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TRIUNFO

3. Política.

El ARTE en los regímenes TOTALITARIOS.

El ARTE en los regímenes TOTALITARIOS. Durante el período comprendido entre 1922 y 1945, en los países bajo regímenes totalitarios, la arquitectura y las otras artes visuales se convirtieron en expresión de las ideologías de aquellos regímenes, en aparatos al servicio del Estado.

El arte se ponía a disposición de objetivos propagandísticos: el arte podía -y debía- enseñar, informar e inculcar el sistema de valores del Estado.

Los regímenes estimulaban a hacer obras de estilo académico antiguo o realistas, preferentemente de grandes dimensiones y llenas de clichés heroicos y sentimentales. El arte oficial incluía imágenes donde el heroísmo y la muerte eran protagonistas principales, donde se mostraba la supeditación y el sacrificio del individuo por la victoria del partido y la nación.

Llamadas -auténticas o inventadas- a la historia nacional eran decisivas en la creación de estos mitos, ya que los dictadores medían sus creaciones en relación con los triunfos del pasado.

Las artes visuales -incluyendo los carteles de propaganda- se complementaban con los desfiles diseñados, los rituales y las ceremonias... Símbolos de todo tipo, desde banderas hasta eslogans.

En general, se trataba de un realismo totalitario basado en una arquitectura monumental y neoclásica, y una pintura y escultura realistas.

Pero detrás de la pretendida belleza de sus obras de arte se ocultaban regímenes inhumanos y policíacos que costaron a la Humanidad millones de muertos y de inválidos, destrucción y sufrimiento, e incluso el holocausto.

LA ITALIA FASCISTA.

A pesar de que a lo largo del régimen fascista de Mussolini las tendencias pictóricas no siempre fueron iguales, se puede hablar de una inclinación global hacia el futurismo: se trata de un estilo heroico, belicista, obsesionado por las máquinas. Sus autores trabajaron sus temas de la velocidad y del vuelo representados de dos maneras: como analogías cósmicas, o como vistas aéreas vertiginosas de aviones bajando en picado sobre el paisaje.

Las esculturas son alusivas y académicas, impregnadas de retórica fascista, e imágenes conformistas hechas con un formalismo vacío de significado. Contribuyeron a la construcción del mito del fervor, optimismo, eficiencia y vigor nacionalistas.

La arquitectura:

La arquitectura fascista viene a ser una metáfora del restablecimiento del Imperio Romano, en donde el culto a la antigua Roma se convierte objetivo prioritario. En sus edificios se combinaba la modernidad con la monumentalidad clasicista.

LA ALEMANIA NAZI.

El arte nacionalsocialista buscaba superar las diferencias de clase social y cohesionar la nación en una comunidad de ciudadanos que participasen de los mismos ideales. Había de vincular los individuos con la nación. La única justificación del arte era la colectividad, de la misma manera que el objetivo de la arquitectura y los mítines multitudinarios era fundir los ciudadanos en una experiencia colectiva. Suprimía el deseo individual de experimentar e investigar, y en su lugar recetaba soluciones y formulas ideológicas dictadas desde arriba.

Bajo el régimen de Hitler, las artes visuales reflejaron un conjunto de tópicos que se repetirán a lo largo de todo aquel período y que llegaron a alcanzar un significado cultural: El Movimiento Juvenil, las grandes concentraciones de masas, la glorificación del cuerpo sano, la educación heroica, el culto a la muerte heroica, las vistosas ceremonias públicas, los mítines multitudinarios, los estadios deportivos, las nuevas fábricas y viviendas, las autopistas, los edificios públicos, los retratos de Hitler y del partido, los temas antisemitas...

La escultura materializó la obsesión nacionalsocialista por la raza y la etnobiología, a la vez que actuó como complemento de la arquitectura. La escultura fue la transmisora de los valores concretos del nazismo. A las tradicionales representaciones en la escultura decimonónica alemana del soldado o el guerrero, se les añade la guerra, el partido, la camaradería, los campesinos, la maternidad, el cuerpo femenino y fecundo...

Lo que dominó en la escultura fue la representación, inspirada en los modelos de la Antigüedad, de la belleza del cuerpo humano, idealizado. El desnudo masculino representaba el ideal de la raza aria: camaradería, disciplina, obediencia, impasibilidad y valor..

Arquitectura:

La arquitectura se convirtió en la expresión más contundente del nazismo. Sus características eran la horizontalidad, la simetría en les fachadas, el uso de pórticos, el aire de fortaleza y el hermetismo. Los pesados frontones de madera tenían por objeto impresionar e infundir respecto.

Con respecto a la ornamentación, las fachadas eran sobrias, las columnas y pilastras combinaban decoración y tecnología. El águila y la esvástica nazis eran ornamentos obligatorios. Un buen porcentaje de la arquitectura tenía aire militar. Las estructuras eran inexpresivas, metódicas, ordenadas...

La magnitud de los edificios empequeñecía a la persona. La arquitectura de Hitler era ampulosa y reiterativa. La impresión general era de vacío y monotonía. Su finalidad era impresionar e intimidar a las masas.

LA U.R.S.S. ESTALINISTA.

La Revolución Cultural tuvo lugar entre 1928 y 1932. Tenía por objeto la creación de un arte y una arquitectura proletarias modernos.
Al contrario del período revolucionario de 1917 y 1918, caracterizado por el vanguardismo, durante la Revolución Cultural, se impone el realismo llamado fotográfico. En 1934 se implanta la doctrina oficial del realismo socialista: los artistas y arquitectos tenían que seguir las reglas del "romanticismo revolucionario". Bajo el estalinismo, se suprimieron rigurosamente la innovación y la abstracción.

En pintura, se da una voluntad de documentar la actualidad histórica o contemporánea. Se practica intensamente la técnica del retoque, por el cual en un tema histórico se fusionan personas con hechos que no tienen ninguna relación, o se borran personas o sucesos que no tenían ninguna relación o que no convinieran al partido.

La escultura también se pone al servicio del régimen y aparecen estatuas de los padres del Estado socialista, sobre todo de Stalin; se obvian aquellos padres que no son del agrado del dictador, como Trotski. Otros temas escultóricos son los héroes anónimos revolucionarios, individualmente o en grupos escultóricos.

Arquitectura:

La "grandeza" de la era estalinista se refleja en edificios con volúmenes gigantescos y dimensiones despóticas. La arquitectura soviética se basa artísticamente en las vías artísticas del clasicismo, combinadas, a la vez, y a veces, con otras tendencias como el Art Déco.

Se trata de una arquitectura heróica, monumental. El pueblo quedaba asombrado ante las espléndidas construcciones. Durante la Segunda Guerra Mundial, memoria y heroismo, triunfo y vida eterna, fortaleza y dolor, son conceptos expresados a través de elementos arquitectónicos.

LA ESPAÑA FRANQUISTA.

Durante la posguerra, los artistas afectos al régimen franquista -o bajo su amparo- tienden a la renovación del academicismo abandonado en los años veinte, obviando las corrientes de vanguardia aparecidas hasta 1939.

Arquitectura:

Se busca la creación de una cultura y un arte seudoimperiales, escogiendo como modelo la Alemania y la Italia fascistas. Todo ello se traducía en un neomonumentalismo arquitectónico que recuperó los primeros momentos de la arquitectura regionalista y palatina, huyendo de los modelos vanguardistas de las anteriores décadas.

En este sentido, se optó por la piedra y el ladrillo, y se adoptó el gigantismo, basándose en la arquitectura de El Escorial y en la de los llamados áustrias menores.

Los TOTALITARISMOS políticos.

Los TOTALITARISMOS políticos. CONCEPTO DE TOTALITARISMO.

Se designa como totalitarismo una concepción política compleja, que históricamente configura un movimiento cuyo sentido principal es el de contraponerse a la concepción liberal del sistema republicano y representativo de organización del Estado y del Gobierno de las naciones; y de sus principios básicos, como el de separación de poderes.

Es frecuente que - sobre todo desde fuentes marxistas - se utilice el término fascismo como equivalente al totalitarismo; especialmente para tratar de identificar todos los regímenes totalitarios con las concepciones políticas e ideológicas opuestas al comunismo y sus sistemas políticos derivados.

Sin embargo, el fascismo constituyó una forma histórica específica de gobierno totalitario, que rigió en Italia entre 1922 y 1945, por lo cual no constituye un género ni un sistema, sino que es una especie particular dentro del grupo de concepciones y sistemas totalitarios de ideologías y de gobierno. Por ello, no es apropiado aplicar ese término para referirse genéricamente a los sistemas totalitarios ni a todas las posiciones políticas contrarias al marxismo o al comunismo.

DIFERENCIA ENTRE TOTALITARISMO Y ABSOLUTISMO.

Aunque el sistema totalitario contiene algunos elementos comunes con el sistema de gobierno del absolutismo monárquico, se distingue claramente de él:

No pretende tener un fundamento que le atribuya legitimación, como podría ser la sucesión hereditaria en el trono. Al contrario, cuando no accede al poder por medios violentos, igualmente ataca y sustituye prontamente las instituciones legítimas, invocando sus objetivos revolucionarios.

Está estrechamente ligado a una concepción ideológica, que le antecede o que es construida luego de su instalación; que le provee un justificativo y un conjunto de objetivos.

Cuando se establece efectivamente como sistema de gobierno, se presenta con caracteres revolucionarios; en algunos casos accediendo al poder por procedimientos violentos, en otros por culminación de un proceso electoral pero con fuertes agitaciones políticas y anuncios de cambios drásticos en la sociedad.

No tiene una estructura institucional que incluya un sistema de sucesión.

CARACTERES GENERALES DE LOS SISTEMAS TOTALITARIOS.

Los sistemas totalitarios han tenido una proceso muy dinámico y muy variado en su configuración. Generalmente, han comenzado por la instalación de un grupo político en el gobierno; sin tener una concepción plenamente definida de la estructura orgánica del sistema de autoridades. Por lo común, estos regímenes han logrado alcanzar el poder aprovechando circunstancias políticas, sociales y económicas; en las cuales las tensiones resultantes han conducido a un desprestigio del sistema de autoridades existente, y a extendidos descontentos y sentimientos de frustración de amplios sectores de la sociedad.

En cuanto al sustento ideológico, en algunos casos ha sido ampliamente elaborado en forma previa a su establecimiento real - caso del marxismo - en otros ha consistido en un conjunto de conceptos relativamente generales y fundamentalmente emocionales - caso del nazismo alemán - y en otros ha sido casi totalmente elaborado luego de haberse establecido en el gobierno, como el fascismo italiano.

La caracterización de un sistema de gobierno totalitario no se produce, generalmente, en forma completa desde el comienzo de su instalación; sino que, respondiendo a una concepción ideológica que presupone una gran alteración de importantes componentes de la sociedad - que normalmente despierta importantes resistencias - va desenvolviéndose con cierta gradualidad, por lo cual no siempre ha llegado a alcanzar una evolución completa hacia sus rasgos finales.

Del mismo modo, no todas las ideologías totalitarias han contenido concepciones tan extremas como aquellas que sustentara el régimen nazi de Alemania; pero de todos modos, un sistema de gobierno o una concepción política es totalitario en cuanto tenga aquellos componentes típicos que lo definen.

PRINCIPALES ELEMENTOS DE LOS SISTEMAS TOTALITARIOS.

A pesar de las numerosas variantes y matices existentes en los sistemas de gobierno totalitario que han tenido existencia histórica, existen ciertos elementos comunes y característicos.

La concepción totalitaria del Estado. En contraposición con la concepción republicana y liberal, en la cual el Estado es considerado una organización esencialmente al servicio de las personas que componen la sociedad - tanto en sentido individual como respecto de sus organizaciones esenciales, como la familia o las asociaciones establecidas libremente para fines legítimos - la concepción totalitaria presupone que el Estado posee fines y objetivos propios, que se superponen siempre a los individuos que integran la sociedad.

En este sentido, se distinguen las concepciones totalitarias del Estado, en función de sus fines transpersonalistas en contraposición con las finalidades personalistas que son las propias de los Estados liberales republicanos.

La existencia de un partido único. Esta característica es una de aquellas que no siempre se presenta en forma plena; dado que frecuentemente, el gobierno de orientación totalitaria se implanta en un Estado donde previamente existía un régimen republicano - o por lo menos monárquico parlamentario - en el cual existía pluralidad de partidos políticos.

Un componente táctico muy frecuente, en el proceso de ascenso hacia el poder, es la utilización de “alianzas” con diverso tipo de organizaciones partidarias o sociales; cuando el proceso seguido para procurar obtener el poder se ejecuta en el marco de un sistema electoral. Del mismo modo, cuando el conglomerado político resultante logra éxito e ingresa al Gobierno, el movimiento totalitario procura obtener cargos en aquellos departamentos más directamente dotados de capacidad coactiva, tales como los Ministerios con competencia sobre las fuerzas armadas y policiales; cumpliendo allí una acción dirigida a asegurarse la lealtad política de esas organizaciones.

De todos modos, el gobierno totalitario apunta al predominio absoluto del partido que es su instrumento de dominio político; suscitando todo tipo de restricciones - primero de hecho y ulteriormente jurídicas - a la acción de los otros partidos, y culminando en su eliminación cuando han logrado consolidarse firmemente en el poder.

El encuadramiento político general. A través de la estructura del partido político, se procede a una creciente exigencia de que todas las personas manifiesten su adhesión al régimen, y en consecuencia se afilien al partido, participen activamente en sus organizaciones y acciones, asistan a comités y otras estructuras, reciban adoctrinamiento, demuestren militancia. Al mismo tiempo, a medida que el régimen se consolida, cada vez más se excluye a quienes no asumen ese comportamiento de todo tipo de posibilidades de trabajo, de disponibilidad de elementos vitales, y se propicia su repudio social; o directamente su persecución y privación de libertad, e incluso el genocidio.

La identificación de un enemigo social. La ideología totalitaria presupone una concepción de confrontación de un agrupamiento de la sociedad - clase, raza, nacionalidad - que se identifica con el Estado y con la parte valorable de la sociedad; y por otra parte, uno o más grupos de similar cualidad, a que se asigna una condición despreciable y se atribuye la culpabilidad de las situaciones de insatisfacción o frustración que afectan a la primera.

En ciertos casos, el “enemigo” lo constituye, además de un grupo social interior, un país extranjero - caso de Cuba respecto de los Estados Unidos - o una situación que afecta negativamente al país - como el Tratado de Versalles respecto del III Reich hitleriano.

La masificación de las acciones políticas y de los intereses sociales. El componente transpersonalista de las concepciones totalitarias, se trasunta en la inserción de las individualidades en estructuras masivas a la vez denominadas con términos que implican tanto la universalidad de ellas como la exclusión de otros componentes de la sociedad: utilizando expresiones tales como “el pueblo” “la gente” “los trabajadores” y similares.

La masificación se expresa, principalmente, en grandes concentraciones humanas, en las cuales se utilizan los fenómenos característicos del comportamiento de las multitudes, tales como los cánticos, la expresión de consignas, la utilización de grandes estandartes, banderas y simbología o “logotipos” - como la cruz gamada nazi o la hoz y el martillo, y la estrella de cinco puntas del comunismo - así como enormes retratos del líder.

En los casos más notables, como los actos realizados por los nazis en Nürenberg, se integraba una escenografía especial, utilizando lugares especialmente adecuados o que habían sido construídos al efecto y un gran despliegue de elementos visuales. El despliegue de esos elementos de gran tamaño, y el griterío organizado, contribuye a empequeñecer al individuo, concurriendo a sumir su individualidad y voluntad en la docilidad y el automatismo de la masa.

La existencia de un conductor o líder carismático. El concepto alemán de la führung - del que deriva la designación de Führer dada a Hitler - fue la máxima elaboración de la idea de que al frente del movimiento político, del partido, del gobierno y del Estado, existe una individualidad que no solamente concita una general adhesión sino al cual se debe absoluto acatamiento. Un individuo que posee cualidades excepcionales de inteligencia e infalibilidad, verdadero genio que interpreta fielmente lo más trascendente y esencial de la sociedad política y del Estado; y que por lo tanto es el caudillo indiscutible cuyas decisiones de ninguna manera pueden ser juzgadas ni cuestionadas.

Del mismo modo, durante la etapa previa a alcanzar el poder, los movimientos políticos de índole totalitaria se sirven del mismo instrumento en sentido inverso, erigiendo una figura individual como el “antilíder”. Generalmente se trata de un personaje que ocupa una posición destacada en la estructura institucional del gobierno, sea el Rey o el Presidente; en el cual se personifica el origen de todos los componentes negativos o frustantes de la coyuntura económica y social, que son explotados para concitar la mayor adhesión hacia el movimiento; y al cual se atribuyen todas las cualidades negativas imaginables, tanto en el orden intelectual, como moral; y se hace blanco de todo tipo de insultos e invectivas.

Desde el punto de vista de la organización institucional, una vez establecido firmemente el régimen totalitario, la presencia del conductor presupone la existencia de un altísimo grado de centralización y verticalidad en el ejercicio del poder. Generalmente, al sistema institucional formal se adosa una organización de control político fuertemente ligada a la dirigencia y a cargo de un jefe de máxima confianza del líder, dotada de poderes ilimitados; cuyo cometido principal es vigilar la actuación de todos los agentes de la estructura de organización del gobierno a fin de asegurar su lealtad al régimen.

Desde un punto de vista político, si bien se establece una estructura partidaria a los fines del encuadramiento político de la población, se suscita un tipo de relacionamiento directo del líder con las grandes masas, desapareciendo casi totalmente el tipo de dirigente político intermedio. Por eso mismo, la relación política con el ciudadano individual se despersonaliza totalmente; convirtiéndose en una especie de mera pleitesía rendida al líder.

Ese vínculo directo del conductor con las masas, se procura - especialmente en las etapas previas a la toma del poder - mediante un programa demagógico, populista, pleno de todo tipo de objetivos contradictorios y utópicos; y mediante reiteradas invocaciones a los procedimientos de la llamada “democracia directa”, sosteniendo una frecuente prédica plebiscitaria que pretende desconocer la legitimidad de los representantes republicanos y de sus decisiones más importantes, lo cual contribuye al objetivo de desprestigiar las instituciones democráticas.

Una milicia política, originariamente presentada como un servicio de “seguridad” frente a las supuestas agresiones de “provocadores”, y rápidamente convertida en un instrumento de agresión e intimidación de todos los opositores o disidentes. Cuando el movimiento totalitario alcanza el poder, la organización se transforma o se incorpora a un servicio estatal, cuyos cometidos básicos son los de ejecutar las acciones violentas contra la oposición política, o el “enemigo” del régimen, y cumplir las funciones de policía política, especialmente aquellas de espionaje y detección de cualquier iniciativa opositora.

Un alto grado de intervencionismo y dirigismo económico. La finalidad ideológica de alterar radicalmente el sistema económico - como en el caso del marxismo - o de recuperar la prosperidad económica y llevar al Estado a la condición de gran potencia militar, implica necesariamente el establecimiento de una muy fuerte intervención sobre la economía. La situación económica e internacional, a menudo ha conducido a la búsqueda de una autarquía económica, por la vía de un total dominio de los factores productivos, y una estricta y centralizada planificación de la economía.

La estructuración de organizaciones sindicales verticalizadas es una consecuencia natural de la organización totalitaria; casi siempre siguiendo un modelo de tipo corporativo, en el cual cada categoría de actividad económica se encuentra estrictamente regulada hasta en sus mínimos detalles en cuanto a todos los aspectos del trabajo. Ciertas manifestaciones de la organización económica liberal, como las negociaciones colectivas libres y voluntarias o las huelgas, quedan necesariamente excluidas y constituyen actividades contrarias al interés del Estado.

Todas las expresiones culturales se condicionan a los fines del Estado y son intervenidas por éste, ya se trate de los cultos religiosos o las expresiones artísticas. Necesariamente, desaparecen o son enormemente restringidas las actividades del periodismo, se procede al dominio de todos los medios de comunicación masiva, se prohíbe todo tipo de actividad pública de carácter político disidente.

Las ideologías totalitarias desprecian la tradición racionalista, desconfiando de todo intento de análisis racional. Exaltan en cambio una filosofía estrictamente materialista, cultivan las motivaciones irracionales de la conducta, tales como el fanatismo político, racista o nacionalista; y recurren reiterativamente a la invocación de conceptos puramente emocionales - como la permanente alusión a la “solidaridad” - y la obediencia ciega a las consignas políticas partidarias.

En los regímenes más duramente totalitarios, como el del comunismo en la U.R.S.S. o del nazismo alemán, quedaban sujetos a la autoridad actividades tales como la elección del lugar de residencia, del desempeño de una profesión; o la selección de pareja, contraer matrimonio y procrear hijos.

Los sistemas de gobierno totalitario han dado origen a numerosas expresiones artísticas en la literatura y en el cine. Sin embargo, una obra considerada clásica en la presentación de la influencia del totalitarismo en la vida de las personas, es la novela “1984” de George Orwell, en la cual el conductor del régimen político imperante era conocido como “El Gran Hermano” (Big Brother).

SURGIMIENTO DE REGÍMENES TOTALITARIOS EN EL PERÍODO POSTERIOR A LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.

El totalitarismo ha cumplido un proceso histórico fundamentalmente en el período comprendido entre la primera y la segunda guerra mundial, cuando se establecieron los sistemas políticos y de gobierno más característicos y de mayor intensidad en cuanto a su repercusión sobre las sociedades en que actuaron; que ulteriormente desaparecieron, ya sea porque los Estados en que existieron fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial o por procesos ulteriores de diversa índole.

Pero también han existido, y aún persisten, algunos sistemas políticos de fuertes componentes totalitarios, aunque no hayan llegado a los extremos de caracterizaron especialmente al nazismo alemán. En algunos casos, aunque han sido sustituidos por sistemas institucionales de tipo republicano, continúan conteniendo algunas estructuras sobrevivientes del régimen previo - como el sindicalismo corporativo o la supervivencia de organizaciones partidarias - que aún actualmente producen importantes efectos en su desenvolvimiento político e institucional.

Sin embargo, no solamente persisten las ideologías de corte totalitario que constituyen el núcleo fundamental de grupos y de partidos políticos actuales, en diversos países de lo que se denomina Occidente; sino que con diverso grado de intensidad en cuanto a sus componentes y en cuanto a sus efectos sobre las sociedades nacionales en que se hayan implantados, todavía subsisten sistemas de gobierno de clara índole totalitaria.

PRINCIPALES FACTORES DEL ESTABLECIMIENTO DE LOS SISTEMAS TOTALITARIOS.

Entre las causas que determinaron que este tipo de regímenes aparecieran precisamente en esta época, pueden mencionarse:

La fragilidad institucional. La Primer Guerra Mundial, que había comenzado en función de las ambiciones coloniales, fue convirtiéndose en un conflicto entre dos modelos de Estados; por un lado, los Imperios absolutistas de Alemania y Austria-Hungría o Turquía, y por otro los estados democráticos encabezados por los Estados Unidos, y los países de régimen parlamentario, Inglaterra y Francia.

Los nuevos países surgidos del Tratado de Versalles - como Checoslovaquia y Polonia - y otros que vieron destruidos sus regímenes monárquicos imperiales, adoptaron un sistema republicano, siguiendo el modelo de los vencedores; en base al sufragio universal y con Constituciones que establecían Gobiernos responsables ante el Parlamento.

Pero se trataba de países prácticamente sin tradición ni estructuras políticas adecuadas para hacer funcionar eficazmente ese tipo de organización institucional.

Así, en Alemania, cayó el Imperio y surgió la República de Weimar; estableciéndose un sistema parlamentarista, para el cual prácticamente no existía experiencia ni tradición.

La inestabilidad política. Los avatares de la guerra también afectaron severamente las estructuras políticas y de gobierno de los países del continente europeo.

En Francia, si bien en definitiva integró las potencias vencedoras, sobrevino un período de grandes inestabilidades políticas.

La falta de tradiciones partidarias estables, unida a la creciente presencia de corrientes políticas doctrinariamente opuestas al sistema social y económico, provocó una gran inestabilidad institucional. Las alianzas políticas, indispensables para mantener los Gobiernos, cambiaban frecuentemente y los Gobiernos eran sucesivamente derribados ante la falta de respaldo parlamentario.

La situación social y económica prevaleciente. La Primer Guerra Mundial significó no solamente una enorme pérdida de vidas humanas, y una gran destrucción de riqueza en términos de infraestructura (caminos, puentes, fábricas, viviendas); sino una total desarticulación de las economías, especialmente en los países europeos.

A las dificultades para la reinserción en la vida económica de los veteranos de la guerra que retornaban del frente, se agregó la falta de empleos resultante de la destrucción de las estructura productivas. En los países derrotados, se sufría la pérdida de buena parte de sus territorios económicamente más valiosos y la enorme carga de las reparaciones de guerra; pero los vencedores europeos también habían quedado fuertemente endeudados por los abastecimientos y armamentos recibidos de los EE.UU.

La economía había estado sujeta a un gran control estatal durante la guerra; pero la reconversión económica se tradujo en grandes dificultades monetarias y financieras. Se produjo un gran empuje inflacionario que se tradujo en una enorme elevación de los precios de los productos de consumo, los que se triplicaron en poco tiempo.

Por lo tanto, grandes masas de población tuvieron que vivir en condiciones sumamente carenciadas, escasas de alimentos, y faltas de toda perspectiva de mejoramiento.

La depresión económica generó importantes agitaciones políticas y sociales por parte de las tendencias políticas revolucionarias. Al desarrollo de esas corrientes apoyadas por la U.R.S.S. a través de la Internacional Comunista, se agregó la propensión de algunos partidos a participar con ellos en los llamados “frentes populares”, táctica de alianzas propiciadas por los comunistas y socialistas para tratar primero de alcanzar el poder en forma compartida, y luego ejercerlo exclusivamente en vista de sus propios fines políticos.

En 1919 y 1920, se produjeron en varios países importantes huelgas de ferroviarios, mineros, siderúrgicos; las que determinaron la intervención de las fuerzas policiales y militares. La creciente expansión de organizaciones sindicales dominadas por dirigentes de ideología socialista y comunista - que invocaban el modelo del sistema soviético de la U.R.S.S. - introdujo en las sociedades europeas una gran aprensión por la posibilidad de que se establecieran regímenes similares al imperante en Rusia; e inclinó a muchos sectores a apoyar a los movimientos fuertemente nacionalistas que proponían un Estado fuerte institucional y económicamente.

Eso propició la aparición de regímenes fuertemente autoritarios, sobre todo en aquellos países en que el sistema liberal parlamentario tenía poca tradición; los que fueron apoyados por los sectores que veían amenazada la seguridad de sus propiedades o los valores nacionales y religiosos tradicionales; así como por los sectores más intensamente nacionalistas. Es un hecho difícilmente negable que, al menos en sus primeros momentos, algunos de los regímenes totalitarios de Europa occidental, despertaron gran entusiasmo en sus países.

En la década de 1920, se instalaron regímenes de ese tipo en Italia, Portugal, Rumania, Polonia, Letonia y Yugoslavia. En los años de la década de 1930, aparecieron estos regímenes en Grecia y Bulgaria y Alemania. Entretanto, en Francia y en España los gobiernos republicanos atravesaban toda clase de vicisitudes políticas, que evidenciaban el sostenido proceso de toma de sus instituciones por los partidos socialistas y comunistas, en muchos casos abiertamente apoyados por la U.R.S.S.

La Gran Depresión de 1929, si bien surgió una década después de terminada la Gran Guerra, tuvo efectos muy importantes en las todavía maltrechas economías europeas.

El hundimiento de la economía norteamericana produjo importantes consecuencias en todos los países vinculados a los EE.UU. en el plano económico o financiero. Los movimientos de capitales norteamericanos, que retornaron hacia los EE.UU., privaron a Europa de las fuentes de financiamiento de su reconstrucción.

ENUMERACIÓN DE LOS PRINCIPALES REGÍMENES DE GOBIERNO DE RASGOS TOTALITARIOS.

Como se señalara antes, no todos los regímenes de gobierno totalitario que han existido históricamente presentaron identidad total de caracteres y concepciones ideológicas o políticas; ni tuvieron todos los elementos caracterizantes, o en el mismo grado de intensidad.

Así como todos ellos han llegado a establecerse a través de un proceso de conquista del poder y de ulterior consolidación de su sistema; en este último aspecto no todos llegaron a completar ese proceso antes de ser eliminados o sustituidos.

Además de eso, en muchos casos el componente ideológico ha tenido una importancia secundaria. A menudo ha surgido con posterioridad al establecimiento político del sistema, como un instrumento más de su afianzamiento y, sobre todo, de captación de adhesión; pero no se concretó mayormente en realizaciones de hecho.

La circunstancia de que el fascismo italiano haya sido cronológicamente el primero de los sistemas totalitarios de gobierno establecidos en los países europeos occidentales de la primer posguerra mundial, y que desarrolló una concepción teórica propia de carácter no marxista, determinó que otros sistemas totalitarios - y también algunas corrientes políticas que lo propiciaban - utilizaran sus concepciones.

En otros casos, algunos regímenes políticos altamente personalistas, movidos por determinantes de movilización social hacia la modernización o que adoptaron esos fines como carta de presentación política, también utilizaron el recurso a invocar una ideología cuyos orígenes en las concepciones planteadas por el fascismo italiano no son difíciles de rastrear. Así llegó a ocurrir en algunos países latinoamericanos desde mediados de la década de 1930 y aún en la de 1940, incluso luego que los principales totalitarismos iniciales hubieran sido expulsados de sus países a raíz de la derrota en la II Guerra Mundial.

En otro aspecto, si en todos ellos estuvo siempre presente el componente de un grupo político fuertemente liderado por un individuo dotado de importante atracción sobre grandes componentes de la sociedad - frecuentemente apoyado en la demagogia populista - y en todos ellos ha existido un fuerte componente de restricción de las libertades políticas; no siempre han llegado a importantes extremos en cuanto a la persecución sistemática de grupos raciales, económicos o nacionales, ni en cuanto a la extensión del encuadramiento político o el uso sistemático de movilizaciones masivas compulsivas y de una gran parafernalia simbolista. Aunque, de todos modos, asumieron caracteres totalitarios como la restricción de las libertades políticas básicas, la coacción y amenaza de violencia sobre los opositores, la tolerancia complaciente en acciones sociales tales como las ocupaciones de tierras, viviendas urbanas y plantas fabriles; y similares.

Debe tenerse en cuenta que, en las últimas décadas, la difusión de un medio de comunicación masiva tan penetrante e influyente como la televisión, así como ha incidido positivamente en la disponibilidad de vasta información por parte del público en los países republicanos liberales, ha permitido a las organizaciones de índole totalitaria difundir sus prédicas aún en ese ambiente democrático. Y, del mismo modo, cuando fuerzas de concepción totalitaria han alcanzado el poder, la televisión siempre es uno de sus instrumentos principales de imposición y consolidación de sus regímenes; lo que ha reducido bastante el recurso a las demostraciones masivas, aunque subsisten en algunos sistemas, como el cubano.

Si bien el período de surgimiento de los principales y más fuertemente típicos sistemas de gobierno totalitario tuvo lugar en la primer posguerra mundial, y algunos de ellos cayeron a consecuencia de la derrota sufrida en la II Guerra Mundial; ello no obstó a que persistieran regímenes anteriores - como el caso principal de la U.R.S.S. y del franquismo español - ni a que concomitante o posteriormente a la II Guerra Mundial igualmente se hayan establecido regímenes fuertemente teñidos de caracteres totalitarios, afines al fascismo italiano o al comunismo soviético, especialmente en América Latina.

Del mismo modo, aún luego de la caída de la U.R.S.S., subsisten en el mundo corrientes ideológicas marxistas y sus agrupamientos políticos, que actúan en los países de democracia liberal y aspiran a alcanzar el poder por medios electorales — algunos luego de haber fracasado en obtenerlo por medios violentos — cuyas concepciones políticas están intensamente impregnadas de los elementos característicos de los totalitarismos; como fácilmente se advierte al examinar los expuestos inicialmente.

Entre los regímenes históricos de caracteres totalitarios - con variable grado de intensidad y duración - cabe mencionar:

El régimen comunista de la U.R.S.S. implantado con la revolución rusa de 1917 y extinguido con la llamada “implosión” y disolución de la U.R.S.S. el 21 de diciembre de 1991.

Habiendo sido sin lugar a dudas el primer régimen totalitario moderno establecido, quedó bastante fuera de un enfoque especialmente atento a esa condición; principalmente debido a que transcurrieron bastantes años hasta que se manifestó plenamente en ese aspecto, y a que por su propia característica - así como por el relativo desconocimiento que siempre existió acerca de las realidades imperantes en la lejana Rusia - consiguió ocultar al mundo buena parte de sus peores realidades.

Por otra parte, la existencia en los países europeos de movimientos políticos afines al marxismo, llevó a que se idealizara ampliamente su sistema; y aún a que se ocultaran deliberadamente al público sus aspectos más cuestionables.

El régimen fascista italiano de Mussolini, establecido en 1922 y finalizado con la derrota de Italia en la Segunda Guerra Mundial.

Habiendo sido cronológicamente el primer sistema de gobierno totalitario antimarxista, de una orientación esencialmente pragmática, ha sido tomado en cierto modo como el paradigma de los totalitarismos; a pesar de que es indudable que no ha sido el fascismo italiano, sino el nazismo alemán, el régimen que extremó el modelo totalitario.

Sin embargo, a pesar de su inicial implantación esencialmente práctica, el fascismo fue el sistema totalitario que dio origen a mayores desarrollos teóricos e ideológicos - fuera del marxismo y sus derivaciones; por lo cual en gran medida ha sido el proveedor de esos contenidos a otros regímenes posteriores, especialmente al falangismo español, al peronismo argentino y a los corporativismos portugués y brasileño.

La concepción corporativista, por contraposición a la estructura soviética de la U.R.S.S. y al concepto de representación política de las democracias liberales, ha constituído sin duda un componente muy característico del régimen fascista y de sus homólogos.

El III Reich alemán establecido en 1933 con el ascenso de Hitler al cargo de Canciller, y extinguido con la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

Sin duda el régimen totalitario más fuerte y más extremo en su aplicación práctica, careció en general de una componente doctrinaria original; salvo en uno de sus aspectos más siniestros, el racismo antijudio.

Las atrocidades cometidas por el régimen nazi ya antes de la iniciación de la II Guerra Mundial, y las que tuvieron lugar durante ella, suscitaron un rechazo sumamente intenso a su respecto; que ha llevado incluso a que no se hayan analizado detenidamente, con propósitos de estudio objetivo, muchos de sus elementos.

El régimen falangista español del Gral. Francisco Franco, establecido a consecuencia de la guerra civil española y finalizado a su muerte, con la restauración del Reino de España dotado de un sistema constitucional democrático y parlamentario.

Producto de una mezcla de concepciones políticas y sociales, el franquismo tuvo una ideología no solamente inspirada en los desarrollos teóricos del fascismo italiano sino también imbuida de elementos de origen confesional católico, el falangismo; cuyo principal exponente fue José Antonio Primo de Rivera.

A pesar de la intensa participación en la guerra civil española de las potencias totalitarias contrapuestas de la U.R.S.S., Alemania e Italia, al haber logrado el Gral. Franco mantenerse relativamente alejado de la II Guerra Mundial, condujo a una progresiva atenuación de los componentes totalitarios de su régimen. Luego de un período de algo menos de una década del fin de la guerra, logró insertarse en la comunidad internacional, y operó un gradual encauzamiento de un proceso de restauración de la monarquía constitucional y parlamentaria, que ha permitido a España, actualmente, formar parte de las modernas naciones democrático-liberales.

Los regímenes de las “democracias populares” establecidos en los países de Europa oriental (Alemania Oriental, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria), al término de la Segunda Guerra Mundial, bajo la égida de la U.R.S.S.

Implantados en los países cuya liberación del dominio del nazismo alemán fue efectuado por el Ejército Rojo de la U.R.S.S., se siguió en casi todos ellos un procedimiento político similar. Las fuerzas soviéticas ocupantes favorecieron inicialmente el establecimiento de gobiernos provisionales con participación de todos los movimientos de resistencia a la ocupación nazi de base patriótica y nacionalista; pero otorgando a los comunistas las posiciones clave en las fuerzas policiales. Éstos crearon rapidamente organismos de represión política de la oposición al comunismo, con la excusa de castigar a los colaboracionistas con los nazis; para finalmente tomar el poder, ya fuera por vía electoral o mediante un golpe de Estado apoyado por la U.R.S.S.

El régimen comunista yugoeslavo del Mariscal Tito, establecido luego de la Segunda Guerra Mundial y finalizado con su muerte.

Habiendo sido un indiscutido líder guerrillero de filiación comunista bajo la ocupación alemana, el Mariscal Tito desafió tempranamente el predominio soviético en Yugoslavia, estableciendo un sistema económico que fue denominado como “autogestionario”. En base a las condiciones de equilibrio internacional de la guerra fría, logró mantenerse al margen de las represiones militares que la U.R.S.S. aplicó a los intentos liberalizadores en Hungría, Alemania Oriental y Checoslovaquia.

El régimen comunista chino establecido con el triunfo de Mao Tsé Tung en la guerra civil china, al término de la Segunda Guerra Mundial, y que aún perdura.

El régimen implantado por Mao en China continental fue en su momento más ortodoxamente marxista que el de la propia Unión Soviética; habiendo realizado procesos como la “revolución cultural” que tuvieron características enormemente sangrientas.

A pesar de que Mao constituyó durante décadas un paradigma para los comunistas más extremados, a su muerte China continental ha ido evolucionando hacia un modelo que, siendo igualmente totalitario, ha admitido ciertos cambios en su sistema económico, dirigidos especialmente a obtener inversiones externas y transferencias de tecnología habilitantes de la producción de mercaderías de exportación de alto valor agregado a bajos costos, como un medio de obtener una importante fuente de ingresos a través del comercio mundial.

El régimen comunista cubano de Fidel Castro, establecido el 1º de enero de 1959 con el derrocamiento del gobierno de Fulgencio Batista, y que aún perdura.

Originado en la resistencia que despertaba el régimen encabezado por el ex-sargento Fulgencio Batista, el movimiento revolucionario encabezado por Fidel Castro llegó a despertar iniciales simpatías en el mundo democrático. Sin embargo, pronto quedó de manifiesto que su orientación no solamente estaba determinada por un cerrado odio hacia los Estados Unidos; sino que siempre había respondido plenamente a la ideología marxista-leninista, tal como lo reconociera Fidel Castro en su célebre discurso del 24 de febrero de 1976.

El Apocalipsis NACIONALISTA y sus jinetes.

El  Apocalipsis NACIONALISTA y sus jinetes. Alguien alguna vez dijo que al llegar el fin del mundo, entre muchos signos y señales de tal presagio, destacará la presencia terrorífica de cuatro jinetes montados en horribles corceles. Se trata del Hambre, la Peste, la Guerra y la Muerte. Ellos anunciarán el Apocalipsis.

La evolución humana ha permitido elevarse al hombre de su condición puramente animal hasta alcanzar las mayores cotas de ciencia, pensamiento y arte. Ese progreso evolutivo siempre ha estado combatido por las fuerzas reaccionarias del oscurantismo, la superstición, el racismo… Por ello, no hay duda que el fin del mundo no puede significar otra cosa que volver a las cavernas, destruyendo, con ello, todo el caudal de conocimientos que ha logrado la civilización.

Es verdad que el siglo XX nos ha traído la sombra alargada del fin del mundo. Porque a golpe de trompetazo han aparecido cuatro tenebrosos jinetes que anuncian el Apocalipsis, el fin del progreso, la vuelta a la barbarie. Son las fuerzas del Nacionalismo.

Primero aparece la LENGUA, entendida como elemento de exclusión y de marginación entre los seres humanos, y no de comunicación, la lengua como falta de alimento intelectual, como Hambre cultural.

A continuación viene cabalgando la RAZA, ese orgullo de ser biológicamente diferente (lo que quiere decir superior) al resto de los humanos, la creencia en ser un pueblo elegido, esa terrible Peste que puede azotar a nuestros cuerpos.

Luego se presenta la TIERRA (en algunos casos un pequeño "terruño", como decimos en Galicia), con su siniestro impuesto de exigencia de sangre para los que no son autóctonos, para los que no han crecido como plantas en un determinado lugar, esa declaración de Guerra a los foráneos.

Y, finalmente, surge la RELIGIÓN, como dogma oscurantista y supersticioso, verdad revelada a los chamanes de la tribu. La religión como auténtica Muerte de la inteligencia.

Estos cuatro jinetes del APOCALIPSIS, la LENGUA, la RAZA, la TIERRA y la RELIGIÓN, son los cuatro pilares sobre los que se eleva el TEMPLO del NACIONALISMO. No hay ningún nacionalismo que no haya basado su fórmula en una combinación de estos cuatro ingredientes, en diferentes proporciones según los casos históricos.

No existen excepciones. Lo mismo da que hagamos referencia al nacionalismo alemán, al español, al vasco, al serbio y a todos los nacionalismos que se han dado en la historia del Mundo. Sólo se diferencian en que unos han causado muchas más muertes que otros.

NACIONALISMOS, Ítem más.

NACIONALISMOS, Ítem más. En el mundo moderno, la ignorancia en lo que se refiere a la naturaleza del universo, se nos presenta como una negativa a especular a su respecto, y como una insistente afirmación de que sólo tienen significación o valor, partes reducidas y arbitrariamente seleccionadas del todo, como puede ser la nación, el Estado, la clase y el partido. Creer que la nación es Dios es un error tan grotesco como lo era la suposición de que el sol moriría si no le suministraban víctimas.

Esencialmente, todas las nuevas morales comunista, fascista, nazi o meramente nacionalista, se parecen mucho entre sí. Todas afirman que los buenos fines justifican los medios; y para todas, los fines consisten en el triunfo de una parte de la especie humana sobre las demás. Todas justifican el uso ilimitado de la astucia y de la violencia. Todas predican la subordinación de los individuos a una oligarquía gobernante, endiosada, que denominan ’el Estado’. Todas predican las virtudes menores, como la temperancia, la prudencia, el coraje y otras; pero todas desacreditan la caridad y la inteligencia, virtudes superiores sin las cuales las virtudes menores son meros instrumentos para hacer el mal con una eficiencia cada vez mayor.

Para satisfacer sus ansias de significación y de valores, las gentes se inclinan hacia doctrinas como el Nacionalismo, el Fascismo, o el Comunismo revolucionario. Filosófica y científicamente, estas doctrinas son absurdas, pero para las masas de todas las comunidades tienen este gran mérito: atribuirle todo el significado y el valor que le han sido quitados al mundo como un todo.

Tanto el capitalismo como el nacionalismo son frutos de la obsesión por el poder, el éxito y la posición social.

El designio de la propaganda nacionalista moderna consiste en transformar el afecto normal del hombre por su patria en la veneración excluyente y feroz por la nación divinizada. Las disputas entre naciones están empezando a tomar ese aspecto inflexible y fanático, que fue característico en tiempos pasados del trato que se daban unos a otros los sectarios de los distintos grupos religiosos o políticos.

Actualmente la idea política más poderosa es la del NACIONALISMO. Esta idea es la que presta justificación y la que transforma toda una serie de emociones, constituyendo la permanente motivación de acciones individuales y colectivas de la mayor importancia.

El DICTADOR.

El DICTADOR. Cada dictador tiene una jerga que le es propia. Los vocabularios son distintos, pero sus propósitos son los mismos en todos los casos: legitimar un despotismo local hace aparecer a un gobierno ’de facto’ como un gobierno de derecho divino. Tales jergas resultan, para las tiranías, instrumentos no menos indispensables que el espionaje policial y la censura de la prensa. Suministran un surtido de vocablos con los que llegan a justificarse ampliamente los crímenes más monstruosos y pueden racionalizarse las políticas más extraviadas. Sirven de molde para los pensamientos, sentimientos y deseos de pueblos enteros. Valiéndose de ellos, se puede llegar a persuadir a los oprimidos a que toleren y hasta veneren a sus insanos y criminales opresores.

Resulta bastante sugestivo que una palabra se encuentre en el vocabulario de todos los dictadores y que la empleen indistintamente los fascistas, los nazis y los comunistas con propósitos de justificación y racionalización. Ésa es la palabra ’histórico’.
Apelar a la historia es algo que les resulta especialmente cómodo a los dictadores; pues el postulado que sustenta ese recurso es, en el idioma hegeliano, que lo real es racional: lo que sucede es, en último análisis, lo mismo que lo que debiera suceder.
Ocurre a menudo, por ejemplo, que la fuerza triunfe sobre el derecho; por ello la fuerza es ’histórica’ y digna de conquistas.

La ’historicidad’ está pasando a ser aceptada como uno de los valores supremos, por multitudes cada vez más numerosas de hombres y mujeres. Esta identificación implícita de lo que debiera ser con lo que realmente es, vicia todo pensamiento que se refiera a la moral, a la política, al progreso, a las reformas sociales y hasta al arte mismo.

Contemplando al mundo, ellos creen ver que las circunstancias parecen conspirar para llevar a la gente en una dirección determinada. Este movimiento es ’histórico’, por ello tiene valor; existe y en consecuencia es indispensable que exista. Aceptan lo existente. En verdad, hacen mucho más que aceptar; aplauden y dan testimonios. Si lo real es lo racional y lo equitativo, se sigue que la acción ’histórica’ tiene que tener los mismos resultados que tendría una acción dictada por la razón y el más sublime idealismo.

Pero creyendo que lo real es lo racional, se convence a sí mismo de que el cambio que las circunstancias conspiran a imponerle tiene que ser, necesariamente, el que conduce a la meta que se desea. Cree que en todas partes la tiranía llegará de algún modo a convertirse en democracia, la cautividad en liberación individual, la concentración del poder político y económico en el gobierno de cada cual por sí mismo. En una palabra, está dispuesto a tolerar y hasta a complicarse en cualquier maldad o en cualquier imbecilidad, porque está convencido de que existe una providencia ’histórica’, que hará que medios inadecuados y nocivos resulten en fines benéficos."

Los políticos totalitarios exigen obediencia y conformidad en todas las esferas de la vida, incluso, por supuesto, la religiosa. Su propósito es utilizar la religión como instrumento de consolidación social, como una contribución a la mayor eficiencia militar del país. Por este motivo, la única clase de religión que fomentan es estrictamente antropocéntrica, excluyente y nacionalista.

A la larga, la ira y el odio son emociones que se derrotan a sí mismas. En lo inmediato, sin embargo, proporcionan altos dividendos en la forma de satisfacción psicológica y hasta (pues liberan grandes cantidades de adrenalina y noradrenalina) fisiológica. La gente puede tener al principio un prejuicio inicial contra los tiranos, pero, cuando los tiranos o aspirantes a tiranos le dedican una propaganda liberadora de adrenalina sobre la perfidia del enemigo -especialmente de un enemigo lo bastante débil para que pueda ser perseguido- muchos se inclinan a seguir con entusiasmo a quien así se expresa. En sus discursos, Hitler repetía insistentemente palabras como "odio", "fuerza", "implacable", "aplastamiento", "aniquilación", y acompañaba estas violentas palabras con ademanes todavía más violentos. Gritaba, daba alaridos, sus venas se hinchaban, su rostro se ponía violáceo. Una emoción violenta (como lo saben todos los actores y dramaturgos) es contagiosa en sumo grado. Envenenado por el maligno frenesí del orador, el auditorio bramaba, sollozaba y gritaba en una orgía de pasión sin inhibiciones. Y estas orgías eran tan gratas que la mayoría de quienes las habían experimentado volvían afanosamente en busca de más.

La finalidad de Hitler era en primer lugar mover a las masas y, luego, una vez apartadas las masas de sus fidelidades y su moral tradicionales, imponerles (con el hipnotizado consentimiento de la mayoría) un nuevo orden autoritario de propia creación personal.

Los regímenes totalitarios justifican su existencia mediante una filosofía de monismo político, según el cual el Estado es Dios en la tierra, la unificación bajo la planta del divino Estado es la salvación, y todos los medios tendientes a tal unificación, por más perversos que intrínsecamente sean, son justos y pueden emplearse sin escrúpulos."

Aforismos ANTInacionalistas.

Aforismos ANTInacionalistas.

Es conveniente recordar los aforismos, sentencias, máximas, pensamientos, meditaciones y parábolas, de personas de prestigio intelectual reconocido a nivel mundial.

Como decía MIchel Montaigne, yo cuando en ocasiones cito a otros es sólo con el propósito de expresar mejor mis pensamientos.
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LAO ZI.

• Cuando la confusión y el desorden reinan en los pueblos, se habla de patriotismo.

FERNANDO SAVATER.

• Lo mismo que el racismo es una forma de cretinismo moral, el nacionalismo es una forma de cretinismo político.

• Todas las madres y todas las patrias nos quieren pequeños para que seamos más suyos.

• Ser internacionalista es estar racionalmente convencido de que la división en naciones -que no tiene nada de natural- no hace sino impedir la emancipación humana y que el mito patriótico-nacional sirve siempre para legitimar en el poder a la oligarquía mas abyecta y rapaz.

MANUEL AZAÑA.

• Este concepto (nación), que en tiempos pasado tenía un valor revolucionario equivalente a libertad, se ha cubierto de adherencias desagradables, evoca propósitos y políticas que no nos pueden gustar y suelen ser en el ámbito del mundo una bandera de agresión.

MARIO ONAINDÍA.

• La patria no es el lugar donde se nace, sino donde se es libre.

BERNARD HENRI-LÉVY.

• El nacionalismo es siempre una tontería, y el nacionalismo étnico, una tontería asesina.

LORD ACTON.

• La nacionalidad no aspira ni a la libertad ni a la prosperidad, sino que, si le es necesario, no duda en sacrificar ambas a las necesidades imperativas de la construcción nacional.

JAVIER PRADERA.

• La deriva del nacionalismo emancipador decimonónico hacia la intolerancia y la opresión estaba seguramente inscrita desde el comienzo en la ambigüedad política de su proyecto.

ROBERT LANSING.

• La autodeterminación es un principio cargado de dinamita, porque levantará esperanzas que nunca podrán ser satisfechas. Costará, me temo, miles de vidas.

AMBROSE BIERCE.

• El patriotismo es el primer refugio de los bribones.

ORTEGA y GASET.

• El Estado es superación de toda sociedad natural, es mestizo y plurilingüe.

MARIO VARGAS LLOSA.

• La violencia persigue como su sombra a las teorías nacionalistas.

DEMÓCRITO.

• Toda la Tierra está al alcance del sabio, ya que la patria de un alma elevada es el universo.

GUY de MAUPASSANT.

• El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras.

EINSTEIN.

• El nacionalismo es una enfermedad infantil; es el sarampión de la humanidad.

GOETHE.

• El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales.

GEORGE STEINER.

• Los vegetales tienen raíces; los hombres y las mujeres tienen pies.

Antonio MACHADO.

• Siempre ha sido igual. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden. El pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre.

BORGES.

• El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones.

RYSZARD KAPUSCINSKI.

• La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.

Santiago RAMÓN y CAJAL.

• Los hombres guerrean para adquirir un pedazo de tierra donde ser prematuramente enterrados.

Albert BOADELLA.

• El nacionalismo es como una ventosidad; algo placentero para quien lo emite, pero desagradable para quien lo siente.

HADDON y HUXLEY.

• Una nación es un grupo de gente basada en la creencia errónea en un común origen y en una común aversión a sus vecinos.

OSCAR WILDE.

• El patriotismo es la virtud de los depravados.

Albert CAMUS.

• Amo demasiado a mi país para ser nacionalista.

Arthur SCHOPENHAUER.

• Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación.

CIORAN.

• No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la inquisición o la Reforma.

JOHN STUART MILL.

• El valor de una nación no es otra cosa que el valor de los individuos que la componen.

HENRY W. LONGFELLOW.

• Lo bueno en los grandes poetas de todos los países no es lo que tienen de nacional, sino de universal.

HERBERT G. WELLS.

• Nuestra verdadera nacionalidad es la del género humano.

ANÓMIMOS o de autor desconocido para mi.

• El nacionalismo es un atavismo que tiene su origen en el instinto de territorialidad de los mamíferos.

• La nación es la guardería de los que tienen miedo a crecer.

• Dicen que la patria es un fusil y una bandera; la patria son mis hermanos, que están cavando la tierra.

• Los patriotas no están tan preocupados en lo que son como en lo que no quieren ser.

• El plan maestro de todo buen patriota pasa por corregir la historia.

• Cuando oigo la palabra “patria” echo mano al chaleco antibalas.

• El que afloren las ideas de nacionalismo o comunismo en el cerebro de un joven es tan natural como el que lo haga el acné en su piel. Lo peligroso es que no se curen con la madurez.

• El nacionalismo es a la sociedad lo que el egoísmo es al individuo.

• Allá donde brota la sangre en nombre de una Nación, allá se descubre manchada una sotana o cualquier otra túnica de clérigo.

• El nacionalismo es la piel de cordero que utiliza el lobo racista.

La libertad.

La libertad. 1 INTRODUCCIÓN.

¿Realmente existe la libertad? Sin duda, el desentrañamiento de este tema ha sido motivo de discusión entre filósofos de todos los tiempos, motivo por el cual –aún no sabemos si libremente- decidimos plasmar en estas líneas nuestro respectivo análisis, el cual, reconocemos, es demasiado endeble comparándolo con los profundos estudios de Sartre, de Hegel, de Kant, de Leibniz, del Barón d’Holbach o de Hartmann, por mencionar algunos.

No obstante ello, la complejidad de abordar este tema no debe ser motivo de susto o declinación para quien desee hacerlo, pues para cualquiera que lo intente resultará provechoso tratar de sumergirse, aunque sea superficialmente, en las profundidades del mismo. Seguros estamos que al terminar de leer este trabajo se tendrá la suficiente información como para poder formarse una opinión propia al respecto, por lo menos.

Así, conocer si somos libres o no, o mejor dicho, conocer si podemos ser libres o no, creo que es lo menos que como individuos pensantes podemos hacer. Saber si lo que hemos realizado desde que usamos la razón o lo que tenemos planeado realizar como proyecto de vida, fue o será producto del ejercicio de nuestra libertad o tristemente resultado del movimiento de los hilos que Dios, el destino, la naturaleza o como suela llamársele haga de nuestra vida marioneta. He aquí la importancia de saber si existe la libertad.

Para estudiar la libertad creímos necesario establecer o delimitar los puntos sobre los que nos vamos a enfocar. Es decir, en vista de las muchas concepciones, enfocaremos nuestro estudio en los puntos más importantes y resaltantes, no sin antes establecer una pequeña, pero fructuosa comparación de ideas a modo de marco conceptual para facilitar la comprensión del lector y nuestro desarrollo del tema. En este sentido, este trabajo monográfico, estará segmentado en tres capítulos: en el primero nos avocaremos a los conceptos tocando temas históricos y religiosos; el segundo decidimos por unanimidad concedérselo al campo de la ética y la filosofía debido a la relevancia que estos conocimientos aportan a su estudio y que nos servirá de guía para la posterior racionalización de nuestras ideas a cerca de lo que para nosotros representa el término libertad en su sentido más amplio, y que estarán plasmados en el tercer y último capítulo.
Lo invitamos a un paseo por el mundo de las ideas, el que esperamos sea de su completo agrado.
Los autores.

2 LA LIBERTAD, ¿qué es?.

Generalidades.


Sobre la libertad se ha dicho y se seguirá diciendo mucho. Se argumenta, por ejemplo, en algunas concepciones, que siendo el hombre libre no lo es del todo pues tiene toda actividad regulada por pautas de conducta que le dicen lo que debe y lo que no debe hacer. A estas se suma la contradicción que sostiene que aún teniendo la conducta regulada por normas existe la disyuntiva de lo que el individuo decide o no decide hacer, otorgándole otra acepción a la palabra libertad, libre albedrío.

Guillermo Cabanellas al respecto nos dice: se trata de la "facultad humana de dirigir el pensamiento o la conducta según los dictados de la propia razón y de la voluntad del individuo, sin determinismo superior ni sujeción a influencia del prójimo o del mundo exterior", a lo que podemos agregar que, siendo así, el ser humano es libre independientemente de la existencia de las normas que rigen su conducta y de las sanciones que, como resultado de la priorización optada, se deriven.

Pero este hecho tiene un antecedente nacido de una relación de dependencia, si nos remontamos a los tiempos primeros de la existencia del hombre, como nos dice Juan Monroy: –la única posibilidad que tuvo el animal humano para subsistir dependió de la formación de grupos (clanes, tribus, gangs). Lo que explica un rasgo del hombre tan antiguo como su existencia: su sociabilidad"–. Si a esto le sumamos lo venido después, desde las viejas Concepciones Estatales, Platónicas como Aristotélicas, Rousseau y su Social Contract, el nacimiento del Constitucionalismo, Montesquieu y la Teoría de la Separación de Poderes y el reconocimiento de los Derecho Fundamentales de las Personas, concluiremos –inobjetablemente– que la libertad forma parte de la evolución del hombre y que ha sido tema de discusión y polémica durante toda nuestra existencia y que además se denota una gran dependencia, o necesidad, del hombre a vivir con otros en sociedad para facilitar la respuesta a sus necesidades. Siendo así y dando cuenta que al fin el hombre es libre y que en medio de tanta libertad depende de otros para poder aplacar su necesidad de bienes que le aseguren la subsistencia; la misma relación de dependencia, ¿no constriñe la libertad?

A continuación enfocaremos el tema según algunos autores.

Volviendo a Guillermo Cabanellas define a la libertad en una forma genérica como: "Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo cual es responsable de sus actos", sin embargo este mismo autor asigna, en el campo jurídico, la siguiente sentencia: "Entendida la libertad como autonomía individual, absoluta en el pensamiento, y mayor o menor según las relaciones surgidas de la convivencia social, ha movido a definiciones de juristas y legisladores. Envuelta en la anonimia, pero aureolada por notable perspicacia jurídica, los romanos decían: "Libertas est potestas faciendi id quod Jure licet" (La libertad es la facultad de hacer lo que el derecho permite)".

Justiniano transcribió en el Digesto el concepto y las palabras similares de Florentino: la libertad es la facultad de hacer cada uno lo que le plazca, salvo impedírselo la fuerza o el derecho.

Aún encadenada así en algo la libertad, su valor es tan grande que Gayo la consideraba como el mayor de los bienes: "Libertas omnibus rebus favorabilior est" (La libertad es la más preciada de las cosas). Y tan elevado es su precio que, ratificando a su colega Ulpiano, exclamaba: "Libertas pecunia lui non potest" (la libertad no se puede pagar con dinero). Los piratas sarracenos, con los cristianos medioevales y los guerrilleros morunos con los prisioneros de guerra del siglo XX, demostrarían que aquel insigne jurista no siempre estaba en lo cierto.

Paulo, a su vez, expresaba: "Libertas ad tempus dari non potest" (La libertad no se puede conceder temporalmente). Por que esa amenaza de retornar a la esclavitud amarga, como simple condena a la libertad, la transitoria liberación. No obstante, en la realidad procesal y como atenuación penitenciaria, se conoce esa libertad revocable o en cuotas que representan instituciones como la libertad provisional de los procesados y la libertad condicional de los condenados de ejemplar comportamiento ulterior.

Las Partidas, inspiradas en el Digesto, caracterizaban la libertad cual "poderío que ha todo hombre naturalmente de hacer lo que quisiese, sólo que fuerza o derecho de ley o de fuero se lo embargue".

En Francia, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la libertad se consagra como Derecho Fundamental en el artículo 2° y se define en el 4° en estos términos: "La facultad de hacer todo aquello que no perjudique a otro".

Como conducta personal, la libertad se entiende en el sentido más amplio y a la vez ingenuo. En el Anarquismo Puro, como aquella potestad de hacer lo que se quiere, imposible por carecer de omnipotencia y por el respeto que infunden los demás en su individualidad y en su conjunto. Con sentido más moral, la libertad se circunscribe a hacer cuanto no daña a otro, con la imprecisión consiguiente al daño y a la autoridad para apreciarlo. En aspecto más jurídico, la libertad consiste en el derecho de hacer cuanto las leyes permiten y todo lo que no prohíben.

Desaparecida la esclavitud, al menos en sus formas más groseras, la libertad personal está garantizada en el orden civil, y es irrenunciable e inalienable. No sucedía así en el Derecho Romano, donde dada la extensión de las facultades individuales, el mayor de 20 años podía vender su propia libertad y transformarse en esclavo, condición digna del capaz de tal suicido moral.

El propio Escriche, partícipe del entusiasmo que la libertad suscitaba en todos sus aspectos y más en la España del siglo XIX, luego de su calvario constitucional y de la primera de las guerras civiles ganada bajo su signo, declara que la libertad –en su sentido natural y verdadero– es la facultad que tiene el hombre de obrar o de no obrar en todo, como crea convenirle. Por eso toda la ley le es contraria, por que toda la ley le ataca y disminuye. Pero no llega a una conclusión anarquista, como buen jurista.

Por eso agrega que la ley que nos quita una parte de nuestra libertad nos asegura la porción que nos queda, confiriéndonos los derechos de seguridad personal, de protección para el honor y de prosperidad; de modo que el sacrificio que hacemos para adquirir tan preciosos bienes es mucho más pequeño que la adquisición. La libertad, pues, de los ciudadanos, será mayor o menor según la mayor o menor gravedad de los obstáculos que la ley oponga a sus acciones o actos; y tales pueden ser las leyes de un estado que absorban casi enteramente la libertad de los individuos que lo componen.

La libertad, por la que se luchaba empeñosamente en Europa en el curso del siglo XIX, se ha convertido en el siglo XX en divisa de carácter internacional. Con el lema de la "Libertad de los Pueblos" hicieron los luego vencedores de la Primera Guerra Mundial; pero a ello siguió una ola de dictaduras en Europa, como nunca se había conocido desde el destruido Absolutismo Real. Por la aspiración de la "Libertad del Iindividuo", oprimido en los sistemas totalitarios, se anunció que se batallaría en la Segunda contienda universal; y también los triunfadores –a tanta distancia ya de su victoria– tienen mucho que cumplir.

El ansia de libertad, inextinguible en los individuos y en los pueblos por larga que la opresión se muestre e insaciable por mayor tolerancia que se logre o consienta, se manifiesta en la vida de los países coloniales como sentimiento de emancipación e independencia.

Libertad en lo religioso, moral y ético.


Hay tantas respuestas de libertad como hombres en el mundo. Para unos libertad significa la ausencia de ataduras humanas; otros encuentran la libertad en la democracia; para muchos, la libertad es poder decir y hacer lo que mejor les parece; para otros es no estar esclavizado.

Según el Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española: "la libertad es la facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo; es el estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro; es la falta de coacción y subordinación; es la facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas, de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres". En fin, de libertad encontraremos infinidades de acepciones y conceptos; pero para enfocarnos en los aspectos más resaltantes de éste significado tendríamos que penetrar en los puntos de vista histórico, religioso y ético.

Desde el punto de vista histórico, al igual que toda especie viviente procede por evolución de toda una cadena de especies sin que se produzcan nunca saltos espectaculares, así también toda conducta humana procede por evolución de toda una cadena continua de conductas anteriores, sin saltos espectaculares (y si los hay es preciso buscar los eslabones perdidos en vez de diseñar modernas mitologías). De lo cual es preciso inferir que lo que hoy denominamos LIBERTAD procede por evolución de la ESCLAVITUD, es decir que la realidad que hoy llamamos libertad es una forma evolucionada de una realidad antigua, ya extinguida, que denominamos esclavitud.

Para muchos libertad es el contrario de esclavitud (y no a la inversa). De manera que si no hubiese existido la esclavitud, ni siquiera se hubiera percibido ni definido la libertad, de la misma manera que si no hubiese oscuridad, nunca hubiéramos percibido y definido la luz, tan esquiva por lo demás a ser definida.

Esclava es la persona que no es dueña de sí misma, sino que es propiedad de otra persona, física o jurídicamente. Por consiguiente, libre sería la persona sobre la cual nadie ejerce derecho de dominio, es decir de amo.

Y la primera duda que nos asalta es si no existe la barrera natural, el límite (finis) de la libertad: ¿qué es la esclavitud? ¿Cómo podemos definir esa realidad? Al no tener límites se nos convierte en indefinible, es decir en in-finita, con lo cual a cualquier cosa se le llama libertad.

Ahora bien, encontramos también que desde la perspectiva religiosa, la libertad es simplemente la verdad de Jesús. Para los religiosos, él es el modelo y el ejemplo de lo que realmente significa ser libre. Sobre todo, Jesús estaba libre del pecado Su vida entera era una expresión perfecta de la justicia de Dios en todos los sentidos. Este hecho es tan conocido que no es necesario entrar en más detalles. También estaba libre de Satanás y de los poderes de las tinieblas. Podía decir de Satanás, "Nada tiene en mí" (Juan 14:30). Estaba libre del temor. Podía denunciar el pecado en los líderes religiosos. No temía a las multitudes que le querían matar. Podía fijar su rostro hacia Jerusalén e ir al encuentro de su muerte. Estaba libre de toda enfermedad. No hay testimonio escrito que indique que su salud fuera menos que perfecta en ningún momento. Estaba libre de la tradición religiosa. No tenía ningún respeto para nada por la religión que no procediera de Dios. Estaba libre de todas estas cosas y muchas más. Pero no sólo estaba libre de sino libre para. Estaba libre para hacer la voluntad de su Padre en todo y todos los días. Estaba libre para ser la perfecta expresión de su padre celestial en todo lo que decía y hacía. Estaba libre para dar su vida por nosotros.

La libertad que disfrutaba Jesús es la libertad que ofrece a todos aquellos quienes creen en él. En Romanos 8: 19-22 Pablo escribió: "Porque el anhelo ardiente de la creación es el de aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora" ¿Cómo se ha de entrar en esta libertad que predican las religiones cristianas? Encontramos la respuesta en el versículo que ya hemos citado "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". En la religión, la verdad que entra en los corazones de todos los seres humanos, es la que traerá la verdadera libertad a todos. No es la doctrina del hombre que entra en nuestras mentes lo que nos hará libres; si no la verdad que proviene de Dios.

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8.31-32). De acuerdo con las palabras del Maestro, la libertad del hombre se encuentra en la verdad de su evangelio.

La mentira es el antónimo de la verdad. A través de los tiempos, la debilidad del hombre lo ha llevado a mentir Los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apoc. 21.8). La libertad es sinónimo de verdad en toda su esencia. La verdad a medias, no libera al hombre de sus pecados.

Muchos se convierten en esclavos de los vicios. El licor, el tabaco, las drogas, etc., una vez se posesionan del ser humano se le hace muy difícil liberarse de ellos. En Romanos 7:15-25 el Apóstol Pablo, todo un apóstol, confiesa lo difícil que se le hace vencer la carne. El verso 19 dice: "Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago, y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mi." Lo que es imposible para los hombres es posible para Cristo. "De cierto, de cierto os digo que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (Jn. 8.34). "Así que si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres." (Jn. 8.36).

La libertad es Cristo, porque el vino a romper las cadenas con que nos tenía atados Satanás. Cristo vino a dar la libertad a los presos que estaban encadenados a sus delitos y pecados. La libertad en Cristo no compara con ninguna otra cosa a que pueda aspirar el ser humano. Todo lo que tenemos que hacer es escuchar su voz, aceptar su invitación, y obedecer su palabra. Conocer la verdad no es suficiente para alcanzar la libertad. Sin la obediencia al Evangelio, nadie tiene libertad completa

En conclusión la libertad necesita de la verdad. La libertad requiere del entendimiento (facultad que busca la verdad) y de la voluntad (facultad que busca el bien). Usando ambas el hombre puede determinar dónde está el bien verdadero y escogerlo. La libertad puede aumentar en el sentido de adquirir mayor facilidad de conocer y escoger el bien. Mejorará a base de realizar buenas elecciones, pues se crea el hábito de optar por el bien. La libertad disminuye con los pecados, pues los vicios dificultan elegir bien. "El que peca es esclavo del pecado". Por ejemplo, la persona que se deja vencer por la pereza cada vez se vuelve más perezosa y le cuesta escoger bien en asuntos que supongan esfuerzo. Los que ayudan a ser libres son los que difunden la verdad –"la verdad os hará libres"–, y ayudan a escoger el bien. Por ejemplo, quien invita a un amigo a drogarse le dificulta la libertad atándole a ese defecto; en cambio, quien anima a trabajar, rezar o comportarse bien facilita el buen ejercicio de la libertad.

Quien hace el mal adquiere un vicio y si ejerce un acto bueno adquiere una virtud. ¿Por qué? Según los grandes socráticos, es imposible que un hombre ejerza un acto libre sin que en su misma índole de hombre adquiera una profunda reconfiguración intrínseca. La vida humana está entretejida de multitud de actos, pero no es indiferente actuar bien o mal, porque cada acto tiene consecuencias externas, pero también –y sobre todo– consecuencias internas.

Los vicios nos encadenan, las virtudes contribuyen a hacernos más libres. La libertad es un valor que a menudo está oscurecido. A veces se escucha ¡déjame hacer mi vida! Aquí está la oportunidad para hacerlo. ¿Por qué? Primero, porque en el paso al acto el ser humano no puede ser sustituido. El hombre está en sus propias manos, dice la Antropología Clásica; nadie puede sustituir su iniciativa. Este hallazgo clásico lleva a formular la libertad como Causa Sibi, ser causa en orden a actos, ser causa para sí en orden a actos: desarrollarse, actualizar sus facultades corre a cargo de cada cual.

Los actos virtuosos los ejercitamos desde la libertad y sólo así podemos progresar en esa libertad. Por eso, la gran tradición clásica hasta Tomás de Aquino, sostiene que el invalorable don de la libertad radica en controlar la propia conducta, es ser Causa Sibi. La libertad ante todo es el autodominio. Es dueño de sí el que tiene virtudes y no es dueño de sí el que no las tiene porque tiene vicios. Por eso, la alternativa ética es ontológica, afecta al ser mismo del hombre: uno se hace bueno o se hace malo. ¿Cómo se hace bueno o se hace malo? A través de sus actos, por esto es por lo que son importantes puesto que el origen de la moralidad está en los actos y éstos se determinan por sus objetos.

Libertad no es hacer lo que nos da la gana –eso es el libertinaje, corrupción de la libertad– sino hacer lo que hay que hacer, es decir, realizar las cosas según el querer de Dios no forzosa o necesariamente sino libremente, porque nos da la gana de hacerlo.

La mayor libertad se da en el cielo donde la inteligencia y voluntad alcanzan su mayor perfección, descubren con toda facilidad donde está el bien verdadero y eligen siempre con acierto.

Libertad De Expresión.

Libertad de Expresión es la libertad de expresar pensamientos, ideas o creencias a través de la palabra (escrita u oral), la expresión artística, científica, etc. Por supuesto que esta libertad tiene sus límites lógicos. Uno de esos límites es el derecho al honor. Otro es el respeto a los sentimientos religiosos de la persona. Por otro lado, no habría que olvidar tampoco, que el Derecho a la Libertad de Expresión es también un derecho importante en una sociedad democrática.

Considerado lo anterior, surge ahora una reflexión interesante: si el Derecho es capaz de establecer unas pautas éticas tan elevadas cuando regula la libertad de expresión y el derecho al honor, ¿debería ser inferior la norma para los que se rigen además por principios cristianos? Si se acepta que el espíritu de las enseñanzas de Jesucristo es mucho más excelso que las simples leyes humanas, ¿habría alguna justificación para que alguien usara el "lenguaje del odio" o la "vejación gratuita"? No parece que debiera ser así, sobre todo si se tiene en cuenta el espíritu de las admoniciones apostólicas:

Es triste reconocer que en mucho de lo que se publica, incluido Internet, aparecen expresiones no sólo de crítica o de cuestionamiento de doctrinas religiosas, sino también de "lenguaje del odio" o "vejación gratuita" cuando se denuncia a los Testigos de Jehová o a otras confesiones. Se olvida muy a menudo que la inmensa mayoría de las personas que los componen son personas de fe que desean hacer la voluntad de Dios y vivir vidas pacíficas.

Pero en otras ocasiones ocurre que son los mismos dirigentes religiosos de algunas confesiones religiosas los que inculcan en sus seguidores el desprecio a otros. Un ejemplo ilustrativo es el de los Testigos de Jehová. Sus dirigentes quizá podrían reflexionar en si es ético, desde el punto de vista del espíritu de las enseñanzas de Jesús, usar un "lenguaje del odio" o de "vejación gratuita" para con los que ya no están entre sus filas o a los que con todo desprecio llaman una y otra vez en sus publicaciones "apóstatas". Manipular incluso las Escrituras para inculcar odio y decir lo que en realidad éstas no dicen, puede verse en este ejemplo, según se publicó en La Atalaya 1 de octubre de 1993: "Los apóstatas están entre los que odian a Jehová y se sublevan contra él. La apostasía es, en realidad, una rebelión contra Jehová."

El tema es extremadamente sutil, pues el campo de la religión puede ser muy sinuoso y se escapa muchas veces al Derecho Positivo. La falta de ética por parte de los que permiten y enseñan esa política de "aborrecimiento" sólo recuerda al mismísimo Espíritu de la Inquisición que despreciaba absolutamente todos los derechos y libertades de la persona humana.

De modo que, ¿quién tiene derecho de usar su libertad de expresión para "odiar", "vejar" o "mancillar" a otros? Puede tratarse de los ataques desmesurados o llenos de odio de personas particulares contra alguna confesión religiosa, o al revés, que sea una confesión religiosa la que a través de la propaganda de sus líderes mancille o veje el honor y buen nombre de personas. Pero según lo considerado hasta ahora, habría que llegar a la conclusión de que ninguna ley, jurídica o moral, podría justificar semejante conducta. Al fin y al cabo, ¿no es Dios el Padre de todos y el verdadero Juez de toda la tierra? (Santiago 4:12)

Sin de los derechos humanos o la falsedad. Pero parece también necesario tener en cuenta que, tanto desde la perspectiva del Derecho como desde los altos valores cristianos, no todos los modos tienen por qué ser lícitos, sobre todo si lo que se desea como meta final es rectificar las cosas para lo que es verdadero, educar en la justicia o contribuir para la edificación de los demás.

¿Existen clases de libertad?.

De acuerdo a Ortega y Gaset, el hombre se encuentra inmergido en el mundo y actúa en diferentes planos: en el plano material o mundo de la naturaleza, y en el espiritual o mundo de la cultura.

El mundo de la naturaleza es el mundo de la necesidad, pues está regido por la ley de casualidad, mediante la cual –de un modo ineluctable– a todo efecto corresponde una causa. En cambio, el mundo de la cultura es el mundo de la libertad, porque dicho mundo es creado por acciones humanas que son realizadas por el hombre no casualmente, sino obedeciendo aun principio teológico finalista. Una piedra debe caer necesariamente, de acuerdo con las leyes de la gravedad; un hombre puede o no realizar un acto, aceptando las consecuencias de su acción u omisión.

Siendo así, la libertad tiene un concepto amplísimo ya que puede referirse a las cosas del mundo de la naturaleza o bien a la del mundo de la cultura. Según Soler "si algún concepto hay cuyos atributos sean infinitos, inagotables, ese concepto es el de libertad".

La libertad absoluta no existe pues aún los cuerpos en el espacio se hallan sometido a las leyes de la gravedad universal de Newton o a las del campo unificado de Einstein.

En el mundo de la cultura tampoco existe la libertad absoluta, por cuanto ella debe detenerse ante la esfera de la libertad de los otros hombres con quienes convivimos.

De allí que la libertad sea una entidad relativa y podríamos conceptuarla como la no sujeción a algo. Pero esta concepción, vaga y generalizada, debe delimitarse; así decimos: libertad física, o sea no sujeción a algo material; libertad biológica, o sea vida independiente de otros organismos; libertad política, o sea gobierno propio que es independencia con respecto a lo externo y posibilidad de elegir gobernantes o de ser elegido en lo interno; libertades públicas; libertades civiles; libertades económicas; etc.

En el mundo de la cultura, la libertad puede ser individual o colectiva. La libertad colectiva consiste en la independencia con respecto a otros Estados.

La libertad individual puede ser pública o privada, o sea libertad política y libertad civil, dentro de la vieja denominación de Aristóteles.

Así tendremos que una aproximación al concepto de libertad nos la hace mostrar como un derecho, como un derecho imprescindible e inalienable de la persona humana, insito a ella y por ende perteneciente indisolublemente a su naturaleza.

Esto nos conduce a la concepción de la libertad como un derecho natural, un derecho natural fundamental y primordial.

De acuerdo a la Enciclopedia Jurídica Omeba, tendremos que Libertad en el sentido de la Filosofía del Espíritu, "es el estado existencial del hombre en el cual éste es dueño de sus actos y puede autodeterminarse conscientemente sin sujeción a ninguna fuerza o coacción psicofísica interior o exterior. Opónese así este concepto al de determinismo causal que, en la medida en que implica forzosidad, es y constituye una limitación a la posibilidad de obrar."

Lo que nos indica esta definición es que se debe entender por acto libre aquel que se ejecuta con dominio y propiedad en la decisión; esto es, con pleno conocimiento y facultad para realizar otro distinto o, cuando menos, para omitirlo.

La existencia de la libertad es un hecho de experiencia inmediata y universal en la vida humana; un hecho que es, a la vez, el de la coexistencia social del hombre. Y si la coexistencia social implica la vigencia de uno o más sistemas normativos, resulta que el hombre es libre en tanto posee una inteligencia capaz de comprender el sentido normativo de sus actos y una voluntad capaz de decidir la realización e éstos.

La libertad humana opera así, tanto en la esfera de la razón como en la de la voluntad. De ahí que todo ejercicio de aquélla signifique una volición no ciega ni absoluta ni instintiva, sino racional. Y de ahí también que el grado de libertad interior depende proporcionalmente del conocimiento del sentido de una acción.

Sobre todo lo anteriormente dicho, podríamos decir que la libertad es un derecho que otorga el Estado al individuo y no es una norma jurídica sino que es el poder del individuo de realizarse a sí mismo, de resistir a la opresión del Estado y las Leyes, a la esclavitud de las cosas, a fin de desarrollar su íntima personalidad y erigirse en el creador de su propio destino.

3 LA LIBERTAD y LA ÉTICA.

Desde un punto de vista ético la libertad humana se puede definir como la "autodeterminación axiológica." Esto significa que una persona libre se convierte, por ese mismo hecho, en el verdadero autor de su conducta, pues él mismo la determina en función de los valores que previamente ha asimilado.

Cuando no se da la libertad –o se da en forma disminuida– entonces el sujeto actúa impedido por otros factores, circunstancias y personas, de modo que ya no puede decirse que es el verdadero autor de su propia conducta. De acuerdo con esto se dice que la condición previa de la libertad en un individuo es la captación y asimilación de los valores. En la medida en que un individuo amplía su horizonte axiológico podrá ampliar paralelamente el campo de su propia libertad. Y en la medida en que una persona permanezca ciega a ciertos valores, se puede decir que posee una limitación en su libertad.

La libertad humana tiene que ir paralela con el sentido axiológico y el sentido de responsabilidad, de no ser así se convierte en libertinaje.

Uno de los aspectos más importantes en la vida de una persona es su proceso de liberación. La libertad puede aumentar o disminuir a lo largo de la vida. Los primeros factores que limitan la libertad del hombre son los condicionamientos, el Súper Yo, las manipulaciones ajenas, las emociones sofocantes y las ataduras de una filosofía pesimista.

El tipo de libertad del que estamos hablando es la libertad interior, ésta se rige por valores captados, también es llamada libertad axiológica una vez que se asimilan los valores. El hombre elige realizar algún valor o rechazarlo. La Libertad no existe cuando una persona es ciega para los valores. Actuar libremente significa inclinarse, adoptar y realizar un valor, o rechazarlo. Cuando no existe uno o varios valores en la mente del individuo, su conducta va a estar orientada, no por valores, sino por instintos, reflejos, condicionamientos, hábitos, inclinaciones surgidas del inconsciente, presiones externas, etc. La percepción de los valores es indispensable para que exista un acto libre. Existen dos modos de percibir lo valores:

En forma conceptual: Es la que se logra por medio de explicaciones teóricas o descripciones más o menos distantes del objeto valioso.
En forma intuitiva: Es la que se logra por medio de una vivencia en la cual se capta, se aprecia y se adopta ese valor como tal dentro del mundo personal del sujeto cognoscente.
Para que la libertad axiológica se pueda dar debe existir la posibilidad de un conocimiento holístico o intuitivo de uno o varios valores. Sin este tipo de conocimiento, muy diferente al conocimiento conceptual, no es posible que se dé la libertad que nos lleva al valor moral. En otras palabras: para elegir un valor primero hay que conocerlo y apreciarlo en cuanto a tal.

Para un manejo sencillo de las clasificaciones de la libertad, esta se ha divido en dos muy sencillas:

Libertad–de: Significa libertad de obstáculos, de vínculos o de restricciones, sean estos de orden físico o de orden moral.
Libertad–para: Significa libertad para alcanzar un objetivo o para realizar un valor o para llegar a una meta, es de tipo interna y reside en la voluntad.
La postura que niega la libertad humana es el "determinismo", postura propuesta por Skinner que ha cobrado auge. Este psicólogo conductista rechaza la libertad en función de un fenómeno también real: los condicionamientos en que vive inmersa la mayoría de la gente.

La tesis central del determinismo dice que el hombre ya está fijado o "determinado" en cierta dirección por diferentes causas que desconoce en el momento mismo y que, por tanto, su decisión "libre" sólo sigue siendo de nombre. Los principales expositores de esta corriente fueron: Leibniz, Spinoza, Freud y Skinner, cada uno con su tesis sobre el comportamiento del hombre.

Julián Marías, citando a Leibniz, nos dice, por ejemplo, cuando se refiere a la libertad: "Todas las mónadas son espontáneas, por que nada externo puede coaccionarlas ni obligarlas a nada; pero no basta esto para que sean libres. La libertad supone, además de la espontaneidad, la deliberación y la decisión. El hombre es libre por que escoge entre lo posible después de deliberar. Pero tenemos, como dificultad, la presencia divina; Dios, desde un comienzo, ve el ser de las mónadas, y estas encierran en sí todo lo que les ha de acontecer y han de hacer. ¿Cómo es posible la libertad?"

Leibniz echa mano de algunas agudas distinciones de la teología católica, especialmente del español Molina, para interpretar la ciencia de Dios. Dios tiene tres tipos de ciencia: 1. Ciencia de Pura Intelección; 2. Ciencia de Visión, 3. Ciencia Media. Por la primera, Dios conoce todas las cosas posibles; por la Ciencia de Visión conoce las cosas reales o futuras; por la Ciencia Media Dios conoce los futuribles, es decir, los futuros condicionados, las cosas que serán si se pone una condición, pero sin que esta condición esté puesta. Dios conoce lo que haría la voluntad libre, sin que esté determinado que esto haya de ser así, ni se trate, por tanto, de futuros, como Cristo sabe que si en Tiro y Sidón se hubieran hecho milagros, las gentes hubieran hecho penitencia. Las cosas contingentes no son necesarias; su necesidad sólo viene dada a posteriori, después de un decreto de la voluntad divina, posterior a la ciencia de libre intelección y a la ciencia media.

Dios crea a los hombres y los crea libres. Esto quiere decir que se determina libremente a obrar, aunque han sido determinados por Dios a existir. Dios quiere que los hombres sean libres, y permite que puedan pecar, por que es mejor esa libertad que la falta de ella. El pecado aparece, pues, como un mal posible que condiciona un bien superior: a saber, la libertad humana.

Existen otros tipos de Determinismo además de los expuestos por los pensadores mencionados anteriormente; éstos son el Determinismo Biológico y el Sociológico que sostienen la existencia de otras fuerzas rectoras de la conducta humana como pueden ser la programación genética y la coerción social.

Sin embargo, frente al Determinismo Absoluto que es al que hicimos referencia en los párrafos anteriores, se levanta una postura contraria denominada Libertarismo.

¿En qué creen los libertarios? En pocas palabras, creen que la libertad individual es el valor fundamental que debe subyacer a todas las relaciones sociales, intercambios económicos y al sistema político.

Los libertarios esencialmente predican la libertad en todos los campos, incluyendo el derecho a lo que uno quiera con su propio cuerpo mientras esto no infrinja la propiedad e igual libertad de otros. En este sentido, creen que la gente que quiere tomar drogas, ver pornografía, prostituirse o pagar por una prostituta, o comprometerse en cualquier clase de actividad sexual consensual, debería poder hacerlo sin ser importunada por la ley y asediada por la policía. Prescribe entonces, que ser libre significa elegir y actuar de la forma que se quiera, es decir, poder comportarse de manera distinta de cómo se ha hecho si así se hubiese querido o elegido. Ello significa que se tiene una libertad de decisión y de acción que escapa a toda determinación causal.

Analicemos ahora la postura media, una posición que deja al margen los extremos y que más allá de postulados incompatibles entre libertad y causa, concilia a ambas, es decir, se reconoce que la conducta del hombre se encuentra determinada, pero que dicha determinación, más que impedir la libertad, es la condición necesaria para ella.

Esta última postura distingue entre Determinismo Universal, el cual reconoce y acepta; y Determinismo Absoluto, el cual objeta, dado que niega la libertad humana la cual presupone la existencia de varias formas posibles de comportamiento y la posibilidad de decidir libremente entre cualesquiera de ellas.

La libertad humana no es absoluta. Existen varios obstáculos que disminuyen y, a veces, nulifican la libertad de la conducta humana. El Estudio de ellos proporciona mayor claridad para la comprensión de los actos humanos en la vida real. En la medida en que falta libertad, el acto humano pierde su calidad de humano y llega a convertirse en un simple acto del hombre. A pesar de esto, la libertad puede conquistarse e incrementarse a partir del nivel de desarrollo y madurez propio de cada uno. Afortunadamente existen procedimientos psicológicos que fomentan este gradual crecimiento de la libertad personal.

Factores Que Ayudan A La Busqueda De La Libertad.

La Ignorancia consiste en la ausencia de conocimientos, es un obstáculo ya que para elegir algo es preciso conocerlo. El mejor consejo para obtener la libertad es abrir horizontes, ilustrar acerca de nuevas posibilidades. Muchos fracasos en las carreras profesionales se deben a una elección incorrecta de ella por ignorar otras especialidades que estarían más de acorde con las cualidades del sujeto.

El Miedo consiste en la perturbación emocional producida por la amenaza de un peligro inminente y es un obstáculo ya que en casos extremos (pavor), puede producir una ofuscación completa de las facultades superiores y todo lo que se ejecuta en esos momentos pierde el carácter de acto humano pues el sujeto no puede responder de ello.

La Cólera y Otras Pasiones son factores importantes para encontrar la libertad. La cólera, también llamada ira, enojo o coraje, al igual que otras emociones y pasiones producen una fuerte limitación en nuestra capacidad de elegir libremente. Las emociones como el odio, la tristeza, la alegría, los celos, la envidia y el enamoramiento son respuestas orgánicas (de adecuación o de inadecuación, de aceptación o de rechazo) por parte del sujeto cuando percibe un objeto afín o discordante. La emoción llevada a los extremos recibe el nombre de pasión.

La Violencia es una fuerza externa, física o psíquica, ante la cual es difícil o imposible resistirse. Ésta puede debilitar la libertad del sujeto hasta el grado de suprimir toda responsabilidad en lo que se refiere a la conducta realizada en esos momentos.

Los Desajustes Psíquicos entre los cuales sobresale la neurosis, debilitan la libertad debido a que la persona se siente atada a ciertos patrones de conducta, a mecanismos de defensa, a lo que le dicta el auto concepto o el Súper Yo, a las emociones exageradas, como la ansiedad y la angustia.

4 LA LIBERTAD y la PERSONA.

Es difícil aceptar la libertad pues tenemos muchos y grandes condicionamientos, obstáculos, impedimentos. Además, como la libertad no es objetivable, no la podemos demostrar.

El hombre no sólo es sino que también se hace; es fruto de sí mismo, de su libertad, de sus opciones libres. Es hombre en búsqueda de verdad. Pero además, jerarquiza y realiza los valores según su proyecto personal de vida.

Es por ello que la sociedad y la comunidad deben dar al niño que nace, las condiciones para que encuentre lo necesario para realizarse como persona en vistas a una integral realización.

Para la Antropología, el hombre además de individuo es persona, es sujeto, es uno, es único. El hombre se manifiesta, se revela como persona en su relación con los otros. Es un Yo en relación con un Tú. Existe en el mundo con los demás para realizarse personal y comunitariamente.

Su perfeccionamiento como persona se realiza en relación con el otro. El hombre es un ser responsable de otro. Esto supone responder a la llamada del otro, de otra persona que exige tu atención, respeto y poder vivir en plenitud. Todo esto implica responsabilidad.

La Libertad Y Sus Límites.

Como es lógico, el reconocimiento de una libertad ilimitada haría imposible la convivencia humana, por lo que son necesarias e inevitables las restricciones a la libertad individual. La libertad se define como el derecho de la persona a actuar sin restricciones siempre que sus actos no interfieran con los derechos equivalentes de otras personas.

La naturaleza y extensión de las restricciones a la libertad, así como los medios para procurarlas, han creado importantes problemas a los filósofos y juristas de todos los tiempos. Casi todas las soluciones han pasado por el reconocimiento tradicional de la necesidad de que exista un gobierno, en cuanto grupo de personas investidas de autoridad para imponer las restricciones que se consideren necesarias. Más reciente es la tendencia que ha subrayado la conveniencia de definir legalmente la naturaleza de las limitaciones y su extensión.

El anarquismo representa la excepción a todo esto, al considerar que los gobiernos son perversos por su propia naturaleza, y sostener que es preferible su sustitución por una sociedad ideal donde cada individuo observe los elementales principios éticos.

El equilibrio perfecto entre el derecho del individuo a actuar sin interferencias ajenas y la necesidad de la comunidad a restringir la libertad ha sido buscado en todas las épocas, sin que se haya logrado alcanzar una solución ideal al problema. Las restricciones son en no pocas ocasiones opresivas. La historia demuestra que las sociedades han conocido situaciones de anarquía junto a periodos de despotismo en los que la libertad era algo inexistente o reservado a grupos privilegiados.

Desde estas situaciones hasta su evolución hacia los estados de libertad individual cristalizados en los gobiernos democráticos, conocidos en algunos círculos como ‘la menos mala de las soluciones’ respecto a ese deseo natural del hombre por ser libre

5 LA LIBERTAD y la EDUCACIÓN.

Es importante mencionar también a la educación. La educación es un factor también muy importante para conocer la libertad. Y es que solo a través del aprendizaje propio del individuo es como este llegara a su independencia ideológica, económica; bajo ciertas circunstancias; y podrá evitar a los "enemigos de la libertad", que no son otra cosa que aquellos factores que no hacen posible la libertad.

Una educación libre es aquella en la cual se permite la libre expresión de ideas, aunque sean incorrectas para el contexto sobre el que esta trabajando. En vez de regañar se orienta a los educandos para que ellos mismos decidan su libertad.

En el proceso de educar toman parte los profesores, los alumnos, la familia, la institución educativa, la sociedad, etc. Cada una de estas esferas debe posibilitar un clima de respeto y tolerancia, de autonomía e independencia para la educación en libertad.
El educador debe tener respeto a su ideología, a su persona, a su concepción política, a sus iniciativas y al ejercicio profesional.
El educando debe cumplir dos condiciones: respeto al docente y autonomía propia. Debe ser tolerante con las opiniones del profesor, siempre que éste no quebrante conscientemente los derechos del alumno.

La institución escolar debe estar libre de opresiones y manipulaciones, tanto de la política educativa de la nación, como de presiones sociales, de intolerancia del equipo docente, de intransigencias del alumnado o de los padres de familia.
La sociedad en la que está inserta la institución escolar favorece o dificulta también la educación en libertad, ya que no es lo mismo un centro educativo en sociedades totalitarias que en sociedades democráticas. La sociedad proyecta en la escuela su cosmovisión y según sea más o menos respetuosa con la dignidad de la persona humana, resultará fácil o incómodo educar en libertad.

La educación es correcta, si es una educación de la libertad de o de la libertad para. Con la expresión "libertad de" se habla de la liberación de prejuicios, estereotipos, esquemas mentales de los adultos, que es preciso operar, como terapia, en la mente del educando y del educador. Un docente no liberado es incapaz de educar en libertad a sus alumnos. Sólo el profesor "libre de" puede producir un tipo de educación semejante a la que él ha recibido o se ha auto impuesto.

Al estar "libres de" el educando y el educador están preparados para auto realizarse como libres para juzgar a los demás entregarse sin prejuicios, dominar la naturaleza, ejercer el mando y otras funciones necesarias en la vida personal y social de los individuos.

El compromiso del maestro es doble: asistir y ayudar al alumno a que corra su riesgo y arriesgarse él mismo ante sí y ante el alumno. Este compromiso ha de ser liberador y no manipulador; el docente ha de buscar la independencia de juicio y acción, porque cuanto menos necesite el alumno su apoyo, a medida que progresa cronológica y escolarmente, tanto mayor ha sido el provecho obtenido en el proceso educativo.

6 LA LIBERTAD y la LEY.

El Derecho De Ser Libre.

Existe un marco legal donde se encuentra la libertad. Es decir, la libertad esta encerrada dentro de la ley, aparentemente. Esta marco comienza con la declaración universal de los derechos humanos.

La ley toma a la libertad como un derecho que esta otorga. . Lo correcto sería decir que la libertad permite que existan los derechos de la ley. La libertad es una facultad natural de la humanidad. Contamos con ella desde nuestro nacimiento.

El problema es que debido a nuestra dependencia, también natural, hacia nuestros padres nos es imposible practicar esta facultad. Con el tiempo se nos trata de enseñar lo que es libertad, cuando nosotros ya la poseemos. Esta escrita en nuestro cuerpo. Es la educación que se nos da; la que nos dice que es nuestra libertad o, mas correctamente, como vivirla . Necesitamos entonces una educación liberal para poder conocerla a fondo.

7 LIBERTAD positiva y negativa.

Coaccionar a un hombre es privarle de la libertad: libertad, ¿de qué? Casi todos los moralistas que ha habido en la historia de la humanidad han enlazado la libertad. Igual que la felicidad y la bondad, y que la naturaleza y la realidad, el significado de este termino se prestan a tantas posibilidades que parece que haya pocas interpretaciones que no le convengan. No pretendo comentar la historia ni los muchísimos sentidos que de esta palabra han sido consignados por los historiadores de las ideas. Propongo examinar nada mas que dos de los sentidos que tiene esta palabra, sentidos que son, sin embargo, fundamentales, que tienen a sus espaldas una gran parte de la historia de la humanidad, y me atrevería a decir, que la van a tener todavía. El primero de estos sentidos que tienen en política las palabras freedom o liberty que empleare con el mismo significado- y que siguiendo muchos precedentes, llamare su sentido negativo, es el que esta implicado en la respuesta que contesta a la pregunta de que cual es el ámbito en que al sujeto –una persona o un grupo de personas- se le deja o se le deja hacer o ser lo que es capaz de hacer o ser, sin que en ello interfieran otras personas. El segundo sentido, que llamare positivo, es el que esta implicado en la respuesta que contesta a la pregunta de que que o quien es la causa de control o interferencia que puede determinar que alguien haga o sea una cosa u otra. Estas dos cuestiones son claramente diferentes, incluso aunque las soluciones que son deán ellas puedan mezclarse mutuamente.

La Idea de Libertad Negativa.

Normalmente se dice que soy libre en la medida en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfieren en mi actividad. En este sentido, la libertad política es simplemente el ámbito en el que un hombre puede activar, sin ser obstáculo por otros. Yo no soy libre en la medida en que otros me impiden hacer lo que yo podría hacer si no me lo impidieran, y si a consecuencia de lo que me hagan otros hombres, este ámbito de mi actividad se contrae hasta un cierto limite mínimo, puede decirse que estoy coaccionado a quizás oprimido. Sin embargo él termino coacción no se aplica a toda forma de incapacidad. Si yo digo que no puedo saltar mas de diez metros o que no puedo leer por que soy ciego, o que no puedo entender las paginas más oscuras de Hegel, seria una excentricidad decir que en estos sentidos estoy oprimido o coaccionado. La coacción implica la intervención deliberada de otros seres humanos dentro del ámbito en que podría actuar si no intervinieran. Solo se carece de libertad política si algunos seres humanos le impiden a uno conseguir un fin. La mera incapacidad de conseguir un fin no es falta de libertad política. Esto se ha hecho ver por el uso de expresiones modernas, tales como libertad económica y su compartida opresión económica. Se dice, muy plausiblemente que si un hombre es tan pobre que no puede permitirse algo respecto a lo cual no hay ningún impedimento legal – una barra de pan, un viaje alrededor del mundo, o recurrir a los tribunales de la misma manera que la cojera mas impide correr naturalmente no se diría que esta incapacidad es falta de libertad y mucho menos falta de libertad política. Solo porque creo que mi incapacidad de conseguir una determinada cosa se debe al hecho de que otros seres humanos han actuado de tal manera que a mí, a diferencia de lo que pasa con otros, se me impide tener suficiente dinero para poder pagarla, es por lo que me considero victima de coacción u opresión. En otras palabras, este uso de este termino depende de una especial teoría social y económica acerca de las causas de mi pobreza o debilidad. Si mi falta de medios materiales se debe a mi falta de capacidad mental, o física, diré que me han quitado la libertad (y no meramente hablaré de pobreza) solo en el caso de que acepte esta teoría. Si además creo que no me satisfacen mis necesidades como consecuencia de determinadas situaciones que yo considero injustas e ilegitimas, hablará de opresión o represión eco Mónica. Rousseau dijo: La naturaleza de las cosas no nos enoja, lo que nos enoja es la mala voluntad. El criterio de opresión es el papel que yo creo que representan otros hombres en la frustración de mis deseos, lo hagan directa o indirectamente y con intención o sin intención de hacerlo. Ser libre en este sentido quiere decir para mí que de esta ausencia de interposición, más amplia es mi libertad.

Esto es lo que querían decir los filósofos políticos ingleses clásicos cuando usaban esta palabra5. No estaban de acuerdo sobre cual podían o debía ser la extensión del ámbito de esa libertad. Suponían que tal como eran las cosas, no podían ser ilimitadas porque si lo fuera, ello llevaría consigo una situación en la que todos los hombres podrían interferirse mutuamente de manera ilimitada, y una clase tal de libertad natural conducirá al caos social en que las mínimas necesidades de los hombres no estarían satisfechas, o si no las libertades de los débiles serian suprimidas por los fuertes. Como veían que los fines y actividades de los hombres no se armonizan mutuamente de manera automática, y como (cualesquiera que fuesen sus doctrinas oficiales) valoraban mucho otros fines como la justicia, la felicidad, la cultura, la seguridad o la igualdad en diferentes grados estaban dispuestos a reducir la libertad en aras de otros valores y, por supuesto en aras de la libertad misma. Pues sin esto era imposible crear el tipo de asociación que ellos creían que era deseable por consiguiente, estos pensadores presumían que el ámbito de las acciones libres de los hombres debe ser limitado por la ley. Mill, en Inglaterra y Constant y Tocqueville en Francia, que debía existir un cierto ámbito mínimo de libertad personal que no podía ser violado bajo ningún concepto, pues si tal ámbito se traspasaba, el individuo mismo se encontraría en una situación demasiado restringida incluso para ese mínimo desarrollo de sus facultades naturales, que es lo único que hace posible perseguir e inclusivo concebir los diversos fines que los hombres consideran buenos, justos o sagrados. De aquí se sigue que ha que trazar una frontera entre el ámbito de la vida y el de la autoridad publica. Donde haya que trazarla es una cuestión a discutir y, desde luego a regatear. Los hombre dependen en gran medida los unos de los otros, y ninguna actividad humana es tan completamente privada, como para no obstaculizar nunca en ningún sentido la vida de los demás. La libertad del pez grande es la muerte del pez chico, la libertad de algunos tiene que depender de las restricciones de otros. Y se sabe que otros han añadido: La libertad de un profesor de Oxford e suna cosa muy diferente de la libertad de un campesino egipcio.

Esta proporción cobra su fuerza en algo que al mismo tiempo verdadero e importante, pero la frase misma sigue siendo una engañifa política. Es verdad que ofrecer derechos políticos y salvaguardias contra la intervención del Estado a hombres que están medio desnudos, mal alimentados, enfermos y que son analfabetos, es reírse de su condición, necesitan ayuda medica y educación antes de que puedan entender que significa un aumento de su libertad o que puedan hacer uso de ella. ¿Qué es la libertad para aquellos que no puedan usarla? Sin las condiciones adecuadas para el uso d e la libertad. ¿Cuál es el valor de esta? Lo primero es lo primero. Como dijo un escritor radical ruso del siglo XIX, hay situaciones en las que las botas son superiores a las obras de Shakespeare, la libertad individual no es la primera necesidad de todo el mundo. Pues la libertad no es la mera ausencia de frustración de cualquier clase, esto hincharía la significación de esta palabra hasta querer decir demasiado o querer decir muy poco. El campesino egipcio necesita ropa y medicinas antes que libertad personal, pero la mínima libertad que él necesita hoy y la mayor cantidad de la misma que puede que necesite mañana no es ninguna clase de libertad que le sea peculiar a él, sino que es idéntica a la de los profesores, artistas y millonarios.

A mí me parece que lo que preocupa a la conciencia de los liberales occidentales no es que la libertad que buscan los hombres sea diferente en función de las condiciones sociales y económicas que estos tengan, sino que la minoría que la tiene la haya conseguido explotando a la gran mayoría que no la tiene, por lo menos, despreocupándose de ella. Creen, con razón que si la libertad individual es una ultimo fin del ser humano, nadie puede privar a nadie de ella, y mucho menos aun deben disfrutarla algunos a expensas de otros. Igualdad de libertad, no tratar a los demás como yo no quisiera que ellos me trataran a mí, resarcimiento de mi deuda a los únicos que han hecho posible mi libertad, mi prosperidad y mi cultura, justicia en su sentido más simple y más universal; Estos son los fundamentos de la moral liberal. La libertad no es el único fin del hombre. Igual que el critico ruso Belinsky, y yo puedo decir que si otros han de estar privados de ella –si mis hermanos han de seguir en la pobreza, en la miseria y en la esclavitud-, entonces no la quiero para mí, la rechazo con las dos manos, y prefiero infinitamente compartir su destino, pero con una confusión de términos no se gana nada. Yo estoy dispuesto a sacrificar parte de mi libertad, o toada ella, para evitar que brille la desigualdad o que se extienda la miseria. Yo puedo hacer esto de buena gana y libremente pero téngase en cuenta que al hacerlo es libertad lo que estoy cediendo, en aras de la justicia, la igualdad o el amor a mis semejantes.

Debo sentirme culpable, y con razón si en determinadas circunstancias no estoy dispuesto a hacer este sacrificio. Pero un sacrificio no es ningún aumento de aquello que se sacrifica (es decir, la libertad), por, muy grande que sea su necesidad moral o su compensación. Cada cosa es lo que es: la libertad es libertad, y no igualdad, honradez, justicia, cultura, felicidad humana, o conciencia tranquila. Si mi libertad, la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran numero de otros seres humanos, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral. Pero si yo reduzco o pierdo mi libertad con el fin de aminorar la vergüenza de tal desigualdad, y con ello no aumento materialmente la libertad individual de otros, se produce de manera absoluta una perdida de libertad. Puede ser que esta se compense con que se gane justicia, felicidad o paz, pero esa perdida queda y es una confusión de valores decir, que aunque vaya por la borda mi libertad económica. Sin embargo, sigue siendo verdad que a veces hay que reducir la libertad de algunos para asegurar la libertad de otros. ¿A base de qué propósito debe hacerse esto? si la libertad es un valor sagrado e intocable, no puede haber tal principio. Una u otra de estas normas –o principios- conflictivas entre si tienen que ceder, por lo menos en la practica, no en normas o máximas universales. Sin embargo hay que encontrar un compromiso practico.

Los filósofos que tenían una idea optimista de la naturaleza humana u que creían en la posibilidad de armonizar los intereses humanos, filósofos tales como Locke o Adam Smith y, en algunos respectos, Mill, creían que la armonía social y el progreso eran compatibles con la reserva de una ámbito amplio de vida privada, al que no había que permitir que lo violase ni el Estado ni ninguna otra autoridad.- Hobbes y los que comulgaban con él, especialmente los pensadores conservadores y reaccionarios, defendían que si había que evitar que los hombres se destruyesen los unos a los otros e hicieran de la vida social una jungla o una selva, había que instruir mayores salvaguardas para mantenerlos en su sitio y, por tanto, deseaban aumentar el ámbito del poder central y disminuir el del poder del individuo. Pero ambos grupos estaban de acuerdo en que una cierta parte de la vida humana debía quedar independiente de la esfera del control social. Invadir este vedado, por muy pequeño que fuese, seria despotismo. Benjamín Constant, el más elocuente de todos los defensores de la libertad y la intimidad, que no había olvidado la dictadura jacobina, declaraba que por lo menos la libertad de religión, de opinión, de expresión, y de propiedad debía estar garantizadas freneta cualquier ataque arbitrario. Jefferson, Burke, Paine, y Mill recopilaron diferentes catálogos de las libertades individuales, pero el argumento que empleaban para tener a raya a la autoridad era siempre sustancialmente el mismo. Tenemos que preservar un ámbito mínimo de libertad personal, si no hemos de degradar o negar nuestra naturaleza .

No podemos ser absolutamente libres y debemos ceder algo de nuestra libertad para preservar el resto de ella. Pero cederla toda es destruirnos a nosotros mismos. ¿Cuál debe ser pues ese mínimo? El que un hombre no puede ceder sin ofender a la esencia de su naturaleza humana. ¿Y cual es esta esencia? ¿Cuáles son las normas que ella implica? Esto ha sido, y quizás será siempre, tema de discusiones interminables. Pero sea cual sea el principio con arreglo al cual haya que determinar la extensión de la no interferencia en nuestra actividad, sea este el principio de la ley natural o de los derechos naturales, el principio de utilidad o los pronunciamientos de un imperativo categórico, la santidad del contrato social, o cualquiera otro concepto con el que el hombre ha intentado poner en claro y justificar sus convicciones, libertad en este sentido significa estar libre de: que no interfieran en mi actividad mas allá de un limite, que es cambiante, pero siempre reconocida. La única libertad que merece este nombre es la de realizar mi propio bien a nuestra manera", dijo el que es el mas celebrado de sus campeones.

Y si esto es así, ¿puede justificarse jamás la compulsión? Mill no tuvo ninguna duda de que si se podía. Puesto que la justicia exige que todos los individuos tengan derecho a un mínimo de libertad, respecto a cada uno de ellos, a todos los demás había que restringirla y si eran necesario, por la fuerza privarles de ella. El efecto la única función de la ley era prevenir estos conflictos y el Estado se reducía a ejercitar las funciones de un sereno o de un guardia de trafico, como desdeñosamente las describía Lasalle.

Según Mill, ¿qué es lo que hacia que fuese tan sagrada la protección de la libertad individual?. En su famoso ensayo nos dice que, a menos que se deje a los hombres vivir como quieran, de manera que si vida sola concierna a ellos mismos, la civilización no podrá avanzar la verdad no podrá salir a la luz por faltar comunicación libre de ideas, y no abr ninguna oportunidad para la espontaneidad la originalidad, el genio, la energía mental y el valor moral. Todo lo que es sustancioso muy diverso será aplastado por el peso de la costumbre y de la constante tendencia que tienen los hombres hacia la conformidad que solo da pábulo a capacidades marchitas y a seres humanos limitados y dogmáticos y restringidos y pervertidos. La autoafirmación pagana tiene valor como la auto negación cristiana.

Todos los errores que probablemente puede cometer un hombre contra los buenos consejos y advertencias están sobrepasados, con mucho, por el mal que representa permitir a otros que le reduzcan a lo que ellos creen que es lo bueno".

La defensa de -la libertad consiste en el fin negativo de prevenir la interferencia de los demás. Amenazar a un hombre con perseguirle, a menos que se someta a una vida en la que él no elige sus fines, y cerrarle todas las, puertas menos una -y no importa lo noble que sea el futuro que ésta va a hacer posible, ni lo bueno que sean los motivos que rigen a los que dirigen esto-, es pecar contra la verdad de que 1 es un hombre y un ser que tiene una vida que ha de vivir por su cuenta. Esta es la libertad tal como ha sido concebida por los liberales del, mundo moderno, desde la época de Erasmo (algunos dirían desde la época de Occam) hasta la nuestra. Toda defensa de las libertades civiles y de los derechos individuales, y toda protesta contra la explotación y la humillación, contra el abuso de la autoridad pública, ’la hipnotización masiva de las costumbres, o la propaganda organizada, surge de esta concepción individualista del hombre, que es muy discutida.

Sobre esta posición pueden hacerse notar tres hechos. En primer lugar, Mill confunde dos ideas distintas. Una es que toda coacción, en tanto que frustra los deseos humanos, es mala en cuanto tal, aunque puede que tenga que ser aplicada para prevenir otros males mayores; mientras que la no interferencia, que es lo opuesto a la coacción, es buena en cuanto tal, aunque no, es lo único que es bueno. Esta es la concepción negativa de la libertad en su forma clásica. La otra idea es que los hombres deben intentar descubrir la verdad y desarrollar un cierto tipo de carácter que Mill aprobaba -crítico, original, imaginativo, independiente, no conformista hasta el extremo de la excentricidad, etc.~, que la verdad puede encontrarse, y que este carácter sólo puede desarrollarse en condiciones de libertad.

Estas dos ideas son ideas liberales, pero no son idénticas, y la conexión que existe entre ellas es, en el mejor de los casos, empírica. Nadie defendería que la verdad, la libertad y la expresión puedan florecer donde el dogma aplaste todo pensamiento. Pero las pruebas que proporcionara historia tienden a mostrar (como en efecto, sostuvo James Stephen en el formidable ataque que hizo a Mill en su libro Libertad Igualdad, Fraternidad que la integridad), el amor a la verdad y el ardiente individualismo se desarrollan por lo menos con la misma frecuencia en comunidades que están regidas por una severa disciplina, como, por ejemplo, los calvinistas puritanos de Escocia o de Nueva Inglaterra, o que están bajo la disciplina militar, que en sociedades que son más tolerantes o indiferentes; y si esto es así, el argumento de Mill en favor de la libertad como condición necesaria para el desarrollo del genio humano cae por su base. Si sus dos metas resultasen ser incompatibles, Mill se encontraría frente a un cruel dilema, además de las otras dificultades originadas nada por la inconsecuencia que guardan sus doctrinas con el utilitarismo estricto, incluso en la propia versión humanista que tiene de él.

En segundo lugar, la doctrina de Mill es relativamente moderna. Parece que en el mundo antiguo casi no hay ninguna discusión sobre la libertad como ideal político consciente (a diferencia del mundo actual en que sí la hay). Ya había hecho notar Condorcet que la idea de los derechos individuales estaba ausente de las ideas jurídicas de los griegos y romanos, y esto parece ser igualmente válido para los judíos, los chinos y otras civilizaciones antiguas que han salido a la luz desde entonces. La dominación de este ideal ha sido más bien la excepción que la regla, incluso en la reciente historia de Occidente. Ni tampoco la libertad considerada en este sentido ha constituido con frecuencia el gran grito de las manifestaciones de las grandes masas de la humanidad. El deseo de que no se metan con uno y le dejen en paz ha sido el distintivo de una elevada civilización, tanto por parte de los individuos como por parte de las comunidades. El sentido de la intimidad misma, del ámbito de las relaciones personales como algo sagrado por derecho propio, se deriva de una concepción de la libertad que, por lodos sus orígenes religiosos, en su estado desarrollado apenas es más antigua que el Renacimiento o la Reforma. Sin embargo, su decadencia marcaría la muerte de una civilización y de toda una concepción moral.

La tercera característica de esta idea de libertad tiene mayor importancia. Consiste en que la libertad, considerada en este sentido, no es incompatible con ciertos tipos de autocracia o, en todo caso, con que la gente no se gobierne a sí misma. La libertad, tomada en este sentido, se refiere al ámbito que haya de tener el control y no a su origen. De la misma manera que una democracia puede, de hecho, privar al ciudadano individual de muchas libertades que pudiera tener en otro tipo de sociedad, igualmente se puede concebir perfectamente que un déspota liberal permita a sus súbditos una gran medida de libertad personal. El déspota que deja a sus súbditos un amplio margen de libertad puede ser injusto, dar pábulo a las desigualdades, más salvajes o interesarse muy poco por el orden, la virtud o el conocimiento; pero, supuesto que no disminuya la libertad de dichos súbditos o que, por lo menos, la disminuya menos que otros muchos regímenes, concuerda con la idea de libertad que ha especificado Mill. La libertad, considerada en este sentido, no tiene conexión, por lo menos lógicamente, con la democracia o el autogobierno.

Este, en general, puede dar una mejor garantía de la preservación de las libertades civiles que la que dan otros regímenes, y como tal ha sido defendido por los libertarlos. Pero no hay una necesaria conexión entre la libertad individual y el gobierno democrático. La respuesta a la pregunta de que quién me gobierna es lógicamente diferente de la pregunta de que en qué medida interviene en mí el gobierno. En ¿Esta diferencia es en lo que consiste en último termino el gran contraste que hay entre los dos conceptos de libertad negativa y libertad positiva. Pues el sentido positivo de la libertad sale a relucir, no si intentamos responder a la pregunta de que qué soy libre de hacer o de ser, sino si intentamos responder a la de que por quién estoy gobernado o quién tiene que decir lo que yo tengo y lo que no tengo que ser o hacer. La conexión que hay entre la democracia la libertad individual es mucho más débil que lo que les parece a muchos defensores de ambas. El deseo de ser gobernado por mí mismo o, en todo caso, de participar en el proceso por el que ha de ser controlada mi vida, puede ser un deseo tan profundo como el deseo de un ámbito libre de acción y, quizá históricamente, más antiguo. Pero no es el deseo de la misma cosa. En efecto, es tan diferente que ha llevado en último término al gran conflicto ideológico que domina nuestro mundo. Pues esta concepción positiva de la libertad ’-no el estar libre de algo, sino el ser libre para algo, para llevar una determinada forma prescrita de vida-, es la que los defensores de la idea de libertad negativa consideran como algo que no es mejor a veces que el disfraz engañoso en pro de una brutal tiranía.

La Idea de Libertad Positiva.

El sentido positivo de la palabra libertad se deriva del deseo por parte del individuo de ser su propio dueño. Quiero que mi vida y mis decisiones dependan de mí mismo, y no de fuerzas exteriores, sean éstas del tipo que sean. Quiero ser el instrumento de mí mismo y no de los actos de voluntad de otros hombres. Quiero ser sujeto y no objeto, ser movido por razones y por propósitos conscientes que son míos, y no por causas que me afectan,’. por decirlo así, desde fuera. Quiero ser alguien, no nadie; quiero actuar, decidir, no que decidan por mí dirigirme a mí mismo y no ser movido por la naturaleza exterior, o por otros hombres como si fuera una cosa, un animal o un esclavo incapaz de representar un papel humano; es decir, concebir fines y medios propios y realizarlos. Esto es, por lo menos, parte de lo que quiero decir cuando digo que soy racional y que ni¡ razón es lo que me distingue como ser humano del resto del mundo. Sobre todo, quiero ser consciente de mí mismo como ser activo que piensa y que quiere, que tiene responsabilidad por sus, propias decisiones, que es capaz de explicarlas en función de sus propias ideas y propósitos. Yo me siento libre en la medida en que creo que esto es verdad y me siento esclavizado, en la medida en que me hacen darme cuenta de que no lo es.

La libertad que consiste en ser dueño de sí mismo y la libertad que consiste en que otros hombres no me impidan decidir como quiera, pueden parecer a primera vista conceptos que lógicamente no distan mucho uno del otro y que no son más que las formas negativa y positiva de decir la misma cosa. Sin embargo, las ideas positiva y negativa de libertad se desarrollaron históricamente en direcciones divergentes, no siempre por pasos lógicamente aceptables, hasta que al final entraron en conflicto directo la una con la otra.

Una manera de aclarar esto es hacer referencia al carácter de independencia que adquirió la metáfora del ser dueño de uno mismo, que en sus comienzos fue, quizá, inofensiva. Yo soy mi propio dueño; no soy esclavo de ningún hombre; pero ¿no pudiera ser (como tienden a decir los platónicos o los hegelianos) que fuese esclavo de la Naturaleza, o de mis propias desenfrenadas pasiones? ¿No son éstas especies del mismo género esclavo,. unas políticas o legales y otras morales o espirituales? ¿No han tenido los hombres la experiencia de liberarse de la esclavitud del espíritu o de la Naturaleza y no se dan cuenta en el transcurso de esta liberación de un yo que les domina, por una parte, y por otra, de algo de ellos que desaparece? Este yo dominador se identifica entonces de diversas maneras con la razón, con mi naturaleza superior, con el yo que calcula y se dirige a lo que satisfará a largo plazo, con mi yo verdadero, ideal o autónomo, o con mi yo mejor, que se contrapone por tanto al impulso raciona a los deseos no controlados, a mi naturaleza inferior, a la consecución de los placeres inmediatos, a mi yo empírico o heterónomo, arrastrado por todos los arrebatos de los deseos y las pasiones que tiene que ser castigado rígidamente si alguna vez surge en toda su Verdadera naturaleza. Posteriormente estos dos pueden estar -representados como separados por una distancia aún mayor: puede concebirse al verdadero yo como algo que es más que el individuo (tal como-se entiende este término normalmente), como un todo social del que el individuo es un elemento o aspecto: una tribu, una raza una iglesia, un estado, o la gran sociedad de los vivos, de los muertos y de los que todavía no han nacido. Esta entidad se identifica entonces como el verdadero yo, que imponiendo su única voluntad colectiva u orgánica A sus recalcitrantes miembros, logra la suya propia y por tanto una libertad superior para estos miembros. Frecuentemente se han señalado los peligros que lleva consigo usar metáforas orgánicas para justificar la coacción ejercida por algunos hombres sobre otros con el fin de elevarlos a un nivel superior de libertad. Pero lo que le da la plausibilidad que tiene a cable, coaccionar a los hombres en nombre de algún fin (digamos p.e. la justicia o la salud públicas) que ellos mismos perseguirían, si fueran más cultos, pero que no persiguen porque son ciegos, ignorantes o están corrompidos. Esto facilita que yo conciba coaccionar a otros por su propio bien, por su propio interés, y no por el mío. Entonces pretendo que yo sé lo que ellos verdaderamente necesitan mejor que lo saben ellos mismos. Cuando más,, lo que esto lleva consigo es que ellos no se me opondrían si fueran racionales, tan sabios como yo, y comprendiesen sus propios intereses como yo los comprendo. Pero puedo pretender aun mucho más que esto. Puedo decir que en realidad tienden a lo que conscientemente se oponen en su estado de ignorancia porque existe en ellos una entidad oculta -su voluntad racional latente, o su fin verdadero-, que esta entidad, aunque falsamente representada por lo que manifiestamente sienten, hacen y dicen, es su verdadero yo, del que el pobre yo empírico que está en el espacio y en el tiempo puede que no sepa nada o que sepa muy poco, y que este espíritu interior es el único yo que merece que se tengan en cuenta sus deseos 11. En el momento en que adopto esta manera de pensar, ya puedo ignorar los deseos reales de los hombres y de las sociedades, intimidarlos, oprimirles y torturarlos en nombre y en virtud de sus verdaderos los, con la conciencia cierta de que cualquiera que sea el verdadero fin del hombre (la felicidad, el ejercicio del deber, la sabiduría, una sociedad justa, la autorrealización) dicho fin tiene que identificarse con su libertad, la libre decisión de su verdadero yo, aunque frecuentemente esté oculto y desarticulado.

Esta paradoja se ha desenmascarado frecuentemente. Una cosa es decir que yo sé lo que es bueno para X, mientras que él mismo no lo sabe, e incluso ignorar sus deseos por el bien mismo y por él bien de él, y otra cosa muy diferente es decir que eo ipso lo ha. elegido, por supuesto no concientemente, no como parece en la vida ordinaria, sino en su papel de yo racional que puede que no conozca su yo empírico, el verdadero yo, que discierne lo bueno y no puede por menos de elegirlo una vez que se ha revelado. Esta monstruosa personificación que consiste en equiparar lo que X decidiría si fuese algo que no es, o por lo menos no es aún, con lo que realmente quiere y decide, está en el centro mismo de todas las teorías políticas de la autorrealización. Una cosa es decir que yo pueda ser coaccionado por mi propio bien, para ver el cual yo estoy demasiado ciego; en algunas ocasiones puede que esto sea para mi propio beneficio y desde luego, puede que aumente el ámbito de mi libertad. Pero otra cosa es decir que, si es mi bien, yo no soy coaccionado, porque lo he querido, lo sepa o no lo sepa, y soy libre (o verdaderamente libre) incluso cuando mi pobre cuerpo terrenal y mi pobre estúpida inteligencia lo rechazan encarnizadamente y luchan con la máxima desesperación contra aquellos que, por muy benévolamente que sea, tratan de imponerlo.

Esta transformación mágica o juego de manos (por el que con tanta razón, se rió William James de los hegelianos) sin duda alguna puede también perpetrarse tan fácilmente con el concepto negativo de libertad en el que yo, que no debiera ser violentado ya no es el individuo con sus deseos y necesidades reales tal como se conciben, sino el verdadero hombre por dentro, identificado con la persecución de algún fin ideal, no soñado por su yo empírico. E igual que en el caso del yo positivamente libre, esta entidad puede ser hinchada hasta convertirla en alguna entidad superpersonal -un estado, una clase, una nación o la marcha misma de la historia-, considerada cómo sujeto de atributos más verdadero que el yo empírico. Pero la concepción positiva de la libertad como autodominio, con la sugerencia que lleva consigo de un hombre dividido que lucha contra sí mismo, se ha prestado de hecho en la historia, en la teoría y en la práctica, a esta división de la personalidad en dos: el que tiene el control dominante y trascendente y el manojo empírico de deseos y pasiones que han de ser castigados y reducidos. Este hecho histórico es el que ha tenido influencia. Esto demuestra (si es que se necesita demostración para una verdad tan evidente) que las concepciones que se tengan de la libertad se derivan directamente de las ideas que se tengan sobre lo que construye al yo, a la persona al hombre y de libertad para que signifique todo lo que quiera el manipulador. La historia reciente ha puesto muy en claro que esta cuestión es meramente académica.

Las consecuencias que lleva consigo distinguir dos yos se harán incluso mas claras si se consideran las dos formas mas importantes que históricamente ha tomado el deseo de auto dirigirse – dirigirse por el verdadero yo de uno mismo- la primera, de la segunda, la de la autorrealización o total auto identificación con un principio o ideal especifico con el fin de conseguir el propio fin.

8 CONCLUSIONES.

Conocer si somos libres o no, o mejor dicho, conocer si podemos ser libres o no, creo que es lo menos que como individuos pensantes podemos hacer. Saber si lo que hemos realizado desde que usamos la razón o lo que tenemos planeado realizar como proyecto de vida, fue o será producto del ejercicio de nuestra libertad o tristemente resultado del movimiento de los hilos que Dios, el destino, la naturaleza o como suela llamársele haga de nuestra vida – marioneta. He aquí la importancia de saber si existe la libertad.

Y precisamente, en la búsqueda de tal conocimiento, uno se habrá de topar siempre con un principio llamado "de causalidad", postulado que por siglos se había aplicado a las ciencias naturales y que en estos días se ha extendido al campo de las ciencias sociales para poner sobre relieve que la actividad humana, ya sea su modo de pensar, de sentir, de actuar, de organizarse política y socialmente, de comportarse moralmente, de todo cuanto haga se halla sujeto a causas.

Porque sinceramente sería muy fácil decir que la libertad existe en cuanto que no sufrimos coacción externa o interna de alguna clase y San se acabó. No. La libertad es mucho más que eso. Hasta este punto lo único cierto es que se vive en un mundo causalmente determinado y la incógnita por descifrar es si la libertad y su existencia es compatible o no con este infinito causalismo: Si me gustara la medicina no hubiera estudiado derecho, y si no hubiera estudiado derecho tal vez me preocuparan más otros temas, y si me preocuparan más otros temas quizá nunca hubiera elegido este trabajo de investigación, etcétera, etcétera. Por algo sigo creyendo que mi conducta si está causalmente determinada en cierto grado.

Ojeando un poco las distintas corrientes filosóficas, sobresalen tres posturas fundamentales que tratan de esclarecer cómo en un mundo sujeto a relaciones de causa – efecto, existe la libertad. Dichas posiciones son las siguientes: un determinismo absoluto, un libertarismo absoluto y por último, un determinismo compatible con cierta libertad, con la cual estoy de acuerdo.

Luego de un estudio al tema buenamente recopilado por mis compañeros, y quien suscribe, seguro estoy que la libertad existe. Negar su existencia sería tanto como afirmar que nuestra vida es el vivo retrato de una obra de teatro en la cual el guión y el desenlace ya están escritos. Esto no es así.

Creo firmemente en la posibilidad de que el hombre y la sociedad sean los arquitectos de su destino, al existir la libertad de elegir concientemente entre el actuar en una o en otra dirección. Sin dicha conciencia de los móviles o causas que lo impulsan a comportarse de cierta forma, si insinuaría que la conducta humana es inmediata e irreflexiva. Esto tampoco es así.

Independientemente del grado de conciencia de los motivos, fines o carácter que llevan al hombre a realizar una acción, no puede existir libertad al margen del causalismo.

Asimismo, el hecho de que la libertad implique cierta autodeterminación del sujeto para decidirse por la forma de comportamiento más adecuada elegida de entre varias, tampoco significa que dicha autodeterminación se realice al margen de una conexión causal.

En pocas palabras, el hombre es libre de decidir y de actuar sin que su decisión y acción dejen de estar causadas. Es imposible que nos sustraigamos al contexto histórico - social imperante, generalmente se va a actuar o decidir conforme a ciertas pautas, influencias o posibilidades de acción que nos ofrece el entorno.
Después de todo sigo pensando que la libertad es ilimitada, pero dentro de ciertos límites.

Por Spencer Zapata :

Bueno en conclusión, yo diría, que la libertad es la capacidad exclusiva de todo hombre. ¿y porque? Porque el hombre es el único con la capacidad de elegir haciendo uso de su razón e inteligencia; esta razón e inteligencia es lo que nos hace libres porque a través de ella nosotros podemos elegir entre lo que se consideramos bueno o dentro de lo que se consideramos malo, obviamente y lógicamente lo hacemos en función a ciertos valores que se han interiorizado, que se han asimilado previamente.
A mi parecer, la libertad si existe pues mi posición es totalmente contraria a los deterministas que niegan la existencia de la libertad.

Si bien es cierto muchas veces, y en eso coincido con los deterministas, el hombre ignora las causas ocultas de su propia conducta por consiguiente se cree que elegimos libremente cuando no se tiene conciencia de las causas más profundas de nuestra conducta. Pero no todas las conductas son condicionadas o inclinaciones sugeridas por el inconsciente, existen también conductas que está libres de todo condicionamiento, por tanto, el hombre es libre cuando actúa o elige en función a sus valores, éticos y morales, y no en función a sus instintos, condicionamientos, hábitos, reflejos, pasiones externas, etc.

Libre no es quien hace lo que quiere si no quien hace lo que debe hacer. Muchas veces la libertad suele ser confundida con un " yo hago lo que quiero" pues esta es una confusión entre el uso de la libertad y el libertinaje. No es libre quien hace lo que quiere pues la auténtica libertad se manifiesta en aquel que hace lo que debe hacer, haciendo uso de valores morales y éticos.

Por Janeth Rubio.

No es difícil definir la libertad. Lo difícil es entenderla. Entender que mi libertad no termina donde comienza la de los demás, sino que todos tienen una libertad propia y en conjunto tal vez. Y estas dos debe de funcionar en armonía para existir. Si yo deseo hacer algo que dañaría la libertad de alguien mas, debo evitar hacerlo y buscar una alternativa a esa acción. O bien negociar con ese individuo para no dañar su libertad.

Es fácil definir la "no libertad", es decir aquellas cosas que se hacen no por voluntad propia y que nos desagradan. Pensemos entonces que para ser libre se tiene que tener conciencia de uno mismo y voluntad para realizar las acciones que queremos.

Existe algo denominado el libertinaje. Esto es el "exceso de libertad". Eso no existe. El libertinaje mas correctamente lo definiría como el usar de pretexto la libertad para aprovecharse de uno mismo y los demás. Para permitirse hacer lo que sea sin importar nada, ni uno mismo ni los demás. Es el poner el placer personal sobre todo lo demás omitiendo así ideas propias y ajenas. El hombre necesita hacer una redefinición de sus valores morales, principalmente de la libertad, para poder así llegar al avance evolutivo como raza del que tanto presume. Es deprimente y penosos el saber que hay países donde aún existe la esclavitud, donde no se pueden expresar loas personas sin sentir miedo, donde ni siquiera existe la posibilidad de saber el significado de libertad. Señores, damas, hablo de México, no de un país africano o sudamericano. En nuestro país se siguen vendiendo a las mujeres. Se siguen reprimiendo a escritores y comunicadores en general. Hay censura donde ni siquiera debería de existir. Aun hay gente que por no saber leer y escribir no puede trabajar y tener una vida digna. Ese es el mejor modo de coartar la libertad de alguien Haciéndolo ignorante de lo que es la libertad. Es importante que sepan que es la libertad, pero es imposible o inútil decir que es a un nivel diferente del personal. Lo anterior solo es una opinión y unas ideas propias bajo las que yo me rijo. Solo el yo puede decir que es su libertad. Es indispensable que busquemos dentro de nosotros mismos ser libres, pues solo a través de esta búsqueda personal es como llegaremos juntos al valor humano del que mas nos sentimos orgullosos."

LA POLÍTICA en el siglo XXI.

LA POLÍTICA en el siglo XXI. INTRODUCCIÓN:

Un nuevo cambio de siglo y sus particulares circunstancias obligan a repreguntarse sobre la política y la ciencia política; la necesidad de reflexionar, continuando la inveterada costumbre griega con su polis, es una invitación a encontrarse con viejas y nuevas preguntas.

La pregunta, inquietud tan esencialmente humana, implica duda, un no-conformismo y curiosidad. Y también un deseo de avanzar; de comprender el hilo conductor de los hechos, de nuestro derrotero como individuos y como sociedad. Qué, cómo, cuándo, dónde, por qué, quién, para qué, son aristas del instrumento que nos posibilita conocer y comprender; desatando los nudos de los problemas, disminuyendo nuestra ignorancia y afirmando la certidumbre.

Este instrumento es especialmente importante en materia política, en ella influyen en gran forma: la inteligencia, el honor, la lealtad, los principios, y, a su vez, la sin razón, las pasiones, el olvido, los intereses y el desconcierto. La naturaleza humana con todas sus virtudes y sus vicios, no hay sociedad que no se beneficie ni sufra por lo mismo. Como dijo Plauto, y solía repetir Hobbes, homo homini lupus; pero también como señaló Mario Justo López: homo res sacra hominis. Sea en un sentido u en otro, la política es determinante, de allí que sea objeto de reflexión.

¿Ciencia Política?.

¿Existe la ciencia política? ¿Es ciencia? Sí es la respuesta de nuestros manuales, tiene un objeto propio y un método (o varios según las distintas escuelas) para conocerle.

Según Marcel Prélot desde los griegos se ha desarrollado como conocimiento científico (objetividad, método y comunicabilidad), con mayor o menor suerte. Pero desde la segunda mitad del siglo XVIII, su reino comienza a desmoronarse, surge la economía política que pronto reclamará autonomía tanto en el orden práctico como en el intelectual. Otro cisma será el que separará lo político de lo social, surgiendo la sociología en el s. XIX. Hacia fines de éste mismo siglo, será el derecho público a través de su hegemonía en el estudio de la teoría general del Estado. El contenido tradicional de la ciencia política disminuyó hasta desaparecer casi por completo. La Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias brindaron las circunstancias propicias para el renacimiento politológico. "En un mundo extremadamente politizado, la convicción de que la ciencia política no puede ser ignorada oficialmente surge pronto y se extiende de un modo irresistible".

Otros autores, como Duverger, señalan que el conocimiento de la política en tanto que ciencia comienza entre 1890 y 1914, época de su acogida en las universidades de Estados Unidos; en Europa lo hará, en general, después de 1945; la etapa anterior para el citado autor es la "prehistoria" de la ciencia política.

Pero todos ellos coinciden en su franco desarrollo en la segunda mitad del siglo XX, creándose cátedras y hasta facultades de ciencia política. En 1948, la UNESCO y los politólogos circunscriben empíricamente el contenido de la misma en cuatro grandes rubros: teoría política; instituciones políticas; partidos, grupos y opinión pública; y relaciones internacionales. Se ha precisado su objeto.

El politólogo "como otros adeptos de las ciencias humanas, lo que el descubre es la realidad social, pero la considera de un modo diferente, y le concede un interés que es el único en experimentar". En sus estudios sociales no está solo, pero él aporta el análisis de la sociedad a través del poder. Es el elemento vital que da vida a la misma, la sociedad política es un sistema que necesita del poder para ordenarse como medio de transmitir la acción. El poder es orden y es acción. La relación es tan íntima, que como sea el poder será la sociedad, así hablamos, por ej., de democracia, oligocracia, cleptocracia, etc., en donde el sufijo "cracia" (del griego kratía, krátos) es siempre "poder". La ciencia política o politología contribuye a conocer la realidad política como parte de la realidad social, y lo hace desde el poder; sus sistemas, teorías, actores, acciones, todos tienen como elemento primordial el poder, porque la política es lucha e imposición del poder, ya en forma pacífica (relación argumento-contraargumento), ya in extremis por la fuerza.

La pregunta por el "cómo" lleva al método. La ciencia política no podrá ser tal sino tiene método. La etimología nos acerca al concepto: met (más allá) y hodos (camino, viaje), es decir, el camino que nos lleva al objeto de conocer que se encuentra más allá del sujeto cognoscente. Es el camino a recorrer y la meta a alcanzar. López lo define como "el procedimiento o conjunto de procedimientos por cuyo intermedio, en base a un plan fijado y a reglas determinadas, se procura la obtención de un fin propuesto... El método está estrechamente relacionado con la realidad que se pretende conocer".

Las vicisitudes de la ciencia política, en cuanto tal, tiene mucho que ver con las modas científicas; y las ciencias naturales y sus métodos han estado mucho tiempo en el candil. El positivismo propugnando la unidad de la ciencia y la unidad del método, impuso a los objetos culturales el método de las ciencias naturales (biología) y exactas (matemáticas). Implicó un grave atraso para la ciencia política. Recién en 1883 Dilthey demostraría la diferencia radical entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu ("la naturaleza nos la explicamos, la vida del alma la comprendemos").

La reacción anti-naturalista encuentra hoy seguidores en los comprensivistas que "en general se concentran en el sujeto y su singularidad; apuntan a conocer sus propósitos, el significado de los signos y sentido de lo social y esto lo hace desde un abordaje teleológico, que comprende el dominio de las funciones, finalidades, significados, objetivos e intenciones. El punto central, está en el método y objetivo de la explicación del fenómeno social visto como un proceso de comprensión".

Después de esta crítica, asistimos al desarrollo de un movimiento neopositivista, destacándose los conductivistas: "...el enfoque conductivista se orienta hacia un conocimiento que pretende ser de tipo nomotético y ha acentuado el uso de las metodologías de investigación empíricas".

Esta larga controversia, no terminada aún, es fructífera para la ciencia política. Los politólogos, seguramente, harán una realista aplicación ecléctica de las dos corrientes, afirmándose más en una u otra, según la formación y experiencia de cada investigador.

En esta perspectiva, podemos afirmar que los pasos de todo método científico son: a) formulación del problema, b) tentativa de explicación provisoria, c) aplicación de instrumentos y técnicas para la obtención de datos, d) análisis e interpretación de lo obtenido y e) especulación a partir de ella.

Pero, a su vez, cada ciencia tiene un método que le es propio. En efecto, tiene una cierta realidad a conocer, un objeto o meta que esta más allá y sólo ella puede encontrar el camino para alcanzarlo. Captar la realidad política, el acto político que se desarrolla en la comunidad política (ámbito espacial y temporal, inmerso en una determinada cultura que lo influye), descubriendo los actores políticos (quienes luchan por el poder, quienes influyen en él, y quienes realmente lo ejercen), apreciando su actividad que da sustento a la relación gobernantes-gobernados (Estado y sociedad civil).

Lo que amalgama todos estos aspectos y lo esencial del objeto, sigue siendo el poder. El aporte de la ciencia política a las demás ciencias, que también estudian la realidad social, es, en última instancia, el análisis del poder. Este método, sin dejar de ser único, es complejo, y lo es en la medida que aplica técnicas e instrumentos de otras ciencias sociales: observación, experimentación, comparación, estadísticas, análisis históricos, culturales, inducción y deducción.

Hacia fines de la primera mitad del siglo XX el objeto y el método (s), aún en polémicas, estaban más determinados, influyendo en el desarrollo de la ciencia política. Coincide también con el desarrollo de la política como mecanismo de solución en la interactividad humana, tanto a nivel nacional como en el internacional. Alemania y Francia comienzan a dialogar y sientan las bases del proceso que llevará a la Unión Europea. En Italia, las fuerzas políticas, incluso el partido comunista más poderoso de Occidente, afianza la democracia, muy a la italiana por cierto. Numerosas revoluciones tratan de modificar el mundo o su mundo, llevando a la praxis sus teorías políticas. El enfrentamiento entre la ex URSS y USA hizo de las ideologías los factores dominantes de la Guerra Fría, terminando la misma sin ninguna conflagración final QBR (Química, Bacteriológica, Nuclear). Surge una creencia generalizada de que la política es el ámbito donde se encontrarán las soluciones. En Argentina, en 1983, Alfonsin proclamó que "con la democracia se come, se cura, se educa...."; la sociedad se afilió masivamente a los partidos, las movilizaciones eran colectivas, el deseo de protagonismo, de participación era tangible. Ese fue el clímax. El que hoy muchos pidan el "que se vayan todos", que una ola neofascista recorra Europa (especialmente Italia, Austria, Francia), que el sistema internacional tienda más hacia el imperialismo unipolar que hacia el multilateralismo, la importancia de lo económico sobre lo político, del mercado sobre la sociedad, de las ciencias económicas sobre las ciencias políticas; son todos síntomas de una sociedad en cambio, en crisis.

Nos preguntamos "¿Puede la política cambiar significativamente mi realidad?". La respuesta es afirmativa. Y si nos interrogamos hoy ¿qué significado tiene la ciencia política para la política? ¿para qué estudiar ciencia política? Porque la primer afirmación puede ser negativa o positiva, ese cambio puede ser beneficioso o perjudicial, puede sacar a la sociedad en el marasmo en que se encuentra o hundirla más; por ello, necesitamos de la Politología. Ella debe brindar sus conocimientos para adaptar las instituciones políticas a las nuevas exigencias, a la nueva sociedad del siglo XXI. Mientras existan relaciones de poder entre los hombres y entre los países, ha de ser necesario que se estudie y se propongan formas y acciones que conlleven al mínimo de conflictos, al máximo de beneficios para el mayor número posible; para eso se necesita la Ciencia Política, generando respuestas, interpretando el bien común de una sociedad determinada en su espacio y tiempo.

CONOCIMIENTOS y VALORES:

Si partimos de que la ciencia busca conocer la verdad, conociendo en ese trajinar lo que no lo es, y que quien conoce es un sujeto; un problema central en la ciencia es el de la relación objetividad-subjetividad. Se plantea ¿si el conocimiento al que se llega puede ser cierto y, por lo tanto, comprobable por otros científicos? Ósea, que esa verdad que se percibe y se trasmite, ¿será verdad para otros sujetos?.

El sujeto cognoscente, en tanto que sujeto, está imbuido de su propia subjetividad. Al conocer, conoce desde sí y al comunicar su conocer a otros científicos (sujetos como él), conlleva su subjetividad (creencias, valores, apreciaciones y circunstancias personales) en forma tan consubstanciada con los datos, que es difícil ver al dato desnudo del vestido que lo cubre. Entonces ¿es posible que tal conocimiento sea científico, es decir, verdad?

En primer lugar, el politólogo debe partir de que su objeto de análisis es una parte de la realidad social, la realidad política. De la cual forman parte esencial, además de hechos y datos tangibles, los juicios de valor, es decir valoraciones, que no expresan lo que son los hechos o las cosas, sino la estimación que hacemos de ellos. No se los puede conocer si se prescinde de los mismos, cómo estudiar la ideología nazi o la comunista, si lo hacemos sólo como hecho y no como valor, ¿cómo lo comprenderemos? ¿cómo tratar de aprehender el espíritu que los guiaba, que les daba vida?. Necesitamos penetrar un pensamiento que no es el nuestro; circunscrito a un lugar y tiempo y también algunas veces una cultura extraña, desde otro lugar y tiempo.

La ciencia occidental positivista en su afán de ser objetivista (relegando la magia, el oscurantismo y otras prácticas de la época premoderna, que le precedió), separó al sujeto del objeto, como si fueran entidades totalmente distintas e independientes entre sí, como si la realidad no involucrará al objeto y el sujeto. La ciencia tratando de no ser subjetivista suprimió al sujeto.

Debemos percibir la realidad como fenómeno social y cultural, que contiene ideas de valor que la significan. Es preciso destacar que solo conocerá una fracción de la realidad, no puede pretender que esa parte sea toda la verdad, de lo contrario se acarrearán graves consecuencias para la descripción, análisis y acción política. Así como rechazamos el objetivismo (no el tratar de ser objetivo, de ser veraz consigo mismo, de reconocer una verdad aunque ésta nos sea desfavorable y nos perjudique), con la misma razón y fuerza rechazamos el subjetivismo. Todo totalitarismo surge de un profundo subjetivismo que se pretende a sí mismo como objetivo. El subjetivismo implica no reconocer la verdad que afirma otro o relativizarla en el otro, en política generalmente otro-adversario; pero en este proceso de negación para sostener mi postura (creencias, ideas, sentimientos e intereses) puede desembocar a lo largo en un negarme a mi mismo el acceso a la realidad y a su comprensión. El que yo-sujeto pueda conocer y que el tú-sujeto también, establece las bases para el diálogo, a través del mismo se puede llegar a conocer no sólo la verdad del otro, sino también la verdad de la que formamos partes (el yo y el tú, es decir el nos), o por lo menos acercarnos a su aprehensión.

El diálogo es esencial, sobretodo en el proceso político, implica asumir las existencias de mayorías y minorías, la existencia de distintos actores políticos que confrontan y comparten la gestión política. La palabra griega "diálogo" significa: "dia", alteridad, más de uno, y "logo" que proviene de logoi, que es palabra y, también, conocimiento; es decir, para conocer necesitamos la alteridad del otro a través de la comunicación recíproca.

El positivismo también influyó en lo referente al análisis del objeto, señalando que para conocer es necesario dividirlo, fraccionado la realidad, conociendo sus partes se conocería luego el todo por adición. Lo que exageradamente llevó a ciencias estancas, especializadas, en compartimientos sin comunicación entre ellas. Este exceso se está corrigiendo a través de los estudios interdisciplinarios, que aportan distintos análisis y conocimientos sobre un mismo objeto, pero desde ópticas diferentes. Es evidente que debemos buscar, en una más justa medida, la necesidad de dividir para conocer, y luego compartir y reelaborar; pero evitando una especialización extrema que nos haga perder la unidad de la realidad, una realidad política que es proceso, que es cambio, pero también sistema, y para algunos autores autopiético .

En segundo lugar, el otro aspecto, "¿puede el científico político despojarse de sus propios juicios de valor en la captación de un objeto de conocimiento?". La posición dominante ha sido la de la neutralidad axiológica. Weber ha señalado que el estudio de las ciencias sociales puede estudiar los valores, pero debe excluir sus propias valoraciones y aunque es totalmente imposible, debe advertir a sus oyentes y lectores y así mismo de sus propias valoraciones. "¿Cómo conseguir que por un lado un católico practicante, y por otro un masón, lleguen a la misma valoración en un curso dedicado a la Iglesia, al Estado o a la historia de la religión? Es imposible. Y sin embargo, el profesor universitario debe desear y exigirse a sí mismo ser útil, con sus conocimientos y métodos, tanto al uno como al otro?". Para el maestro alemán se tiene el "...deber de crear una aspiración a la claridad y un sentimiento de responsabilidad; y creo que será tanto más capaz de lograr ese fin cuanto más escrupulosamente se resista a imponer o sugerir su propia opinión a los oyentes".

Pero aun con la gran escrupulosidad weberiana no se puede desconocer que se anda en el mundo "con un sistema ideológico de mochila". Este conjunto de ideas, de valores, esa cosmovisión ha sido siempre parte importante de la ciencia política. El padre de la misma, Aristóteles, recurrió a un concepto ético, el bien común de los gobernados o el bien propio del gobernante (s), para elaborar su clásica división entre las formas de gobierno.

El politólogo no puede huir de la ética, su hacer es también conducta humana y sujeto por lo tanto a la misma. Lo dicho no sólo les cabe a las ciencias del espíritu, sino también a las de la naturaleza o físicas, los científicos deben tener una conducta ética hacia su especie y el medio ambiente.

En cuanto a la técnica política, Maquiavelo reveló en forma tangible la separación cotidiana entre ella y la norma moral; originando un continúo debate sobre si esto es inmoral o sólo amoral. Por ejemplo el florentino afirma "que no debemos dejar nacer un desorden para evitar una guerra, porque acabamos no evitándola; la diferimos únicamente; y no es nunca más que con sumo perjuicio nuestro", lo que bien podría ser aplicado a los Estados Unidos cuando en la guerra para liberar a Kuwait de la invasión de Sadam Hussein, se limitó a ello y no depuso al líder iraki, aun cuando contaba con el apoyo de la comunidad internacional; años después el costo para deponerlo le resultó altísimo, no sólo desde un punto de vista humano, sino también político, estratégico, ambiental y económico. Al explayarnos así pareciera que las técnicas maquiavélicas no son ni buenas ni malas en sí, sino técnicas. Pero adentrémonos más en esta línea de pensamiento, cuando Maquiavelo analiza el uso de la crueldad, afirma:

"Podemos llamar buen uso a los actos de crueldad (si, sin embargo, es lícito hablar bien del mal), que se ejercen de una vez, únicamente por la necesidad de proveer a la propia seguridad, sin continuarlos después, y al mismo tiempo trata uno de dirigirlos, cuanto es posible, hacia la mayor utilidad de los gobernados. Los actos de severidad mal usados son aquellos que, no siendo más que en corto número al principio, van siempre aumentándose, y se multiplican de día en día en vez de disminuirse y de mirar a su fin".

Con esta base, supongamos que somos el Presidente Harry S. Truman, en una fecha cercana al 6 de agosto de 1945, para finalizar la Segunda Guerra Mundial debe rendirse Japón, quien no lo quiere hacer en forma incondicional. La última batalla importante ha sido la campaña de Okinawa, con un saldo de por lo menos 49.000 norteamericanos muertos y/o heridos. Los cálculos para tomar Japón en forma convencional, son más elevados en vidas. Rusia se está preparando para intervenir en Asia, asomándose las sombras de la futura Guerra Fría. Trumann debe decidir entre continuar la guerra convencional, por mucho más tiempo y más vidas, o elegir una opción maquiavélica. Ese 6 de agosto, a las 08.15 hs., el avión Enola Gay (un B-29) soltó una bomba atómica sobre Hiroshima; el 9 de agosto la experiencia se repite sobre Nagasaki y el 15 del mismo mes Japón se rinde incondicionalmente, finalizando la Segunda Guerra Mundial con un salto de 50 millones de muertos. Trumann aplicó una técnica para la toma de decisión, pero cuando lo hizo se convirtió en un acto, una praxis política, y en cuanto tal regido por la ética. Las dos decisiones de Trumann implicaron en un solo acto la muerte 70.000 personas y en el segundo de 40.000 personas, ninguna de ellas norteamericana. La historia todavía discute el resultado ético de las mismas. Este es el límite del pensamiento de Maquiavelo, la técnica al hacerse praxis debe analizarse desde el ámbito moral.

"No hay escapatoria, El problema no puede eludirse. Lo que únicamente puede eludirse es el acatamiento a las normas morales o jurídicas. Pero eludir el acatamiento, es también una forma de demostrar su existencia".

En la Argentina de hoy, la corrupción de la clase política, la crisis de representatividad, la anomia fiscal de los contribuyentes, etc., son muestras del déficit ético de nuestra sociedad que los politólogos tenemos que destacar y analizar.

Ante el problema de los valores subjetivos y los resultados de su investigación, el científico debe recordarse e informar a los demás en qué valores se basa para medir la realidad, si se quiere puede exponer sus ideales, su utopía, pero informando que entonces habla el hombre de sentimiento y no el científico, máxime la importancia que han tenido en la historia de las ideas políticas y su desenvolvimiento fáctico, las teorías políticas.

Debe rechazarse el objetivismo y el subjetivismo, tratando de ser objetivo, acercándose a la verdad o dando los pasos para que otros con su caminar lo logren. Sólo así la ciencia política será verdadera. ¿Qué sentido tendría una ciencia que no diera a conocer la verdad?

EL ESCENARIO y los ACTORES:

La respuesta al ámbito en dónde se desarrolla la política se ha ampliado. El lugar de la interacción política ya no es exclusivamente el territorio del Estado-Nación ni las relaciones entre Estados, la política es más compleja, más rica. Se ha evolucionado hacia el interior y el exterior; abarcando desde el revalorizado ámbito local (el municipio), los estados provinciales, las regiones y el Estado Nacional; pero también el internacional, y un no-espacio físico: Internet y sus comunidades virtuales. Estos ámbitos internos y externos al Estado se relacionan e ínter influyen con el Estado. La modificación del espacio no habría tenido lugar sin una modificación de los actores. El Estado como expresión de la comunidad política mayor esta cediendo espacio a nuevas formas políticas. Por lo que la respuesta al quién, también ha sufrido un proceso inflacionario; organismos multilaterales como la ONU, FMI, BM, desarrollan cada vez más influencias y acciones, también los regionales como la OEA, BID; los procesos de integración han obtenido un alto grado en el caso de la Unión Europea, y fracasos y éxitos en el caso del MERCOSUR; las organizaciones públicas no estatales (ONG) se han multiplicado.

El Estado como la típica organización política de la Edad Moderna, caracterizado por la concentración de poder, exhibe síntomas de debilitamiento. Su historia comenzó cuando los reyes conformaron una burocracia para organizar el ejercicio cotidiano del poder, un ejército para su defensa, imponiendo las normas jurídicas que los rigieron y un sistema impositivo para solventarse, dando por terminado al feudalismo.

Hoy la crisis del Estado-soberano se muestra en muchos aspectos, p.ej. en la capacidad de manejar la moneda, expresión neta del poder estatal. Sin embargo la organización estatal es necesaria; por un lado, la infraestructura que posibilita la movilidad del capital financiero internacional se encuentra en territorios nacionales, y por otro lado, los mismos brindan la estructura jurídica de los contratos y del derecho de propiedad.

El poder del dinero ha influido en las decisiones nacionales, en las más importantes y también en las más diversas, como un actor más. En gran medida, la influencia se debe a la misma evolución de los mercados internacionales, fundamentalmente el financiero. "El mercado de divisas muestra, quizás más claramente que ningún otro mercado financiero, el vertiginoso crecimiento de las operaciones y su progresiva desvinculación de las operaciones de intercambio real. En el año 1960 se calcula que se registraban diariamente operaciones por valor de 15 mil millones de dólares, en 1980 por valor de 60 mil y en 1995 por 1,5 billones; una cantidad que contrasta con los alrededor de 650 mil millones de dólares que en este último año que representaban las reservas en divisas de los países industriales, y que muestra así mismo el grado de desestatización de las operaciones, así como su desvinculación de las operaciones de intercambio de bienes o servicios".

Ha disminuido el poder de los Bancos Centrales como oferentes y reguladores del crédito, ante nuevas formas de financiación y del mercado global, han aparecido los inversores institucionales y los más diversos tipos de fondos de inversión. La conexión entre las diversas bolsas de valores, la creación de mercados a futuros, el fácil acceso de inversores de todo tamaño, la información a tiempo real, hacen difícil cualquier control. Hoy un jubilado italiano puede por Internet leer el Financial Times, consultar un broker neoyorquino, contratar un préstamo con garantía hipotecaria en el mercado europeo (que el acreedor a su vez negociará), comprar bonos argentinos y negociarlos en Hong Kong y terminar comprando en otro mercado su propia garantía.

Este proceso "...ha implicado un nuevo tipo de poder, una forma diferente de gobernar las relaciones económicas, nuevos sujetos decisores, nuevas valores vinculados a él y consecuencias no sólo económicos financiera sino puramente políticas en tanto que cualquiera de las dimensiones del poder, como es la monetaria, condiciona la manera en que se plantean y resuelven todos y cada uno de los problemas sociales, que es lo que de forma más elemental se entiende por política".

Son pocos los Bancos Centrales que pueden resistir un ataque especulativo sobre su moneda y bonos soberanos. Además la banca off shore fomenta la evasión impositiva, particulares y multinacionales se están separando de su país de origen al trasladar recursos y eliminar empleos, erosionando las economías nacionales.

Touraine tiene razón cuando afirma que los estados resisten mal la mundialización (globalización),"porque su autoridad tradicional suponía cierto grado de aislamiento, un control fácil de las fronteras y también de las conductas de los ciudadanos a través de métodos eficientes para imponer el respeto a las leyes y las decisiones del poder ejecutivo. Tal control directo resiste mal la penetración del comercio, de las ideas, de las imágenes, que cruzan fácilmente las fronteras". Las nuevas tecnologías han eliminado la lejanía, modificando la forma de percibir la comunidad, ampliándola hasta formar la aldea global. Las comunicaciones por radio, televisión y teléfono, hoy son posibles por satélites e Internet. A ello se agrega que el tráfico de personas (p.ej, casi 500 mil personas ingresan diariamente a Estados Unidos) y el de mercancías (p.ej., el sistema María en la aduana argentina sólo hace un control selectivo, ante la imposibilidad de controlar todo el tráfico), van aumentando en forma geométrica.

Pero a la par de la corriente globalizadora, corre una corriente fragmentadora en todos los aspectos (social, cultural, religioso, económico y político), producto de la gran crisis de identidad que origina la globalización, de ahí la necesidad de afirmar sus propios ser de individuos, grupos y naciones. La multiplicidad de los espacios, que en algunos casos se superponen, origina identidades múltiples: municipales, regionales, nacionales, estatales y supraestatales. P. ej., se puede vivir en San Sebastián, considerarse dentro del País Vasco, hablar el catalán diariamente, sentirse como un español más, tener ciudadanía de la Unión Europea y ser argentino, y hasta puede que no le guste el fútbol; además de otras identidades religiosas, políticas, etc..

El proceso de vinculaciones supranacionales tiende a encontrar respuestas a problemas que superan a los Estados aislados, como por ejemplo: medioambiente, mercado, tecnologías, etc., por otro lado, se desarrollan los gobiernos regionales que encuentra su razón en la necesidad de identificación, de proximidad con los problemas cotidianos, de cercanía en la relación gobernantes-gobernados.

Ante la reducción del Estado por las políticas neoliberales y el fracaso del socialismo, muchas de las funciones del Estado Nacional han sido asumidas por estados provinciales y, aún, municipales; quienes ante la cercanía del problema no pueden dejar de actuar. Así como los Estados nacionales han descubierto que la cooperación internacional puede acercar ayuda, también las organizaciones políticas inferiores. "De los 50 estados de la Unión americana, casi todos tienen oficinas comerciales en el extranjero (en 1970, sólo eran cuatro), y todas, un representante oficial ante la Organización Mundial del Comercio". El auge de las relaciones internacionales se debe en gran medida a que las soluciones a muchos problemas son internacionales, entre 1972 y 1992 el número de tratados sobre medio ambiente se llevó de pocas docenas a más de 900. En este orden, en 1994, Argentina hizo una recepción importante del derecho internacional como derecho interno en su Constitución Nacional.

También tenemos que mirar el sistema en relación con los que excluye. Se han excluido de los ámbitos decisorios del poder a sectores sociales, que comienzan a identificarse entre sí, son "los marginales".

La marginalidad que les da el sistema los identifica y el deseo de crear espacios de poder alternativos a los desarrollados por los sistemas imperantes. Encontramos ex empleados estatales (científicos, militares, burócratas, etc.), desocupados, agricultores y empresarios empobrecidos, etnias, movimientos ecologistas, organizaciones de deudores, ex militantes de izquierda, grupos de terrorismo-narcotráfico, etc.. Fuera de ello se destacan por su heterogeneidad y la mira en su propia necesidad, lo que impide su unidad.

Aquí aparecen las ONG ante el achique estatal, no siendo cubiertas las necesidades por el mercado, en la sociedad civil surgen las Ong."De esta forma, la Ong constituyen mucho más que una entidad para atender las ‘fallas’ del mercado y del Estado, ya que estarían sirviendo a la sociedad a partir de mecanismos preferenciales como altruismo, relaciones de confianza y lazos comunitarios".

El término "ONG" apareció en la década de 1950 en el ámbito de la ONU, el primer encuentro internacional de Ong tuvo lugar en agosto de 1991 en Río de Janeiro. Funciones políticas básicas: educación, asistencia y contención social y médica, seguridad, alimentación, etc., son llevadas a cabo por las Ong . Cada día más numerosas y poderosas.

En Río de Janeiro, en 1992: "La diminuta nación de Vanuatu puso su delegación en manos de una ong con experiencia en derecho internacional, un grupo con sede en Londres financiado por una fundación estadounidense, con lo que se convirtió, junto con otros estados insulares situados al nivel del mar, en protagonista importante de la lucha para controlar el calentamiento de la Tierra". Pero también padecen de los defectos de cualquier organización, el de financiamiento y el quedar atadas a sus benefactores. No está claro ante quiénes responden; qué ideas políticas, económicas, religiosas y culturales tienen sus dirigentes; si además de un tema específico, p.ej. el medioambiente, qué otro elemento une a sus miembros.

Analicemos, ahora, la unidad básica del régimen político democrático, el ciudadano. El fenómeno que se inicio con el florecimiento de los burgos medievales y la revolución industrial, concentrando grupos humanos en forma cada vez mayor, se consolidará en el s. XXI. En las próximas décadas, casi el 70 por ciento de la población mundial residirá en ciudades medianas y grandes metrópolis. Este proceso no dejará de influir en la política. Hoy ya operan importantes transformaciones en los espacios públicos y los privados, sus significados, el surgimiento de shoppings, countries, clubes de campo, el cerramiento de barrios de clase media, la seguridad privada, las villas miserias con sus normas y lenguajes propios.

Guerrero sostiene que "el resultado sociocultural más llamativo de esas transformaciones es una nueva manera de vivir, y hablamos de vivir en su sentido más amplio: sentir, pensar, actuar, relacionarse, creer, comunicarse y fenecer". Así como se originó la burguesía, una nueva clase social está en gestación.

Los partidos políticos deberán prestarle suma atención, de las ciudades saldrán sus votantes, los reclamos que atender, a ellos se destinarán la mayoría de los recursos, de las ciudades obtendrán los más importantes ingresos públicos. La politología deberá analizar, junto a otras disciplinas (sicología, sociología, geografía, economía, ecología, etc.), a este hombre de la ciudad, que estará en la base de todos los cambios por venir.

Volviendo al actor principal, el Estado, en sus engranajes fundamentales encontramos a los obreros de la clase política. Una pregunta recurrente es: ¿la política ha dejado de canalizarse, exclusivamente, a través de partidos políticos? La respuesta, creo, que es sí, pero también que siguen siendo los actores de los que todos esperan una actuación estelar. Hay que aclarar que la crisis de los políticos es, en realidad, un fracaso de la sociedad que los forma, ella extrae de sí misma su clase dirigente, ella los nutre, los educa, les exige, les perdona, los vota.

También los partidos contribuyen a su propio fin cuando no dan soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad. Cuando la sociedad cansada de un plantel de dirigentes que se perpetúan, los partidos no brindan nuevas promociones de dirigentes. Una táctica para enmascarar esta situación, consiste en la cooptación de artistas, deportistas y empresarios exitosos, que tienen un reconocimiento social, pero con muy escasa preparación académica y experiencia política sobre el acontecer general del estado, las necesidades de toda la sociedad y nula experiencia política.

Si a todo ello le agregamos la ineptitud y la corrupción, una clara sensación de tedio y desesperanza nos embriaga.

La sociedad política comienza a ser vista como sociedad de mercado, los ciudadanos son ahora clientes, el cuerpo electoral como los accionistas y los dirigentes los gerentes, el discurso es remplazado por el marketing, la administración por el management. En el empleo de los términos, el lenguaje nos revela la influencia de las ciencias económicas y sus técnicas empresariales sobre la política. Ha surgido un pensamiento único que sostiene que no se pude hacer nada para cambiar el rumbo, lo que es contrario a toda ágora política, es la reducción del papel que debe desempeñar la política y su viejo agente, el Estado, en la regulación de las relaciones sociales. Estaríamos ante el fin de la historia, en los aspectos económicos e institucional.

Los argentinos se preguntan y responden: "¿Por qué reformar la política? Existe una sola respuesta plausible y aceptable a esta pregunta: porque no obtiene los objetivos propuestos".

Han surgido algunas propuestas para solucionar la crisis que padecen casi todas las sociedades modernas, así las ideas del Consenso de Washginton y el nuevo consenso, entre las neoliberales; las críticas a ambos consensos; la Tercera Vía y sus variantes. Nos detendremos en la propuesta de David Osborne y Ted. Gaebler (Estados Unidos), quienes fomentan el aggiornamiento de las instituciones a la nueva época: "el proyecto de reinventar el gobierno, esto es la intención de transformar las burocracias públicas en gobiernos empresariales, productivos y eficientes".

Plantean que el verdadero mal del fracaso estatal se encuentra en los sistemas, estructuras, reglas, procedimientos y leyes; que el problema es instrumental; se trata de afinar los medios, mejorar la operación de las instituciones públicas y erradicar la burocracia. "En el fondo, más que una teoría sobre la gobernabilidad, proponen una micro gerencia pública".

Proponen un gobierno catalizador, competitivo, inspirado por objetivos no por reglas ni presupuestos, orientado hacia los resultados, descentralizador, orientado hacia los clientes (antiguos ciudadanos). Su mérito "consiste en que sintetizan los conceptos, modelos y técnicas gerenciales previamente formuladas por los ‘gurús del management’ y los aplican al sector público con gran creatividad". Su déficit, la eficiencia no es el único valor, en el Gobierno (a diferencia del mercado) recae la equidad y la redistribución de los recursos e ingresos, y la asignación de prioridades que no necesariamente responden a una pura lógica económica.

TIC-TAC o LATIDOS:

Los tic-tac o latidos podrían ser la síntesis simplificadora de una clásica controversia de la ciencia política. La discusión entre los mecanicistas y los organicistas, con todas sus variantes, sobre la concepción de la naturaleza de la sociedad y las instituciones políticas.

Para los primeros está es el producto de la razón humana, la ven como una máquina, como un mecanismo que no funciona automáticamente, que necesita del individuo.

Para los organicistas, en cambio, es el desarrollo orgánico y natural de la vida social; el gobierno es el producto de hábitos, necesidades y deseos inconscientes, es un ser vivo, que funciona por sí mismo, como sociedad.

La influencia ideológica ha teñido las dos concepciones. El mecanicismo (fuerte en los s. XVII-XVIII), es sostenido por los contractualistas que ven en el contrato, el mecanismo para formar la comunidad política; protegiendo al individuo y la libertad, constituyendo una ideología del liberalismo. La concepción organicista ha constituido una ideología de tendencias totalitarias, acentuando los puntos de vista en lo social y lo necesario (voz cantante en los s. XIX y XX); ve en la sociedad las etapas de infancia, juventud, madurez y vejez u origen, desarrollo, organización y actividad. Sin embargo, la correspondencia no ha sido total, Hobbes empleo el mecanismo del contrato social para justificar el absolutismo.

Lo cierto es que ambas teorías presentan unilateralidades. El politólogo no solo tiene que ver al individuo o al grupo social, tiene que ver a ambos, ubicar la realidad social en la justa relación. Según el contenido de la mochila de ideas que cargue, se influirá por una de las concepciones en su aventura de conocer, pero no debe excluir ab initio a la otra (y a los elementos que cada una conlleva). Si la mochila es una carga pesada será más bien un obstáculo, no cumplirá su objetivo de llevar los elementos necesarios para avanzar en el conocimiento, y terminará siendo más importante ella que la realidad que se pretende aprehender.

Ambas concepciones seguirán siendo ricas canteras que brindan elementos para la formulación de teorías que permitan comprender la realidad, por ejemplo, un esbozo mínimo de teoría sería: si partimos de que la sociedad como todo otro organismo vivo, nace, se desarrolla y llega a su término; teniendo en cuenta la crisis del hombre moderno y su cultura, la sensación de fracaso de la democracia representativa, la necesidad de burocracias más técnicas y eficientes, los anhelos de mandatos imperativos a las autoridades y de una mayor participación, podríamos decir que está en simientes una nueva forma de democracia (con sistemas semi y directos de participación y a su vez, aunque parezca paradójico, con sistemas delegativos en aspectos técnicos específicos), que modificará a la actual representativa, tal como la entendemos hoy, que llega a su vejez y desaparición.

EL DISCURSO y los MEDIOS:

En Grecia, el discurso político y el efecto buscado se desarrollo en la ágora, en los romanos fue el foro. Hoy los medios de comunicación son el campo de batalla, en una sociedad cada vez más masificada, con ellos se gana el poder. "Con lo cual la política tiene que adaptarse a un lenguaje mediático, que tiene tres reglas: simplificación del mensaje, personalización de la política y predominio de los mensajes negativos de desprestigio del adversario sobre los positivos que tienen poca credibilidad".

La política del escándalo ha mostrado ser tremendamente efectiva. El nazismo y el fascismo habían sido maestros en el uso de la propaganda por los medios masivos. En Argentina se destacó Perón en su uso y abuso. En las democracias más establecidas su empleo como arma decisiva para acceder al poder tuvo su primer momento descollante en 1960, en Estados Unidos, cuando los aparatos de TV mostraron una imagen moderna, vital y joven de Kennedy sobre la descuidada de Nixon. La telecracia mostraba sus lecciones, desde entonces todo político, que se aprecie, tiene en cuenta las técnicas escénicas y estéticas, aun sobre el mismo discurso.

La TV, en menor lugar la radio, solucionan a los políticos la necesidad de audiencia, ya no necesitan que los vallan a ver y escuchar, se les aparece en los hogares. En una seudo intimidad, la pretendida confidencialidad, familiaridad y cercanía del discurso no existe. Todo está preparado por asesores de imagen: gestos, miradas, ropa, el pelo, las frases ha destacar, los rostros no envejecidos.

Importa más la forma que el contenido. La adaptación se produce en forma casi brutal, así como el cine sonoro termino con muchos artistas, hoy sucede lo mismo con los políticos; un ataúd, un discurso excesivamente acalorado de Herminio Iglesias y el fuego, significó la quema de la carrera política del candidato presidencial del Partido Justicialista en 1983 y la perdida de las elecciones para el peronismo. Quien no sabe manejarse frente a las cámaras y los micrófonos pierde.

El objetivo es vender el producto, ganar a la competencia. Si no se sabe cuál será la próxima necesidad pública determinante en la elección se recurre a la sondeocracia. Después se debe construir el mensaje, pensado más en lo que quiere escuchar el destinatario, que sobre lo que la realidad y el moderado juicio imponen (p. ej. "Síganme, no los voy a defraudar", decir una frase sonora sin decir nada; o el "Salariazo" tocar el corazón y el bolsillo de la gente). Será sencillo, breve, directo, claro. "Se trata de crear un código propio basado en el uso sistemático del color, la tipografía, la música, la identificación con el prototipo ideal de votante y una retórica basada en la reiteración obsesiva del mismo mensaje".

A la telecracia y sondeocracia, se le agregan los recursos que brinda la telemática (telecomunicación e informática), todo ello en un gran concentración de los medios en pocas manos. Las primeras experiencias de "voto cibernético" han augurado muchas más. Tal vez pasaremos del citizen (ciudadano) al netizen (votante usuario de la red) como piensan algunos.

Las nuevas tecnologías modifican las concepciones de "pueblo", "comunidad política" y "democracia". La posibilidad de participación se amplían haciendo posible sistemas de democracia semi y/o directa. Se podrá requerir de los ciudadanos en forma, casi, inmediata y permanente, p. ej., decidir la construcción de un hospital, decidir entre otorgar los recursos al mismo o a la construcción de una cárcel, decidir si se extenderá la asistencia médica a los extranjeros o no, o a cuáles si y a cuáles no, y un largo etcétera. Es decir, así como da pie a numerosas posibilidades, encierra grandes peligros.

Estas tecnologías (no sólo materiales, sino también sicológicas y sociológicas, como las de desinformación), la degradación cultural, el quiebre económico de amplios sectores sociales, la concentración del poder mediático, brindan aires renovados al populismo. Quien decida qué, cuándo preguntar a las masas y la redacción de la pregunta, tendrá el poder.

El debilitamiento de la democracia representativa, no nos debe hacer olvidar que posibilitó el acceso de los distintos sectores de la sociedad al diálogo político, concretando la democracia al terminar con los mandatos imperativos y dar lugar a la relación dialéctica argumento-contra argumento, que permitió a las minorías convencer a las mayorías en muchas situaciones críticas.

La ciencia política debe estar alerta, dispuesta a recordar a la sociedad las enseñanzas del pasado, y a su vez extraer nuevos conocimientos de la crisis actual. Un nuevo tipo de ciudadano y una nueva sociedad se avizoran, que requerirán del político y del politólogo. El siglo XXI aparece como un nuevo desafío.