mediante el pago de un tributo. Esta es la forma primitiva de la renta de la tierra. Por ejemplo: en el sistema maya y otros pueblos de México y de Mesoamérica, "el calpully", las tierras para las sementeras eran entregadas por el cacique a los individuos para su cultivo, y sus productos eran usufructuados por la comunidad entera, empezando por el gran señor, el jefe, el cacique, llamado Halasch Uinic, quien gozaba de consideraciones especiales al respecto.

Sobre esta base se edificó el Estado despótico oriental antiguo de los chinos, indostánicos, persas, caldeos, fenicios, egipcios y la despotia azteca representada por Moctezuma y del llamadao sistema comunista inca representado por Atahualpa.

La sociedad había clausurado la organización gentilicia y había caído bajo el imperio de la voluntad mágica del Estado.

5. Naturaleza y funciones del Estado.

El problema de la naturaleza de las funciones del Estado atañe directamente los intereses de las clases sociales.

Como hemos visto a lo largo de toda nuestra exposición, el Estado ha sido presentado envuelto por resplandores o velos misteriosos, en auras o nieblas místicas que han hecho de él, un ser fantástico, poderoso hasta la omnipotencia, inaccesable hasta la irresponsabilidad. Así lo sostienen las multiseculares teorías religiosas, jurídicas y filosóficas que han tratado de justificar su existencia, teniendo por base bien los intereses de la clase sacerdotal, de las dinastías hereditarias, de la nobleza y de la aristocracia y últimamente de las clases adineradas o burguesas e imperialistas que han extendido su dominio sobre las masas explotadas y los pueblos atrasados, sometidos y explotados.

Hemos examinado cómo el Estado ha sido considerado eterno, de una naturaleza o substancia divina; como ser mitológico impuesto por las fuerzas de la naturaleza; como una institución impuesta por la voluntad creadora de una raza superior; o como un acuerdo de voluntades, como un contrato o convenio formulado en abstracto por los componentes de la sociedad para armonizar sus intereses..., todo esto expuesto con el velo de Isis del misterio religioso o de la abstracción idealista y metafísica.

Los filósofos, jurístas y sociólogos que hemos examinado presentan al Estado como institución situada por encima de las clases y al margen de ellas, es decir, por encima de la sociedad, como una organización destinada a mantener el orden social, como un guardián que vela por la conservación de la tranquilidad en el vecindario. En la teoría del Estado moderno aparece éste como un vínculo que mantiene la unidad de la sociedad que evita su desintegración; que la misión del Estado es la de mitigar las contradicciones de las clases, conciliar entre sí las clases secularmente enemigas. Todas estas teorí as coinciden en negar la naturaleza de clase del Estado, inclusive algunos teóricos de doctrinas socialistas, afirman que el Estado moderno parlamentario es una institución situada por encima de las clases, asegurando que el sufragio universal convierte al proletariado de clase oprimida en "clase enraizada" dentro del Estado.

La naturaleza del Estado se pone de manifiesto en la política que sigue en sus funciones prácticas, la cual está determinada por la clase social a quien sirve. No son las normas formales de la Constituciótica, ni las leyes secundarias sustantivas o adjetivas, ni las disposiciones administrativas o reglamentarias las que determinan su naturaleza, ni mucho menos las teorías de los ideólogos o políticos que exaltan tal o cual sistema, lo que señala esa naturaleza del Estado. A este respecto, la historia ha demostrado, que el Estado no es ningún ente mítico que se encuentre por encima de la sociedad y de las clases sociales; lo ha demostrado la actividad política encaminada a proteger y resguardar, por medio de la burocracia, el ejército, la policía, etc., los intereses de la clase económica y políticamente dominante.

Precisamente esa fue la diferencia fundamental que se planteó desde un principio entre la organización gentilicia y la organizacion estatal.

En la organización gentilicia los individuos se ubican en el territorio de la tribu de acuerdo a su raza, a su sangre. En la organización Estatal que surgía, los indiviudos se ubicaban o fueron ubicados, de acuerdo a sus trabajos, a sus necesidades, a sus servicios, independientemente de la gens.

La organización gentilicia tenía sus representantes (Consejo, Asamblea y jefe militar) que eran electos y dominados por el pueblo. En la organizacion estatal naciente se instituye "una fuerza pública" que ya no es el pueblo elector y armado. Esta fuerza pública sirvió en los primeros tiempos para someter y mantener en la obediencia a los esclavos, en favor de la ciudadanía formada por una minoría aristocrática de hombres libres, y sus componentes eran también miembros de esa misma ciudadanía de hombre libres y aristócratas. Pero a la vez, estos ciudadanos libres y aristócratas, se dividían también en ricos y pobres, de los cuales estos últimos formaban la mayor parte a los que debían mantenerse dentro de ciertos límites. Esto hizo necesario la creación de una fuerza policial para mantener el orden, la cual se complementaba con cárceles y tribunales de justicia de toda clase. Esta fuerza pública y tribunales fueron desconocidos para la gens.

Para sostener en pie esta fuerza pública se hizo necesario el pago de impuestos, los cuales recayeron sobre los ciudadanos; después vinieron los empréstitos, las empresas estatales, etc.. De todo esto no tuvo conocimiento la organización gentilicia.

Los funcionarios o mandatarios de esta organización, es decir de la fuerza pública y del derecho de recaudar los impuestos, se sintieron colocados por encima y con dominio sobre la sociedad misma; y esta circumstancia hace que se cree y desarrolle el derecho, traducido en leyes que imponen el respeto, la santidad y la inviolabilidad de estos mandatarios.

El Estado había nacido de la necesidad de refrenar los antagonismos de las clases nacientes, pero como realmente era un producto del conflicto de dichas clases, "EL ESTADO SE CONVIRTIO EN UNA FUERZA DE LA CLASE MAS PODEROSA, DE LA QUE IMPERA ECONOMICAMENTE". (Federico Engels, "Origen de la Familia, la Propiedad Privada y del Estado").

De esta manera, la clase más poderosa se vuelve preponderante frente a las demás clases, adquiriendo así una supremacía desde el punto de vista político, con lo cual crea mejores medios para la sujeción y explotación de las demás clases inferiores.

Es así que el Estado es la organización de la clase dominante, el instrumento para dominar y someter a las otras clases; el arma contundente para aplastar a los ementos que se opongan a esa dominación.

Esa es la naturaleza del Estado:

Ser una categoría histórica, es decir, una realidad que surgió al llegar la sociedad a una determinada fase de su desarrollo, cuando se dividió en clases opuestas y hostiles entre sí.

Ser un instrumento de represión de una clase dominante contra la clases dominandas;

Exponente de las irreductibles contradicciones entre las clases sociales;

Una superestructura política que representa la ideología jurídica de la clase dominante, y que formaliza y materializa el derecho de la esta clase.

El funcionamiento del Estado se manifiesta en las atribuciones y ejecuciones del Poder Público que realizan sus mandatarios, auxiliados por sus funcionarios y agentes. Este Poder está separado del pueblo, de las masas, está conformado en la cúspide en organismos que cumplen determinadas funciones (Legislación, Administración y Jurisdicción o Justicia, llamados Poderes Legislativos, Ejecutivo y Judicial en los Estados Modernos y que en los regímenes de las monarquías absolutas detentan unipersonalmente el rey o soberano); y en la base por destacamentos armados como el ejército, los cuerpos de policía, la guardia, los servicios de espionaje, etc. y la burocracia que está constituida por la masa de empleados que tienen por finalidad cumplir las disposiciones que tienden a satisfacer los intereses de la clase dominante.

Estos son los Organos del Poder Público del Estado históricamente manifestado hasta nuestros días.

Dos son las funciones esenciales de todo Estado: Una interior y otra exterior.

La interior expresa las relaciones de las clases dentro del territorio nacional en donde se ejerce la soberanía estatal. Esta función se encarga de regular la economía, el comercio, los salarios, los empleos, la familia, los contratos, las obligaciones, las herencias, etc..

La exterior consiste en mantener en estado de irreductibilidad el territorio, y ensancharlo, si fuere posible. Es decir, hacer la guerra a otros Estados, ya sea con el propósito de defender el territorio nacional propio de las invasiones extranjeras así como de la protección del comercio con los demás Estados con que se relaciona.

6. Formas y tipos de Estados.

Hemos expuesto que el Estado se erige como una organización política, como una superestructura política al servicio de una clase económica poderosa; que se erige sobre una determinada base económica. Esto define el tipo de Estado, es decir, su esencia.

En la historia que conocemos hasta nuestros días, se han dado cuatro tipos de Estado: esclavista, feudal, capistalista o burgués y socialista, cuyo control y manejo ha estado, precisamente, en manos de las clases sociales sucesivamente dominantes en lo económico, como fueron la esclavista en la antigüedad, la feudal en la Edad Media, la capitalista o burguesa desde el triunfo de la revolución francesa en el año de 1789 y el proletariado desde el triunfo de la revolución socialista en octubre de 1917.

Las formas de estas tipologías son también variadas: La monarquía, gobierno de un solo hombre; la aristocracia u oligarquía, gobierno de una minoría selecta; y la república o democracia que significa el gobierno de todos, del pueblo en general.

Hay que aclarar que estas mismas formas se han repetido a través de toda la historia política de todos los pueblos, pudiéndose observar los diversos casos de monarquías, aristocracia u oligarquías y repúblicas esclavistas, feudales y capitalistas. Solo lo que no se ha visto hasta la vez es una monarquía, ni aristocracias u oligarquías socialistas; pero sí regímenes republicanos y democracias sociales.

El régimen esclavista es el que tiene por base o fundamento la producción por medio de hombres esclavizados que se emplean en el cuidado de los rebaños, en el cultivo de la tierra y en los oficios manuales que se ejercían en los talleres. Sobre esta estructura económica se erigían las superestructuras religiosas, políticas, jurídicas, ideológicas, sociales, etc. que reflejaban los intereses de los distintos grupos o clases sociales que componían la sociedad de aquellos tiempos. En general, esta sociedad esclavista estaba dividida en hombres libres y esclavos: los libres se dividían en pobres y ricos, lo que se apreciaba por la cantidad de esclavos que poseía cada quien. Algunas veces los pobres, debido a las deudas, caían en esclavitud y dejaban de ser libres. Los libres eran una minoría en comparación con el crecido número de esclavos, siervos o artesanos, en su caso y sólo ellos tenían o disfrutaban de los derechos civiles y políticos.

En una sociedad como la de los griegos de la antigüedad, cuando ejercía el poder un solo hombre que mandaba dictatorialmente se dice que era una "tiranía" o una "monarquía" según el gobernante que era ocasional o que gozaba del poder por haber sido instituido como rey; cuando se instalaba por la vía de la violencia o la usurpación un grupo de aristócratas, nobles o aventureros, se dice que se ha establecido una aristocracia o una "oligarquía" y cuando el pueblo asistía a la plaza pública, al "Agora" a votar por su gobernantes, se dice que es una democracia. Así, a grandes rasgos funcionó el Estado esclavista, bajo esas distintas formas de gobierno. En los regímenes orientales el Estado esclavista funcionó por lo general como una "despotia", es decir, como una forma de gobierno en que mandaba uno solo que era llamado "déspota" o "sátrapa". En Roma se dieron las mismas formas que en Grecia.

El régimen económico feudal se basa en la explotación del hombre sometido a servidumbre perpetua. Ya el hombre servil ya no es esclavo puesto que disfruta el derecho a la vida aunque sometido a la permanencia en un solo lugar y condenado a servir para toda su existencia al señor feudal, o sea al dueño de la tierra. La organización política de este sistema era una verdadera pirámide jerárquica que iba desde los siervos y vasallos, en el campo, hasta las cumbres de los reyes, monarcas o emperadores en la cúspide del gobierno. En la ciudad la jerarquía comenzaba con los aprendices en los talleres, seguían los operarios, y después los oficiales y terminaba con los maestros que eran los amos de la distribución de los puestos de mando.

La jerarquía feudal era, como dicen algunos autores, una "poliarquía", lo que significa un conjunto de gobiernos sometidos el uno al otro hasta llegar al jefe del Imperio o al monarca que ejercía el poder sobre todos los demás señores feudales. Esta organización comprendía "señoríos" dominados por sires o señores feudales, "baronías" por barones, "marcas" o "marquesados" por marqueses, "condonaciones" mandadas por condes, principados por príncipes, reinados o reinos gobernados por reyes e imperios cuyo jefe era el emperador. Así estaba organizada la nación francesa en tiempos de Carlo Magno y en tiempos de Luis XIV que han sido los monarcas feudales por excelencia.

Sin embargo, dentro de este régimen de la servidumbre feudal se han dado democracias o repúblicas feudales tales como las que surgieron en el norte de Italia en el siglo XII, como Florencia, Nápoles, Piza, Parma, Venecia, Milán, etc. que fueron mandados por un Dux (dirigente o conductor) o por aristocracias como las que constituyeron las familias Orsini, Médicis, y Borgias, caracterizadas por su despotismo. Aquí mismo puede caber, aunque ya habían iniciado el cambio hacia el capitalismo primario, las repúblicas establecidas por los holandeses cuando se liberaron de la dominación española y la establecida por Oliverio Cronwell en Inglaterra, las primeras en 1608 a 1613 y la segunda de 1643 a 1658-1660 año en que fue derrocado el hijo de Cronwell.

De la estructura del Estado Esclavista y del Feudal hemos hablado ampliamente en el capítulo II (La divinización del Estado); y del Feudal específicamente en el capítulo III (El Estado conforme el Derecho Natural).

Al desarrollarse la forma de producción capitalista, es decir, que se acrecienta el número de obreros asalariados en la fábricas bajo el mando del empresario que es el dueño de los medios de producción, se origina el fenómeno de la constitución de la clase burguesa como clase o capa social, el campesino y los artesanos no se extinguen pero su papel económico social pasa a segundo término, al igual que el de los terratenientes feudales y el de la nobleza. Este movimiento que imponía el cambio de las fuerzas sociales sucedió en Europa en los siglos XVII y XVIII, sus expresiones decisivas fueron la revolución inglesa de 1648 y la francesa de 1789. Con estas revoluciones la burgesía expresaba su volundad de poseer el poder político, ya que como premisa fundamental, tenía desde hacía algún tiempo, el poder económico, con el cual había venido cercando a la nobleza, al clero y a los terratenientes. En otros países europeos, como Alemania en 1848 y en 1870, en Italia en 1849 y en 1863, etc., la burguesía transó con los terratenientes y la nobleza para compartir el poder político.

Recordemos que en el régimen feudal los campesinos estaban atados a perpetuidad a la tierra, los artesanos estaban sujetos a leyes gremiales manejadas por los maestros y la nobleza, el clero y los terratenientes gozaban de privilegios que los diferenciaban de los siervos y de los artesanos como clases de rango superior. Asimismo, en el aparato estatal, los estamentos representaban solamente los intereses de esas clases superiores. Contra esta situación luchó entonces la burguesía, como clase revolucionaria y como clase que iba a la vanguardia, entonces, de la lucha social. Su ideología era entonces, la igualdad de los hombres ante la ley, la libertad en todas sus manifestaciones como por ejemplo: expresar el pensamiento, desplazarse de un lugar a otro en el territorio nacional, ofrecer su trabajo a quien quiera que fuese o sea la libertad de contratar y el derecho a ser miembro del Parlamento, Congreso, Asamblea Legislativa lo mismo que a cualquier puesto público. La burguesía, pues, hacía pasar sus intereses de clase, como los intereses de toda la nación.

De esta suerte, el Estado feudal fue sustituido por el Estado burgués o Estado capitalista que ofrece modalidades distintas del régimen feudal anterior. La estructura del Estado capitalista la hemos expuesto en el Capítulo V bajo el título de "El Estado Capitalista conforme los postulados de la razón".

El Estado moderno, capitalista o burgués se da bajo varias formas: repúblicas democráticas presidencialistas como la de los Estados Unidos, Costa Rica, Suiza, México; repúblicas oligárquicas como la de la familia Somoza en Nicaragua, la del régimen de Pinochet en Chile; monarquías parlamentarias como la Inglaterra, Dinamarca, Suecia, Noruega; dictaduras como la del régimen facista en Italia, el nazi en Alemania en tiempos de Hitler, el falangista en España en tiempos de Franco.

El Estado capitalista ha sido adaptado para defender específicamente los intereses de la burguesía: a facilitar la explotación de los trabajadores de todos los oficios y a colocar en los puestos de dirección del Estado a las personas que defienden contra toda oposición o rebeldía, los intereses de la clase capitalista.

Así, el Estado burgués, en su régimen constitucional, defiende la estructura y fundamentos del capitalismo: la propiedad privada de los instrumentos y medios de producción, la explotación del proletariado y la dominación de la burguesía.

En los regímenes capitalistas no hay mayor diferencia en quien posea el poder del Estado: burgueses, pequeño burgueses (clase media), demócratas republicanos, conservadores, fascistas, nazis, falangistas, inclusive los llamados socialistas de derecha o demócratas cristianos, etc.; todos llevan la misma consigna: defender los intereses de clase de la burguesía y como plataforma fundamental, la defensa de la propiedad privada y la explotación de las clases trabajadoras (proletarios, artesanos y campesinos). En síntesis, el Estado capitalista es la dictadura de la clase burguesa sobre la clase trabajadora.

II. Raices del Estado Socialista.

1. Los objetivos del Estado Socialista.

Así como sucedieron revoluciones feudales que terminaron con el régimen esclavista e instauraron el régimen de servidumbre que cambió la estructura de la sociedad y del Estado tornándolo de monárquico o absolutista en poliárquico o disperso en señoríos feudales; así como este régimen y Estado feudales fueron destruidos por las revoluciones burguesas que instauraron un nuevo Estado con cierta elasticidad que hacía varias concesiones al pueblo, así, también, las revoluciones han traído a la historia política de los pueblos, el aparecimiento de un Estado de nuevo tipo, un Estado que permite la participación de las masas en los Organos que lo componen: es el Estado Socialista o Estado Proletario. Y se le llama así porque en sus fines persigue satisfacer las demandas históricas de la clase trabajadora dirigidas por la clase obrera o clase proletaria. Este es un Estado distinto a los que nos hemos referido en este estudio.

Este Estado sirve de instrumento para la construcción del socialismo y es una superestructura política construida sobre la base de las relaciones de producción de carácter socialista; su contenido de clase es la "dictadura de la clase obrera" (dictadura del proletariado) o sea, la dirección estatal asumida por el proletariado. Este Estado tiene como finalidad principal e inmediata destruir la explotación del hombre por el hombre, destruir la propiedad privada y construir la sociedad socialista.

Esa misión histórica de proletariado de destruir la propiedad privada y de construir el socialismo no puede ser llevada a cabo sin el necesario fortalecimiento de la maquinaria estatal que recibe el nombre específico de "Dictadura del Proletariado". Es una dictadura revolucionaria puesto que trata de cambiar un orden existente desde hace varios milenios y su empeño es el de aplastar la resistencia de la burguesía y de las capas sociales que sustentaban sus privilegios en las formas feudales de producción, en las formas esclavistas que aún subsisten como lo hemos explicado al referirnos a los regímenes del "Apartheid", del nazismo y del fascismo.

2. Pensadores socialistas.

Es indudable que el proletariado, la clase obrera, se comienza a formar desde los inicios de la formación del capitalismo, porque la acumulación de capital originario se basó, precisamente, en la explotación de ese embrión de la clase trabajadora moderna. A medida que el régimen económico se iba ensanchando, el proletariado crecía en número a la vez que se desarrollaba su conciencia de clase. Cuando sucedieron las revoluciones inglesa (1648-1660) y francesa (1789-1793) la clase obrera solamente tenía conciencia de ser una clase distinta de las otras (de la nobleza, del clero, de la clase media, de la burguesía y del campesinado), es decir, tenía conciencia de ser una clase en sí, pero todavía no tenía conciencia de sus propios intereses de clase, no tenía conciencia "para sí". Es por esta razón que en dichos movimientos revolucionarios, la clase obrera participó como colaboradora de la burguesía y no se manifestaba como clase independiente.

Sin embargo ya se evidenciaban actitudes que indicaban el sentido que llevarían sus propias reivindicaciones: En primer lugar, durante la revolución francesa, los jacobinos, apoyados por el proletariado urbano y rural, llevaron hasta sus últimas consecuencias la lucha por el derrocamiento del feudalismo, pero éstos, en definitiva terminan por defender los intereses de la burguesía.

A esas alturas del siglo XVIII ya se expresaban algunas ideas socialistas y comunistas que fueron consideradas como ensoñaciones utópicas, pero que reflejaban ya los anhelos propios de la clase obrera. Estas ideas predicaban una sociedad igualitaria basada en la hermandad, en la comprensión y el ascetismo social. Los teóricos de esas ideas predicaban que se llegaría esa comunidad ideal de hombres libres e iguales, mediante la persuación, la divulgación de la cultura y la comprensión de la naturaleza humana. Pensaban en una organización racional y voluntaria de la sociedad, sin considerar sus contradicciones de clase, ni la lucha política de las masas por la conquista del poder político. Estas son las ideas del socialismo utópico. No habían sido descubiertas las leyes del desarrollo social.

Entre esos socialistas utópicos del siglo XVIII están: Juan Messlier (1660-1733), Morelli, cuyos datos biográficos no se conocen, autor de la obra "Código de la Naturaleza" que expresa ideas comunistas utópicas. Esta obra era atribuida a Diderot, porque por mucho tiempo apareció sin firma de autor.

El abate Gabriel de Mably (1709-1785), predicaba que el hombre era egoísta por naturaleza, a la vez amante de su prójimo por necesidad, por ello era susceptible de buscar y realizar su propio perfeccionamiento; que las virtudes naturales son la capacidad de razonar y la capacidad de ser libre, las cuales pueden ser desarrolladas mediante su ejercicio dentro de la comunidad estatal, es decir, mediante el ejercicio de la política y afirmaba que la igualdad era una ley natural de los hombres.

Todos estos pensadores son anteriores a la revolución. Pero ya en el marco de ésta, se perfila el socialismo utópico de Francisco Babeauf (1760-1797) que usaba el seudónimo de "Graco" y oponía a la igualdad formal la igualdad real de los bienes y que la revolución no había llegado a su término pues no había logrado realizar la felicidad del pueblo y que por el contrario esta revoluciólo ha servido para recoger en vasos de oro el sudor y la sangre de los trabajadores para ser entregado a un puñado de ricachones, que esta revolución sería superada por otra de alcances mayores la cual sería la última y definitiva.

Ya desde fines del siglo XVIII, mientras crece el poderío del Estado burgués, lo cual refleja el ascenso y la dominación económica de la burguesía, el proletariado sigue desarrollando su conciencia de clase y va pasando del romanticismo y de la utopía al realismo y a la concepción científica de sus ideas. En el marco del socialismo utópico, pueden ubicarse en Francia: Claudio Enrique de Saint-Simon (1760-1825), Francisco María Carlos Fourier (1771-1837), y en Inglaterra Roberto Owen (1771-1858) ; quienes proyectaron sus ideas a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

Las ideas del socialismo utópico de la primera mitad del siglo XIX desarrolladas por estos pensadores reflejan la protesta de las masas trabajadoras contra la explotación capitalista. Es interesante anotar que Inglaterra estaba industrialmente más desarrollada que Francia a

fines del siglo XVIII y a principios del siglo XIX al punto que ya en Inglaterra se había llevado a cabo el inicio de la revolución industrial (1748) que cambió toda la faz de su historia política e internacional. Pero en ambas naciones el desarrollo del capitalismo había agudizado las contradicciones, cuyos efectos se hacían sentir de varias maneras: aumento de la miseria de la clase obrera y enriquecimiento sin trabas de los capitalistas, empobrecimiento de los pequeños productores, anarquía en la producción, proletarización de los artesanos, crisis de desocupación.

Las teorías de estos tres grandes pensadores traducen en forma más precisa que las de los socialistas utópicos del siglo XVIII la indignación y la rebeldía de las masas trabajadoras: ya preconizaban la estructuración de un régimen nuevo y justo. Pero este socialismo no llegaba a conclusiones realistas: solamente se concretaba a criticar la inmoralidad de la sociedad capitalista, a condenarla por sus excesos de avariacia y de corrupción y como régimen oprobioso para los destinos de la humanidad, al mismo tiempo que formulaban una sociedad imaginaria organizada bajo un régimen de cooperación y hermandad sobre bases justas, de acuerdo con los empresarios dueños de las grandes fábricas industriales. Se cuenta que Fourier, durante muchos años hasta el final de su existencia se quedaba en su casa durante la noche del treinta y uno de diciembre y del primero de enero esperando al benefactor que le daría el dinero necesario para echar la construcción de su "Falanserio" como él llamaba la sociedad utópica que viviría bajo los principios de la justicia, la igualdad y la prosperidad.

Carlos Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820-1885) fueron los creadores de la doctrina del materialismo dialéctico y del materialismo histórico que sirven de fundamento teórico para la creación del socialismo científico, cuyos organizadores y creadores fueron también ellos.

La doctrina marxista comienza a perfilarse en la obra "La Sagrada Familia" (1846) y sucesivamente desarrollada en "Miseria de la Filosofía" (1847), en el "Manifiesto del Partido Comunista" (1848), en "Contribución a la Crítica de la Economítica" (1859) y en "El Capital" (1867) todas de Marx, Engels escribió por su parte: "Dialéctica de la Naturaleza", "Orígenes de la Familia, la Propiedad y del Estado", "Anti Düring" y otras.

El marxismo es una reelaboración crítica de la filosofía clásica alemana, del socialismo utópico francés y de la economía política inglesa; de esa crítica nacen las partes integrantes o constituyentes de la teoría marxista:

En filosofía la doctrina del materialismo dialéctico e histórico;

En Economía la doctrina económica materialista de Marx;

En Sociología la concepción del comunismo científico.

3. El primer Estado Socialista: la Comuna de París.

Durante el período de la Restauración de los Borbones en Francia (1818-1830) y de la casa de Orleans (1830-1848) la dominación de la

Burguesía fue evidente, así como la sumisión del proletariado. En el primer lapso dominó la burguesía comercial e industrial y en el segundo la burguesía financiera cuyo dominio se hizo más patente en todo el resto del siglo y en el siglo XX. Pero el proletariado dio sus primeras manifestaciones de poder propio en las revoluciones de 1848 a 1850 que Marx trató en sus obras "La Guerra Civil en Francia de 1848 a 1850" y el período posterior a ella en "El 18 Brumario de Luis Bonaparte", en donde aplica su teoría del materialismo histórico.

Al triunfar la revolución de febrero de 1848 que derrocó a la casa de Orleans que era sirviente de los capitalistas dueños de los bancos y de las acciones de los ferrocarriles y otros grandes negocios, los obreros de París exigieron su participación en el gobierno y les fue concedido un Ministerio del Trabajo cuya comisión organizadora estuvo encabezada por Luis Blanc y Albert (dos representantes de las corporaciones artesanales de París y famosos dirigentes de esa época).

Pero este movimiento no prosperó sino que fue frustrado luego del golpe de estado de Luis Napoleón que siendo presidente de Francia se coronó emperador con el nombre de Napoleón III siendo la base social del gobierno el campesinado que era dueño de pequeñas parcelas; se apoyaba en la gloria de su famoso tío, Napoleón I, que había sido el primero en considerar la fuerza y la lealtad política del campesinado y le había dado participación en las lides de la política. Napoleón III (1808-1873) cayó después de su lucha contra el imperialismo alemán conducido por Bismark (1815-1898) en la guerra franco-prusiana de 1870.

El proletariado de París toma entonces el poder político en sus manos por primera vez en la historia universal e instala el primer Estado Proletario con el nombre de la "Comuna de París" que se diferencia de los anteriores Estados y formas de gobierno, tanto en su organización como en sus actuaciones. Este Estado solamente duró desde el 18 de marzo al 30 de mayo de 1871, es decir, escasamente dos meses con doce días; pero que fue un lapso suficiente para que un escalofrío de terror corriera desde la cabeza hasta los pies de toda la nobleza y la burguesía de la Europa de entonces. Esto hizo que estas dos clases se aliaran para luchar contra el proletariado a fín de destruirlo políticamente, desde luego que como clase no lo podían hacer, ya que no puede existir desarrollo capitalista sin obreros.

"Viva la República Social" había gritado la clase obrera en febrero de 1848 pugnando por sustituir el gobierno orleanista de la clase acomodada por un gobierno que reflejara los intereses del pueblo. Y ese anhelo fue sustancialmente realizado por la Comuna de París en su efímero período de existencia del 18 de marzo al 30 de mayo de 1871, fecha ésta última en que las tropas alemanas irrumpieron desde Versalles contra París y aplastaron el primer Estado proletario... ¿Y qué es la Comuna de París?.

Del folleto de Carlos Marx "La Comuna de París" sacamos los siguientes datos:

La Comuna de París, es, en primer lugar, la clase trabajadora de París alzada en armas, que se adueña del Estado. Como sabemos, París es la capital de Francia y núcleo central de grandes fábricas, comercios y transacciones y por lo tanto, albergue natural y forzoso de miles o millones de trabajadores. Después del segundo Imperio, Agustín Thiers quiso restaurar la vieja maquinaria del poder estatal tradicional y entonces los obreros de París, se opusieron a esos intentos y tomaron el poder en sus manos haciendo huir a Versalles a los funcionarios del viejo régimen quienes encabezados por Thiers no tuvieron escrúpulos de echarse en brazos de los enemigos de Francia, los alemanes, quienes incluso condicionaron de modo humillante su intervención. He aquí algunos rasgos que caracterizan el gobierno de la Comuna de París:

París resistió dos meses doce días el sitio, porque reemplazó ante todo, el ejército, por una guardia nacional cuya gran mayoría estaba compuesta por trabajadores, hecho que fue institucionalizado por el decreto de la Comuna.

La Comuna estaba compuesta de consejos municipales, electos por sufragio universal en cada distrito de la ciudad, siendo responsables de sus actos de gobierno y revocables en el más breve plazo. La mayoría de sus miembros eran trabajores con conocimientos como representantes de la clase trabajadora.

La Comuna no era un Parlamento; era un cuerpo trabajador, legislativo y ejecutivo al mismo tiempo.

La Policía de la Comuna fue despojada de sus atribuciones políticas que antes ejercitaba como agente del gobierno central; fue transformada en un agente del orden, responsable y revocable en todo momento. A igual régimen estaban sometidos los demás funcionarios de la administración.

Desde los miembros de la Comuna hasta el último empleado, el servicio público fue dado a jornal; y fueron suprimidos los altos dignatarios del Estado (y con ellos, los uniformes y gastos de representación). Los cargos públicos dejaron de ser propiedad particular e instrumento del gobierno central.

La Comuna tenía en sus manos todos los cuadros de la administración municipal y todos los cargos que habían dependido hasta entonces del Estado.

Decretó la propiedad colectiva de las iglesias, con el fín de destruir el poder clerical que era la fuerza espiritual de la represión del régimen tradicional.

Todos los establecimientos de instrucción fueron liberados de la tutela de la Iglesia y del Estado y fueron destinados gratuitamente al servicio público.

Los funcionarios judiciales (jueces y magistrados) fueron despojados de su independencia, al ser elegidos como todos los demás funcionarios de la administración, y ser responsables de sus actos y revocables en cualquier tiempo.

La clase trabajadora, con el gobierno de la Comuna, rechazó toda clase de sueños épicos. Sabían que tenían por delante muchos obstáculos que salvar y que habrían de realizar una serie intrincada de reformas y sustituciones para afirmar su conquista de poder y consolidar las bases que garantizaban el cumplimiento de su misión histórica. Sabían que habían desalojado el poder a sus "gobernantes naturales", a los "seres que por decreto divino" son insustituibles y que en medio de aquellas circunstancias, tenían que emprender su labor revolucionaria: lograr un gobierno barato reduciendo los sueldos a una quinta parte de lo que eran antes; librar a la clase media (tenderos, artesanos, comerciantes y empleados), de las cuentas desesperantes entre deudores y acreedores, a diferencia de lo que había acontecido antes, que había sido destrozada económicamente y burlada en sus sentimientos morales y patrióticos durante la segunda república (1849-1851) y durante el segundo imperio (1851-1870) ; lograr la abolición del trabajo nocturno de los trabajadores del pan y la prohibición, bajo pena de multa, de rebajar salarios; poner en manos de las asociaciones de trabajadores los talleres y fábricas cuyos propietarios estuvieron ausentes que hubiesen adoptado la medida de parar el trabajo.

Por el breve período de su mandato no pudo llegar la influencia del gobierno de la Comuna de París hasta los campesinos de las provincias, causa que asimismo se vió obstaculizada por el bloqueo que el gobierno burgués con su policía rural efectuaban contra los intentos del expansionismo obrero. Por estas circunstancias no fue posible decretar la abolición de las hipotecas con que irremediablemente estaban gravadas las parcelas de los campesinos, alcanzar la alfabetización de que se carecía en casi toda Francia, la liberación del oscurantismo y del fanatismo clerical predicados con el beneplácito de la burguesía y de la nobleza, ni la eliminación de las cargas tributarias a que habían sido sometidos nuevamente durante el segundo imperio.

La Comuna de París sirvió de modelo a todos los grandes centros industriales de Francia. El régimen comunal ejerció una gran influencia en la organización y funcionamiento de las empresas: era una especie de "gobierno por sí mismo", de gobierno directo mediante "consejos municipales", a diferencia del "gobierno centralizado" del régimen parlamentario con sus tres poderes formales Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

El gobierno de la Comuna de París no presentó formalmente desarrolladas sus ideas sobre la organización nacional, no obstante un ligero bosquejo parece indicar que la Comuna hubiera sido la forma de organización tanto de los grandes centros urbanos como de las más pequeñas aldeas; y que en los distritos rurales el ejército permanente habría de ser reemplazado por milicias populares, cuyo servicio sería a tiempo limitado.

Las Comunas rurales (consejos de campesinos) de cada distrito, debían de administrar sus intereses comunes por medio de sus delegados reunidos en asambleas en la ciudad central del mismo distrito; y estas asambleas de distrito enviarían, a su vez, sus diputados a la Delegación Nacional que se reuniría en París. Todos los diputados serían revocables en cualquier tiempo y estarían ligados por el mandato imperativo de sus electores.

Después de la derrota de la Comuna de París, tuvo el capitalismo una vigorosa expansión. De 1870 (del siglo XIX) al año de 1904 (del siglo XX) se sucedió un lapso relativamente pacífico. Pero un nuevo período revolucionario de inició con la revolución rusa de 1905 la cual fue también destrozada por el poderío de dinastía Zarista que mantenía el régimen de la servidumbre feudal. Luego se sucedieron otras revoluciones como la de Persia, la de Turquía, hasta que en 1917, casi a fines de la primera guerra mundial, triunfa la revolución rusa del 27 de octubre de 1917 (según el calendario ortodoxo vigente entonces) o 7 de noviembre de 1917 (según el nuevo calendario gregoriano usado en occidente.

Con esta revolución se establece el Estado Socialista, el cual ha sido combatido, por naciones como Francia, Italia, Inglaterra, Alemania en los primeros tiempos, y luego la Alemania nazi, la Italia Fascista, el Japón imperialista durante la Segunda Guerra Mundial; y en la actualidad, en la década del 80 del siglo XX, por los Estados Unidos a la cabeza, las naciones democráticas, como Inglaterra, Francia, Alemania Occidental, el Japón. No obstante los Estados Socialistas continuaron multiplicandose hasta finales de la década del 80 del siglo XX, con el apoyo ideológico, la asistencia técnica y colaboración económica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; entre otros son: Polonia, Rumania, Checoslovaquia, Bulgaria, Hungría, República Democrática de Alemania, Albania, Yugoslavia, en Europa; en el continente Asiático estan Mongolia, Viet Nan, Campuchea, Corea del Norte; en América Cuba, Nicaragüa; en Africa, Angola, Mozambique, Senegal, Libia, Argelia, Abisinia.

III. Doctrina del Estado Socialista.

1. La ortodoxia socialista.

La doctrina del Estado Socialista ha sido desarrollada por los creadores del socialismo científico, Carlos Marx y Federico Engels, y ejecutada por los dirigentes de la primera revolución socialista en el mundo, Lenin y Stalin; en líneas generales los ortodoxos del marxismo analizan al Estado de la manera siguiente:

En el "Manifiesto Comunista" (1848) (obra conjunta de Marx y Engels) se afirma que el Estado, el poder político, no es otra cosa que el poder organizado de una clase con vista a la opresión y explotación de otra. Esta clase explotadora y opresora es actualmente la burguesía. Pero el proletariado al derrocar a la burguesía por la violencia, constituirse en clase dominante y conquistar la democracia, en lo sucesivo, suyo será el Estado y el Estado o sea, el proletariado será el poder político. De esa manera podrá suprimir las antiguas condiciones de producción con lo cual suprimirá las clases y los antagonismos de clases; y con ello extinción del Estado en un futuro de régimen de producción comunista. Las clases existen porque una minoría se ha apropiado privadamente de los medios de producción dejando la mayoría que son los trabajadores desposeídos de esos medios de producción.

En "Origen de la Familia, la Propiedad Privada y del Estado" sobre la génesis y función histórica del Estado, Engels dice: "El Estado no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde afuera a la sociedad; ni es tampoco "la realidad de la idea moral", "la imagen y la realidad de la razón", como afirma Hegel. El Estado es más bien un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de su desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos, que ella es impotente para conjurar y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose neceario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a apaciguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del "orden". Y este poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella, es el Estado".

Continúa diciendo Engels en la obra citada: "En comparación con las antiguas organizaciones gentilicias (de tribu o de clan) el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus súbidtos, según las divisiones territoriales"... "La segunda característica es la instauración de un Poder Político, que ya no coincide directamente con la población organizada espontáneamente como fuerza armada. Este poder público hácese necesario porque desde la división de la sociedad en clases es ya completamente imposible una organización de la población como fuerza armada espontánea... Este poder público existe en todo Estado; no está formado sólo por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género que la sociedad gentilicia no conocía".

En la misma obra escribe Engels: "Los funcionarios, pertrechados con el poder público y con el derecho a cobrar los impuestos, están situados como Organos de la sociedad, por encima de la sociedad. A ellos ya no les basta, suponiendo que pudieran tenerlo, con el respeto libre y voluntario que se les tributaba a los Organos del régimen gentilicio...Se dictan leyes de excepción sobre la santidad y la inviolabilidad de los funcionarios. El "último agente de polícia tiene más "autoridad" que todos los Organos de la sociedad gentilicia juntos, pero el príncipe más poderoso, el más grande hombre de Estado o el generalísimo de un país civilizado podría envidiar al más modesto representante de la "gens por el respeto espontáneo e indiscutible de que gozaba".

Como se ve por lo extractado, dos son las grandes ruedas de la máquina del Estado que hacen posible el dominio y la explotación de la mayoría por la minoría:

el ejército permanente (soldados, guardia, policía);

la burocracia (funcionarios, técnicos, empleados) todos colocados por encima de los súbditos, o sea, en plano de superioridad y de divorcio con los intereses del pueblo, de los gobernantes.

El ejército permanente se compone de destacamentos especiales de hombres armados en oposición a la organización espontánea de la sociedad gentilicia en que todos estaban para defender los intereses de la comunidad entera y la burocracia, por el conjunto de servidores

públicos, los cuales, encabezados por los funcionarios del Estado, están por encima de la sociedad, no obstante que son sus Organos representativos.

Marx al referirse a este ejército permanente y a esa burocracia del Estado francés de 1851, en su obra "El Diciocho Brumario de Luis Bonaparte" dice: "Ese poder Ejecutivo, con su enorme organización militar, con su máquina de Estado, complicada y artificial; con ese ejército efectivo que cuenta también con medio millón de hombres, ese espantoso organismo parasitario que envuelve como una red el cuerpo de la sociedad francesa y obstruye todos sus poros"...

Sobre la disolución del Estado, en "Origen de la Familia, la Propiedad Privada y del Estado", Engels dice: "... Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del poder estatal. Al llegar a una determinada fase del desarrrollo económico que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no solo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá también inevitablemente el Estado. La Sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación igual de los productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le habrá de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueda de hilar y al hacha de bronce".

Sobre estos postulados y en lo escrito en "La lucha de clases en la revolución de 1848-1849", "El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte" y "La Comuna de París" (obras de Marx), Lenin extrae considerables citas en su libro "El Estado y la Revolución" que sirvió de fundamento teórico para la creación del Estado Socialista Soviético.

2. Resumiendo.

El Estado, según la teoría marxista-leninista, es un aparato o instrumento especial de represión, dominación y explotación de una o varias clases por otra; y lo que es más: de la mayoría por la minoría. Y como hemos dicho: Dos son los elementos esenciales de este instrumento de dominación:

un ejército permanente;

una burocracia cerrada y entrenada para el control administrativo.

Y estos dos aparatos, con sus respectivas dependencias materiales como las cárceles, oficinas recaudadoras de impuestos y otras instituciones, constituyen las ruedas principales de la máquina del Estado.

Esta máquina de opresión es lo mismo en una república democrática que en una monarquía absoluta o constitucional, pues el Estado es la misma cosa, el mismo aparato, manejado por la clase dominante, que antes de la dominación del proletariado ha estado en manos de los amos esclavistas, de los señores feudales y está todavía es muchos países, en manos de la burguesía. Al respecto dice Lenin: "en una república democrática el Estado sigue siendo Estado, es decir, que conserva su principal carácter distintivo: transformar a los funcionarios, esos servidores de la sociedad, sus Organos, en amos de ésta". Lo cual no quiere decir que la forma de opresión le sea indiferente al proletariado "como lo enseñan algunos anarquistas".

Basándose en Marx, continúa expresando Lenin: "La república democrática es el camino más corto que conduce a la "dictadura del proletariado" porque la república democrática representa una forma más amplia, más libre, más franca, de lucha de clases y de opresión de clase"; ella da al proceso histórico un impulso tal que la posibilidad de satisfacer los intereses esenciales de las masas oprimidas aparece por fin; y estas posibilidades, "se realizan inevitablemente, y únicamente, en la dictadura del proletariado" en "la dirección de esas masas por el proletariado"... Y desde este mismo punto de vista de la revolución proletaria, la mejor forma de "República Democrática" es la forma "centralizada", "república democrática unitaria y centralizada" -insiste Lenin apoyándose en Engels-. "Centralismo democrático" que no hay que entender en el sentido burocrátrico puesto que él no excluye en modo alguno una amplia autonomía administrativa local.

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La Guerra Civil en Francia de 1848-1850

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Cuestiones del Leninismo

En torno a los Problemas del Leninismo

El Marxismo y el Problema Nacional y Colonial

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